El club de pesimistas

 

 

Mi último artículo, concretamente el de la semana pasada, lo reconozco, rezumaba pesimismo a raudales. Así me lo comentó mi amigo Eduardo y no tuve más remedio que darle la razón aunque, quizás como justificación no solicitada, le respondí que era lo que tenía convivir y trabajar con y por  los baserritarras, esos productores de alimentos y modeladores del paisaje que hace unos cuantos años, una empleada del Ayuntamiento de Azpeitia, identificaba como “los de las manos con los dedos gordos”.

Otro amigo, hablando de pesimistas, me llegó a sugerir luchar por la presidencia del Club de Pesimistas y para ir rearmando mi corpus teórico, me sugirió la lectura del blog “La nuestra Tierra” que con un bello estilo literario, al menos a mí me lo parece, aborda diferentes temáticas agrarias y rurales, eso sí, con un pesimismo que deja el mío al nivel del optimismo moderado. Indagando en el mismo, he disfrutado con una entrada titulada “la inexorable muerte de los pueblos” donde se plantea, de forma acertada a mi parecer, el creciente debilitamiento de la sociedad civil rural, la flaqueza de los mecanismos solidarios inherentes a la sociedad rural y la dejadez de funciones, hasta ahora realizadas por los vecinos, en manos de la todopoderosa y omnipresente administración.

Ahora que tenemos medio país (osea, Madrid y alrededores) bajo la nieve, en dicha entrada se alude a la limpieza de la nieve en caminos, accesos y/o calles por parte de los vecinos pero creo que este preocupante traspaso de funciones y tareas a la Administración alcanza esferas de la vida hasta ahora impensables como los festejos donde, por ejemplo, son los propios empleados del ayuntamiento quiénes se encargan de aprovisionarse de maderas y demás material fungible, montar y vallar la hoguera de San Juan y además, esa tarde-noche (con el consiguiente sobrecoste por salirse del horario funcionarial), son los encargados de vigilar la seguridad del evento y garantizar que los niños salten adecuadamente no vaya a ser que, alguna familia, reclame indemnización alguna al consistorio.

Pues bien, a lo que iba, en este gélido contexto, el FEGA, organismo del Ministerio de Agricultura, ha publicado el informe de ayudas directas y desarrollo rural correspondiente al año 2019, un análisis de la edad y sexo de los perceptores que merece leer con atención para conocer los detalles de la distribución de las ayudas PAC en nuestra tierra.

Comienza detallando que en el Estado español en 2019 hay 611.642 perceptores de ayudas (frente a los 800.000 del 2016), de los que el 91,85% son personas físicas y el 8,14% restante son personas jurídicas (Sociedades civiles, comunidades de bienes, cooperativas, etc.) mientras que si nos fijamos en lo relativo a los importes comprobamos cómo las personas físicas perciben el 62,57% de las ayudas y las personas jurídicas, el 37,43% restante. Por otra parte, la distribución de las ayudas directas por sexo nos muestra que el 62,84% de los perceptores son hombres y el 37,15% mujeres

Más llamativo, además de preocupante (como verá, el pesimismo me brota por los poros de mi piel), es la distribución de ayudas si nos fijamos en la edad de los perceptores donde los mayores de 65 años suponen el 38% de los perceptores y perciben el 26,41% de los importes, los que tienen entre 40 y 65 años suponen el 53,07% y perciben el 59% de los importes, los que están entre 25 y 40 años el 8,24% y perciben el 13,22% de los importes, y, atención al dato, los menores de 25 años suponen el triste 0,69% de los beneficiarios con un 1,37% de los importes.

El paupérrimo 0,69 es la media del Estado por lo que puede imaginarse que mientras hay comunidades autónomas que superan dicha cifra, Cantabria y La Rioja con un 1,72% son las dos más altas, las hay que rayan el cero patatero como la Comunidad Valenciana con un 0,26% mientras Euskadi, cuenta con un 0,55%, por debajo de la media, no nos ofrece  datos para el optimismo.

Cuando se analiza la evolución demográfica y la baja natalidad se expone una pirámide inversa que te deja el alma helada pero, visto lo visto, si nos fijamos en los datos relativos a la edad de los perceptores, sin olvidar que estos datos se refieren a los perceptores y que por ello no reflejan exactamente la realidad del sector puesto que siempre hay gente que no percibe ayudas directas, la pirámide pierde sentido y deberíamos hablar más del trapecio que de pirámide dado que la parte inferior, la más joven, es casi inexistente.

Ahora bien, como dice el refrán, el que no se consuela es porque no quiere, y así, teniendo en cuenta que en el argot de la política agraria europea, los llamados jóvenes agricultores alcanzan hasta los 40 años, bien podríamos afirmar que los jóvenes suponen el 8,93% de los perceptores. En un ramalazo de pesimismo que me ataca sorpresivamente caigo en la cuenta que ese irrisorio 9% refleja el porcentaje de los que ya han alcanzado, aproximadamente, y perdón que uno es de letras, el 60% de su vida laboral.

Aun así, ahora que mi lado pesimista no se entera, a pesar de todos los pesares, quisiera ser optimista puesto que creo que las grandes tendencias de fondo (crecimiento exponencial de la población, los valores cambiantes de la sociedad europea, la mayor preocupación por la salud individual, la identificación de la alimentación como fuente de salud, la concienciación por el cambio climático y con ello, mayor aprecio por el producto local, etc.) nos son favorables en lo que a futuro se refiere.

Ahora que lo pienso, creo que voy a rechazar la propuesta de presidir el Club de Pesimistas y para demostrar que no soy un pesimista recalcitrante, incluso, voy a ponerme a leer un magnífico informe de  la Comisión Europea titulado “Farmers of the future” que, según mi inglés macarrónico, vendría a ser, los agricultores del futuro.

Xabier Iraola Agirrezabala
Editor en Kanpolibrean
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

El Umbral de la Dignidad

 

 

 

Comienza el nuevo año con los típicos ingredientes de la climatología invernal. Bajas temperaturas, fuertes precipitaciones y este año, destaca sobremanera, la importante presencia de la nieve en las zonas montañosas. La población, confinada y con la movilidad amputada, se ha lanzado en tromba a los montes, con sus potentes vehículos hasta el límite de la parcela, ocupando calzadas y cunetas, obstaculizando así el acceso y la movilidad de los paisanos y de paso, dañando las praderas, escenario de los juegos familiares con el incansable sube y baja de los trineos de plástico. Los hay de todo pero me sulfuran especialmente aquellos que suben al monte basándose en el erróneo principio, asumido por una inmensa mayoría, de que el monte es de todos y, por lo tanto, su disfrute, no así su cuidado y su trabajo, es por lo tanto, libre, general y gratuito.

