El teléfono del gran Gila

Con un teléfono en la mano, calzado el casco militar y en medio de una refriega bélica, el inolvidable humorista Gila preguntaba a aquel que quisiera escucharle, ¿es el enemigo? ¡Que si ustedes podrían parar la guerra un momento!  El de Gila es un recuerdo inevitable, cuando pretendo hablar de la guerra comercial que acaba de estallar entre las principales cadenas de distribución.

Según la consultora Kantar Worldpanel que controla, cual Gran Hermano, todos los movimientos y tendencias de consumo de nosotros los consumidores, en el año 2020 se ha materializado una batalla campal, cuchillo en ristre, donde las cadenas se han peleado por un consumidor que se comportaba de una forma totalmente diferente a la época pre-Covid y en función de la cambiante normativa sobre movilidad que ha ido cambiando, obviamente, en sintonía con la situación sanitaria.

Hoy, más allá de la visión general, quisiera fijar la mirada en los cambios y movimientos que durante el año 2020 se han dado en la gran distribución (cadenas de distribución que más allá de cada una de las especificidades de cada cadena, cuentan con diversidad de formatos de establecimientos en su seno) y cuyo reflejo se constata en un cambio dentro del pódium del Top-3 hasta ahora ocupado por Mercadona, Carrefour y Día que, ésta última, se ha visto superada por Lidl.

Mercadona, a pesar de haber perdido un 1,1 por 100 de cuota de mercado en 2020, sigue líder intratable con un 24,5 por 100 de cuota de mercado, es decir, 1 de cada cuatro, y con un 90 por 100 de penetración en los hogares. A gran distancia, el segundo clasificado es Carrefour con un 8,4 por 100 de cuota, tras haber perdido un 0,3 por 100 en 2020 y 65 por 100 de penetración y, en tercer lugar, nos encontramos con la alemana Lidl que con un 6,1 por 100, tras haber incrementado un 0,5 por 100 supera por poco a la hasta ahora tercera, Día que desciende hasta el cuarto puesto con un 5,8 por 100 tras haber perdido un 0,6 por 100. En quinta posición, nada demeritoria, se encuentra Eroski con un 4,8 por 100 que se ha mantenido impertérrita en su porcentaje.

Cabe destacar que entre las cinco primeras cadenas copan el 50 por 100 de la cuota de mercado del estado español lo que nos muestra, bien a las claras, el verdadero poder de estas firmas y al mismo tiempo, la inquietante concentración que se da dentro de la distribución si es que tenemos en cuenta que es la distribución uno de los eslabones, si no el más importante, de eso que venimos en llamar cadena alimentaria y que por lo tanto, debemos ser conscientes que cinco empresas compran, cuando menos, el 50 por 100 de los alimentos que consumimos.

Me gustaría, por otra parte, destacar el importante papel que juegan las empresas que conforman lo que las consultoras denominan supermercados regionales entre las que, además de Eroski (firma que desde Euskadi saltó al conjunto del Estado para, poco a poco, ir replegándose a su hábito natural), la valenciana Consum con un 2,8 por 100 de cuota y por otra serie de firmas, menores pero destacables, como la vasca Uvesco, la granadina Covirán, Bon Preu, Gadisa, Alimerka, etc. que van ganando cuota de mercado, estas cadenas menores han incrementado en un 2,1 por 100 su cuota de mercado, combinando eficacia, calidad y proximidad, tanto en lo físico como en lo que a identidad se refiere.

El sector del gran consumo subió en el año 2020 un 12,7 por 100, principalmente porque todo el consumo alimentario de fuera del hogar (hostelería, centros de trabajo, colectividades, etc.) se trasladó al consumo alimentario en el hogar, por otra parte, las restricciones a la movilidad y el miedo al contagio en los grandes centros comerciales, conllevó una reducción en el número de visitas a la tienda (-2,7 por 100) y unos tickets de mayor importe (+14,1 por 100) por lo que, como comprenderá, cada visita a la tienda era un verdadero reto para el comercio que debía aprovechar cada visita como si fuese la última y lograr del cliente el mayor gasto posible.

Cara al año 2021, si bien los primeros movimientos se dieron a finales del 2020, no es que suenen tambores de guerra si no que es constatable como las cadenas alemanas, Lidl y Aldi, han desenterrado el hacha de guerra para ganar cuota de mercado con una bajada importante en numerosas referencias y éste movimiento de las alemanas tensiona enormemente el mundo de la distribución donde las cadenas medianas como Carrefour y Día responden con fuertes promociones de 3×2, segunda unidad a mitad de precio o incluso gratis, etc. y el líder, desde la distancia, desde la altura diría yo, mira los movimientos con relativa preocupación, inicia unos pequeños movimientos y se prepara, al parecer, para hacer una serie de movimientos en los lineales que le permitan seguir siendo el líder indiscutible del mercado estatal.

Los movimientos en los lineales, eufemismo al que recurro para referirme a la bajada de precios se materializan, básicamente, apretando a los proveedores, sean del tipo que sean, y como comprenderá, cuando la distribución aprieta a la industria proveedora, esto no acaba en un apretón del cinturón del gerente de marras si no que, se traslada, directa e irrevocablemente, a los proveedores de dichas industrias que, en el caso de las industrias alimentarias, son los agricultores, bien a modo individual bien cooperativo.

Decía, un responsable de Kantar que sería un error, tal y como lo fue en la crisis del 2008, que la distribución fiase su estrategia sólo a precio pues se destruyó el valor añadido generado para sí y fue un auténtico desastre para la industria. En estos momentos de tambores de guerra o de prolegómenos de ésta, quisiera que las cadenas de distribución pensasen y actuasen como eslabones de esta cadena a la que dicen pertenecer y reflexionasen sobre las terribles consecuencias de esta guerra más allá de las puertas de sus establecimientos, aguas abajo, y más concretamente, a los agricultores y ganaderos que están, lamentablemente, exhaustos.

Finalizo, recurriendo nuevamente a Gila, imaginando a un agricultor, teléfono en mano, gritando aquello de, ¿es el enemigo? ¡Que si ustedes podrían parar la guerra un momento!

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean
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Amiplín

Tengo un amigo que lleva un tiempo estresado por cuestiones laborales a consecuencia de la pandemia y en un alarde de gracejo, ha bautizado a su tranquilizante de cabecera, como la pastilla Amiplín que, sorprendentemente, le sitúa en un estado anímico de pseudo-pasotismo que le permite llevar una vida más placentera. Es algo parecido a cuando te preguntan, ¿qué tal vas? Y le respondes, muy amablemente, “quitando todo lo malo, bien”.

Pues bien, en estas estamos cuando comparto mesa con unos cuantos ganaderos de vacuno de leche que miran al futuro, por no decir presente, con algo más que temor. Agudizo el oído y con paciencia histórica para escuchar, acción que ejercitamos menos de lo necesario, sus vivencias , sus quejas y sus planteamientos, me cuentan que en los últimos años sus explotaciones proporcionan una rentabilidad justa, por no decir insuficiente, si tenemos en cuenta la gran inversión en maquinaria e instalaciones que necesitan para estar al día y no poder comba, si tenemos en cuenta las jornadas laborales infinitas que tienen que trabajar porque la caja no da para pagar a mano de obra extra-familiar, que sus sucesores naturales, hijas y/o hijos, quieren otra organización de las tareas que les permita conciliar su faceta familiar, social, …. Muchos de ellos, rondan los cincuenta y cinco años y ya debieran empezar a pensar en el relevo pero, estando la cosa tal y como está, deciden tomarse un amiplín y echarse en la cama.

