Consumo, luego existo

Tras un año largo de pandemia, todo apunta a que, lenta pero seguramente, vamos viendo luz al final del túnel. Nuestra cuadrilla va vacunándose y estamos expectantes por saber cuándo abrirá la sociedad para poder recuperar la sagrada costumbre de la cena semanal de los jueves. Eso que yo vengo definiendo, el sanedrín.

En esas estamos cuando, una vez más, como todos los años por estas fechas, el ministro da cuenta del Informe del consumo alimentario, bien en el hogar como el de fuera del hogar. Un extenso informe de más de 700 páginas donde, además de lo obvio y de lo que uno mismo intuye observando su entorno, se puede lograr muchísima información que, si la tratamos con una perspectiva temporal, puede proporcionarnos una información muy valiosa.

El informe que se refiere al año 2020, obviamente, está totalmente condicionado por la pandemia del Covid y por las medidas de confinamiento, limitaciones a la movilidad y cierre de hostelería, sociedades gastronómicas y catering en los centros escolares, laborales, etc. Según el mismo, el consumo alimentario alcanzó la cifra de 102.082 millones de euros, un 3,2 por 100 menos que en 2019, principalmente, por el bajón del consumo fuera del hogar.

Comienzo aclarando que el consumo alimentario se efectúa básicamente dentro del hogar (91,7 por 100) y que el extra – hogar es minoritario (8,3 por 100), si bien no es menos cierto que si nos fijamos en el valor de lo consumido, el valor del consumo intra -hogar baja al 77,7 por 100 mientras el extra – hogar sube hasta el 22,3 por 100. Primera conclusión, como decía mi padre, para ahorrar no hay nada mejor que quedarse en casa.

Acercando el foco hasta el propio hogar, comprobamos que el gasto en los hogares subió un 14,2 por 100 llegando a un gasto medio de 1.762 euros per cápita, 209 euros más que en 2019, con una ingesta media per cápita de 690 kg donde casi 99 son de fruta, 87 de verduras y hortalizas y 74 de leche. Por cierto, son los alimentos frescos, con un 10,7 por 100  en volumen y un 14,6por 100 en valor, los que más crecen.

Si bien el año 2020 ha sido muy próspero para casi todos los alimentos y bebidas, no es menos cierto que el comportamiento ha sido desigual en el primer semestre del segundo, dado que en el primer semestre, con psicosis de desabastecimiento, arramplamos las estanterías de harinas, legumbres, aceites, etc. mientras la nueva normalidad se sobrepuso en el segundo semestre. En lo referente a bebidas, destacan las fuertes subidas en vino, cerveza y espirituosos, obvio, porque el consumo en hostelería fue trasladado, en parte, al hogar con esos memorables momentos del vermuteo, txakoli del almuerzo, cervecita vespertina, etc.

Por otra parte, si nos fijamos en el lugar de compra, observamos que se refuerza, aún más, la superioridad del supermercado y autoservicio con un 47,6 por 100 (un 9,8 por 100 más que el año previo), mientras las tienda descuento se consolidan, con un 15 por 100, en un segundo lugar y las tiendas tradicionales suben hasta el 13,8 por 100 (ganando 14,7 puntos), si bien, es el comercio on line, aún minoritario, con un 2,3 por 100, el que más crece, un 61,5 por 100, destacando sobremanera y sorpresivamente, la compra de alimentos frescos con un crecimiento del 104 por 100.

En lo que respecta al consumo fuera del hogar, el gasto alimentario alcanza los 22.734 millones de euros, que se traduce en un 37,7 por 100 menos de volumen consumido lo que, teniendo en cuenta una pequeña subida de 1,4 por 100 en los precios, tiene como consecuencia que el valor disminuye en un 36,8 por 100. Más allá de los números globales, me llama la atención que del volumen consumido sean las hortalizas y verduras con un 25,3 por 100 lo más consumido y sobretodo el segundo lugar de la carne con una cuota del 15,2 por 100, un poco más arriba que el pan con 11,7 por 100.

El informe, más allá de las cifras de consumo, analiza los hábitos y tendencias de consumo, apuntando que consumimos más en casa, con un 9,3 por 100 más de ocasiones en el hogar, siendo reseñable aquellos momentos de consumo que pretenden sustituir a aquellos otros momentos de consumo y ocio que la pandemia nos ha impedido realizar. Crece, por otra parte, el tiempo dedicado a la cocina los fines de semana (cónstese que todavía no se sabía nada del maravilloso horario eléctrico que nos aboca a lavar, planchas y cocinar los fin de semana), así como las comidas en  casa y los momentitos de aperitivo/snack en casa. Por cierto, me llama poderosamente la atención, que al destinar mayor tiempo a la cocina, tras años de simplificación del menú en casa, volvemos al menú completo, y a recurrir más a técnicas como el guisado, horno y hervido que requieren de más tiempo. Eso sí, dicho lo dicho, no me cuadra que el top de las recetas sea, en este orden, las ensaladas verdes, las pizzas y las ensaladas de tomate. En fin, somos un pozo de contradicciones.