Arrancamos, por otra parte, el nuevo año con los mismos síntomas del año pasado. En euskara existe una expresión “zaharra berri” que viene a significar algo parecido a “de nuevo, lo mismo, lo viejo”. Pues bien, hace exactamente doce meses arrancamos el año calentito, sectorialmente hablando, con la gente del campo revuelta, con  los tractores en la carretera, harta de sufrir por la inexistente rentabilidad de la actividad agropecuaria y por el ninguneo con el que son tratados por el resto de la sociedad. Creo, personalmente, que cuando menos lograron concienciar al conjunto de la sociedad de la gravedad de sus problemas estructurales y asimismo, la atención recabada por los medios de comunicación, hicieron que se provocase una tímida reacción de las autoridades gubernamentales que, incluso, despertó al durmiente ministro.

La pandemia y la prudencia de los dirigentes agrarios retiraron los tractores de las carreteras pero, tal y como recoge la minimalista expresión vasca, los viejos problemas vuelven a estar presentes y ni el frío reinante es capaz de congelar la rabia contenida de los productores que, impotentes, ven cómo la política de bajos precios de esta alimentación “low cost” sigue minándoles el bolsillo y la moral mientras los cambios legislativos introducidos en la Cadena Alimentaria mediante una ley de medidas urgentes necesitarán de tiempo, puesto que ha sido publicada la misma justo en víspera de Navidades y porque el conjunto de la medidas sobre la Cadena no serán efectivas hasta que, primero, se apruebe la Ley de Cadena Alimentaria en su integridad y en segundo lugar, cuando los integrantes de la cadena asuman la imperiosa necesidad de dotar al sector productor de cierta rentabilidad para poder seguir al pie del cañón.

Hace unos pocos meses, los informativos nos mostraron unas penosas imágenes de agricultores arrojando varias toneladas de pepinos por sus bajos precios, mientras desalmados empresarios hortofrutícolas (españoles, al parecer) se afanan en introducir en el mercado español hortaliza producida en Marruecos por cuatro duros y reventar el mercado interno; los olivareros claman por la ruina del olivar tradicional mientras otros olivareros, azuzados por fondos de inversión y empresas envasadoras, plantan miles de hectáreas de olivos super-intensivos con los que se incrementa exponencialmente la ya de por sí sobrante producción y se presiona a la baja los irrisorios precios y así, suma y sigue, en otros muchos subsectores productivos que conforman el sector primario.

Al mismo tiempo que escribo, me percato que, una vez más, me va a quedar un alegato de lo más pesimista pero créame, estimado lector, que he observado la cuestión desde diferentes puntos de vista y analizado diferentes informes e informaciones sobre diferentes subsectores pero, lamentablemente, no he encontrado agarradero alguno para el optimismo. No me gusta jugar al catastrofismo ni lanzar mensajes derrotistas que hundan aún más a los actuales profesionales y /o ahuyenten a los jóvenes que opten por la profesión pero, como le digo, no encuentro el ansiado agarradero.

El sector vacuno, tanto en vacuno de carne como en vacuno de leche, no vive su mejor momento y así, tenemos que según informe de Cooperativas Agroalimentarias de España, en el año 2020, y también en las previsiones a medio plazo que se contemplan, se vislumbran preocupantes cifras de rentabilidad negativa en el conjunto del sector vacuno de carne bien sea en vaca nodriza bien sea en cebo de hembras y machos, concluyendo que en lo relativo al subsector del cebo, en la mayor parte de las granjas típicas analizadas los costes efectivos de producción son superiores a los precios de referencia del mercado . Osea, finamente dicho, el cebo de terneros vende por debajo de costes de producción.

El sector vacuno de leche, por su parte, continúa con su política de precios abisales, es decir, precios bajo el umbral de la dignidad y de la rentabilidad con un precio medio de 0,341 euros/kg, 0,340 del año 2019, y que ha provocado que la producción se reduzca en un 0,4% con respecto al 2019 y con una bajada del 0,7% del censo de vacas mientras, paralelamente, se reduce en un 6% el número de ganaderos bajando de los 12.847 de diciembre de 2019 a 12.123 de noviembre de 2020.

Si redondeamos el relato ganadero con la notable subida de la alimentación animal, el pienso para que me entiendan, comprenderá el letal impacto que tiene en la rentabilidad de estas explotaciones de vacuno que sufren en sus propias cuentas la estrategia del sándwich con unos costes al alza y unos precios de venta a la baja o en el mejor de los casos, congelados.

Nada nuevo. Lo que desconozco es si en esta tesitura de precios bajos, con la NO rentabilidad a flor de piel y con unos precios percibidos por los productores por debajo de eso que yo califico como el umbral de la dignidad, existen ingredientes suficientes para, haciendo nuestro el lema “zaharra berri”, volver a retomar lo dejado a primeros del 2020 y sacar, nuevamente, los tractores a las carreteras.  ¡Veremos en qué acaba la historia!

 

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

Camino se hace al andar

Mis lectores habituales son conocedores de mi paso por dos colegios, Puente la Reina en Navarra y Alba de Tormes en Salamanca, de una misma orden, los padres del sagrado corazón, popularmente conocidos como Padres Reparadores y en la jerga eclesiástica como los dehonianos, en honor al fundador.

De aquella larga estancia de 6 años en el internado no guardo más que buenos recuerdos aunque les tengo que reconocer que, al menos en los primeros cursos, se me hizo bastante duro aquello de no volver a casa más que en tres ocasiones al año, Navidades, Semana Santa y verano. Particularmente dolorosa me resultaba la Navidad, mejor dicho los previos a la Navidad, cuando lloraba como una Magdalena al escuchar la pegadiza melodía del anuncio turronero con la sensiblera letra de “vuelve, a casa vuelve, vuelve a tu hogar “.

Pues bien, no sé si es por el hondo recuerdo de aquellos anuncios o por el poso religioso adquirido en el colegio, la cuestión es que el espíritu navideño se apoderó de mí y desde hace un montón de años, llevo decorando el árbol del jardín con motivos navideños e iluminándolo, en versión rural del siempre loado Abel Caballero, para alegrar estos días al barrio en su conjunto.

El final de año en que nos encontramos es época de partos en gran parte de los rebaños pastoriles, rebaños que muchos de ellos han pasado el verano en la sierra y que afrontan la temporada de partos en las cuadras ubicadas en el fondo de los valles para una vez alcanzado el mes de mayo, nuevamente volver a subir a los pastos montanos y así, completar el ciclo natural de los rebaños y el ciclo de gestión donde los fondos de valle en invierno-primavera y los pastos montanos de la sierra conforman un todo, inseparable e interdependiente.

