Cambiar de gafas

Cuando decidí emprender este tortuoso y enriquecedor  camino de escribir, con cierta frecuencia, artículos sobre cuestiones agrarias, me fijé la meta de hacer artículos lo suficientemente simples como para llegar a personas ajenas al sector agropecuario y así se fuesen empapando de la realidad del sector primario, pero al mismo tiempo, escribir artículos que también sirvan para exteriorizar, más allá de las protestas callejeras, la realidad y prioridades del sector productor. En consecuencia, algunas semanas me queda un artículo demasiado simple y para principiantes, otras, demasiado sectorial (para los tuyos, como dice mi esposa) y otras, lo reconozco, son artículos donde vierto mis filias y fobias particulares y sectoriales. Lo siento.

Pues bien, esta semana quisiera abordar la reciente aprobación de la nueva Política Agraria Común europea por parte del Consejo de ministros de agricultura de la UE que, a falta de su negociación con la propia Comisión Europea y con el peleón Parlamento Europeo, supone un enorme paso adelante en la aprobación de esta nueva PAC que, si bien en principio era 2021-2027 ahora será 2023-2027, dotará una cierta certidumbre en esta época repleta de incertidumbres.

Certidumbre que necesita el agro como toda actividad económica que se precie y es que, aunque algunos pretendan obviarlo, la agricultura, la ganadería y la actividad forestal, más allá del autoconsumo, son básicamente actividades económicas donde, consecuentemente, la suerte de dicha actividad, la maldita rentabilidad que tanto reclaman los productores, es algo tan inherente como vital para su futuro.

A semejanza del estéril debate suscitado en torno a la pandemia, la salud y/o la economía, en el debate sobre la PAC la disyuntiva entre medioambiente y economía viene desde hace décadas y es ahora también la que tenemos sobre la mesa y así, mientras unos, los conservacionistas, científicos y numerosos consumidores ponen el acento en lo verde, por la otra parte, los productores, sus familias, las empresas agroalimentarias y no menos consumidores subrayan la vertiente económica porque, en definitiva, les va mucho en juego.

 

Pues bien, el acuerdo cerrado esta semana es valorado de muy diferente forma en función de las gafas con las que se lea. Mientras los que usan las gafas verdes, consideran que el acuerdo ha sido frustrante vista la postura timorata de los ministros que han dado la espalda a las expectativas abiertas por el Pacto Verde europeo, los que usan las gafas marrones, color tierra, constatan que los ministros se han excedido en sus objetivos verdes y que han aprobado toda una serie de condiciones, medidas y eco-esquemas sin apoyo financiero suplementario alguno. Según parece, el 40% del total de los fondos de la PAC deberá estar alineado con la lucha contra el Cambio Climático y además, se establece que el 20% de los fondos del primer pilar sea para los desconocidos eco-esquemas. 

Ahora bien, se mire como se mire, el acuerdo está adoptado y como decía anteriormente, una vez superados los Triálogos, la Unión Europea con toda la dimensión que le conceden sus 27 estados miembro y teniendo en cuenta que la UE es un actor vital de la geopolítica mundial y uno de los protagonistas del enorme comercio agroalimentario internacional, la UE será capaz de lanzar un mensaje potente y unificado al resto de los países y continentes al nivel que su protagonismo mundial requieren.

Más allá del fortalecimiento del proyecto europeo, tras ese acuerdo definitivo a nivel de la UE, la PAC debe seguir progresando a nivel de cada estado miembro y por ello, podemos afirmar que ahora el campo de batalla se traslada a cada uno de los estados que, a modo de deberes para casa, deberán ir definiendo y aprobando su correspondiente Plan Estratégico o, tal y como defendemos los vascos, ateniendo a la configuración político-administrativa del propio Estado, más de un único Plan. Desde el ministerio y otras latitudes se defiende la necesidad de que exista un único plan estratégico para todo el estado, que no se disgreguen ni peleen comunidades autónomas ni sectores productivos pero se obvia que mientras se niega dicha posibilidad a aquellas autonomías que lo reclaman por su diversidad, ellos mismos, reclaman un único plan estratégico estatal frente a un único plan estratégico europeo que pudiera ser reivindicado por instancias comunitarias. Reconozco que la agricultura española nada tiene que ver con la danesa pero, en justa reciprocidad, me reconocerán que tampoco tiene nada que ver la agricultura andaluza con la vasca o con la asturiana.

Decía yo que ahora, tras el acuerdo de Bruselas, la batalla se traslada al escenario estatal pero al menos los que seguimos un poco las cuestiones agrarias, somos conscientes que la batalla se ha iniciado hace unos meses ya y precisamente, estas última semanas observamos, a plena luz, con luz y taquígrafos, a gobierno autonómico, organizaciones, plataformas y demás entidades mostrar sus mejores armas para la batalla. 

Pues bien, es en estos momentos de lucir armas y cuando el ministro, a modo de princesita medieval, ha mostrado el pañuelito para que comience el combate, es ahora cuando me viene a la memoria aquel famoso esquiador de fondo llamado Johann Mühlegg, campeón olímpico, alemán nacionalizado español que, tras el caso de dopaje, pasó en un pispás de ser Juanito, nuestro Juanito, aclamada gloria deportiva nacional, a ser simplemente Johann, un detestable deportista germano. Viene esto a cuento porque, salvadas las distancias, me ha sorprendido comprobar como al que hasta ahora era tenido por un político andaluz y razonable ministro, se le ha comenzado a recordar su lugar de origen, Valencia, quizás con el ánimo de restarle tanto pedigrí andaluz como fuerza a su hasta ahora carácter razonable.

D. Luis, no se preocupe. ¡Serán mis gafas!

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

Tocar hueso

En nuestra casa, la verdad sea dicha, no somos muy imaginativos e innovadores en lo que a cocina se refiere. Yo, lo reconozco aquí en privado aunque lo niegue en público, soy un inútil total de la cocina y por ello, esa responsabilidad, y van unas cuantas, recae sobre las espaldas de mi mujer que, esto sí lo reconozco públicamente, tiene una muy buena mano en las tareas culinarias aunque si tengo que ser sincero, tampoco lo tenía muy complicado, al no tener más que seguir la senda de su madre, mi querida suegra, que dejó a la altura del barro a la mismísima Marquesa de Parabere.

El miércoles de la semana pasada, por cierto, innovamos durante la cena metiéndonos unas salchichas entre pecho y espalda. Ya sé que no es nada como para tirar cohetes pero la cuestión es que en nuestra familia era algo nuevo y, además, les informo que dichas salchichas, 100% de carne de vacuno, además de exquisitas son el resultado conjunto de unos 300 ganaderos vascos reunidos en la cooperativa Harakai – Urkaiko que comercializan su producción bajo la marca Baserria KM 0. 