Estos ganaderos, al igual que otros muchos, andan asfixiados con la estratosférica subida de la alimentación. El pienso, me decía uno de ellos, ha subido de 30 a 50 euros la tonelada y mientras tanto, el precio sigue congelado en la franja infrahumana en la que lleva unos cuantos años, y en otras latitudes, me consta que las industrias lácteas y sus primeros compradores están ofreciendo contratos de compra sin tener en cuenta esta inasumible subida en alimentación. Las empresas, todas ellas integradas en la patronal se llaman a andanas y en el mejor de los casos, llaman a Madrid y la atenta oficinista les responde que Calabozo, el director de la patronal, se ha tomado un amiplín y no está disponible.

Como decía, en estas semanas, miles de ganaderos están cerrando los contratos con sus respectivas empresas y aunque la ley de la Cadena Alimentaria recoge que dichos acuerdos, si se puede llamar acuerdo a lo que se alcanza entre dos partes tan desiguales y con un producto perecedero como la leche por medio, deben garantizar que el precio abonado cubre los costes efectivos de producción y para ello es imprescindible que las instituciones y sus organismos adjuntos publiquen y fijan cuáles son las referencias reales de costes de producción. Los ganaderos llaman al Ministerio y preguntan por D. Luis y éste les responde como siempre, con evasivas, con palabras amables pero sin compromiso concreto alguno, con aquello que quieren escuchar pero, los ganaderos, por su tono de voz, perciben algo raro. Quizás sea el efecto del amiplín que D. Luis se ha tomado un poco antes.

No sólo, aunque sí principalmente, están preocupados por la cuestión monetaria y por ello también se rebelan ante aquellas organizaciones y colectivos que les sitúan en la diana como los principales agentes contaminantes y culpables del pernicioso cambio climático. Entre las flatulencias y gases de las malvadas vacas cuyo metano contamina, al parecer, más que las industrias, empresas energéticas y el transporte todos juntos, los estiércoles y purines que, además de su molesto olor, contaminan las aguas subterráneas y otra serie de condicionantes ambientales que deben cumplir a rajatabla, la tenaza medioambiental les desasosiega muy mucho. Piensan en llamar a Doña Teresa, la ministra de Transición Ecológica, pero viendo cómo está actuando con el lobo, desisten conscientes que su pasotismo es real y no una consecuencia de haberse tomado el pertinente amiplín.

Por supuesto, la distribución tampoco escapa a las críticas de los ganaderos. Todos los estudios apuntan a una cruel guerra de precios en los supermercados y basta que uno, el líder, que ve perder algo de cuota de mercado y se pone nervioso, estruje a sus proveedores, resitúa los precios a la baja en el lineal y esto, en un pis  – pas, provoca un efecto dominó que generaliza la bajada de precios en todos y cada uno de los supermercados. Los ganaderos, preocupados, transmiten a sus organizaciones y/o cooperativas la delicada situación en que viven y estos, a la vuelta, les responden que la distribución dice no ser la culpable de la situación puesto que ellos están abiertos a dotar de más aire a la cadena pero, eso sí, sin que ninguno de los supermercados pierda cuota de mercado. En definitiva, es como si te dijeran, que te asfixias y cierras, amiplín, siempre habrá alguien que me suministre leche barata.

Los consumidores, por su parte, afirman que quieren leche de calidad, proveniente de ganaderías familiares y de verdes praderas como las que ven en los anuncios. Desprecian las macrogranjas y todo aquello que suene a ganadería industrial. Eso sí, cuando ejercen el acto de compra, ejercen también un acto de incoherencia al establecer el precio bajo como único factor de compra. Les recriminas su actitud  y su incoherencia, les adviertes que con su actitud no hacen más que fortalecer el modelo de las macrogranjas que tanto detestan y te responden, tan tranquilamente, con un amiplín con el que te dejan bien a las claras, ¡que te den!.

A los ganaderos les echo en cara que ellos también tienen que reaccionar, tienen que ser más eficientes, organizar sus labores de otra forma, tienen que fortalecer el asociacionismo y el cooperativismo, crear una cooperativa de segundo grado que aúne las principales cooperativas sin por ello perder su arraigo al territorio, etc. Están exhaustos y me miran con cara de circunstancias. ¿se habrán tomado también el amiplin?

Nada lo dejo. Estos días ando entretenido con el jaleo que han montado en Murcia, Madrid, etc. y me preocupa el lamentable espectáculo de la (mala) política. Miro a lo más cercano, valoro la estabilidad en Euskadi y concluyo: ¡amiplin!

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean
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Normativa sobre la nueva normalidad

El que me conozca un poco, sabe que mi postre preferido es la cuajada, mamia o gatzatu en euskara, elaborada con leche cruda de oveja, previa cocción y añadido del cuajo. Tan simple como sabrosa. No necesita de aditivos ni añadidos superfluos porque lo importante es el sabor de la leche con que nos deleitan las ovejas en una determinada época del año, tras los partos. No es menos cierto que hoy en día tenemos cuajada durante todo el año puesto que algunos (pequeñas PYMES lácteas) la elaboran con leche pasteurizada, pero no se engañe, no tiene ni olor con la otra. Menos aún si es la cuajada industrial que algunas empresas lácteas elaboran con leche pasteurizada de vaca que, por supuesto, de partida, ya es más barata que la leche de oveja, pero también más insípida.

En nuestra tierra, por otra parte, es típico comprar la leche cruda al pastor de referencia o al más cercano pero, al parecer, este placer (de los pocos que nos quedan) también se va a acabar puesto que la aplicación del Real Decreto 1086/2020, cuyo enunciado recoge que es para flexibilizar disposiciones europeas en materia de higiene de la producción y comercialización de productos alimenticios, muy al contrario del objetivo previsible, la flexibilidad de los pequeños productores, como decía, su aplicación lo complica (número de análisis, plazos irreales de venta,…)  y lo encarece de tal forma que más de un pastor ya ha decidido arrojar la toalla. Como decía, por si alguno, no lo ha llegado a captar, la norma de flexibilización que se vendió a los cuatro vientos como algo fantástico para los pequeños productores y elaboradores, no expulsa del mercado a los grandes productores ni a las grandes corporaciones, sino a los pequeños pastores que venden su leche de oveja directamente a particulares, bares, tiendas, etc. para la elaboración de postres tan sabrosos y tradicionales como la cuajada En verdad, una pena.