Pues bien, en esta época también suelen ser habituales los percances en la montaña y justo en uno de ellos, recientemente, han sido los equipos de emergencias los que tuvieron que acudir al rescate de dos montañeros que se quedaron atrapados por la nieve en la Sierra de Aralar y dada la compleja orografía del paraje, los equipos de rescate utilizaron para ello los accesos que se han habilitado hace poco. Los integrantes de los equipos de rescate hicieron lo correcto, utilizar el camino habilitado para todo tipo de usos, controlados eso sí. Ahora bien, resulta llamativo cuando menos, que demos por bueno, que lo es, la habilitación de caminos para estos usos especiales mientras nos echamos las manos a la cabeza si esos caminos son habilitados para el uso, especial y controlado, de los ganaderos que gestionan el monte. Cuanto más paradójico resulta que sean los montañeros, más allá de lo que hicieron personalmente los afectados por este rescate, quienes utilicen sin reparos esos caminos cuando un numeroso colectivo de grupos locales de montaña salió en tromba contra la construcción y/o habilitación de dichos caminos. Tienen todo el derecho, por supuesto, de utilizar dichos caminos pero convendría recomendarles más empatía con los que reclaman dichos caminos para su vida y trabajo ganadero.

Más aún, cuando en estos momentos hay 17 personas, electos municipales, forales y técnicos varios que están inmersos en un proceso judicial, simple y llanamente, por votar favorablemente a la ejecución de ese camino que tanto perjuicio iba a ocasionar a la madre naturaleza.

Las grandes áreas de pastos de montaña de nuestro territorio, algo extensible creo al resto de territorios de otras latitudes y especialmente en zonas muy queridas por los montañeros vascos como los Picos de Europa, más allá de los que abogan por el rewilding (asalvajamiento), requieren de la gestión humano-animal de los recursos naturales para que sea el ganado quien limpie ´a diente¨ los pastos, los abone al mismo tiempo con sus defecaciones y con ello, va transportando, naturalmente, las semillas de un lado a otro. Para ello, no obstante, el ganadero, siempre minusvalorado cuando no olvidado, requiere de ciertas infraestructuras para su quehacer ganadero y así requiere de chabolas con luz y agua, majadas, abrevaderos, quesería (en el caso de que elabore) pero una infraestructura que requiere, sí o sí, impepinablemente, por mucho que alguno se altere, es el acceso, una vía o una pista, que al parecer es la palabra maldita, para poder acceder en condiciones a su punto de vida y trabajo durante largas temporadas en verano-otoño.

Los accesos son algo inevitable en la sierra de Aralar y en Aizkorri – Aratz, tal y como los son en las montañas de la siempre mitificada Iparralde (País Vasco-francés para los más lejanos) porque resulta incomprensible que aquellos que aluden el modelo de Iparralde como icono de la ganadería extensiva y sostenible sean los mismos que olvidan, premeditadamente quizás, que en Iparralde todas las chabolas de pastores, independientemente de la altura que se encuentren, cuentan con un acceso digno.

Por cierto, hablando de pastores y ganaderos de montaña que practican la siempre alabada ganadería extensiva, no les pillará de sorpresa que esa misma gente, estos pastores y ganaderos de extensivo estén temblando, aparte de enfadadísimos, con la decisión del Gobierno Central, más concretamente del Ministerio de Transición Ecológica, de impulsar el borrador de la Estrategia para la Conservación y Gestión del Lobo en España que propone homogeneizar el estatus de protección de la especie a nivel nacional, incluyendo a todas las poblaciones españolas en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial, por lo que con ello, además de generalizar la protección de dicha especie, se aumentará y al parecer, se prohibiría la gestión de su población.

Una vez más, me llama clamorosamente la atención que en un alarde de in-coherencia entre el dicho y el hecho, sean aquellos colectivos y partidos que más alaban la ganadería extensiva y de montaña quienes, simultáneamente, se opongan más fervientemente a la ejecución de infraestructuras para el trabajo ganadero y además, sean en gran parte, quienes más apoyan la protección del lobo aunque ello, lamentablemente, sea a costa de los ganaderos extensivos.

Paradójicamente, mientras termino este articulillo, escucho a Rafael cantando ese famoso villancico que dice “El camino que lleva a Belén, baja hasta el valle que la nieve cubrió».

 

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

 

Lágrimas de cocodrilo

Chifus es el seguidor, y crítico, más fiel que tengo. Aunque desconozco su verdadera identidad, recibo sus críticas, a veces hasta más largas que mis propias filípicas, casi todas las semanas y aunque la inmensa mayoría de sus comentarios son para criticarme, la verdad sea dicha, sin ser masoquista, agradezco el tono y el respeto de sus comentarios.

Habitualmente, más allá de Chifus, apenas recibo comentarios y/o reacciones sobre mis artículos y, que quieren que les diga, no será por falta de empeño por mi parte en provocar con ciertos temas y debates que me interesan. No obstante, mi artículo sobre la apertura de Amazon en Oiartzun y las contradicciones de la izquierda abertzale, ha soliviantado a los afectos a la causa y sorprendentemente, he recibido algún epíteto que otro. No se preocupen, entra dentro del generoso sueldo que percibe este juntaletras.

Mi rechazo a Amazon no proviene de su identificación como multinacional malévola si no porque con su tendencia al monopolio de la distribución comercial puede, con el tiempo, si no lo es ya, suponer la aniquilación de miles de pequeños y medianos establecimientos comerciales que dan vida a nuestros pueblos y nuestras calles. El uso abusivo de Amazon, o plataformas similares, supone ir cerrando, una a una, las persianas de esos establecimientos que dan movimiento, luz y vida a nuestras ciudades, que tanto echábamos de menos y por los que tantas lágrimas de cocodrilo derramamos en el primer confinamiento total. Ahora bien, más allá de la polémica con y entre partidos políticos al frente de las instituciones, todos, empezando por uno mismo, debemos tener bien claro que el futuro está en nuestras manos. Al igual que insisto en la máxima que, cada vez que alargamos el brazo para hacer un acto de compra de alimentos, estamos haciendo política alimentaria y agraria, no es menos cierto que cada vez que hacemos un clic en el comercio online estamos haciendo política comercial y de paso, definiendo el horizonte comercial y paisaje vital de nuestros pueblos y ciudades.

Al referirme a Amazon no quisiera pasar por alto la cuestión fiscal. La empresa matriz de la sonrisa malévola tributa en Luxemburgo para ahorrarse un pastón en impuestos en otros estados con una carga impositiva más alta y son las filiales estatales, en el caso de España, Amazon Spain Fulfillment la que tributa aquí por una ínfima parte de lo que debiera. Amazon, en este sentido, juega en la misma liga que otras grandes tecnológicas como Google, Apple y Facebook que se refugian fiscalmente en Irlanda y por ello, no debe extrañarnos que diferentes gobiernos europeos como el francés y el español quieran impulsar un traje fiscal a medida de estos monstruos tecnológicos a través de lo que se ha venido llamando “tasa Google” para así, poder incrementar la recaudación.

Una vez más, cada uno de nosotros debemos ser conscientes de las consecuencias de nuestros propios actos porque, por poner un ejemplo, cada vez que clicamos en Amazon estamos, además de cerrando persianas de miles de comercios, achicando las arcas de nuestras instituciones y consecuentemente, con los ojos empañados de lágrimas, reduciendo su capacidad inversora en sanidad, educación, infraestructuras, política social, política agroalimentaria, etc.