Saco la salchicha a colación porque esta semana próxima el plenario del Parlamento Europeo votará  los tres reglamentos de la reforma de la PAC y en uno de ellos, el relativo al etiquetado de los alimentos, se someterá a votación el informe elaborado por el eurodiputado francés Eric Andrieu, perteneciente al grupo socialista.

El informe largo y farragoso aborda un porrón de enmiendas pero son dos las que están provocando un mayor movimiento en el seno del Europarlamento porque, al parecer, dichas enmiendas, utilizando la expresión que le viene como anillo al dedo, “tocan hueso” en la economía, mejor dicho, en la avaricia de algunas empresas.

La enmienda 165, relativa al indebido uso de algunos términos cárnicos, y la enmienda 171, algo similar con respecto a los términos cárnicos, han provocado extrañas alianzas donde empresas cárnicas se nos presentan como compañeros de cama junto a empresas de base vegetal que trabajan tanto bebidas como comidas que, obviamente, pretenden presentar como lácteo o cárnico aquello que no es más, por muy sabroso que sea, que una bebida o preparado vegetal.

Como decía, las grandes empresas europeas, con su potente y eficaz lobby comunitario, ejercen presión sobre los europarlamentarios para que permitan utilizar expresiones como “hamburguesa, salchicha, steak” por una parte y “yogur style, alternativa al queso, sustituto de la mantequilla” y como imaginará, frente a lo que no es más que una calculada y sigilosa estrategia de apoderarse del buen nombre de las bebidas y productos lácteos y de los productos cárnicos ganado por su buen trabajo a lo largo de la historia, el lobby empresarial citado es capaz de convencerles que, además, lo hacen para aumentar la transparencia del etiquetado alimentario y, en definitiva, en bien del consumidor.

Poderoso don dinero pasillea por la sede del Parlamento Europeo como Pedro por su casa, con el maletín lleno de promesas y aunque las primeras reacciones de los eurodiputados más cercanos a la temática agroalimentaria no hacen temer que el lobby se salga con la suya, mucho me temo que siempre habrá algún eurodiputado que le tiemble las piernas o, lo que es peor, que lo hará conscientemente, creyendo que así apoya a los agricultores, pero sin caer en la cuenta que con su posicionamiento, lo que es bien patente es que dará la espalda al sector ganadero.

El sector ganadero lo tiene meridianamente claro y muestra de ello es la campaña impulsada por numerosas organizaciones europeas, destacando sobremanera la organización agraria COPA-COGECA que integra en su seno a la casi totalidad de organizaciones agrarias europeas y al conjunto del movimiento cooperativo agrario europeo.

La campaña de comunicación «ceci n’est pas un steak» (esto no es un filete) plantea cuestiones fundamentales sobre la información al consumidor, nuestro patrimonio cultural y el poder del marketing moderno, que mezcla alegremente los intereses y valores de las grandes empresas. En dicho manifiesto, los agricultores europeos dejan bien a las claras que les interesa tanto producir proteínas vegetales como animales y que no se oponen a la producción de proteínas vegetales para productos veganos. No obstante, siguiendo con los argumentos del COPA-COGECA, “las imitaciones vegetales que tienden a copiar las denominaciones y las características de los productos cárnicos y lácteos deberían elaborar su propia estrategia, intensificar su esfuerzo creativo y en lugar de invertir en actividades de lobby, estas empresas deberían desarrollar nuevos conceptos de marketing, con miras a obtener el reconocimiento de los consumidores y a resolver la paradoja fundamental de la industria de las imitaciones vegetales”. 

O sea, concluyendo. Esto no es un filete. Esto es tocar hueso.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
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Carta a los Reyes Magos

La penosa movida madrileña nos es retransmitida, día sí y día también, a todas horas, en todas las cadenas de radio y televisión. Los navajeos barriobajeros entre responsables  de la Comunidad de Madrid y del Gobierno Central copan la atención de los medios y, por ende, nuestra atención. 

El omnímodo poder del centralismo madrileño es tal que, incluso, la presidenta Isabel Ayuso llega a decir «Madrid es España dentro de España. ¿Madrid qué es si no es España?» sin ser consciente, por mucho que el fin de sus palabras fuera otro bien diferente, que sus palabras encierran un halo de ninguneo y desprecio al resto de territorios y paisanos que nos encontramos fuera de los muros del centro que ella representa.

Entre porrazo y porrazo, cuchillada va cuchillada viene, la inmensa mayoría de la gente anda, andamos, despistada y entretenida con el lamentable sainete y, mientras tanto, el mundo, a duras penas, sigue avanzando y así la Unión Europea trabaja con la participación del Parlamento Europeo en un fondo de recuperación económica tras la pandemia de 750.000 millones de euros, entre 2021 y 2023. ¡Ahí es nada!.

En este contexto, todas las administraciones, menos los ayuntamientos, instituciones más cercanas al ciudadano pero históricamente ninguneadas por todas las instancias superiores, andan completamente motorizadas (eléctrico, por supuesto) para escribir su listado de proyectos, a modo de los niños que escriben su carta a los Reyes Magos (en nuestro caso, la carta al Olentzero), que encaje con los objetivos y líneas estratégicas fijadas por las autoridades europeas y que sean del agrado, dicho pronto y claro, de los países frugales del Norte que, al parecer, son los que sueltan la choja para los pobres del Sur y del Este.

En nuestra tierra, el Gobierno Vasco junto con las tres diputaciones forales han acordado un plan de reactivación que en su punto de reactivación económica recoge la industria alimentaria (imagino que querrán referirse a toda la cadena alimentaria) y, al mismo tiempo, estas instituciones comienzan a redactar su propio listado donde, como comprenderán, cada una de las instituciones tira hacia lo suyo intentando colar el máximo número de proyectos de su territorio histórico correspondiente. Es lo que tiene, los ciudadanos vascos quieren que sus políticos tengan visión de país pero simultáneamente, esos mismos ciudadanos se llevan las manos a la cabeza, si su territorio histórico no se lleva su correspondiente trozo de tarta. 

Yo, como buen vasco, también me preocupo de mi trozo de tarta y sin conocer el listado definitivo, me alegra comprobar que al menos las diputaciones de Bizkaia y Gipuzkoa han introducido entre sus principales objetivos la expansión de la banda ancha a todos los rincones del territorio, incluidas las hasta ahora olvidadas zonas rurales.

En lo que respecta al Gobierno Central, el presidente Pedro Sánchez presentó las líneas maestras del plan de recuperación ampulosamente llamado ”España Puede” . El plan recoge 10 políticas palanca para los próximos 3 años, coincidentes con el fin de legislatura y conviene destacar que en primer lugar figura la palanca “Agenda Urbana y Rural, lucha contra la despoblación y desarrollo de la agricultura” que contará con el 16% de los fondos. La cuarta palanca por orden de asignación de fondos.