Finalizo. En un momento donde los supermercados han vendido lo que no está escrito. En un momento donde las cadenas de distribución han ganado lo que no está escrito. En un momento donde los inputs de producción, especialmente la alimentación animal, han subido lo que no está escrito. Dos preguntas: ¿Cómo es posible que esos incrementos de ventas y de beneficios no alcancen a los productores de alimentos? ¿A qué esperan nuestras autoridades para tomar cartas en el asunto?

Buen provecho.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean

Cuestión de voluntad

Querer es poder, dice el refrán popular y, aunque soy consciente que la expresión tiene sus límites, no es menos cierto que la voluntad es el requisito imprescindible cuando una persona, entidad o pueblo quiere sacar adelante algún propósito.

Cargado de voluntad, con una fe inquebrantable y con arrojo y desparpajo, se pueden abordar objetivos, habitualmente inalcanzables para gente tan normalita como nosotros, y dichos ingredientes resultan ser el motor que necesitamos para superar todo tipo de obstáculos que se nos presentan, algunos de forma natural y otros intencionados, y que debemos ir dejando a un lado antes de alcanzar la meta.

Estos días, en la localidad de Azpeitia, con motivo del proyecto de reapertura de la empresa metalúrgica Coarrugados, observamos el encontronazo o choque de trenes entre dos maneras de ver el país y de afrontar las cuestiones que atañen a la faceta socio-económica de la vida. Diferentes visiones y estilos de gobernar donde, por una parte, los políticos marcan el rumbo y lideran la gestión de los proyectos para intentar materializarlos; por la otra, una visión donde los políticos se aferran a argumentos técnicos y jurídicos en los que parapetarse y, así, frustrar el proyecto en el que no creen.

No se crean que es algo exclusivo de Azpeitia ni de una formación política en concreto. La enfermedad de la tecnicitis cuyos síntoma principal, tal como decía, es parapetarse en informes técnicos para no hacer aquello que suponga el más mínimo riesgo político, es una enfermedad muy extendida en el colectivo político y afecta al conjunto del entramado institucional, comenzando desde el municipio hasta las más altas instancias europeas y/o mundiales.

En el sector primario sufren las consecuencias de dicha enfermedad y son numerosos los casos donde pequeños proyectos agropecuarios son paralizados per secula seculorum, cuando no rechazados, mientras contemplamos como esa misma legislación y normativa se flexibiliza, cuando no se retuerce consecutivamente, hasta encontrar encaje a ese proyecto industrial, energético o comercial que es visto con buenos ojos por parte de la autoridad correspondiente. Ósea, que cuando hay voluntad de sacar algo, siempre, se da con la llave que abre el candado que cerraba el futuro de los ansiados proyectos.

En los años que llevo trabajando en una organización agraria, he conocido multitud de casos como aquel en el que a una familia ganadera se le negaba la posibilidad de modificar un proyecto de carretera que les perjudicaba gravemente, amparándose en sesudos informes de seguridad vial, para que al poco tiempo, tras sonoras y efectivas protestas de varios vecinos urbanos, se llegó a doblegar la oposición política, tras lo cual, comprobamos que la inseguridad vial desapareció y la modificación, obviamente, obtuvo el pertinente visto bueno institucional.

Conozco, en estos momentos, pequeños proyectos de jóvenes productores que no ven la luz por incomprensibles barreras municipales establecidas por normativas obsoletas, informes técnicos despegados de la realidad y, lo que es peor, políticos incapaces de impulsar la modificación o interpretación necesaria para sacar adelante proyectos agropecuarios que, si bien desde el punto de vista municipal o territorial son diminutos, para esos jóvenes son la garantía de vida y que, para el conjunto del sector, son una renovación de efectivos a la que no podemos renunciar.

Más sangrante aún, en la Sierra de Aralar, más concretamente en pertenecidos a la Mancomunidad de Enirio-Aralar, existe un tramo de camino, que aun habiendo obtenido las pertinentes autorizaciones medioambientales, es decir, con informes favorables a su ejecución, los responsables políticos máximos de la Mancomunidad se niegan a tramitar dicho proyecto porque,  según unos inexistentes informes que nadie conoce, su tramitación sería inviable. Como verá, en este caso, no es el técnico quien censura la materialización de la idea del político, sino que éste mismo, se autocensura, dando muestra evidente de una falta de voluntad por ejecutar el camino.

En definitiva, los hay, quienes se parapetan tras informes técnicos, sean urbanísticos, medioambientales o de otra cualquier temática; los hay quienes se parapetan tras estrategias y directivas europeas; los hay quienes se amparan en el malvado adversario chino para impulsar o frenar determinadas cuestiones, pero lo cierto es que cada vez tenemos una clase política más pendiente de cumplir a rajatabla todos los artículos y puntos de la normativa que de luchar, contra viento y marea, para sacar adelante los proyectos de la gente. En nuestro caso, la gente que vive de, por y para la tierra.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean

Sánchez y el lobo

A inicios del mes de febrero, tras la celebración de una reunión de la Comisión Estatal de Patrimonio Natural y la Biodiversidad del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, en adelante MITECO, publiqué el artículo titulado “La calderada de Teresa” haciendo alusión al potaje generado por la ministra Teresa Ribera con la propuesta de introducir el lobo en el Listado de Especies Silvestre en Régimen de Protección Especial (LESPRE).