Por no hablar, y con esto acabo, de las consecuencias medioambientales de esos miles de vehículos que van distribuyendo a domicilio todo tipo de envíos, por muy diminutos y ridículos que nos parezcan, y de las no menos importantes consecuencias laborales, cuando menos, para las personas que se encargan de estas tareas de distribución que, lo digo por experiencia, veo cada vez más desamparados y vulnerables.

Aun así, la realidad es muy tozuda y según informe de la consultora Kantar Worldpanel, el sector del gran consumo, hasta inicios del mes de octubre, ha crecido un 13,7% en valor, con un consumidor que visita menos las tiendas, cayendo un 3,2% la frecuencia de compra, pero cargando sus cestas hasta un 14,6% más. Justo al contrario de lo que venía ocurriendo hasta hace unos meses, con compras pequeñas pero muy frecuentes.

Eso sí, el consumidor es muy diverso y como se diría, le da a todos los palos pero, puestos a destacar, destacan dos estilos de compra más bien propios de una identidad bipolar del consumidor: por un lado, la proximidad física y cercanía de los súper regionales, y, por el otro, la practicidad y seguridad del comercio electrónico.

Este año 2020, las grandes cadenas de distribución sufren un pequeño retroceso, por ejemplo, Mercadona retrocede un 0,8% aunque sigue manteniéndose en cabeza con un 24,8% de cuota de mercado que para sí lo quisieran sus competidores, mientras las cadenas regionales refuerzan su peso en la cesta de la compra con un 14,5% de cuota (conjunta), subiendo un 0,7% con respecto a 2019.

Por otra parte, volviendo al carácter ciertamente bipolar del consumidor, conviene subrayar el notable crecimiento del comercio online con incremento del gasto de casi un 60% respecto a 2019, que le supone alcanzar un 3,6% de cuota de mercado. El confinamiento y las restricciones a la movilidad le han dado el último empujón al comercio online logrando afianzarse como un hábito de compra, incluso entre nosotros, los mayores de 50 años.

El consumidor ha y hemos perdido miedo al comercio electrónico. Por ello, todos nosotros, incluidos los pequeños comerciantes, agricultores y ganaderos, PYMES agroalimentarias, etc. debemos ser conscientes que ya no es posible afrontar el futuro dando la espalda al comercio electrónico. Corrijamos, ajustemos y modifiquemos lo malo. Aprovechemos y pongamos en valor lo que tenga de bueno.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

De la dependencia a la independencia

Presumen de ser la primera democracia y el mejor país del globo pero la verdad es que los Estados Unidos de Norteamérica están ofreciendo, en vivo y en directo, un lamentable espectáculo, más propio de una república bananera tan característica en la literatura iberoamericana. Ahora bien, siendo justos, creo que es conveniente acotar las responsabilidades en unos pocos elementos y particularmente, fijar la diana en las espaldas del payaso mayor, Donald Trump, pero sin olvidar la tropa republicana, su partido, que le respalda o al menos, no le recrimina su actitud tan dantesca como peligrosa. Quizás, temerosos de la pataleta del niño grande, han optado por respaldarlo, aun temporalmente, antes que desairarlo públicamente y que en una de sus rabietas descomunales, opte por presentarse por libre a las próximas elecciones.

La cuestión es que, salvo los propios votantes de Trump y cuatro secuaces que le respaldan en el resto del globo, el mundo mundial sintió un gran alivio cuando conoció la victoria definitiva del demócrata Joe Biden. Quizás, teniendo en cuenta las expectativas tan altas generadas, nos peguemos un golpe al caernos del pino cuando veamos que el cambio de inquilinos del despacho oval no es tal y como lo esperábamos. Ahora bien, para evitar frustraciones, recomendaría comparar a Biden con lo realizado por Trump y no con las expectativas generadas.

Biden, por su parte, ya ha comenzado a mostrar sus primeras cartas y con ello los primeros nombres de su gabinete La elección del multilateralista Antony Blinken como nuevo secretario de Estado, Ministro de Exteriores en nuestra jerga, nos empuja a pensar que Estados Unidos dejará de lado la política bilateral y volverá a los foros y acuerdos multilaterales que ha abandonado en esta última legislatura.

La globalización, mejor dicho, los excesos de la misma y sus consecuencias en la economía y especialmente en las clases trabajadoras de algunos estados dieron la victoria a Trump en el año 2016 puesto que fue él, al parecer, el único que supo interpretar lo que estaba ocurriendo en su país. Ante ello, el proteccionismo, al grito de American First, y la relocalización de las industrias han guiado la estrategia impulsada por Trump que, gracias a Dios, no ha obtenido los réditos necesarios.

La pandemia de la Covid-19, por su parte, con la restricción total y/o parcial de todo tipo de movimientos, tanto de personas como de mercancías, ha mostrado las costuras del sistema económico mundial y si acercamos la mirada a lo más próximo, la propia Unión Europea ya ha lanzado la primera advertencia sobre la debilidad de su sistema industrial dependiente, en gran medida de suministros de materias primas, proveedores de piezas, ensamblajes, etc. de otros países y continentes.

La Comisión Europea presentó en el mes de marzo, en pleno bombazo de la primera ola de la COVID, lo que ha calificado como nueva estrategia para ayudar a la industria europea a realizar la doble transición hacia la neutralidad climática y el liderazgo digital y tal como explicita la comisión, con la estrategia se pretende estimular la competitividad de Europa y su autonomía estratégica en un momento de desplazamiento de las placas geopolíticas y de aumento de la competencia mundial. Es decir, sin llegar a promover el proteccionismo trumpiano, sí que recurre a diferentes eufemismos para, en realidad, hablar de una relocalización de ciertos procesos industriales, una vuelta a casa y con ello, un acercamiento de esos procesos y proveedores hacia la localización de la empresa matriz.

Ahondando en esa idea, esta misma semana la Comisión Europea, con los estados miembros volcados en la tarea de disponer de suficientes medicamentos, vacunas, mascarillas y demás material sanitario para su población, ha presentado su estrategia para impulsar la industria farmacéutica a fin de disminuir su dependencia con respecto a China o India.

Lo que no acabo de ver, lamentablemente, es una estrategia europea para impulsar su autonomía alimentaria y tampoco que la Comisión Europea tome conciencia de su importante grado de dependencia alimentaria con respecto a países terceros, situación, por otra parte, que puede verse agravada tanto por pandemias como la actual pero también por otro tipo de causas climatológicas, medioambientales, etc. cuyas consecuencias sobre nuestras importaciones de materias primas pueden resultar dramáticas.

Según informe publicado por Eurostat, el servicio estadístico de la UE, en septiembre del 2019, la UE es el primer exportador de productos agroalimentarios con un total de 138 billones de euros en 2018 mientras las importaciones alcanzaron los 116 billones. Por otra parte, según otro informe del mismo servicio, la exportación de productos agroalimentarios ocupa el cuarto lugar tras la maquinaria, otros productos manufacturados y los productos químicos y su evolución en los últimos cinco años, 2014-2019, apenas sube en un 0,2% del 7,4 al 7,6% mientras las importaciones se mantienen estancadas en quinta posición con el 6,1%, es decir, la balanza nos es favorable en un escueto 1,5%.