 Ahora bien, si uno se pone a leer la letra no tan pequeña del plan España Puede y más concretamente lo relativo a su primera palanca, llama la atención que se apunten tres proyectos, el primero, Plan de choque de movilidad sostenible, segura y conectada en entornos urbanos y metropolitanos; el segundo, Plan de rehabilitación de vivienda y regeneración urbana, con mención a un plan de transición energética para la España vaciada y el tercero, finalmente, Transformación y digitalización de la cadena logística del sistema agroalimentario y pesquero. 

Tengo que reconocer que es difícil hablar de un documento tan escueto que no apunta más que a líneas maestras pero por lo que he podido leer en la web de la propia Moncloa, no despierta mucha ilusión en lo que a sector primario y mundo rural se refiere y me parece que todo apunta a un plan donde la transición energética, necesaria a todas luces, lo copa todo, mientras el sector primario como sector económico esencial, al  menos en plena pandemia, y el mundo rural en su conjunto, quedan arrinconados a los márgenes del plan. Quiero y necesito imaginar que, más allá de lo presentado en palacio, alguien atenderá las demandas del campo y del rural.

A lo dicho, veremos cómo acaban las cartas navideñas. Yo, mientras tanto, en una Iraolada, como dice mi amiga Anuska, me pongo a escribir mi propia carta y haciendo de la necesidad virtud, trazo las líneas maestras de un proyecto de Corazón Verde para Gipuzkoa conformado por una gran extensión forestal, a modo de Selva de Irati, emplazado alrededor del monte Ernio y sus pueblitos rondantes, municipios con una economía muy debilitada. Un maravilloso mosaico verde en su gran parte conformado por bosques de alto valor naturístico pero gestionados debidamente que convivan con algunas plantaciones sosteniblemente gestionadas. Masas forestales que bien por su gestión forestal bien por su cuidado y control creen empleo en dicha zona bien sea, como decía, en la gestión forestal, en actividades naturo-turísticas atraídas por la belleza del paisaje y/o pequeñas actividades empresariales vinculadas a la madera y todo ello, gestionado por un consorcio público- privado donde participen ayuntamientos, diputación, vecinos, baserritarras, forestalistas, naturalistas, patrocinadores, etc. 

Sé que es difícil. Quizás imposible pero al menos, déjenme soñar y escribir la carta para Navidad que, hasta ahora al menos, es gratuita.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
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La cucaracha

Hace unos quince días, exactamente el 21 de septiembre, fue el Día Mundial del Alzheimer. Un día señalado en mi casa puesto que mi padre murió por ello tras 10 intensos años de enfermedad. Los primeros años, más allá del duro momento en que dejó de reconocernos a los de casa, fueron buenos y tengo que reconocer que en esos largos primeros años llegué a conocer la faceta alegre de un hombre, mi padre, cuya vida hasta casi los 80 años estaba dedicada en pleno al trabajo. Menudas tardes nos pasábamos escuchando sus canturriadas.

Al final de su vida, la enfermedad mostró su peor cara y hasta las pequeñas cosas del día a día eran una auténtica tortura y así, ante su reducida movilidad, llegó un momento en el que tuve que recurrir a la música para animarle a que se levantase de la cama y poder acercarlo hasta la ducha (¡ducha-lucha, decía él!). Era entonar la canción de la Cucaracha y sus piernecillas se ponían en marcha en dirección hacia la ducha. Por el contrario, sin Cucaracha, no había forma de levantarlo.

Por otra parte, estas semanas, el sector agrario estatal anda preguntándose sobre la falta de logros de las movilizaciones y tractoradas del mes de febrero y muestra signos de resignación ante la inacción de un ministerio que no acaba de dar los pasos necesarios para impulsar, con todos sus resortes, el proyecto de reforma de Ley de la Cadena Alimentaria que el sector productor necesita como agua de mayo.

Reconozcamos que la tesitura actual y con la que está cayendo en muchos otros sectores económicos y con gran parte de la población asustada por la pandemia y con el bolsillo compungido,  no es el momento para grandes alharacas pero no es menos cierto que el sector primario viene arrastrando muchas décadas, siendo generoso, una serie de problemas estructurales que le impiden constituirse en un sector económico rentable y lo que es más penoso, un sector atractivo para las nuevas generaciones.

Pues bien, uno de los principales objetivos de la política agraria común europea es equiparar la renta agraria a la renta media del conjunto de la población, cuestión harto difícil si tenemos en cuenta que según los datos oficiales del propio ministerio, la renta agraria española (incluidas las ayudas y subvenciones) alcanza únicamente el 70% de la renta media española y que, lamentablemente, si prescindiésemos de las denostadas ayudas y subvenciones se vería reducida al 35% de la renta media. Como verá, solo con tener en cuenta este par de datos, es más que evidente que la falta de rentabilidad es uno de los problemas estructurales de nuestro sector primario pero no conviene olvidar que todo esto ocurre en el seno de una cadena alimentaria, aquella que va desde el campo hasta las estanterías de los comercios, que sí genera el valor suficiente. 

La cuestión principal en este momento, además de ser capaces entre todos los eslabones de generar un mayor valor añadido para nuestra producción primaria, es cómo repartir de una forma más justa y equitativa el valor resultante entre todos los miembros de la cadena misma. Al igual que ocurre con la injusta, desigual e insostenible distribución de los alimentos donde millones de personas, en 2018 según la FAO había 820 millones, inmersas en la mayor de las hambrunas, eso sí, habitantes de determinados países, conviven con  otra gran parte de la población mundial, eso sí, en otros países diferentes del grupo anterior, que vive en un mundo donde no falta qué llevar al plato, despilfarra el 30% de los alimentos y además, acusa los graves problemas de salud generados por una mala alimentación con la obesidad como exponente más grave.

Pues bien, como decía la actual cadena alimentaria genera el suficiente valor añadido como para, de ser redistribuido de una forma más equitativa, proporcionar rentabilidad para todos los eslabones que la conforman. Por ello, es más necesario que nunca que el Ministerio y el conjunto de los partidos políticos presentes en el Congreso, sean audaces y valientes adoptando una serie de medidas encaminadas a equilibrarla y hacerla más sostenible en el tiempo.

Dotar de transparencia a todas las transacciones que se dan entre eslabones, establecer criterios y referencias claras y objetivas en el momento de establecer los costes de producción y referencias objetivas adaptadas a cada sector y zonas geográficas, etc.; eliminar las prácticas desleales, dotar a las Ops, consejos reguladores y otras entidades de un mayor poder para fijar referencias, regular producciones, etc. En fin, multitud de cuestiones. 