Dicen que en política, muchas veces, las formas son tan importantes o más que los contenidos y creo que es casi unánime la valoración sobre las formas utilizadas e impulsadas por el propio Ministerio cuando, se convocó dicha Comisión sin haber hecho el trabajo de cocina que estos temas tan conflictivos requieren, sin haber consensuado nada con las comunidades autónomas principalmente afectadas por la población de lobo y finalmente, forzando la máquina, con empates incluidos, en la votación final de dicha Comisión.

Las formas, mejor dicho, las malas formas ministeriales y la soberbia de su titular que ningunea a todo Dios, incluso a su compañero de Gobierno, el ministro de Agricultura Luis Planas ha soliviantado a todos los afectados y tal es así, que Teresa Ribera, con el respaldo de Sánchez, ha logrado lo más difícil, concitar acuerdos y consensos entre gobiernos autonómicos y organizaciones profesionales agrarias de todo tipo de color sociopolítico.

Los gobiernos autonómicos principalmente afectados como Castilla-León (PP), Asturias (PSOE), Galicia (PP) y Cantabria (PRC), acompañados de otras 6 comunidades, en total 10 de 17, han hecho piña y trabajado magníficamente en favor de su sector ganadero y de un equilibrio medioambiental en sus territorios. Algo similar podríamos decir del trabajo conjunto desempeñado por las organizaciones agrarias que han dejado de lado cuestiones menores para centrarse en un asunto tan crucial para la supervivencia del sector extensivo como es, la cuestión del lobo.

Todos, organizaciones agrarias, comunidades autónomas y organismos como los colegios de ingenieros de montes, agrícolas y veterinarios, han denunciado conjuntamente la actitud del Ministerio que estos últimos meses, viene jugando, cuándo no riéndose, de todos los actores concernidos al decir una cosa, la contraria y medias verdades, con tal de marear a la gente y crear un ambiente de incertidumbre, donde los agentes ya no saben a qué atenerse.

El cabreo es generalizado y la bronca tal, que los responsables ministeriales les garantizan que paralizarán la tramitación. Ahora bien, un día se les dice que, no se avanzará en una nueva estrategia hasta valorar la vigente y que no se impulsará la orden de inscribir el lobo en el LESPRE, lo que provoca la alegría de los ganaderos. Al día siguiente, la alegría de los ganaderos se torna en tristeza de los conservacionistas y tras una eficaz llamada a la ministra, el portavoz ministerial se desdice que aquello de empezar de cera, ¡rien de rien! y para colmo, se publica el borrador de Orden. Nuevamente, tristeza en el sector ganadero.

Como decía, quitando a los conservacionistas, la unanimidad es absoluta y las reacciones, además de las ya efectuadas, no se han hecho esperar y así, mientras la Plataforma en defensa de la gestión del Lobo convoca a una concentración el próximo 9 de junio, gobiernos y organizaciones analizan acudir a los tribunales.

De salir adelante lo planteado por el Ministerio y conservacionistas, se prohibirá la caza del lobo en todo el Estado español y, en consecuencia, los territorios colindantes con las principales comunidades loberas (Castilla-León, Cantabria, Asturias y Galicia) sufrirán las consecuencias de una expansión del lobo tras el previsible aumento de su población.

Por todo ello, es compresible el malestar y temor generado entre los ganaderos de dichas comunidades colindantes y así se entiende, en nuestro caso, el vasco, el trabajo de UAGA en el Ámbito de las Juntas Generales de Araba o la moción impulsada conjuntamente por ENBA y EHNE en todos los ayuntamientos de Gipuzkoa.

Por cierto, una moción que está saliendo adelante en muchos ayuntamientos con el apoyo explícito de EAJ-PNV ante la incomprensible postura abstencionista de EHBILDU. Incomprensible para mí y para los baserritarras, aunque comprensible y lógica para aquel que casi todo lo hace en base a cálculos electorales.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean

 

 

La máquina de oruga

En reuniones con productores recurro, habitualmente, a la figura de la maquinaria de oruga para ilustrar el funcionamiento de la maquinaria burocrática inherente a todas las administraciones que, por su dimensión y peso, avanza lenta y torpemente, resultando casi imperceptible si está quieta o en movimiento, aunque la cruda realidad nos viene demostrando, de forma reiterada, que la maquinaria avanza, imparablemente, sin descanso, apegada a la tierra y adaptándose hasta en las orografías más peliagudas.