Ahora bien, suelen decir que el demonio habita en los detalles y no dado que no es una cuestión menor, conviene traer al centro del tablero que el 10,8% de las importaciones son productos destinados a la alimentación animal, tales como tortas oleaginosas y la denostada soja. Según informe de la propia Comisión, son estas dos producciones el verdadero talón de Aquiles de la ganadería europea y muy especialmente, en los sectores: porcino, aviar y vacuno de leche.

Por ello, hablando de estrategias europeas y en un momento donde cada país está elaborando su correspondiente plan estratégico, mucho me temo, que este déficit de proteína para alimentación animal no está recabando la atención ni las medidas pertinentes para afrontar dicho reto y pasar de la actual dependencia a una futura autonomía y, ¿por qué no?, a una hipotética soberanía proteica.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

El escupitajo

El refranero popular desborda de sabiduría y sentido común cuando dice “el que tiene una suegra, tiene un tesoro” y en mi caso lo es por doble partida porque a su indiscutible habilidad culinaria hay que sumarle la sabiduría que desprende cada vez que nos deleita con sus dichos, refranes y/o sucedidos.

Pues bien, esta última semana he vuelto a acordarme de uno de sus dichos populares, ese que dice “cuanto más alto escupas, más te caerá encima”, al tener conocimiento de la llegada del gigante Amazon a la localidad guipuzcoana de Oiartzun. Al parecer, la compañía del multimillonario Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo, ha depositado su mirada en una parcela utilizada hasta ahora por una empresa de transporte y prevé así, abrir su segundo centro en Euskadi, tras el que abrió en Trapaga en verano del 2019.

La empresita de marras, sólo en España, tuvo una cifra de negocio de 331 millones de euros en 2019 y su beneficio alcanzó los 18,25 millones de euros y todo ello, como consecuencia de millones de pequeños actos de compra de millones de consumidores como usted y yo que, auto- parapetándonos en justificaciones de lo más peregrinas, caemos en las redes de esta empresa que, sabedora de lo que valoramos el factor de la comodidad, ha creado un verdadero monstruo logístico-comercial por el que tienen que transitar miles de empresas si quieren estar presentes en este escaparate mundial y al que recurren millones de clientes que anteponen la comodidad al compromiso social, económico y medioambiental con su comunidad más cercana.

Lo que empezó vendiendo libros, abarca todo tipo de productos, incluso alimentos frescos y estos días hemos conocido su firme intención de entrar, por ahora en Estados Unidos, en la distribución de productos farmacéuticos. ¡A temblar, señores farmacéuticos!

El comercio tradicional, familiar y ciertamente pequeño, sea urbano o rural, se desangra con cada uno de nuestros clicks y encima, paradójicamente, se ven casi obligados a mostrar cara de agradecimiento ante las estériles muestras de apoyo de estos mismos que, sigilosamente, los rematan, click a click. La incoherencia no es algo exclusivo de los consumidores y se expande también entre determinados partidos políticos y responsables políticos en particular que saltan raudos a la calle, pancarta y altavoz en mano, contra cualquier implantación que huela a multinacional, cadena de distribución, franquicia, etc., siempre que, eso sí, se implante en un municipio gobernado por un partido contrincante.

Esta misma semana hemos comprobado cómo los responsables de EHBILDU, actual representante de la izquierda abertzale, ha sufrido en sus propias carnes la medicina que ella suministra a los demás y recibido, a modo de abominable escupitajo, el reproche de todos aquellos que ven cómo critican y rechazan, por tierra, mar y aire, con toda la artillería socio-política conformada por asociaciones, plataformas, etc. mientras ahora, cuando el municipio elegido es regido por dicho partido, callan y se ponen de perfil para no verse perjudicados.

Las plataformas turbo dinámicas frente el macro-outlet de Hondarribia (macro-outlet, para evitar suspicacias, rechazado públicamente por el abajo firmante) no deben tener más plástico para nuevas pancartas, los impulsores de firmas contra la apertura de Mercadona en Lazkao  andan a falta de folios para recabar más firmas, los habituales voceros en redes sociales bastante tienen con los socavones del metro donostiarra y otras muchas iniciativas de protesta generadas espontáneamente y nunca, nunca, nunca, por muy malpensado que usted pueda ser, impulsadas desde algunos aledaños políticos, han enmudecido sospechosamente. Tanto es así, que llevo varios días intentando encontrar en el diario oficial la noticia sobre la llegada de Amazon a Oiartzun y por increíble que resulte, por mucho que mire y remire sus páginas, no la encuentro.

Los afectados por la polémica, los dirigentes tanto locales como superiores de la izquierda abertzale, tirando de argumentario oficial, argumentan que el ayuntamiento no puede impedir la implantación, que la operación no es más que sustituir una empresa de camiones por una operadora logística y que ellos mantienen su tradicional apuesta por el comercio pequeño y en contra de todos estos emporios comerciales. Olvidan, eso sí, que lo de Amazon no es nada nuevo en Oiartzun si no una gota más en un municipio, por cierto, histórico bastión de la izquierda abertzale que desde tiempos inmemorables ha desarrollado una ordenación territorial y política de urbanismo que ha facilitado, cuando no buscado, la implantación de numerosos centros comerciales, más allá del mítico Mamut, outlets, etc.

Reconozco que la cuestión es difícil de gestionar y casi imposible mantener la coherencia entre lo que exigimos para otros frente a lo que nos exigimos a nosotros mismos, calibrar la actuación ajena con el mismo metro que la propia y más en una cuestión como ésta donde, además de lo que se pueda hacer desde las instituciones públicas, es la actuación privada de millones de convecinos, sus hábitos de consumo, las que determinan el devenir de la actividad comercial.

Ante este complejo panorama no nos cabe más que plantear todo con más humildad, coherencia, sin sobreactuar, sin electoralismo, en voz baja y a poder ser, tragar saliva y escupir lo menos posible.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

Malpensado

Flipante, es la expresión que me surgió desde lo más adentro, al leer en un diario tan serio como ABC que una empresa mexicana ha desarrollado un artilugio llamado Biourban, que no es otra cosa que un árbol artificial de cuatro metros de altura que contiene, dentro de su estructura, reactores de microalgas que absorben dióxido de carbono, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y partículas desde 2,5 micras para alimentarse de ellas y, tras un proceso natural de fotosíntesis, convertirlas en oxígeno, mejorando así la calidad del aire de la zona en la que está situado. Tal cual.