Soy consciente de la dificultad del empeño, que cada una de las explotaciones es un mundo y que cada una de ellas tiene su propio escandallo costes como ocurre en los siguientes eslabones (industria, logística, comercio, distribución, etc.) pero ello no puede ser óbice para que desistamos del empeño, sigamos amparando una cadena alimentaria que entre, rentabilidades ínfimas y desigualmente repartidas y, por qué no, rentabilidades inexistentes,  consolida un sistema alimentario donde los productores viven en una agonía perpetua.

La competitividad del campo, sin pecar de ingenuidad, frente a lo que parecen abogar algunas voces de asociaciones, cooperativas y/o empresas del sector, no puede sustentarse en los precios ínfimos y en la venta a pérdidas porque siempre habrá alguien, más al sur, que produzca más barato que nosotros.

En conclusión, necesitamos de un mayor y más fuerte impulso a la reforma de la Ley de Cadena Alimentaria y un actitud comprometida del Ministerio, habituado a ser condescendiente con los eslabones más poderosos, la industria y la distribución, para con los agricultores y para ello el campo necesita que el ministro de Agricultura, Luis el Plano se ponga al frente, supere inercias,  forzar voluntades rebeldes y liderar los cambios que demanda el campo.

Quizás, teniendo en cuenta la experiencia personal con mi padre, sería aconsejable que los dirigentes de las organizaciones agrarias vayan aprendiéndose la letra de La Cucaracha para así movilizar al inmóvil Luis.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
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La lideresa

Cada vez que se celebran elecciones, bien nivel vasco bien español, surgen voces del sector agrario que apuntan la necesidad de que el sector primario cuente con voz propia en el consejo y, consiguientemente, departamento propio que proporcione al sector primario la visibilidad que, actualmente, le falta.

El Gobierno Vasco ha contado con Departamento agrario propio en sus inicios con los míticos Félix Ormazábal y José Manuel Goikoetxea (en cuyo honor pronto se publicará un libro), posteriormente, estuvo bajo el manto de Industria, con Javier Retegi de consejero, para luego volver a contar con voz propia tanto con Iñaki Gerenabarrena como con Gonzalo Sáenz de Samaniego para, en estos últimos dos ejecutivos, estar bajo Desarrollo Económico con Arantza Tapia al frente.

Al parecer, actualmente, la lucha por la voz propia parece implanteable y, por ello, tan asumido está el tema que hasta en el propio sector el debate se circunscribe a si vamos integrados en el área económica o si vamos integrados en el área ambiental. Como diría aquel, si vamos con la pasta y con aquellos que generan actividad económica o si por el contrario, vamos con aquellos que velan por la ortodoxia verde.

Pues bien, en nuestro caso, en el Gobierno Vasco, el Lehendakari Iñigo Urkullu ha roto todos los esquemas e integrado en un mismo Departamento el área económica, con Agricultura en su seno, y el área ambiental con el objetivo de que la sostenibilidad trascienda al conjunto del Departamento y con ello al conjunto de la economía vasca en línea con lo que apunta el Pacto Verde Europeo recientemente aprobado.

La consejera, Arantza Tapia, según sus detractores y/o adversarios, la imagen más identificable con la visión desarrollista y con los planteamientos empresariales, vuelve a liderar, una vez más, un macro departamento con dos patas bien diferenciadas (desarrollo económico y medio ambiente), pero que no tienen más remedio que caminar de la mano y demostrar así, que la sostenibilidad de la sociedad vasca debe asentarse en una sostenibilidad medioambiental, económica y social, sin dejar huérfana ninguna de las tres patas sobre las que debe pivotar la sostenibilidad.

El sector primario vasco lanzó señales inequívocas, tanto en los previos como en la propia campaña electoral, que necesitaba de un alineamiento de las políticas agropecuarias y las políticas ambientales, que se concediese a los agricultores, ganaderos y forestalistas, verdaderos gestores del 90 por 100 del territorio, el tratamiento que requieren y más concretamente, en cuanto a la organización administrativa, se planteaba la oportunidad de aunar el área de Patrimonio Natural (espacios naturales protegidos, red natura 2000, normativa de medio natural, etc.) junto con el primer sector. Ya lo dice mi amigo Eduardo Moyano, Profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el área de Ciencias Sociales, al diferenciar el medio ambiente “verde” referido al Patrimonio Natural, del medio ambiente “azul” referido al medio marino y del medio ambiente “marrón” con el que se refiere a facetas más ligadas al ámbito urbano, cuando plantea que parece razonable la gestión de agricultura y medio ambiente verde desde un mismo departamento, en aras a facilitar la coordinación entre ellos.  

Al parecer, el mensaje caló entre los dirigentes y así, contamos con un departamento que aúna las dos almas, la económica y la medioambiental en su seno, cuestión que ha levantado ampollas en el movimiento naturalista que opina que Urkullu, en un planteamiento inaceptable para ellos, ha puesto a la loba a cuidar de sus ovejas. Personalmente, quisiera ser más prudente en el momento de valorar los logros del lobby primario y pensar que la integración de ambas políticas en un mismo departamento, al menos del medio ambiente “completo”, viene más dada por las consecuencias políticas de la mala gestión del consejero Iñaki Arriola en Zaldibar. Aun así, bienvenida sea.

Personalmente, soy sabedor de la capacidad de trabajo de la consejera Tapia, una persona trabajadora impenitente, eficaz y acostumbrada a decidir pero que también sabe escuchar, que cuenta con un equipo  primario capacitado liderado por el Viceconsejero Bittor Oroz (donde apuntan pocas novedades) y con un equipo ambiental liderado por la Viceconsejera Amaia Barredo (proveniente del área primaria de anteriores ejecutivos)  que, al parecer, ha conformado un equipo con la sensibilidad agraria necesaria para alinear la maquinaria ambiental en la buena senda. Veremos si las buenas impresiones iniciales se conforman y consolidan con el tiempo.

Ahora bien, ahora que no nos oye nadie y con la libertad que me proporciona no contar para cargo alguno, le confieso, estimado lector, que yo personalmente hubiese impulsado un planteamiento algo diferente con un departamento que integrase las política alimentaria (desde la faceta productiva, la industria agroalimentaria y  la política de consumo) y la política de Territorio Rural (desde las políticas de Desarrollo Rural, las políticas de Medio Natural hasta las políticas de ordenación territorial, tan necesarias para preservar la tierra agraria) con voz propia en el Consejo de Gobierno y con mayor visibilidad ante el conjunto de la sociedad vasca.