La maquinaria burocrática inicia su andadura, normalmente, lejos, allá por Centroeuropa, en tierras belgas donde tienen su aposento las instituciones europeas, comienza calentando el motor con unas preguntas, encuestas e iniciativas de participación ciudadana donde, más allá de cuatro particulares bienintencionados, los adeptos a las entidades que conforman la sociedad civil organizada (asociaciones, lobbies, clústeres, empresas, ongs, ecologistas, etc.) se vuelcan para imponer, al menos numéricamente, sus puntos de vista. En este momento, mi amigo Xabier, productor, decide no inmiscuirse en temas que no van con él.

A continuación, las instancias europeas, basándose en las conclusiones de dicha encuesta, al menos en aquellas opiniones más favorables a sus ideas originarias, ideas que no se atrevían a sacarlas a la luz sin haberles dado un barniz de legitimación popular,  redactan un tocho de grande generalidades y palabrejas de cinco duros que lo denominan, Libro Blanco que, no sé si porque suena a virginal o qué, pero pasa muy desapercibido porque lo recogido en ese tocho queda a nivel de reflexiones, orientaciones y demás recomendaciones, tan generalistas como lejanas. En este momento, mi amigo Xabier, productor, se queda en blanco sin saber qué pensar ante tanta generalidad que, según su leal saber, no le afecta.

El jefe de la unidad correspondiente dentro del macro mundo funcionarial de la Unión Europea convoca a sus subordinados y entre ellos deciden iniciar los trabajos que fijen las líneas generales de lo que podría ser una Directiva que, dado que no es de obligada y directa aplicación en los estados miembro de la Unión Europea, es abordada por los técnicos del ramo, por los legisladores, políticos y demás fauna del ecosistema comunitario con una cierta distancia pensando que la responsabilidad última recaerá en los gobiernos de los estados miembro o, en su caso, aguas abajo, en los gobiernos regionales-autonómicos. En este momento, mi amigo Xabier, productor, apabullado con el lenguaje comunitario, desconecta del tema pensando que es una chorrada más de la lejana Europa que, gracias a Dios, nunca llegará hasta aquí.

En esas estamos, cuando el subsecretario del ministerio del ramo presenta, al inicio de mandato, al jefe de gabinete del ministro en cuestión, el listado de cuestiones pendientes y proyectos legislativos por aprobar y entre ellos, cómo no, está la trasposición de la Directiva comunitaria de marras a la legislación estatal. Arranca la maquinaria ministerial con el enésimo borrador de la norma, tras interminables vueltas por consejos, comisiones consultivas y demás foros con que cuenta la maraña administrativa y tras muchos meses, tanto que incluso nos hacen perder noción de su tramitación, el consejo de ministros aprueba el proyecto legislativo, lo envía a las Cortes y tras un farragoso trámite, finalmente, es aprobado. De allí a pocos días, la flamante ley, real decreto o tenga el rango normativo que tenga, es publicado en el BOE.  En este momento, mi amigo Xabier, productor, tuerce el ceño, por que comienza a verle las orejas al lobo y a preocuparse por las posibles afecciones a su explotación.

Xabier coge el teléfono, recrimina a todos los contactos de su agenda por las consecuencias de dicha legislación que otros han aprobado, no olvide que la culpa siempre es de otros, pero se queda mucho más tranquilo cuando le responden que esa norma no será de aplicación aquí y en su caso, será retocada (cepillada, que diría el ínclito Alfonso Guerra) a nivel autonómico para adaptarla a la realidad más cercana. Ya decía yo, me reconoce, que nuestras autoridades no nos podían dejar colgados. Pobre coitado.

De allí a unos meses, no se crea que muchos, está sentado en la cocina cuando aporrean la puerta de casa y se encuentra con una persona, bien vestida, que dice ser un técnico de la administración que acude a visitarle para comprobar el correcto cumplimiento de la normativa en cuestión y para abrir un expediente sancionador en caso de que hubiera algún incumplimiento en esa normativa que, recuerde, comenzó allá, muy lejos, en Bruselas,  muchos años atrás, con una interminable encuesta, siguió por los vericuetos del virginal Libro Blanco, paso por las lejanas aguas comunitarias a modo de Directiva y que hace unos meses vimos impresa, negro sobre blanco, en el Boletín Oficial del Estado.

Lo que se veía lejano y ajeno a su realidad, más pronto que tarde, se encuentra a la puerta de su casa, con toda la fuerza que brinda el boletín oficial de marras, en plena vigencia y con el poderoso, además de inmenso, cuerpo de funcionarios de la administración cargados de razón y deseosos de meter en vereda a los anárquicos productores que, según ellos, se toman manga por hombro.

Donde aparece Xabier, ponga usted su nombre, en caso de que usted sea un productor agrario, o en caso contrario, el nombre de otro cualquier productor, pero esta actitud pasota e ingenua, aderezada de incapacidad orgánica y falta de respuesta sectorial, es la triste pero frecuente realidad que vive el sector productor primario, sea agricultor, ganadero o forestal, ante la todopoderosa maquinaria oruga de la administración multinivel, con todo tipo de normas, leyes y demás regulaciones donde, lamentablemente, solamente se les presta atención, tarde y mal, cuando el relato ya está asumido y cuando los artículos de las normas son inamovibles.