Al parecer, el sistema, que captura entre 40 y 60 toneladas de CO2 al año, realizando la misma labor de aproximadamente 368 árboles naturales y tras su puesta en marcha en México, su representante en España ya se ha puesto en contacto con diferentes gobiernos autonómicos y municipales a fin de garantizarse su instalación y con ello, engordar su balance empresarial. Ya imagino al súper-alcalde de Vigo, Abel Caballero, a todas luces vista (nunca mejor dicho), el alcalde lucero del alba que todo lo mide en función de los watios, haciendo el pedido de un maxi – árbol, eso sí, con luces navideñas incorporadas.

La contaminación atmosférica es, según sus promotores, uno de los grandes problemas ambientales de nuestro tiempo que, cada año, todo negocio  viene aderezado de su toque de miedo, provoca 400.000 muertes prematuras en Europa y siete millones en todo el mundo. No entra en sus cálculos, al parecer, acudir a la raíz del problema y atajar el origen del problema si no que lo realmente importante es que se vendan árboles, por supuesto, artificiales. A los árboles naturales, ¡que les den!

Igual de flipante, no lo puedo calificar de otra forma, es la polémica surgida en Euskadi a consecuencia del cierre de la hostelería por la pandemia del Covid-19 cuando observamos cómo las panaderías-cafeterías pueden servir café para llevar (take away, según los modernos) mientras que el bar de la esquina se lame las heridas del cierre. Más allá del drama provocado por el cierre de la hostelería, quiero aprovechar la oportunidad para traer a colación esta nueva costumbre que hemos importado de las películas y publicidad de firmas americanas, de ir corriendo de un lado para otro con el vasito de marras en la mano emulando a la mismísima Sarah Jessica Parker por las calles de Manhattan en un capítulo de Sexo en Nueva York. No alcanzo a comprender lo chorra que somos cuando lo bueno del café es tomártelo en compañía y aderezado de una buena conversación.

Y digo conversación porque, al parecer, no podemos aderezarlo con azúcar sin que el Gobierno Central nos mande a galeras puesto que el ejecutivo Sánchez se encuentra en una carrera desenfrenada contra el consumo (al parecer excesivo) de azúcar y así, el gobierno social-comunista-bolivariano, como dicen los aficionados a lucir la rojigualda por doquier, ha propuesto incluir para el presupuesto del año 2021 una subida del IVA a todas las bebidas refrescantes, zumos y gaseosas con azúcares o edulcorantes añadidos y como suele ocurrir en estos casos donde el gobernante se pone a regular a todo bicho viviente, el asunto se les ha ido de la mano y entre cocas y pepsis, la subida del IVA también afectará a alimentos como los productos lácteos tan peligrosos para nuestra salud como son los yogures, los batidos, las leches fermentadas, etc.

Nuevamente y les anticipo que estoy valorando seriamente acudir al oftalmólogo a tratarme este problema de visión, no alcanzo a vislumbrar el objetivo de semejante dislate que en aras a combatir la obesidad, principalmente infantil y juvenil, proporciona el mismo tratamiento fiscal a los productos lácteos que a otras bebidas azucaradas que todos, o casi todos, identificamos como no o poco recomendables para el mantenimiento de unos hábitos saludables. Claro que hay productos lácteos con algo de azúcar añadido pero de ahí a situarlo entre las bebidas a combatir y castigarlos con semejante IVAtazo va un trecho, la verdad sea dicha, bastante amplio.

El presupuesto del 2021 acaba de superar su primer examen al echar por tierra todas las enmiendas a la totalidad presentadas por algunos partidos opositores y es en las próximas tres semanas cuando empieza la negociación detallada, artículo por artículo, partida a partida, cuando los partidos sensatos deberán trabajar por mejorar la propuesta gubernamental y sacar de la lista de afectados por la subida del IVA, entre otros, los productos lácteos. El sector lácteo, los ganaderos, sus cooperativas y sus industrias no entenderían lo contrario. Tampoco, lo entenderían los nutricionistas conscientes de la importancia de la leche y de los productos lácteos en la dieta alimentaria y en nuestro balance nutricional.

Quizás y no quiero ser malpensado, lo que realmente pretendan es impulsar esas bebidas vegetales que tanto gustan a sus huestes y que tan bien se mueven, en contraposición con los ganaderos, por los pasillos palaciegos.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

 

¡HASTA LOS MISMÍSIMOS!

Dicen que uno no debiera preocuparse, al menos en exceso, por aquello de lo que no puede ocuparse personal y activamente. Preocuparte por males ajenos, más o menos lejanos, nos puede llevar a un estrés insoportable con graves consecuencias para nuestra salud. Esto dice la teoría, esta que usted y yo conocemos perfectamente pero que frecuentemente ignoramos, pero la realidad es que yo llevo desde el martes pasado mirando y remirando el móvil, la televisión y diferentes periódicos norteamericanos para saber quién será el vencedor de las elecciones del pasado martes. Tanto es así que me he convertido en un verdadero experto y si me colocan frente un mapa, ubico con mayor exactitud el lugar exacto de Arizona en el mapa de los Estados Unidos que algún pueblo vasco o la provincia de Albacete. ¡Moderno que es uno!

Más allá de los mapas y del lamentable espectáculo que está ofreciendo el actual presidente Donald Trump (en el momento de cerrar este artículo, según el New York Times, van 253-214 a favor de Biden) al observar que según avanza el recuento de votos, el rojo se va tornando en azul, lanzando graves acusaciones de fraude y calentando el ambiente con soflamas sobre un supuesto robo de las elecciones, como decía, más allá de todo ello, me interesaría conocer las verdaderas razones del apoyo masivo de los estados y zonas eminentemente rurales al presidente del pelo dorado. Desde la distancia, a modo de simple curioso, creo que las medidas económicas adoptadas por el máximo mandatario no han resultado beneficiosas para el campo estadounidense pero, aun así, me gustaría conocer los verdaderos motivos, económicos o no, de dicho apoyo.

Dejándome de cuestiones lejanas, que no por ello dejan de afectarnos, quisiera centrar la mirada en algo más cercano como es la aprobación de la nueva PAC para el periodo 2023-2027, a falta de los últimos retoques fruto del Trílogo, y con ello el pistoletazo de salida para la carrera final cuyo fin último no es otro que la aprobación de un Plan Estratégico, único para todo el Estado según unos y según otros, como yo, plural y acorde a la estructura administrativo-política del Estado.

Ahora bien, más allá de que sea un único Plan Estratégico o sean varios, existen una serie de cuestiones a debatir, definir y acordar antes de su entrada en vigor el 1 de enero de 2023, destacando entre ellas la figura del agricultor genuino, la vigencia, derogación o reforma de los derechos de pago básico, la arquitectura verde de las ayudas, el pago redistributivo y el capping, además de otras cuestiones varias pero hoy, me gustaría referirme a dos de ellas, el agricultor genuino y los derechos históricos.