A lo dicho, un comienzo prometedor.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
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Conspiranoia

Le adelanto que estoy conspiranoico total y no precisamente con respecto al Covid-19 y su origen, los malvados intereses que pudiera haber detrás del bicho, etc. Soy de los que se toman las cosas con relativa tranquilidad. Poca vida social, poco contacto y a poder ser, con gente de mal vivir como los de mi cuadrilla.

Mi conspiranoia es con cuestiones de consumo alimentario pues muchas veces leemos informes y concienzudos estudios que, al menos, habría que poner en cuarentena hasta conocer la identidad del redactor de dicho estudio y lo que es más importante, el nombre del promotor de dicho estudio.

Lo digo porque hace unos años, conocí una marca de leche que afirmaba ciertas características positivas de su producto y lo certificaba a través de un supuesto instituto. Indagando, más bien poco, pude conocer que dicho Instituto era una entidad cuyo único socio era la propia industria láctea. Por ello, con la mosca detrás de la oreja, leo las reseñas de prensa, al no haber podido acceder al estudio completo, sobre un estudio de la Federación Española de la Nutrición (FEN) relativo al consumo de productos lácteos como indicador de la calidad de la dieta.

Como decía, intenté acceder al estudio íntegro en la web de la FEN pero me fue imposible, ahora bien, lo que si pude comprobar para mi espasmo personal es la identidad de los promotores de dicha Federación y caer en la cuenta que entre los promotores de la federación, cuyo objeto social es “el estudio y mejora de la nutrición de los españoles”, hay empresas tan nutricionalmente saludables como Coca-Cola, Pepsico, McDonalds, Nestlé, Telepizza, Campofrío, Idilia (Colacao,Nocilla,etc). Como verá, mi conspiranoia no descansa y tanto es así, que me he tomado la prudencia, lo siento por los ejecutores de dicho estudio, de tomármelo con una cierto relativismo que raya la incredulidad a pesar de que lo recogido en dicho informe por muy positivo que sea para el sector lácteo.

Igualmente, no hace mucho, me presentaron un informe elaborado por una prestigiosa escuela de negocios que concluía las bondades de la expansión de una cadena de distribución para el comercio local de las localidades afectadas. Dicho informe acabó en la papelera, cuando fruto de mi conspiranoia, comprobé que dicho informe era sufragado por dicha cadena de distribución.

No crea que quiero contagiarle mi conspiranoia pero sí alertarle, seguimos con el lenguaje pandémico, sobre la necesidad de analizar el origen y veracidad de las informaciones que nos proporcionan y que muchas veces no son más que información de parte, por muy aséptica que nos la presenten.

Esta misma semana he asistido a una interesante conferencia, virtual del profesor Armando Pérez-Cueto de la Universidad de Copenhague titulada “Dieta deliciosa, saludable y sostenible” que, dicho desde la discrepancia más absoluta, fue un canto a la dieta vegana que en un primer momento, fruto de la conspiranoia, llegué a pensar que estaba organizada por el lobby vegano. Como le decía, esta conferencia fue un excelente altavoz de la lucha contra el consumo de carne por su insostenibilidad y por su negativa incidencia al cambio climático, teoría que según el conferenciante cada vez cuenta con más adeptos dado que existe un tipo de consumidor consciente conformado por un colectivo mayoritariamente joven (63%) y verde (66%) que incluso está dispuesto a pagar más por productos socialmente responsables.

El profesor defendió la necesidad de impulsar una dieta basada en el consumo de plantas y reconocía que dicho planteamiento contaba con facilitadores como la ética, bienestar y derecho animal, la sostenibilidad medioambiental y otras cuestiones como el precio y la conveniencia, si bien reconocía que existen otras barreras, entre las que yo quiero destacar, el sabor y el gusto por alimentos de origen animal.

Nada nuevo bajo el sol. Hace años conocimos numerosas bebidas vegetales que imitaban la leche con el único fin de comerse, beberse mejor dicho, parte del pastel comercial que suponen los productos lácteos y ahora son las empresas tecnológicas que impulsan lo que se ha venido llamando la “carne artificial” las que han puesto toda la carne en el asador para irse comiendo parte del pastel cárnico y para ello, al igual que intentaron los de la leche, qué mejor que apoderarse de la terminología cárnica y con ello confundir al consumidor final.

Así, nos bombardean con la publicidad de supuestas hamburguesas, salchichas, etc. de producción vegetal y tal es la confusión que la cuestión ha llegado a instancias europeas, celebrándose del 19 al 22 de octubre un pleno del Parlamento Europeo con una votación que pretende prohibir el uso de denominaciones de productos cárnicos (hamburguesa, salchicha, etc.) y lácteos (leche) para comercializar productos vegetarianos y veganos. Confío en que todos nuestros europarlamentarios, sean del color que sean y más allá de los conspiranoicos, que somos mucho, recelosos hasta el momento de la votación por el poder de presión del lobby vegano en Bruselas, que votarán favorablemente la enmienda 165 que busca la transparencia para el consumidor además de, porqué ocultarlo, proteger al sector ganadero.

Volviendo al inicio, a la conspiranoia y a la gente de mal vivir de mi cuadrilla, les adelanto que nosotros seguiremos con nuestra cena semanal de la sociedad donde el menú más habitual son los huevos fritos porque, además de la investigación internacional publicada en la revista European Journal of Clinical Nutrition, que ha concluido que el consumo de cuatro huevos a la semana es saludable para el corazón y entre cuyos promotores, sospecho, no andará lejos mi amigo Esteban Atxa de Euskaber, estamos convencidos que tan importante o más que lo que comemos, es comer en buena compañía.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
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Calabozo

Joxe Mari, el secretario viejo del ayuntamiento de mi pueblo, Legorreta, era un todoterreno que compaginaba sus tareas en el consistorio con la atención del bar familiar, Iñaxi, que era un auténtico templo de la comida casera. Lo que pocos legorretarras saben, al menos los jóvenes, es que antes del ayuntamiento, Joxemari también fue el empleado de la oficina local de la Caja de Ahorros al mismo tiempo que te atendía con su imborrable sonrisa en la barra del bar.

Posteriormente, los empleados de banca se especializaron en la actividad bancaria propiamente dicha, lograr la confianza del cliente para que deposite sus ahorros a fin de gestionarlos y sacarles el mayor rendimiento tanto para el cliente como para la propia entidad. Como recompensa, los clientes fieles se llevaban numerosos regalos (sillas de playa, paraguas, pequeños electrodomésticos, etc.) por los que, increíblemente, los clientes, entre ellos mi difunta madre, suspiraban y se esforzaban, aún más, en su faceta ahorradora.