Nos ocurre en muchos aspectos y cuestiones sectoriales, sea el bienestar animal, la sanidad vegetal y/o animal, los objetivos sobre cambio climático, la contaminación difusa de las aguas, la regulación de la fauna salvaje, la política de etiquetado de los alimentos, los gases de efecto invernadero, las decisiones sobre tecnologías aplicables a la producción, los biocarburantes, los objetivos sobre energías renovables, la fertilización, los fitosanitarios, etc. y si analizamos las diferentes situaciones con una cierta dosis de sinceridad, caeremos en la cuenta que el sector productor y sus organizaciones no están a la altura de lo que los retos requieren, ni están preparados ni organizados, ni tienen capacidad para estar donde  y cuando requiere, eso sí, con la fuerza, medios y prestancia que los retos a los que nos enfrentamos exigen del sector.

Cuando llegamos, tarde y mal, nos cabe el recurso de la pataleta y de la pancarta, que también hay que saber manejar con destreza, pero como decía antes, los retos a los que se enfrenta el sector primario son de tal calibre que ya no nos es suficiente con las herramientas y los modos de trabajar de hace 20 años y es más necesario que nunca que sepamos dotarnos de las herramientas, destrezas y modos que la situación actual y, sobre todo, el panorama futuro nos requiera.

Esta misma semana, tenemos sobre la mesa, un palpable ejemplo de lo que hablo, cuando el presidente Sánchez presenta el Plan España 2050 donde entre infinidad de temas y planteamientos, se habla del cambio climático que, finamente, se vincula con la dieta alimentaria y así como quién no quiere, se plantea la necesidad de reducir la ingesta de carne.

¿Qué hará, haremos, desde el sector primario más allá de la protesta puntual, algún artículo como éste y otras actuaciones menores? Me temo, una vez más, que nada. Eso sí, cuando se vayan adoptando decisiones que afecten a nuestras explotaciones ganaderas, a nuestro modo de vida y de trabajar, nos echaremos las manos a la cabeza, pero, lamentablemente, será demasiado tarde.

Termino. Cuando se encuentre en alguna de las situaciones descritas anteriormente, acuérdese de la máquina de oruga.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean

 

Un circo de tres pistas

El pasado domingo, 9 de Mayo se celebró, con más pena que gloria, el Día de Europa y me atrevería a decir que en el sector primario pasó, finamente hablando, desapercibido. Ante esta tesitura bien podríamos pensar que la gente del campo tienen un escaso sentimiento europeo y que no se ve identificado con el proyecto, si bien el último Eurobarómetro recoge que el 84 por 100 de los ciudadanos del Estado se sienten europeos frente al 74 por 100 del resto del continente.

Podríamos pensar, por otra parte, que la gente del campo es ajena a la realidad europea, cuando el día a día nos demuestran todo lo contrario, puesto que para mucha gente del sector primario una importante parte de sus ingresos provienen de los fondos europeos y en tanto en cuanto, gran parte de la regulación y normativa que afecta a su sistema productivo, por cierto, una maraña normativa cada vez más compleja y tupida, tiene su génesis en instancias europeas y luego son trasladadas a las normativas estatales y autonómicas que les afectan directamente.

Finalmente, podríamos pensar y le anticipo que es mi tesis prioritaria, que los productores identifican y vinculan a Europa con esa política agraria común, la popular PAC, por la que sienten un doble sentimiento, un sentimiento de rechazo puesto que todos, cuando digo todos es todos, quieren obtener sus ingresos de la venta de sus productos y no de las dichosas ayudas, al mismo tiempo que se les impone un sentimiento de querencia hacia esos fondos europeos que, lamentablemente, han acabado convirtiéndose en el flotador que les garantiza la supervivencia ante un mercado que no les remunera suficientemente. Pues bien, en estos momentos, la PAC que les garantiza unos ciertos ingresos pero que les supura la autoestima, se encuentra en plena transición e inmersa en unas duras negociaciones a niveles administrativos diferentes que van desde las propias instancias europeas (Comisión, Parlamento y Consejo) hasta la instancia estatal y autonómica. Dicho en plata, podríamos decir que tenemos montado un circo de tres pistas.

Este circo de tres pistas, más que alegría, lo que les genera es incertidumbre puesto que nadie, ni el mismísimo ministro, sabe cuál será el escenario con el que nos encontraremos a inicios del año 2023 que, por muy lejano que parezca, está a la vuelta de la esquina y todo ello, paradójicamente, en un sector productivo como el agrícola, ganadero y forestal donde todos los proyectos, movimientos y cambios son lentos, muy lentos, a largo plazo, puesto que jugamos con seres vivos, con plantas, árboles y otros muchos inputs que requieren fijar la mirada, cuando menos, en el medio plazo.