Cada reforma de la PAC, la Comisión Europea muestra una sorprendente capacidad de reinventarse y sacarse de la chistera todo un nuevo léxico para renombrar lo ya existente y así, al actual agricultor activo ahora se le denomina agricultor genuino y bajo esta figura se deben concretar las condiciones que deberán cumplir los beneficiarios de ayudas directas y muy especialmente, su grado de profesionalidad. Todos, sin excepción, dicen defender con carácter prioritario a los agricultores profesionales pero cuando hay que fijar un criterio, como puede ser el porcentaje de ingresos agrarios con respecto a los ingresos totales, comienzan las dudas, los miedos y las peleas. Si fijas alto el listón, miles de agricultores pluriactivos (en nuestro léxico sectorial, mixtos) se quedan fuera con toda la presión que puedan ejercer sobre los responsables y gobiernos. Si fijas el listón demasiado bajo, entran tantos posibles beneficiarios que, a la postre, los beneficiarios se quedan,  permítanme la expresión, sin beneficio alguno.

Otro tanto ocurre con el mantenimiento, reforma o derogación de los derechos históricos de pago básico. Mientras algunos proponen aplicar la máxima lampedusiana “Que todo cambie para que todo siga igual”, algo ya aplicado por el ministro Arias Cañete en la anterior reforma, otros proponen derogar el sistema actual, con grandes diferencias entre los perceptores y donde los productores actuales cobran en base a referencias de hace casi 20 años (independientemente de que haya variado o no su situación productiva particular) e ir hacia una tarifa plana por hectárea (ya aplicado en algunos países y/o regiones europeas) para así abrir la puerta a subsectores como la viña, huerta, fruta, …que hasta ahora no han tocado bola en el apartado de ayudas directas, aunque sí en otras medidas del segundo pilar y finalmente, hay otros muchos, los moderados, que seguramente verían con buenos ojos una vía intermedia y progresiva del primer al segundo escenario.

Si escribiésemos las directrices de la nueva PAC sobre una página en blanco, es decir, sin tener en cuenta la realidad actual y la trayectoria histórica tanto de la propia PAC como de cada una de las explotaciones afectadas, seguramente obtendríamos un planteamiento radicalmente diferente al que teóricamente, todos y cada uno de nosotros, podríamos considerar como admisible o positivo. Ahora bien, como siempre, la realidad, además de discurrir por otros derroteros, es difícil de gestionar y más aún, en un contexto como el actual, de merma de fondos europeos destinados a la PAC.

La literatura de la Comisión Europea propone “hacer más, con menos” pero la realidad del campo, la que se escribe sobre los surcos en la tierra, en los pastos de montaña y/o entre las hileras de olivos tradicionales es, cuando menos, bastante más cruda y por ello, resulta harto difícil convencer a los productores, con rentabilidad ausente y márgenes inexistentes, que sí se puede “hacer más con menos” y asumir que, cualquier movimiento en el reparto de ayudas, pone a muchas explotaciones al borde del abismo.

Así, en este panorama, complejo donde los haya, tendrá que lidiar el ministro Luis Planas, que hasta ahora he bautizado como “el plano”. Soy consciente de sus dotes de toreo y de esquivar peligrosos morlacos así como de no mojarse, ir de bienquedao, etc. Ahora bien, creo que en la situación actual, Luis Planas tendrá que mojarse y no sólo un poquito, ¡hasta los mismísimos! diría yo, si quiere sacar adelante lo que predica.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

APLICADOS

Como el hámster en la rueda de su jaula ando yo con mis temáticas habituales. Vuelta va y vuelta viene, a toda mecha, pero sin avanzar. Al menos, no lo que yo quisiera. Así, tal y como les informaba hace un par de semanas, el Parlamento Europeo celebró recientemente una votación en pleno donde además de otras muchas cuestiones votó, más allá de su importancia, que la tiene, sobre la posibilidad de que determinados productos vegetales puedan ser etiquetados con términos cárnicos y lácteos.

Pues bien, el Parlamento Europeo decidió dar la espalda al sector ganadero y, al mismo tiempo, impulsar los intereses de grandes empresas, incluso cárnicas, que mirando más por su cotización que por el bien del consumidor, al permitir que productos vegetales puedan ser etiquetados como hamburguesas, salchichas, steak, … Los europarlamentarios que han votado esta opción, en el caso del Estado Español los de Podemos, EHbildu, IU y ERC, deben ser conscientes que con su voto, además de dar una patada al sector ganadero, han facilitado que empresas cuya estrategia consiste en emular la textura, apariencia, sabor y aroma de la carne real a través de altos niveles de procesamiento y con añadidos tan naturales y saludables como hasta una veintena de ingredientes, colorantes, extractos y conservantes vegetales, se salgan con la suya.

Es el mundo al revés y como bien resume mi amigo Ignacio López García-Asenjo, auténtico ministro de asuntos exteriores en Asaja, “si las llaman hamburguesas, si parecen hamburguesas, si saben a hamburguesas, si se venden donde las hamburguesas. ¿no será que lo que les apetece es comerse una hamburguesa?”. Lo fastidioso del tema es que los promotores de semejante engaño lo venden como algo natural y saludable que elaboran en bien del consumidor final pero lo realmente triste es que haya habido alguien en Bruselas que les ha comprado la mercancía engañosa.

Por otra parte y viniendo al escenario estatal, igualmente fastidioso y preocupante está resultando, al menos para el sector ganadero de la Cornisa Cantábrica, el proyecto de Real Decreto para la nutrición sostenible en los suelos agrarios impulsado por el ministerio agrario dirigido por el ministro, nuevamente valenciano, Luis Planas.

Dicho RD pretende, al menos teóricamente, dar respuesta una Directiva europea que fija los porcentajes de reducción de emisiones nacionales de ciertos contaminantes atmosféricos y en lo que respecta al amoniaco plantea una reducción del 30% para el año 2030 y asimismo, responde a la estrategia “De la granja a la mesa” que establece como meta reducir, al menos, a la mitad las pérdidas de nutrientes, sin deteriorar la fertilidad del suelo.

El dichoso proyecto de RD contempla todo un procedimiento que, a pesar de que la simplificación de la política agraria sigue siendo uno de los objetivos (inalcanzable al parecer) de toda reforma agraria que se precie,  incrementa notablemente la burocracia puesto que parte de un análisis previo de las tierras (con el coste económico que ello conlleva), plantea la necesidad de contar con un asesoramiento técnico profesionalizado y para más inri, en lo que se refiere a la aplicación de abonos orgánicos (estiércol y purin principalmente), introduce una serie de impedimentos que parece toda una invitación formal para que el ganadero, más que utilizar el estiércol y purin generado en su propia explotación, recurra a abonos inorgánicos con todo lo que ello supone.

Por todo ello, todas las organizaciones agropecuarias de la cornisa cantábrica se han posicionado claramente en contra de dicho proyecto y con el propósito de adecuarlo a la realidad orográfica (zona montañosa de fuertes pendientes), climatológica (altas precipitaciones y fuerte humedad), estructurales (minifundismo y diseminado), sociales, etc. y lograr que las instituciones, con el Ministerio al frente, asuma el valor fertilizante del estiércol, que es prioritario fomentar el uso del estiércol es como fertilizante orgánico de proximidad y evitar, en la medida de lo posible, el uso de fertilizantes inorgánicos. ¿Sabía usted que para la fabricación de los fertilizantes inorgánicos se emite un 3% de gases de efecto invernadero?