Ahora, por el contrario, las tornas han cambiado, y mucho además, por lo que los actuales empleados de la banca moderna vuelven al pluriempleo de Joxemari y así, entre talonario y talonario, entre recibos y asientos bancarios, ¡así, como quien no quiere!, te endosan el seguro del coche, te cuelan un plan de jubilación o un seguro médico privado. Supongo, que lo que no ganan vía gestión del dinero lo obtienen vía contratación de servicios y así, compensar la ausencia de ganancia, incluso perdida, con la comisión por los servicios contratados.

Existe un dicho en el mundo de la distribución comercial, “islotes de pérdidas, en un mar de beneficios”, con el que se alude al reducido grupo de productos en los que se llega a renunciar a la obtención de beneficio o incluso se acepta perder dinero con el objetivo de poder utilizar dichos productos como gancho con los que atraer al consumidor a su establecimiento y así, a pesar del islote de pérdidas, recuperar la rentabilidad en el amplio y ancho mar (de beneficios).

La leche, no les descubro nada nuevo, es uno de esos islotes de pérdidas en muchas cadenas de distribución que utilizan la leche como producto gancho, reclamo dicho finamente, banalizando dicho producto, ninguneando su valor nutritivo y su importancia en nuestra alimentación, a base de fijar el precio como único factor de compra para el consumidor. Reconozco que, mayoritariamente, se han acabado las campañas comerciales cainitas fundamentadas en buzoneos masivos donde la leche era el anzuelo pero también he de reconocer que esta política de banalización y ninguneo nos ha traído hasta la situación actual de precios irrisorios con una inmensa mayoría de leche rondando los 60 céntimos que, lamentablemente, impide que se genere valor y con ello, distribuir equitativamente dicho valor entre los diferentes eslabones.

Muchas cadenas reconocen, por lo bajini, que con la leche o bien no ganan apenas o bien pierden dinero pero el temor a perder cuota de mercado, consecuencia de esa política suicida de la leche-gancho, les impide dar ningún paso en la dirección de reposicionar la leche y nadie quiere ser el primero en dar un paso al frente, no vaya a ser que el resto no les siga y de paso, les birlen cuota de mercado.

No crean que la política de bajos precios afecta a un único eslabón de la cadena agroalimentaria y así, tenemos también a gran parte de la industria láctea que apenas rasca bola con la leche básica, producto mayoritario en todas ellas, por lo que se ven abocadas, además de proveerse de leche a precios irrisorios, a impulsar productos lácteos de mayor valor añadido e innovadores, aun siendo conscientes que el valor añadido y la novedad mengua rápidamente una vez que se generaliza y se cae en las garras de la marca blanca, y lo que es más llamativo, a semejanza del secretario viejo de mi pueblo que compaginaba el bar, la caja de ahorros y el ayuntamiento, tenemos a industrias lácteas que se lanzan a otros mercados como el agua, los zumos, las bebidas vegetales, etc. a fin de compensar la ausencia de beneficios o pérdidas generadas por el negocio de la leche. La leche, al parecer, da prestigio, pero no beneficios.

Aguas abajo en la cadena alimentaria, los ganaderos tampoco escapan de esta maldita dinámica. Los márgenes menguan hasta el infinito con lo que el sector se va concentrando en explotaciones cada vez más grandes, en explotaciones donde el factor familiar languidece, donde se fortalece la dinámica empresario – empleados, donde los costes son controlados al céntimo,  donde las inversiones en tecnología e instalaciones acarrean un gran endeudamiento en un patrimonio inmovilizado que sólo vale para producir leche, donde el ganadero se ve obligado a meter en la cuadra más horas que las propias vacas y con un modo de vida que genera un total rechazo de las generaciones más jóvenes y así, fruto de todo ello, tenemos como consecuencia que del año 2015 al actual han desaparecido un 30% de las explotaciones y la tendencia, lamentablemente, parece no tener freno. Aun así, los hay como Luis Calabozo, director de la patronal láctea FENIL, que no parece enterarse y que recientemente se ha despachado ante la prensa con una frasecita, “No me consta el cierre de lecherías por falta de rentabilidad”, que ha indignado al conjunto del sector ganadero y que difícilmente olvidarán.

Termino. Si la distribución compensa las pérdidas de la leche con otros productos. Si las industrias se ven abocadas a mercados diferentes a la leche para compensar las pérdidas generadas por ésta. Si los ganaderos lo van dejando por falta de rentabilidad. ¿A quién puñetas, aparte del señor Calabozo, le compensa este sector lácteo?

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

 

Asintomáticos

Mi anterior artículo, allá por mediados del mes de Julio, coincidió con la celebración de las elecciones vascas (y gallegas). Los resultados, por todos conocidos, muestran bien a las claras los síntomas de la apuesta de la sociedad vasca por la estabilidad y seguridad en un momento especialmente delicado en todas las facetas de nuestras vidas que se tambalean por obra de un puñetero virus. La estabilidad y seguridad eran las características del candidato Urkullu y, en consecuencia, los resultados, fueron los que fueron.

Las negociaciones de estas últimas semanas, asimismo, nos muestran síntomas de continuidad en el panorama político con un Gobierno de coalición, ahora sí con mayoría absoluta, y una oposición capitaneada por Ehbildu que aprovechará, intuyo, la más mínima para saltar a degüello. Como decía, síntomas de continuidad.

El verano, por otra parte, ha discurrido, con permiso de su excelencia la Covid-19, en su tónica y así, el sol que agradecían los viticultores y horticultores, maldecían los ganaderos que veían amarillear sus verdes praderas tras una fantástica primavera y las últimas lluvias, fueron tan agradecidas por los últimos como malditas para los viticultores en capilla ante la nueva vendimia. En fin, como se suele decir, nunca llueve a gusto de todos y menos, en lo que al campo se refiere.  

Como recordará, en la primavera confinada, tanto la Administración vía Boletín como la sociedad vía testimonios particulares como por redes sociales reconocieron el carácter esencial de nuestros agricultores. Una vez completada la desescalada e inmersos en la nueva normalidad, lamentablemente, mucha gente parece haberse olvidado del papel esencial que juegan los productores en nuestra sociedad y así nos hemos encontrado con un verano donde destaca la avalancha de gente que se ha echado al monte y entre ellos, numerosos asintomáticos del respeto, por lo que han aumentado exponencialmente el número de episodios problemáticos y encontronazos entre paseantes aficionados a la montaña y ganaderos por culpa de irresponsables que llevaban sus perros “urbanos” sueltos con un claro perjuicio para el ganado que pastaba, ¡cómo no!, libre en la montaña.  Lo que les digo, asintomáticos del respeto.