En estos momentos, más allá de las cuestiones macro que se negocian en la primera de las pistas del circo, la unión europea, están las cuestiones más cercanas, pero no menos importantes, que se barruntan en la segunda pista, el Estado español, donde el director de la pista, el Ministro Luis Planas pretende dirigir, con su sonrisa perenne pero con mano de hierro, el devenir del Plan Estratégico español y para ello, látigo en mano, se afana en gobernar lo ingobernable, ordenar el desorden innato y alinear a los circenses de la tercera pista, la conferencia autonómica de consejeros y consejeras agrícolas, con la idea que alberga en su interior.

La idea de Plan Estratégico que tiene el ministro no la conoce nadie, quizás ni él mismo, pero aún menos la conocen los responsables autonómicos que acuden al confesionario ministerial para dar cuenta de sus prioridades, planteamientos, necesidades y miedos mientras por la otra parte, no obtienen más que un inquietante silencio, una palmadita en la espalda y un “seguiremos hablando” como despedida. Como imaginarán, si ni el Ministro ni los consejeros conocen el guion del circo, los circenses, dicho con todo cariño, la gente del campo anda totalmente perdida entre tanto juego malabar y ante tantos profesionales del despiste.

Como decía, nadie sabe a ciencia cierta cómo se resolverán las principales preguntas que anidan en el interior de cada uno de los miles de agricultores cuyos ingresos en una proporción importante provienen de la PAC, nadie sabe cuál será la definición de agricultor genuino que abrirá la puerta para obtener la condición de beneficiario, qué pasará con la figura de pequeño agricultor que tanto enoja a muchos profesionales pero que, igualmente, inquieta a muchos jubilados que necesitan de ello para complementar su miserable pensión, cuáles serán los subsectores productivos que contarán para las ayudas directas, si se limitará a los actuales subsectores o si por el contrario, se abrirá la puerta a todos esos subsectores agrícolas (viña, fruta, huerta) y ganaderos (porcino, avícola, cunícola, caballar) que hasta ahora estaban relegados únicamente al segundo pilar de la PAC y finalmente, cuáles serán las nuevas regiones productivas que mandarán al carajo las 51 regiones creadas artificiosamente por las computadoras ministeriales en tiempos de Cañete.

Como ven, todo está en el aire, las tres pistas del circo están llenas de gente, domadores, payasos, trapecistas y equilibristas, lanzando los trastes al aire y molestándose los unos a los otros y, todo ello, en vísperas de arrancar la nueva PAC.

Alguno de los protagonistas me interpelará diciendo que todavía hay tiempo para consensuar las novedades, introducir los cambios y aprobar las normativas que deberán publicarse en el boletín. Mi temor no se basa en si a los políticos les dará tiempo o no, para llegar puntualmente a la publicación en el boletín, mi preocupación radica en el desasosiego, inquietud e incertidumbre en la que viven instalados los productores, sean del subsector que sean, sean de la zona que sean, que ven como unos cuantos señores juegan con sus negocio y con sus proyectos vitales cada 5-7 años con la excusa de la enésima reforma de la PAC.

Y convendrán conmigo, que lo menos que se le debe exigir a un circo es que nos alegre la vida, no que nos la amargue.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean

 

Esenciales

Ahora que se acaba el estado de alarma y que la libertad, tras el ayusazo, ha recuperado protagonismo en el debate político, la cuestión es que la libertad, sobre todo, de movimientos y actividades además de los derechos básicos, ha sido, al parecer, la palanca que ha utilizado, con acierto, la nueva lideresa. Ahora, queda por ver, si lo que queremos es libertad o libertinaje y confiemos en que, en pocas semanas, no tengamos que lamentar las consecuencias de nuestra falta de responsabilidad.

Cuesta hacerse a la idea, pero hace un año, en los inicios de la pandemia, los máximos responsables políticos de todos los niveles y gobiernos, unánimemente, reconocieron, incluso lo recogieron, negro sobre blanco, en el plenipotente BOE, el carácter esencial de la agricultura y de los productores. Es más, soy de la opinión de que además de la oficialidad, hubo una fuerte concienciación de la sociedad sobre la importancia de la alimentación, de la cadena alimentaria en su globalidad y muy especialmente, sobre la importancia de contar con una cierta soberanía alimentaria asentada, como no podía ser de otra forma, en la existencia de un sector productor en la proximidad.

Durante este último año, como decía, la alimentación ha ganado peso entre las prioridades de los ciudadanos y en este sentido, las diferentes medidas gubernamentales como los confinamientos, las cuarentenas, los cierres perimetrales, los  cierres de la hostelería así como los de numerosos comedores escolares y laborales, han conllevado que el gasto alimentario dentro del hogar se haya disparado hasta cotas insospechables y por lo tanto, el gasto alimentario en los comercios de proximidad y en la distribución generalista orientada al consumidor final, haya provocado que estas empresas y comercios, permítame la expresión, se hayan puesto las botas y/o hecho el agosto.