Cuando las administraciones se ponen a regular algo, recurren a sus más altos funcionarios que boli en mano derecha y lápiz en la izquierda, para demostrar lo estrictos que pueden llegar a ser y, además, de paso, seguir ganando el favor de sus superiores, se empeñan en normativizar hasta el infinito de tal forma que, a la postre, nunca mejor dicho, luego no hay nadie que pueda aplicarlo y, lo que es peor aún, ni la propia administración es capaz de hacerlo cumplir. Existe un dicho, fuerte con los débiles y débil con los poderosos, y algo similar ocurre en cuestiones alimentarias donde una quesería familiar se ve obligada a cumplir todos los condicionantes exigidos a la quesería mundial de turno a la que sí se le permitirá etiquetar su producto industrial con términos como artesanal, natural,… y/o el ganadero de porcino y elaborador artesanal de chorizos que se ve obligado a cumplir las mismas normas de empresones cárnicos que, como decía antes, ocultan o disfrazan su carácter industrial etiquetándolo con acepciones como natural, casero, etc.

El que no sepa de qué estoy hablando y a qué nos referimos cuando se propone una flexibilidad, no tiene más que viajarse un poco, cruzar el Pirineo y adentrarse por las Galias para observar la flexibilidad y adaptabilidad (este palabro será trending topic en los próximos días) de sus autoridades en el momento de regular la producción, elaboración y comercialización de alimentos.

Como decía, en vez de regular y normativizar tanto, inventarse marcas y sellos que marean tanto al propio productor como al consumidor final, quizás sería mejor, más práctico sí desde luego, que regulásemos menos, con más sentido común, aplicando una discriminación positiva hacia los productos de cercanía y lo que verdaderamente importa, hacer cumplir la poca normativa generada y finalmente, perseguir los engaños y fraudes al consumidor con que tan frecuentemente nos  invade la poderosa industria agroalimentaria que maneja, a la perfección, el marketing con el que nos hacen creer que es casera hasta la sopa producida en los cocinas industriales de los pabellones de la multinacional de marras. Ya lo dicen en decoración, ¡menos es más!

Ahora bien, hablando de normativas, estos últimos días me está llamando poderosamente la atención lo enraizada que tenemos la mentalidad urbana en el momento de regular cuando en las ordenanzas de uso de los caminos rurales de casi todos los municipios vascos, de más allá no hablo por total desconocimiento, hasta incluso en municipios eminentemente rurales se alude como uso especial de estos caminos, el uso forestal. Me explico, muchos municipios aprueban una normativa de usos “especiales” de los caminos rurales, pero cuando entras al detalle, confiando que se trate de usos especialmente extraordinarios o chocantes en un entorno rural, compruebas que el objeto principal de la normativa no es otro que regular el uso forestal de dichos caminos. Y yo me pregunto, ¿qué hay más natural e inherente a un camino rural que su uso para trabajos agrícolas, suministros de alimentación animal (pienso) y/o trabajos forestales? e incluso, me atrevo a añadir, ¿por qué los vecinos rurales tienen que pagar una fianza por posibles daños cuando en la calle no se pide nada similar? Ahí lo dejo.

Lo vuelvo a repetir. Tenemos, empezando por mí mismo, la mentalidad urbana tan impregnada en nuestra cultura que hasta el lenguaje utilizado es reflejo de ello e incluso se nos hace extraño que alguien, aunque únicamente sea a modo de reflexión, ponga en solfa lo que la mayoría consideramos como lo normal ¿será esta la nueva normalidad?

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean
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El irónico Bill

La semana pasada recurrí a un ejercicio de ficción para dar cuenta del malestar generado en el medio rural, principalmente entre los productores, por la creciente e imparable maraña normativa que se aprueba desde la distancia y desde la perspectiva y mentalidad urbana para su posterior aplicación en el rural.

Si ese artículo de ficción disgustó a más de uno, no quiero ni imaginar lo que pensarán al comprobar cómo la carne artificial o sintética, que hasta hace bien poco era más o menos algo más propio de una película de ciencia ficción, comienza a tener visos de llegar al mercado y, consiguientemente, a nuestros platos.

La carne artificial es presentada a la sociedad en general como la solución ideal ante la grave crisis climática que vivimos y como uno de los pilares en la lucha contra el cambio climático puesto que, según algunos, la ganadería es uno de los grandes emisores de gases de efecto invernadero.

Pues bien, los grandes fondos de inversión de escala mundial, tras haber dado muestras irreprochables de su lucha contra las desigualdades económicas mundiales y de su lucha contra el hambre, ironías de la vida, ahora se encuentran muy preocupados por la crisis climática y sus consecuencias que, según todo apunta, dejará las consecuencias de la pandemia a la altura del barro o como un simple aprendiz de la catástrofe.

Hace unos pocos años se supo que el magnate yanqui Bill Gates, sí el de Microsoft, a través de su fondo de inversiones invirtió 75 millones de dólares, calderilla para él, en el desarrollo de carne artificial para hamburguesas en la empresa Impossible Foods, pero no vaya usted a pensarse que lo hizo para forrarse un poco más, si no por su conciencia medioambiental ya que, según sus promotores, la carne artificial genera un 87 por 100 menos de emisiones de gases de efecto invernadero. Por cierto, esta empresa “imposible” de marras, ironías de la vida, recabó la atención desinteresada y caritativa de otra alma caritativa, Google, que ofreció 200 millones de dólares por su compra, pero, finalmente, se quedó con las ganas por que no convenció a sus propietarios, quizás, más preocupados por el medio ambiente que por unos pocos dólares.

Pues bien, nuestro amigo Bill, vuelve a la carga y recientemente, con motivo de la presentación de su último libro, ha salido a la palestra pública para exigir a las naciones ricas que coman carne artificial y afirma que presionará a los gobiernos para que mediante una nueva regulación “forzar” a la población a que consuman carne artificial y todo ello, no faltaba más, con un loable objetivo medioambiental como la lucha contra el cambio climático.

Personalmente, quizás por desconocimiento, no acabo de ver las bondades de la propuesta de la carne artificial que la vinculo como la novedosa propuesta de una nueva economía que surfea en la ola del cambio climático, por cierto, industria cuya propiedad recae y lo hará más en el futuro en manos de unos pocos fondos de inversión que, también son y serán los propietarios de otras materias primas y servicios básicos de la vida moderna.

Como decía, no lo acabo de ver y por ello, creo que la solución al cambio climático y a otros asuntos tan importantes como él, y además estrechamente vinculados, como es el hambre y/o la malnutrición de una población mundial creciente, debiera ir orientada al impulso de una alimentación mundial más diversificada, respetuosa con las diferentes culturas alimentarias de cada una de las grandes zonas mundiales, sin caer en las garras de la uniformización alimentaria a la que nos llevan las grandes compañías agroalimentarias y por ello, creo que debiéramos, en vez de carne artificial, impulsar una ganadería de escala familiar o de pequeña empresa, vinculada al territorio, usuaria y gestora de las tierras y enfocada a satisfacer las demandas alimentarias de proximidad.

Esta ganadería, familiar y de proximidad, por cierto, es altamente respetuosa con el medio natural en que se desarrolla y, por lo tanto, no puede ni debe ser señalada como una de las grandes culpables del problema climático que vivimos. Más bien, diría yo, es una de las soluciones.

Cuando hablamos de carne y de ganadería no debemos caer en simplismos y tratar como si todo fuese una única cosa puesto que detrás de cada una de las palabras hay diversas casuísticas y cada una de ellas, tiene su realidad y genera sus pros y sus contras.