En verano, igualmente, hemos podido comprobar cómo muchos de aquellos que durante el confinamiento aireaban la importancia del comercio local y del pequeño comercio urbano, aquellos que lamentaban el desértico panorama urbano generado por el cierre de los comercios y el vacío de nuestras calles, una vez liberados de las ataduras virusianas, se han lanzado en tromba a consumir compulsivamente vía on-line sin mirar el origen de sus compras, olvidando la trascendencia del comercio local que decían defender, cerrando con sus propias manos, a golpe de clic las persianas de las tienda de su calle y obviando, no por desconocimiento, que con cada compra on-line las arcas de  la hacienda de sus administraciones se vacían mientras las arcas de lejanos paraísos fiscales engordan imparablemente. Son, en mi opinión, los asintomáticos de la coherencia.

Asintomáticos, los hay de muchas clases, como aquellos que no presentan los síntomas de la enfermedad o infección que dicen sufrir y así tenemos todas aquellas personas, colectivos y partidos políticos que dicen defender al ganadero en extensivo, al ganadero de montaña mientras, en su día a día, no muestran síntoma alguno de ello y más aún, por el contrario, presentan síntomas de todo lo contrario al alinearse contra todo aquello que los ganaderos necesitan y reclaman como puede ser dotarles de condiciones de vida dignas en la montaña, impulsar la actividad ganadera, combatir la proliferación de la fauna salvaje que tanto daño les ocasiona, etc. Son, por llamarlos de alguna forma, los asintomáticos del apoyo al sector.

Incluso, puestos a detectar, hasta he detectado asintomáticos del insignis, numerosos y correosos ellos. Se trata de aquellos que durante los últimos años se han especializado en maldecir y denigrar el pino insignis, en estos momentos tocado de muerte por la banda marrón, y que ahora, cuando los hasta ahora malvados forestalistas, entre otras especies, optan también por el eucalipto, resulta que añoran al denigrado insignis y comienzan a hablar, incluso, de su positiva función medioambiental. Creo, sinceramente, que nuestro sector forestal mostraría otros síntomas si todos, forestalistas, consumidores, políticos y naturalistas hubiésemos tenido más en cuenta la triple vertiente de la sostenibilidad (medioambiental, económica y social) pero la negación permanente de la función económica de la actividad forestal impide cualquier posible avance en esa senda.

A lo dicho. Sintomáticos hay unos cuantos, los detectamos a distancia, se les ve venir y aunque me duela decirlo, se les agradece la franqueza en la exposición de sus planteamientos y ante ellos, cabe trabajar en la búsqueda de soluciones o acuerdos beneficiosos para todos. Ahora bien, los verdaderamente preocupantes son los asintomáticos, los que a la cara callan o te dicen lo que tú quieres oír mientras por detrás, de forma subclínica, están impulsando todo lo contrario y, consecuentemente, es difícil trabajar sobre ello porque, desgraciadamente, no sabes a quién te enfrentas.

De los sintomáticos, como diría aquel, ya me ocupo yo, pero, de los asintomáticos, ¿quién se ocupa?

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

 

La catedral

Coincidiendo con la Eurocopa del 2016, visité junto con mi familia, la bella ciudad de París. Impresionante en todos los sentidos diría yo (salvo en la cuestión futbolística de la que huyo como gato del agua) pero por destacar algo, destacaría la grandiosidad de sus avenidas, paseos y edificios monumentales. Todo a lo grande, ¡hasta parecían de Bilbao!

Visitamos también, ¡cómo no!, la catedral de Notre Dame que, lamentablemente, fue pasto de las llamas tres años después. La catedral parisina, como todo monumento que se precie, fue construida en un periodo aproximado de 200 años, de 1163 a 1345, y más allá de los retoques de estilo que se dieron en este largo periodo, la catedral fue sufriendo nuevos retoques o adaptaciones al gusto dominante durante los siglos posteriores hasta llegar a la situación actual, o mejor dicho, a la previa al incendio de abril del 2019.

Todas estas cuestiones me vinieron a la cabeza al leer las palabras de la activista medioambiental Greta Thunberg quien, al parecer, dijo ante el parlamento británico: “Para evitar la catástrofe del clima hará falta que pensemos como en una catedral.  Tenemos que sentar los cimientos aunque no sepamos exactamente cómo construir el techo” y aunque, particularmente, desconozco si su regañina obtuvo en sus señorías el efecto esperado por la joven activista, a mí, personalmente, me ha llegado muy adentro y cuando menos, me ha dado mucho qué pensar.

Pienso que la agricultura, me estoy refiriendo especialmente a la parte productora, se encuentra en una encrucijada donde confluyen una serie de factores, tendencias, planes, estrategias y otras muchas cuestiones que, entre todos, solapados y conjuntamente, conforman lo que recientemente llamaba la Tormenta Perfecta. La que nos viene, mejor dicho, la que tenemos sobre la mesa es de tales dimensiones y de tal profundidad que conviene, una vez asumida la grandiosidad de la tarea, imitar la estrategia necesaria para comerte un elefante, que no es otra que trocearlo en pequeños porciones para ser asimilable por el común de los mortales.

La agricultura y sus protagonistas se hallan en una complicada encrucijada donde confluyen cuestiones económicas (escasa rentabilidad de un sistema alimentario low cost, impulso a la actividad forestal, mejora y reequilibrio de la cadena alimentaria, mayor estructuración sectorial, impulso a la compra pública comprometida con lo local, …), sociales (prestigio social de la actividad, necesidad urgente de un relevo generacional, fortalecimiento y revitalización del mundo rural, definición de una nueva agricultura a tiempo parcial, diálogo productor-consumidor, …), medioambientales (nuevas inquietudes del consumidor, estrategia europea De la Granja a la Mesa y Biodiversidad 2030, lucha contra el Cambio Climático, emisiones, mayor sensibilidad ante el bienestar animal, empuje de la producción ecológica, …) y políticas (debilidad del proyecto europeo, nueva PAC y nuevas prioridades comunitarias,  acuerdos comerciales internacionales, Objetivos de Desarrollo Sostenible fijados por la ONU, globalización ante renacionalización, …)  y los agricultores tienen tres posibilidades: primera, bajarse del coche y mandar todo al carajo (no esperen que sean muchos quienes lo lamenten e incluso habrá quien lo celebre); segunda, seguir dando vueltas en la rotonda sin tomar decisiones y sin optar por ninguna de las posibilidades indicadas en cualquiera de las direcciones y; tercera, hacer un alto en el camino, reflexionar sobre la globalidad de la tarea y después, adoptar toda una serie de pequeñas decisiones, progresivas y concatenadas, que los dirijan al escenario prefijado.