Muestra de ello son los resultados que las diferentes cadenas de distribución han dado a conocer recientemente donde no hay una sola cadena que, más allá de ganar o perder unas décimas de cuota de mercado, no haya incrementado exponencialmente tanto su facturación como sus beneficios. Por poner algunos ejemplos, Mercadona, la indiscutible reina de la distribución en el Estado con un 24,5% de cuota de mercado, ha facturado un 5,5% más y un 17% más de beneficios que el año pasado; Carrefour, la segunda cadena con un 8,4% de cuota de mercado, ha facturado un 7,1% más y en el ámbito más cercano, Eroski ha crecido un 8,6% en el apartado alimentario, muy por arriba del incremento general de un 2,1% y la cadena Uvesco (BM, Super Amara), a pesar de todas las dificultades inherentes a la pandemia, incrementó en un 23% su facturación.

Pues bien, entre que soy de letras e inútil total en asuntos numéricos (en nuestra casa, para eso está la parte contratante) y dado que estas macroempresas presentan sus resultados de tal forma que sólo conozcas los puntos fuertes que a ellos les interesan, mientras te ocultan o desinforman sobre otros que no quieren que sepamos, no acabo de ver los datos sobre los beneficios obtenidos por las diferentes empresas, aunque mi pituitaria me dice que, al menos en lo que se refiere a venta de alimentos, ha sido un buen año, por no calificarlo de excelente.

Todas las cadenas de distribución y cuando digo todas, es todas, utilizan los productos frescos como elemento tractor del consumo y como elemento gancho para consolidar su clientela habitual y/o atraer nuevos clientes hacia sus tiendas para, una vez dentro del establecimiento, además de los productos frescos llene el carrito con otros muchos productos, ni frescos ni locales, llenando el carro hasta las mismísimas cartolas. Todos abogan por el producto local como santo y seña de su apuesta por el producto fresco y en ese empeño, unos se afanan en ofrecer el producto de la comunidad autónoma donde se ubica el establecimiento en cuestión mientras otros, los más grandes, se conforman con que sea producto español.

Como digo, la ecuación producto fresco más producto local o de cercanía es, al parecer, la fórmula de éxito pero, aunque no alardeen de ello ni lo reconozcan públicamente, no es menos cierto que ambos factores, fresco y local, son exitosos si van acompañados del precio bajo, o cuando menos, contenido, y es ahí donde entra en escena, aquel que hace un año era esencial para nuestras vidas, el productor, que vistos los precios que obtienen por la venta de su producción, ha dejado de ser fresco y se encuentra más tieso que la mojama, además de apesadumbrado viendo cómo el buen momento de las diferentes cadenas de distribución apenas repercute en ellos.

Por otra parte, estos productores calificados como activos esenciales en pleno confinamiento pandémico, ven como la producción de alimentos puede peligrar puesto que los productores, sus empleados habituales y los temporeros son relegados en el momento de vacunar y así, tenemos numerosas explotaciones familiares donde toda la actividad productiva depende de unas pocas personas y que si estas personas, contraen el virus, la producción se para y con ello, la provisión de alimentos para la cadena alimentaria, además de perderse la propia cosecha. Por ello, considero que, atendiendo al carácter esencial de la actividad agropecuaria, los productores debieran ser un colectivo preferente en el momento de vacunar a la población. Son fechas de mucho trabajo en el campo y urge adoptar medidas en ese sentido, rápida y eficazmente.

A lo dicho, libertad y autorresponsabilidad.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

La calculadora de Arnaldo

El sábado 1 de Mayo, además de celebrar la fiesta del Trabajo, es el día señalado para la apertura de pastos en la sierra de Aralar y en estos últimos años se viene aprovechando la ocasión para darle un toque festivo al día y al mismo tiempo, se celebra un pequeño acto donde los ganaderos y responsables políticos de los montes públicos renuevan su compromiso, en un caso, por la parte ganadera, de cuidar y preservar el monte a través de una correcta gestión ganadera y por otro lado, por parte de la Mancomunidad Enirio-Aralar y Diputación Foral de Gipuzkoa, de ceder la gestión de un bien público como es el monte a los ganaderos.

Este año, además de por el maldito virus, no hay motivo alguno para celebraciones de ninguna forma, no está el horno para bollos y así, podemos señalar cómo los ganaderos de la sierra han decidido y manifestado públicamente la ruptura de relaciones con los órganos de la Mancomunidad hasta no constatar un verdadero cambio tanto en las formas como en el fondo de la cuestión.

Los ganaderos usuarios de los montes de la Mancomunidad exigen una interlocución directa, eficaz y leal porque, si bien son conscientes que en el monte público existen otros muchos usuarios (montañeros, deportistas, cazadores, conservacionistas, etc.), no es menos cierto que resulta claramente injusto que los ganaderos, verdaderos gestores del territorio a través de su actividad ganadera, sean tratados, no en pie de igualdad al resto de usuarios, si no que sean tratados como verdaderos delincuentes y maltratadores del medio natural y en consecuencia, unos verdaderos obstáculos a eliminar, o cuando menos, a reducir progresivamente.