Y lo digo al hilo de lo ocurrido recientemente en Francia donde ha surgido una gran polémica, en la que se ha visto obligado a posicionarse el propio presidente Macron, tras la decisión del ayuntamiento de Lyon, gobernada por un partido ecologista, de eliminar la carne de los menús escolares para así, según ellos, incentivar una dieta más saludable y sostenible.

Ante semejante barbaridad, creo que debiéramos dejar posicionamientos demagógicos y dejar de criminalizar un determinado producto cuando la solución proviene de un enfoque integral de un modo de vida saludable donde la dieta vaya acompañada del ejercicio físico y otros hábitos saludables de vida. Más que prohibir la carne, en mi opinión, al menos si el objetivo es lograr una dieta saludable y sostenible que ayuda en la lucha contra la crisis climática, debiéramos comenzar por un menú escolar con una dieta diversificada, una dieta más local y donde la carne, los huevos, las hortalizas, la leche y el resto de los alimentos sean provenientes de la proximidad del centro escolar en cuestión.

Por cierto, a semejanza de lo que ocurre en España con respecto a la polémica del lobo, en esta polémica francesa, también es la ministra de transición ecológica la que salido a favor de la prohibición. Ironías de la vida.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean
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La conclusión del presidente

La sección de política del periódico viene cargada de noticiones pero me llama la atención la destitución fulminante de todo el consejo de ministros por parte del presidente. Según informó en la rueda de prensa posterior, fue en consejo de ministros donde adoptó la decisión de destituirlos a todos, como se dice vulgarmente, fulminados de raíz. El presidente ha dado todo tipo de detalles sobre los motivos de tan tremenda decisión y así, uno a uno, ha ido desgranando el detonante.

El presidente ha fulminado a la ministra de administraciones públicas que mediante orden ministerial, acto administrativo con el que evitó el refrendo del Consejo de Ministros, ha decidido el traslado de todas las sedes ministeriales, entidades gubernamentales, institutos oficiales y demás instituciones del gobierno central a municipios menores de 3.000 habitantes de cualquiera de las provincias. La orden prevé el traslado, forzoso y obligatorio, de dichos centros de poder y lugares de trabajo con el objetivo de recolonizar las provincias y comarcas que conforman lo que venimos llamando la España vacía, vaciada, ignorada,  ninguneada y maltratada. El presidente ha dado cuenta del malestar generado por dicha medida y los miles de mensajes de protesta recibidos en nombre de las familias afectadas.

En segundo lugar, el presidente ha destituido al ministro de Energía quien, al parecer, en un arrebato,  publicó la consiguiente Orden que promueve el cierre de todas las centrales nucleares y de la mitad de las centrales hidroeléctricas del país para que dicha energía sea sustituida por biomasa producida con materia prima procedente de los bosques peninsulares. El previsible incremento del precio de la electricidad y lo costoso del impulso de la biomasa ha generado numerosas protestas de las asociaciones de consumidores, además de más de una llamada de las poderosas empresas energéticas del IBEX.

No menos importante ha sido el jaleo creado por la ministra de Economía, lógicamente también destituida, quien en un alarde de poderío ha impuesto que todas las compraventas de alimentos y productos alimentarios deben garantizar, de abajo a arriba, que todos los eslabones de la cadena alimentaria fijarán su precio de venta una vez hayan garantizado que se cubren todos los costes de producción y, además, se fije un 10% de beneficio a modo de, lo que en la jerga económica,  se conoce como “beneficio empresarial”.

El ministro de agricultura y alimentación, también fulminado, ha impuesto que para alcanzar un grado suficiente de soberanía alimentaria hay que promover el autoabastecimiento de cada una de las familias españolas y por ello ha decretado que cada familia deberá contar en su proximidad una huerta de 50 metros cuadrados de donde abastecerse de hortalizas y verduras producidas bajo criterio ecológico en los que deberán contar con un pequeño gallinero para proveerse de huevos  y además, que cada barrio o manzana, en función de su dimensión, deberá contar con una cabaña vacuna con la que abastecerse de leche y carne.

Ahora bien, parda es la que ha liado la igualmente destituida Ministra de Vivienda y Ordenación Territorial que con el objetivo de promover un urbanismo más amigable, acorde a un modo de vida más saludable y además, recuperar todos los suelos de alto valor naturalístico, medioambiental y agrario artificializado en las últimas décadas, ha decretado que todas aquellas viviendas y urbanizaciones construidas desde el año 1970 deberán ser derrumbadas y en su sustitución deberá impulsarse un urbanismo compatible con las estrictas normativas medioambientales de la Red Natura 2.000. La indignación de los representantes municipales ha sido de tal calibre que el presidente de la FEMP (Federación Española de Municipios y Provincias) ha enviado un duro escrito al presidente haciéndole llegar su total oposición a dicho decreto.

El ministro de educación, fulminado al instante, ha impulsado una Orden de reorganización de los centros escolares en todo el territorio, disminuyendo el número de centros y sacándolos a las periferias de las ciudades y aprovechando el viaje, ha decretado igualmente que todas las actividades extraescolares, tanto educativas como deportivas, deberán impartirse obligatoriamente en las inmediaciones de los centros escolares. Las federaciones de padres y madres echan humo puesto que dichas medidas de alejamiento provocan que los niños estén, prácticamente, todo el día fuera de casa y de su entorno municipal más próximo.

La ministra de Sanidad, igualmente destituida, con el objetivo de recortar gastos teniendo el agujero presupuestario ocasionado por la Covid, ha determinado que los centros ambulatorios de los municipios reduzcan a 3 días su apertura y que en las capitales de provincia sólo habrá una oficina de farmacia cada 100.000 habitantes. Todo ello, siempre, en aras a racionalizar el servicio y el gasto público.

Finalmente, la Ministra de Transición Ecológica, fulminada, eso sí, de forma sostenible ha levantado las iras de los habitantes de las ciudades mayores de 50.000 habitantes que tras la publicación de la pertinente Orden se verán obligados a compartir los jardines y plazas públicas con todas las especies de fauna salvaje que la Unión Europea dice proteger y así, los ciudadanos deberán convivir en alegría y cordialmente en sus paseos por los jardines y en las zonas de juegos delas plazas públicas con jabalís, corzos y lobos. Eso sí, la orden contempla una serie de indemnizaciones y subvenciones que facilitarán la convivencia.

Sigo leyendo las declaraciones del presidente quien, a las preguntas de los medios de comunicación allí presentes, reconoce su sorpresa ante la actuación de los diferentes ministros y afirma que la única conclusión razonable parece ser el origen de los ministros.  Según expone el presidente, el informe final de la Comisión de Investigación creada especialmente para analizar tal comportamiento del colectivo de ministros concluye que la inexplicable actuación de los ministros viene determinada por su origen. Todos los ministros eran de pueblo.

Voy por el último párrafo de la noticia cuando escucho, ¡riiiiiiiiiiiiiiiiiing! ¡riiiiiiiiiiiiiiiing! ¡riiiiiiiiiing!, me levanto y una vez despierto, le digo a mi mujer que esta noche he tenido un sueño rarísimo, ¿una pesadilla? me pregunta y yo le respondo, para nada, pero creo que es un sueño que  me da claves para entender lo que les ocurre a agricultores y población rural en general.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean
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El granero a rebosar

Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero, dice el dicho popular, sabio como siempre, que yo, personalmente, visto lo visto últimamente, lo retocaría para enunciarlo de la siguiente forma: “una zancadilla no te mata, pero una tras otra, se carga al compañero”.