La tercera opción, dada la complejidad de la tarea, tiene alta probabilidad de acabar en fracaso, parcial o total. La primera, no es opción (por mucho que sea la que espontáneamente brota a muchos productores) y, la segunda, por mucho que alguien piense que nunca se equivoca al no haber tomado decisión alguna más que mantenerse en la rotonda infinita, es además de la más habitual, la peor. Ya lo decía el Lehendakari Ibarretxe, “no tomar decisiones, también es una decisión” y yo añado, además, la peor decisión.

Por todo ello, creo que el sector agrario en su conjunto debe aprovechar los meses venideros para reflexionar, consensuar y finalmente, en consecuencia, decidir hacia dónde quiere ir, visto lo visto y teniendo en cuenta todos los factores, y otros muchos más, antes mencionados.

Conscientes de que la tarea requiere del compromiso intergeneracional (algo intrínseco en la cuestión forestal), acordemos los cimientos de la agricultura de los próximos decenios para que sean las próximas generaciones quienes, poco a poco, vayan levantando el edificio proyectado (con todos los cambios inherentes al paso del tiempo) hasta que, finalmente, estemos en disposición de darle el tejado.

A lo dicho, pensemos como en una catedral.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
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Haciendo equilibrios

El domingo 12 de Julio, los vascos, además de los gallegos, acudiremos a las urnas a depositar nuestras papeletas de esperanza para con el presente y futuro de nuestro pueblo y elegiremos, ¡faltaba más!, el partido que más nos guste y el candidat@ a Lehendakari que queremos que lleve el timón del barco vasco en un momento de tormentas tan peligrosas donde, además de la cuestión sanitaria, nos jugamos muchísimo en el apartado económico y laboral del que, sí o sí, pende directamente nuestro proyecto personal y familiar. No son tiempos para experimentos con gaseosa por lo que creo, con alta probabilidad de equivocarme, que ganará aquel candidat@ que sea capaz de transmitir seguridad y confianza en que de saldremos, vivitos y coleando, de esta pesadilla. No tengo duda, ¡saldremos!.

No he tenido tiempo, le pido perdón anticipadamente, de leer los programas electorales de todos los partidos políticos en liza y por ello, quizás sería lo más prudente, debiera abstenerme de hacer cualquier valoración pero, llegados al punto en que estamos, como bien sabe, la corrección política y la prudencia no son mis fuertes por lo que le quisiera hacer llegar una serie de reflexiones al respecto. Obviamente, no por su escaso peso político, si no por su extremismo y falta de racionalidad, voy a privarle, imagino que lo entenderá, de mi opinión sobre el partido animalista PACMA.

En el momento de abordar la cuestión primaria, es decir, la producción de alimentos, los partidos tienen diferentes miradas a la temática y así mientras unos miran al baserritarra como productor de alimentos y generador de economía, otros miran al baserritarra como pieza clave no tanto por su producción de alimentos si no por su contribución al mantenimiento del medio ambiente, su aportación a la lucha contra el cambio climático y además, sin olvidarse de la cuestión de la ordenación territorial.

Los primeros achacan a los segundos que al subordinar la sostenibilidad económica a la sostenibilidad ambiental ponen en grave riesgo el futuro de la actividad propiamente dicha y junto con ello, la sostenibilidad social de nuestro mundo rural. Los segundos, por su parte, achacan a los primeros de primar la cuestión monetaria retrasando en exceso todas aquellas medidas de medio y largo plazo encaminadas a la cuestión ambiental.

Los primeros defienden la diversidad de modelos de producción agropecuaria existentes  y achacan asimismo a los segundos de limitarse a fomentar, única y exclusivamente, el modelo agroecológico en nuestra tierra, actualmente con una presencia ciertamente residual, mientras los segundos, atribuyen en exclusiva al modelo agroecológico la posibilidad de ser una solución a los graves problemas ambientales que acechan a la sociedad moderna actual.

Obviamente, ni los primeros ni los segundos, fácilmente identificables a poco que observemos sus planteamientos sectoriales y su trayectoria en los últimos años, son bloques impermeables y así tengo que reconocer que mientras en los primeros comienzan a calar los planteamientos ambientales, compatibles con la faceta económica de la actividad primaria, por la otra parte, en el bloque segundo, no observo tanta permeabilidad en el momento de buscar una compatibilización de los fines ambientales con los fines económicos, por otra parte, inherentes a toda actividad que se precie.

Como siempre, la razón, o razones diría yo, están en el centro, en el equilibrio, en esa zona de confluencia de la actividad económica respetuosa con el medio natural, con la tierra y con sus elementos más primarios, por todo ello, creo que debemos erradicar cualquier planteamiento extremo que nos lleve a anular toda actividad económica en el medio como erradicar cualquier planteamiento económico, por muy golosa que sea su presentación, que supere los límites del medio natural y rural donde desarrollarse y que supere los límites de una agricultura familiar, socialmente responsable, como la que prima en nuestra tierra vasca.

La Agricultura Familiar, término olvidado en todos los programas políticos, es la amplia zona de confluencia de los intereses económicos, ambientales y sociales y por ello creo que debiera ser la guía sobre la que impulsar un sector primario que al mismo tiempo que produce alimentos y madera, contribuye decisivamente al mantenimiento del medio natural y al fortalecimiento del tejido rural. No tenemos que inventar cosas nuevas ni dar grandes bandazos. Sería suficiente, al menos en mi humilde opinión, con introducir ajustes en algunos subsectores productivos, en los modos de comercialización, en la política alimentaria, en la cuestión forestal, etc. porque nuestra actividad agropecuaria lleva de modo inherente en su ADN  el cuidado del medio natural y el equilibrio territorial puesto que está sustentado en explotaciones familiares diseminadas a lo largo y ancho del territorio.

En esta línea, y aún siendo consciente del peligro que tiene entresacar un párrafo de un documento amplio y sesudo como el elaborado por más de 200 investigadores europeos, dos de ellas de la UPV,   que han dirigido al vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans, quisiera rescatar un párrafo donde se dice textualmente: “este sector (pastoreo y ganadería extensiva) ha sido dañado no solo por políticas agrarias orientadas a estándares industriales, sino también por políticas ambientales que ignoraron el papel del pastoreo en las áreas protegidas de la naturaleza”. 

Por todo ello, aprovechando que nos encontramos en puertas de una campaña electoral y que no me lee casi nadie, quisiera plantear a los diferentes partidos políticos y a los futuros gobernantes que un primer paso en esa política de confluencia entre la faceta económica y la faceta ambiental de la actividad primaria sería un replanteamiento de las estructuras gubernamentales del próximo ejecutivo impulsando la conjunción de las políticas agrarias y las políticas de ordenación del medio natural para que ambas políticas vayan de la mano y dejen de darse la espalda como, lamentablemente, ha ocurrido en demasiadas ocasiones.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
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