El sector ganadero tiene en su propia cuadra la solución al objetivo de mejorar la fertilidad del suelo fijado por la Unión Europea. Déjense pues de poner trabas y es más, al contrario, incentiven, incluso con ayudas y/o incentivos fiscales, el uso de estos fertilizantes orgánicos de proximidad.

No obstante, más allá del uso de los fertilizantes en sí, creo que es conveniente apuntar, en línea con las organizaciones cantábricas de ASAJA, que la prohibición general del uso del método de abanico, plato y cañón para aplicar el purín puede ser una estocada mortal para el sector ganadero de montaña, especialmente para su sector lácteo, conllevando todo ello la progresiva desaparición de explotaciones y con ello, impepinablemente, la deslocalización de la producción lechera desde la Cornisa a zonas llanas de la meseta a la que, desgraciadamente, le seguirán el traslado de cooperativas e industrias transformadoras.

A lo dicho, señores del Ministerio, ¡aplíquense!

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

Cambiar de gafas

Cuando decidí emprender este tortuoso y enriquecedor  camino de escribir, con cierta frecuencia, artículos sobre cuestiones agrarias, me fijé la meta de hacer artículos lo suficientemente simples como para llegar a personas ajenas al sector agropecuario y así se fuesen empapando de la realidad del sector primario, pero al mismo tiempo, escribir artículos que también sirvan para exteriorizar, más allá de las protestas callejeras, la realidad y prioridades del sector productor. En consecuencia, algunas semanas me queda un artículo demasiado simple y para principiantes, otras, demasiado sectorial (para los tuyos, como dice mi esposa) y otras, lo reconozco, son artículos donde vierto mis filias y fobias particulares y sectoriales. Lo siento.

Pues bien, esta semana quisiera abordar la reciente aprobación de la nueva Política Agraria Común europea por parte del Consejo de ministros de agricultura de la UE que, a falta de su negociación con la propia Comisión Europea y con el peleón Parlamento Europeo, supone un enorme paso adelante en la aprobación de esta nueva PAC que, si bien en principio era 2021-2027 ahora será 2023-2027, dotará una cierta certidumbre en esta época repleta de incertidumbres.

Certidumbre que necesita el agro como toda actividad económica que se precie y es que, aunque algunos pretendan obviarlo, la agricultura, la ganadería y la actividad forestal, más allá del autoconsumo, son básicamente actividades económicas donde, consecuentemente, la suerte de dicha actividad, la maldita rentabilidad que tanto reclaman los productores, es algo tan inherente como vital para su futuro.

A semejanza del estéril debate suscitado en torno a la pandemia, la salud y/o la economía, en el debate sobre la PAC la disyuntiva entre medioambiente y economía viene desde hace décadas y es ahora también la que tenemos sobre la mesa y así, mientras unos, los conservacionistas, científicos y numerosos consumidores ponen el acento en lo verde, por la otra parte, los productores, sus familias, las empresas agroalimentarias y no menos consumidores subrayan la vertiente económica porque, en definitiva, les va mucho en juego.

 

Pues bien, el acuerdo cerrado esta semana es valorado de muy diferente forma en función de las gafas con las que se lea. Mientras los que usan las gafas verdes, consideran que el acuerdo ha sido frustrante vista la postura timorata de los ministros que han dado la espalda a las expectativas abiertas por el Pacto Verde europeo, los que usan las gafas marrones, color tierra, constatan que los ministros se han excedido en sus objetivos verdes y que han aprobado toda una serie de condiciones, medidas y eco-esquemas sin apoyo financiero suplementario alguno. Según parece, el 40% del total de los fondos de la PAC deberá estar alineado con la lucha contra el Cambio Climático y además, se establece que el 20% de los fondos del primer pilar sea para los desconocidos eco-esquemas. 

Ahora bien, se mire como se mire, el acuerdo está adoptado y como decía anteriormente, una vez superados los Triálogos, la Unión Europea con toda la dimensión que le conceden sus 27 estados miembro y teniendo en cuenta que la UE es un actor vital de la geopolítica mundial y uno de los protagonistas del enorme comercio agroalimentario internacional, la UE será capaz de lanzar un mensaje potente y unificado al resto de los países y continentes al nivel que su protagonismo mundial requieren.

Más allá del fortalecimiento del proyecto europeo, tras ese acuerdo definitivo a nivel de la UE, la PAC debe seguir progresando a nivel de cada estado miembro y por ello, podemos afirmar que ahora el campo de batalla se traslada a cada uno de los estados que, a modo de deberes para casa, deberán ir definiendo y aprobando su correspondiente Plan Estratégico o, tal y como defendemos los vascos, ateniendo a la configuración político-administrativa del propio Estado, más de un único Plan. Desde el ministerio y otras latitudes se defiende la necesidad de que exista un único plan estratégico para todo el estado, que no se disgreguen ni peleen comunidades autónomas ni sectores productivos pero se obvia que mientras se niega dicha posibilidad a aquellas autonomías que lo reclaman por su diversidad, ellos mismos, reclaman un único plan estratégico estatal frente a un único plan estratégico europeo que pudiera ser reivindicado por instancias comunitarias. Reconozco que la agricultura española nada tiene que ver con la danesa pero, en justa reciprocidad, me reconocerán que tampoco tiene nada que ver la agricultura andaluza con la vasca o con la asturiana.

Decía yo que ahora, tras el acuerdo de Bruselas, la batalla se traslada al escenario estatal pero al menos los que seguimos un poco las cuestiones agrarias, somos conscientes que la batalla se ha iniciado hace unos meses ya y precisamente, estas última semanas observamos, a plena luz, con luz y taquígrafos, a gobierno autonómico, organizaciones, plataformas y demás entidades mostrar sus mejores armas para la batalla. 

Pues bien, es en estos momentos de lucir armas y cuando el ministro, a modo de princesita medieval, ha mostrado el pañuelito para que comience el combate, es ahora cuando me viene a la memoria aquel famoso esquiador de fondo llamado Johann Mühlegg, campeón olímpico, alemán nacionalizado español que, tras el caso de dopaje, pasó en un pispás de ser Juanito, nuestro Juanito, aclamada gloria deportiva nacional, a ser simplemente Johann, un detestable deportista germano. Viene esto a cuento porque, salvadas las distancias, me ha sorprendido comprobar como al que hasta ahora era tenido por un político andaluz y razonable ministro, se le ha comenzado a recordar su lugar de origen, Valencia, quizás con el ánimo de restarle tanto pedigrí andaluz como fuerza a su hasta ahora carácter razonable.

D. Luis, no se preocupe. ¡Serán mis gafas!

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean.
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