Viene a cuento la referencia al dicho popular porque, al igual que un cúmulo de sucesivas decisiones y actuaciones favorables puede resultar vital para el buen devenir de nuestro futuro personal y colectivo, también ocurre en sentido contrario: que un cúmulo de pequeñas decisiones negativas acaben por truncar el futuro, tanto personal como colectivo.

Me explico. Tras la decisión del Gobierno Central de dotar de una mayor protección al lobo,  nótese que digo Gobierno Central y lo hago conscientemente porque esta decisión es una decisión adoptada por el Gobierno Central  en su conjunto pero muy especialmente por un PSOE que ha querido mostrar músculo ante el electorado ecologista donde el socio PODEMOS tiene un fuerte arraigo, ha sido en la escenificación de dicho acuerdo donde se ha mostrado una doble cara, acuérdese del juego del poli bueno y el poli malo, donde la ministra Teresa Ribera representa la voz firme frente al sector ganadero pero amigable a los conservacionistas más radicales mientras el ministro Luis Planas ha escenificado su contrariedad de una forma vergonzante, poniéndose de perfil y diciendo por las esquinas, sotto voce, que él no estaba de acuerdo con la decisión.

Eso sí, tranquilos señores ganaderos, una vez materializada la maldad, les ofrecerán un laxante a modo de indemnizaciones y ayudas, vía ecoesquemas, para callarles la boca y pensando que no serán tan mal agradecidos de no contentarse con las migajas ofrecidas por las cabezas sacrificadas por el lobo.

Ante tal atropello, el sector ganadero ha reaccionado al unísono manifestando su contrariedad ante tal disparate mientras que los amantes del lobo inundan los medios y redes sociales con un mensaje tan simplista pero efectivo de que el lobo no es el principal enemigo de la ganadería extensiva y que hay todo un cúmulo de factores que ponen en la picota a la ganadería extensiva que, paradójicamente, todos dicen defender.

Me recuerda la situación a cuando en Gipuzkoa negociábamos con la Diputación Foral de Gipuzkoa, entonces en manos de la izquierda abertzale, su reforma de la fiscalidad agraria y la consiguiente eliminación del sistema de módulos. En esa tesitura, ante las quejas de los baserritarras, los representantes forales nos reprochaban que la reforma fiscal que querían impulsar, que obviamente conllevaba un incremento de recaudación, no era el principal problema de los baserritarras y que, en su opinión, había otra multitud de factores que perjudicaban notablemente más al sector agropecuario, pero, obviamente, aquellos otros motivos trascendían a sus competencias.

Cuando un dirigente político-institucional, queriendo quitar gravedad a su decisión, opta por echar balones fuera y apuntar a otros factores como verdaderos motivos de la mala situación del agro, no se da cuenta que, emulando al dicho popular, con su pequeño grano está colaborado para hacer granero y de paso, cavar la tumba del granjero mientras que el productor (agricultor, ganadero, forestal, etc.) sufre en sus propias carnes las pésimas consecuencias de cada uno de las pequeñas decisiones, granos, que al final acaban por hundirlo y clavarle la puntilla.

La decisión sobre el lobo se suma a otras muchas decisiones que van desde la timorata actitud de las administraciones ante la imparable fauna salvaje (jabalís, corzos, conejos, topillos, buitres, etc.) a decisiones sobre protección de espacios naturales que tanto gustan en los despachos pero que tanta desazón generan en las casas de los productores. Otro tanto ocurre con la legislación nasciente sobre la nutrición saludable de los suelos agrarios que pende como espada de Damocles sobre el sector ganadero de la Cornisa Cantábrica que no alcanza a entender que se le quiera impedir el uso como abono orgánico el estiércol, purín o compost generados en su propia explotación para su posterior aplicación en las empinadas praderas que caracterizan a nuestra orografía.

Si a todo ello le añadimos la creciente legislación, con todo lo que ello supone para el productor de cargas tanto económicas como burocráticas, en cuestiones como la trazabilidad, el bienestar animal, …lo aderezamos con una total incertidumbre sobre lo que ocurrirá con la Política Agraria Común europea, tanto en el periodo transitorio de 2021 y 2022, como a partir del 2023, donde la expectativa, casi generalizada, es que van a disminuir los apoyos al sector profesional y además, si lo rematamos, ahora que el Congreso tramita la reforma de la Ley de Cadena Alimentaria, con las asfixiantes condiciones de producción y los irrisorios precios que perciben los productores por su producción motivado por el insoportable desequilibrio de la cadena alimentaria actual , convendrá conmigo estimado lector, que el granero está a rebosar, cuando no, a punto de reventar.

Vuelvo al inicio. No hay ninguna decisión, por muy grave que sea, que acabe de hundir el sector, pero no es menos cierto que estos últimos tiempos, a modo de grano a grano que hace granero, se están acumulando cientos de decisiones que, de forma acumulativa, una sobre la otra, están destrozando la espalda de la gente del campo y su capacidad de aguante.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean
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La calderada de Teresa

 

De niños nos decían que no se habla con la boca llena y algo parecido ocurre con el acto de escribir, puesto que uno no debiera ponerse a escribir con el alma supurando rabia como me ocurre a mí en estos momentos. No debiera escribir, pero lo voy a hacer porque necesito dar salida a ese gas metano que me ha generado algunas noticias de estas últimas semanas y que me están oxidando las entrañas. Pido disculpas de antemano.

Esta semana, la Comisión Estatal de Patrimonio Natural y la Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en adelante MITECO, ha aprobado tras una reñida votación, doble votación incluida, la inclusión del lobo en el listado de especies silvestres que, traducido al pópulo, significa que la especie dejará de ser cinegética, que no podrá ser cazada, en todo el territorio y no, tal y como ocurría hasta ahora, donde más arriba del Duero podía ser objeto de caza.

Si uno analiza el resultado de la votación, podemos observar perfectamente como los 9 que han votado a favor de la medida (Cataluña, Aragón, La Rioja, Extremadura, Castilla-La Mancha, Canarias, Baleares, Melilla y el ministerio) son, casualmente, las que no tienen presencia del cánido en su territorio mientras entre los 8 votos contrarios (Galicia, Asturias, Cantabria, Castilla y León, Madrid, País Vasco, Andalucía y Murcia) se encuentran, casualmente también, los que cuentan con el 95% de la población y los que más sufren sus ataques. Valencia y Navarra, esta última inexplicablemente, han decidido ponerse de perfil argumentando falta de información y Ceuta no asistió a la reunión.

Como digo, los representantes de los territorios más afectados han dejado bien claro que es necesario contar con herramientas de control de población para una especie como el lobo cuya población, según todos los informes técnicos existentes, crece lenta pero imparablemente (se apunta a una población entre 2.000 y 2.500 ejemplares) y cuya área de expansión también va ampliándose como una mancha de aceite.

No obstante, los movimientos ecologistas no consideran suficiente esta situación y por ello, impulsan todo tipo de iniciativas, tanto sociales como políticas, para posibilitar una mayor expansión del lobo y, tal como lo expresan los ecologistas de Euskadi, la idea sería facilitar que el lobo presente en la zona central y norte de la península contase con un corredor ecológico que lo conectase, vía Euskadi y La Rioja, a través del Pirineo, con las manadas de lobos que, al parecer se acercan al otro extremo desde las montañas italianas. Por eso mismo, no acabo de comprender, la tibieza, por no llamarlo de una forma más contundente, de Navarra y mucho menos los votos favorables de Aragón y Cataluña.

Serán los ganaderos de dichas comunidades, todavía con el susto en el cuerpo por la introducción del oso en el Pirineo, los que deberán pedir cuentas a sus respectivos gobiernos para que les expliquen los verdaderos motivos de su voto favorable al lobo.

Ahora bien, más allá de la actuación concreta de cada uno de los gobiernos, me inquieta sobremanera la fotografía resultante donde, excepciones aparte, las fuerzas de izquierda se posicionan de forma favorable al lobo mientras las fuerzas de centroderecha se posicionan más del lado de los ganaderos. No obstante, los posicionamientos no son unívocos en cada uno de los partidos y así mientras, damos por perdido el apoyo de PODEMOS, la clave parece estar en las dos almas del PSOE, la rural y la urbana-ecologista.

Teresa Ribera, la dura ministra que se encuentra al frente de MITECO, es la clara imagen del alma urbana y ecologista del PSOE que se ha impuesto claramente al alma rural que pudiéramos atribuir a territorios como Aragón, La Rioja, Extremadura y Castilla-La Mancha que han preferido cumplir con la disciplina del partido que con lo que le piden su mundo rural y agrario.

Al PSOE se le presupone un claro compromiso con el sector primario y muy especialmente con la ganadería extensiva y cómo no, con el mundo rural aquejado de la pandemia del despoblamiento, pero sus máximos dirigentes deben ser conscientes que medidas como ésta van, justamente, en el sentido contrario al que, teóricamente, dicen apoyar.

Ninguna medida, ni ésta ni otra cualquiera, por si misma y de forma separada, será ni la salvación ni la culpable del hundimiento del sector primario y rural, ahora bien, conviene ser consciente que el cúmulo de medidas pequeñas y parciales en el sentido equivocado provocan un efector devastador y, mucho me temo, que ésta es una de ellas.

La pelea entre el alma urbana y rural, no obstante, no es algo exclusivo del PSOE, se da en casi todas las fuerzas políticas, con mayor o menor crudeza, puesto que todas las fuerzas políticas, calculadora en mano, concluyen que el mundo rural requiere de un esfuerzo enorme y continuo pero con escasos réditos electorales mientras el mundo urbano, con menor esfuerzo, proporciona mayores alegrías, electoralmente hablando.

Recientemente, EHBILDU lanzaba el chupinazo de salida de su proceso congresual y entre otros planteamientos, se observa una apuesta estratégica por los entornos urbanos y por las ciudades para así poder lograr el asalto definitivo a las instituciones que hasta ahora se le resisten. En nuestro entorno más cercano, se puede constatar claramente, EHBILDU da por seguro su dominio absoluto en el mundo rural y se percibe una clara apuesta por los entornos urbanos, más proclives a postulados ecologistas, frente a los planteamientos rurales y primarios. Ejemplo palmario lo tenemos en la sierra de Aralar donde los ganaderos, muchos de ellos de la izquierda abertzale, se sienten abandonados por los suyos a los que ven atrapados por los cantos de sirena de los ecologistas que viven en las ciudades.

Como dice el refrán, en todas las casas cuecen habas y en la mía, a calderadas.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean
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Un minuto

 

 

Hace un año me encontraba organizando una jornada sobre desarrollo rural para el mes de abril  cuando mi compañera de trabajo me preguntó si iba a seguir adelante con dichos preparativos viendo la dimensión que iba alcanzando la Covid en la lejana China. Yo, en un alarde de visión de futuro que debiera recogerse en todos los tratados de prospectiva, le respondí tajantemente: “No pienso dedicarle ni un sólo minuto al virus ese”. Lo que sigue, ya lo conocen, puesto que lo sufren y padecen al igual que el resto de los mortales.

Ahora, un año después, nos encontramos surfeando la tercera ola, ¡y las que te rondaré, morena!, con la salud traspuesta, el alma encogida y el bolsillo deshilachado y aunque, la afección tanto sanitaria como laboral o económica va por barrios, lo cierto es que todos, tenemos el ánimo tocado y no son pocos quienes muestran síntomas depresivos y los hay que incluso con grandes problemas para concitar el sueño. Algunos recurren a tomar medicamentos, los hay que se hartan contando ovejitas y acaban frente a la pantalla del móvil y/o del televisor, pero yo les aconsejaría, echando mano de la sabiduría de nuestras abuelas, que antes de acostarse se bebiesen un buen vaso de leche caliente (por cierto, he dicho leche y no bebida vegetal) y, ¡voila!, santo remedio.

Impulsar nuevos momentos de consumo de leche no es una cuestión menor puesto que el consumo de leche ha ido descendiendo notablemente las últimas décadas si bien conviene destacar que estos tres últimos años, se ha logrado frenar la cuesta abajo e incluso, si miramos a los datos hasta octubre de 2020, podríamos hablar de un incremento del 7,2% en el consumo de leche líquida, un 4,9% en leches fermentadas (yogur) y un 14,5% en el consumo de quesos.

Todos estos datos y otros muchos más quedan recogidos en el Informe ministerial de Coyuntura del sector vacuno de leche donde observamos como la producción láctea estatal crece progresivamente pero lentamente de 7.120.581 t. en 2018 a 7.221.934 t. en 2019 (un 1,4% más)  y si nos fijamos en los datos de noviembre de 2020, año aún por cerrar, la producción sube en un 2,4% con respecto al  año anterior. Ambos crecimientos, el de 2019-2018 y el de 2020-2019, son algo superiores a los crecimientos de producción que se han dado en el conjunto de la Unión Europea. Por otra parte, si bajamos la mirada a las comunidades autónomas, destaca Galicia con un 39% de leche producida, Castilla y León con un 13%, Cataluña con un 10%, Asturias 8%, Andalucía 8% y las más cercanas Euskadi con un 2% y Navarra con un 3%. La distribución de la producción se mantiene estable si bien Galicia gana un 1% mientras Cataluña, Euskadi y Navarra pierden un punto porcentual.

Por otra parte, aunque para la gente bregada en el sector no es nada nuevo, quisiera destacar la diferencia existente en cuanto a los productos lácteos a los que se destina la leche y así, mientras en el Estado español, los cinco primeros productos son la leche líquida de consumo directo (42%), el queso de vaca (17%), la nata de consumo directo (13%), las leches acidificadas o yogures (13%) y la mantequilla (9%) en el conjunto de la UE, los cinco primeros productos son el queso (40%), la mantequilla (22%), la leche líquida (13%), la nata (9%) y la leche desnatada en polvo (6%).

Los censos ganaderos se mantienen estables e incluso un poco a la baja, con 829.881 vacas en ordeño y 271.344 novillas pero lo que desciende, tan fuerte como constantemente, es el número de ganaderos y así tenemos un descenso del 6% con respecto al año anterior quedando apenas 12.000 ganaderos que comparándolos con los 17.796 ganaderos de 2015, podemos concluir que sólo en estos últimos 5 años han abandonado el sector productor un 31,8%.

Esa bajada, en mi opinión, no es casual y tiene una única e impepinable explicación como es la falta de rentabilidad de las explotaciones dados los bajos, miserables diría yo, precios que perciben esa gente que trabaja de sol a sol, hace fuertes y constantes inversiones para estar al día y que, desgraciadamente, ven como  además son tratados como delincuentes por la gestión de los purines, por las emisiones de gases de efecto invernadero producidos por sus vacas y por las condiciones de bienestar animal para como decía antes, acabar percibiendo un precio medio, no lo digo yo sino el Ministerio de 0,33 céntimos de euro / litro y observar finalmente que la mayor parte de la leche es vendida al consumidor como si fuese un alimento sin valor alguno a precios que rondan los 60-65 céntimos, eliminando así, el valor a repartir en el conjunto de la cadena.

No es cuestión de echarse los trastos a la cabeza entre los diferentes eslabones de la cadena alimentaria. Soy consciente quién se lleva la peor parte y los mayores sufrimientos entre esos eslabones pero creo, dado que hay industrias y cadenas de distribución que incluso pierden dinero con la leche líquida, que ha llegado el momento de que todos juntos se planten a las puertas del Ministerio y planteen la cuestión sin tapujos, tal y como es, una verdadera tragedia ganadera que puede llevar, en pocos años, a la desaparición del sector ganadero estatal.

Estos días, por cierto, en el transcurso de las comparecencias en el Congreso con motivo de la tramitación de la Ley de la Cadena Alimentaria, no un mindundi como este humilde juntaletras si no todo un director general de cooperativas agroalimentarias de España como Agustín Herrero ilustró a sus señorías sobre cómo y quién fija el precio final (PVP) de la leche y con ello, consecuentemente, el precio que perciben los ganaderos. Por cierto, para que vea usted a lo que me refiero cuando hablo sobre alimentación “low cost”, el señor Herrero desveló que, según un informe oficial, todavía por publicar, sobre los costes en la cadena láctea, se llega a fijar los 0,75 céntimos como el PVP mínimo para que todos y cada uno de los eslabones cubran sus costes de producción.

Le ruego que piense, al menos un minuto, esta pregunta: ¿cree que el precio que paga usted por la leche cubre los costes de producción?. Espero, ansiosamente, su respuesta (xiraola@gmail.com).

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean
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Eufemismos

 

 

 

Eufemismo es definido como aquella “palabra o expresión más suave o decorosa con que se sustituye otra considerada tabú, de mal gusto, grosera o demasiado franca” es decir, utilizar palabras más finolis para no herir o soliviantar al personal. 

Si usted lee en una oferta de empleo que se necesita un gestor de espacios públicos, lo que menos imagina es que se están refiriendo al personal de limpieza viaria y si a usted le comentan que el Congreso de los Estados Unidos de Norteamérica ha aprobado una Ley de Resiliencia Rural, al igual que me ha ocurrido a mí, lo menos que imagina es que se trata de una ley destinada a reducir la tasa de suicidios entre los agricultores con medidas para que los funcionarios que hacen trabajo de campo hagan un mejor manejo y detección del estrés, formarles en la prevención de suicidios, una campaña de sensibilización de la población sobre los problemas que tienen los agricultores, etc. y todo ello por que, lamentablemente, la tasa de suicidios entre agricultores es un 45% más alta que entre la población urbana.

Algo similar, al parecer, ocurre en Francia donde, según un estudio publicado por la Mutua Social Agraria, los titulares de explotación y los asalariados agrarios tienen un riesgo más elevado de muerte por suicido que el conjunto de la población y se afirma que entre 2015 y 2019 se suicidaron una media de 370 agricultores por año. Sí, ha leído bien, en Francia se suicida un agricultor cada día. La problemática es de tal calibre que ha llegado hasta el propio Parlamento y se ha creado un grupo de trabajo para analizar detalladamente la cuestión. El sentimiento de abandono, el incremento de la soledad y el aislamiento, el grave y progresivo deterioro de la economía familiar y la trágica incertidumbre tanto en lo personal, como en lo familiar y sectorial hacen que lo que hasta ahora era considerado como una tragedia personal de cada familia alcance el lamentable nivel de tragedia colectiva y comunitaria.

Husmeando por la red no he encontrado dato alguno sobre dicha cuestión en nuestro país y, por lo tanto, no puedo aportar datos sobre la situación en nuestro entorno más próximo pero, además de plantear la necesidad de realizar estudio al respecto, creo que la situación en el estado español no será muy diferente con respecto a los países antes mencionados, teniendo en cuenta que las causas y/o síntomas apuntados en ambos casos (sentimiento de abandono, ninguneo social, problemas económicos, presión de colectivos animalistas y ecologistas, …) son fácilmente identificables en nuestro sector primario y rural.

Esta misma semana, por otra parte, se ha celebrado en el Congreso de los Diputados unas sesiones de la Comisión de Agricultura donde han comparecido, uno tras otro, los diferentes eslabones de la cadena alimentaria pasándose por la carrera de San Jerónimo los representantes de la patronal de la industria alimentaria, de la patronal de la distribución, las organizaciones profesionales agrarias, las cooperativas agroalimentarias, la asociación de exportadores, etc. 

Todos y cada uno de ellos han alabado los objetivos últimos del Proyecto de Ley para modificar la actual ley de la cadena alimentaria vigente desde el año 2013, todos hablan de mejorar la eficiencia de la cadena, de mejorar la integración entre los diferentes eslabones, de la necesidad de colaborar conjuntamente y de la imperiosa necesidad de crear valor para, cómo no, el conjunto de los eslabones y además, para no quedar como un malnacido, todos los eslabones de la cadena ajenos a la parte productora, reconocen que este eslabón, el conformado por agricultores, ganaderos (y pescadores) son el eslabón más débil de la cadena y por lo tanto, el más perjudicado y por ende, el más necesitado de un apoyo público y legal para equilibrar la cadena y posibilitar que el valor generado en la misma se distribuya de una forma más equitativa.

 Los agricultores han reclamado la necesidad de cubrir los costes efectivos de producción mientras la industria incide en la dificultad y en los peligros de fijar dichos costes y dirige sus dardos en la fortaleza de sus compradores, las cooperativas, presentes en la fase productiva e industrial, subrayan sus especificidades y apuntan que la fijación de costes se haga por precios medios por campaña, los exportadores afirman que con la  obligatoriedad de cubrir costes se pierde competitividad en Europa ante las importaciones, principalmente, marroquíes y la distribución, pasan de puntillas por el foro, fija en su mirada en el consumidor final y advierte de los perjuicios ocasionados si se genera ruido en el seno y en torno a la cadena alimentaria.

Reconozco que la cuestión es complicada puesto que el sistema alimentario, primero es global y si bien el Estado español es un potente exportador agroalimentario, no es menos cierto que tampoco se queda manco en el momento de importar y que sus principales mercados, la UE y EEUU, son a su vez, los mercados objetivo de sus competidores en países terceros.

Asimismo, reconozco que los márgenes de actuación legales por parte de los diferentes gobiernos son muy limitados porque a lo largo de las últimas décadas el liberalismo ha campado a sus anchas y se ha erigido en la máxima a respetar por encima de todo lo demás y finalmente, que los márgenes de actuación en un sistema alimentario low cost que tiene en el precio, bajo precio diría yo, su máxima inquebrantable donde la cuestión es contar con una alimentación barata sin incidir tanto en la alimentación saludable.

Por último, los productores, qué también deben hacer sus deberes que dejaré para próximas ocasiones, hacen bien en incidir en la defensa del coste efectivo como elemento clave de la Ley puesto que en ello radica su rentabilidad, viabilidad  y su futuro. No cabe ni un paso atrás. Se podrá ser flexible en su aplicación y en su adaptación a la realidad de los diferentes subsectores pero no caben subterfugios para evitar su cumplimiento y persistir en la actualidad donde la competitividad de la cadena, en base a bajos precios, es sustentada sobre las espaldas de los productores.

La clase política tiene la palabra, pero por favor, no caigan en eufemismos que, lamentablemente, aprieten aún más la soga del ahorcado.

Xabier Iraola Agirrezabala
Editor en Kanpolibrean
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El club de pesimistas

 

 

Mi último artículo, concretamente el de la semana pasada, lo reconozco, rezumaba pesimismo a raudales. Así me lo comentó mi amigo Eduardo y no tuve más remedio que darle la razón aunque, quizás como justificación no solicitada, le respondí que era lo que tenía convivir y trabajar con y por  los baserritarras, esos productores de alimentos y modeladores del paisaje que hace unos cuantos años, una empleada del Ayuntamiento de Azpeitia, identificaba como “los de las manos con los dedos gordos”.

Otro amigo, hablando de pesimistas, me llegó a sugerir luchar por la presidencia del Club de Pesimistas y para ir rearmando mi corpus teórico, me sugirió la lectura del blog “La nuestra Tierra” que con un bello estilo literario, al menos a mí me lo parece, aborda diferentes temáticas agrarias y rurales, eso sí, con un pesimismo que deja el mío al nivel del optimismo moderado. Indagando en el mismo, he disfrutado con una entrada titulada “la inexorable muerte de los pueblos” donde se plantea, de forma acertada a mi parecer, el creciente debilitamiento de la sociedad civil rural, la flaqueza de los mecanismos solidarios inherentes a la sociedad rural y la dejadez de funciones, hasta ahora realizadas por los vecinos, en manos de la todopoderosa y omnipresente administración.

Ahora que tenemos medio país (osea, Madrid y alrededores) bajo la nieve, en dicha entrada se alude a la limpieza de la nieve en caminos, accesos y/o calles por parte de los vecinos pero creo que este preocupante traspaso de funciones y tareas a la Administración alcanza esferas de la vida hasta ahora impensables como los festejos donde, por ejemplo, son los propios empleados del ayuntamiento quiénes se encargan de aprovisionarse de maderas y demás material fungible, montar y vallar la hoguera de San Juan y además, esa tarde-noche (con el consiguiente sobrecoste por salirse del horario funcionarial), son los encargados de vigilar la seguridad del evento y garantizar que los niños salten adecuadamente no vaya a ser que, alguna familia, reclame indemnización alguna al consistorio.

Pues bien, a lo que iba, en este gélido contexto, el FEGA, organismo del Ministerio de Agricultura, ha publicado el informe de ayudas directas y desarrollo rural correspondiente al año 2019, un análisis de la edad y sexo de los perceptores que merece leer con atención para conocer los detalles de la distribución de las ayudas PAC en nuestra tierra.

Comienza detallando que en el Estado español en 2019 hay 611.642 perceptores de ayudas (frente a los 800.000 del 2016), de los que el 91,85% son personas físicas y el 8,14% restante son personas jurídicas (Sociedades civiles, comunidades de bienes, cooperativas, etc.) mientras que si nos fijamos en lo relativo a los importes comprobamos cómo las personas físicas perciben el 62,57% de las ayudas y las personas jurídicas, el 37,43% restante. Por otra parte, la distribución de las ayudas directas por sexo nos muestra que el 62,84% de los perceptores son hombres y el 37,15% mujeres

Más llamativo, además de preocupante (como verá, el pesimismo me brota por los poros de mi piel), es la distribución de ayudas si nos fijamos en la edad de los perceptores donde los mayores de 65 años suponen el 38% de los perceptores y perciben el 26,41% de los importes, los que tienen entre 40 y 65 años suponen el 53,07% y perciben el 59% de los importes, los que están entre 25 y 40 años el 8,24% y perciben el 13,22% de los importes, y, atención al dato, los menores de 25 años suponen el triste 0,69% de los beneficiarios con un 1,37% de los importes.

El paupérrimo 0,69 es la media del Estado por lo que puede imaginarse que mientras hay comunidades autónomas que superan dicha cifra, Cantabria y La Rioja con un 1,72% son las dos más altas, las hay que rayan el cero patatero como la Comunidad Valenciana con un 0,26% mientras Euskadi, cuenta con un 0,55%, por debajo de la media, no nos ofrece  datos para el optimismo.

Cuando se analiza la evolución demográfica y la baja natalidad se expone una pirámide inversa que te deja el alma helada pero, visto lo visto, si nos fijamos en los datos relativos a la edad de los perceptores, sin olvidar que estos datos se refieren a los perceptores y que por ello no reflejan exactamente la realidad del sector puesto que siempre hay gente que no percibe ayudas directas, la pirámide pierde sentido y deberíamos hablar más del trapecio que de pirámide dado que la parte inferior, la más joven, es casi inexistente.

Ahora bien, como dice el refrán, el que no se consuela es porque no quiere, y así, teniendo en cuenta que en el argot de la política agraria europea, los llamados jóvenes agricultores alcanzan hasta los 40 años, bien podríamos afirmar que los jóvenes suponen el 8,93% de los perceptores. En un ramalazo de pesimismo que me ataca sorpresivamente caigo en la cuenta que ese irrisorio 9% refleja el porcentaje de los que ya han alcanzado, aproximadamente, y perdón que uno es de letras, el 60% de su vida laboral.

Aun así, ahora que mi lado pesimista no se entera, a pesar de todos los pesares, quisiera ser optimista puesto que creo que las grandes tendencias de fondo (crecimiento exponencial de la población, los valores cambiantes de la sociedad europea, la mayor preocupación por la salud individual, la identificación de la alimentación como fuente de salud, la concienciación por el cambio climático y con ello, mayor aprecio por el producto local, etc.) nos son favorables en lo que a futuro se refiere.

Ahora que lo pienso, creo que voy a rechazar la propuesta de presidir el Club de Pesimistas y para demostrar que no soy un pesimista recalcitrante, incluso, voy a ponerme a leer un magnífico informe de  la Comisión Europea titulado “Farmers of the future” que, según mi inglés macarrónico, vendría a ser, los agricultores del futuro.

Xabier Iraola Agirrezabala
Editor en Kanpolibrean
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