Los ganaderos y su cabaña ganadera molestan para el logro del objetivo último que no es otro que incrementar la superficie arbolada de la sierra, recuperar los míticos bosques de Aralar, y para ello no hay otro remedio, tal y como nos lo hacen ver reiteradamente los conservacionistas más radicales, que comenzar por reducir la superficie destinada a pastos montanos propiciando, a través de una menor actividad ganadera, su progresiva conversión en zonas con matorral  y maleza, donde se prevé que crecerá el bosque natural, espontáneo y maravilloso que sería la génesis del ansiado bosque.

Menos ganadería supone, según la regla de tres que quieren aplicar algunos, menos ganaderos, menos txabolas y consiguientemente, menos caminos a las txabolas por lo que, sin decirlo expresamente, éste y no otro, es el verdadero fin de algunos. Eso sí, oficial y públicamente, aunque sepan que el acceso es el condicionante básico para todo lo demás, mientras tanto, abogan por la ganadería extensiva de montaña, defienden a los ganaderos y airean a los cuatro vientos su cariño a los pastores de la montaña y les animan a que hagan queso de montaña.

Los que proponen tales teorías y/o propuestas son los radicales de la conservación, estén en una asociación o en un ayuntamiento, pero lo realmente preocupante es que dichos posicionamientos obtengan el respaldo, amparo y aliento de los responsables políticos que controlan, legítimamente por otra parte, los resortes de la Mancomunidad donde los ayuntamientos regidos por EHBILDU cuentan con una clara mayoría.

A lo largo de estos dos últimos años les hemos escuchado que ellos no eran favorables a facilitar accesos a las txabolas de pastores porque eran contrarios a la legalidad y normativa vigentes, incluso, alguno de ellos llegó a reconocer que no darán un paso adelante en ese sentido, caminos a las txabolas, en tanto en cuanto no se modifique la legalidad vigente. Pues bien, en estos momentos, puedo informarles (si no lo saben todavía) que los tribunales han decidido archivar las denuncias presentadas por los eco – talibanes a dos caminos diferentes, en el primero de los casos el archivo es definitivo y en el segundo, por ahora, provisional, por lo que es de prever que los responsables políticos de EHBILDU que hasta ahora se escondían bajo las togas de los jueces, se sentirán legitimados para sentarse en la mesa con los ganaderos y consensuar un plan de accesos que de un horizonte de esperanza a los ganaderos y a la actividad ganadera en la Sierra de Aralar.

Incluso me atrevo a sugerirles que, al igual que han hecho en multitud de temas problemáticos, promuevan una nueva legislación medioambiental más realista y ajustada a la actividad ganadera extensiva de montaña.

Soy consciente que estoy pidiendo peras al olmo y que no harán ni una cosa ni la otra. En unos casos por que están de acuerdo con los planteamientos eco – talibanes, en otros casos, porque aun estando en sintonía con los ganaderos son incapaces de romper la disciplina partidista que les amordaza o lo que es peor, por que actúan en función de sus cálculos electorales que apuntan a un mayor y nuevo caladero de votos en las filas ambientalistas, atrayendo a votantes y simpatizantes de Podemos, frente un caladero rural, escaso en número y donde ya cuentan con unos históricos, tradicionales y extraordinarios resultados electorales. Ósea, resumiendo, poco por perder y mucho por ganar.

Según escribo, teniendo en cuenta otros temas como el lobo, el tema forestal, la carne artificial, etc., me asalta la duda si la calculadora electoral, la manejan sólo en EHBILDU o si por el contrario, también hay otros partidos que la empiezan a usar.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

 

Inquietante silencio

Si es usted uno de mis lectores habituales, será conocedor que nuestro padre murió a causa del Alzheimer tras una larga enfermedad de 10 largos años. Pues bien, en una ocasión, víspera de la festividad de Todos los Santos, volvíamos del camposanto cuando nos cruzamos con una vecina que nos preguntó qué tal estaba el camposanto, a lo que nuestro padre, que se encontraba en una fase de desinhibición y locuacidad que nos hacía pasar más de un apuro, le respondió: “estarán bien, por que nadie se ha quejado”.

Rescato esta anécdota personal como entradilla para reflexionar sobre el comentario de un ganadero, de vacuno de leche, que sacaba a colación el significado del silencio en el seno del sector. Un silencio que, muchas veces, no significa una sintonía y/o acuerdo con lo que observa y escucha a su alrededor si no, lo que es peor, un silencio que, desde la oscuridad inherente al propio silencio, denota un agotamiento, abatimiento y consecuentemente, una actitud de asumir, en su silente seno, sin compartir con nadie, la decisión de arrojar la toalla.

En una reunión de productores, pocos son los que darán muestras de que las cosas les van bien, la inmensa mayoría de los que toman la palabra lo harán para protestar, quejarse y maldecir por unos y otros, pero los que frecuentamos este tipo de encuentros, sabemos y somos conscientes de que son aquellos productores que escuchan en silencio, que se sitúan en las esquinas y que no toman la palabra, son aquellos de los que nos debemos preocupar y ocupar puesto que, frecuentemente, pese a que no se atrevan a manifestarlo públicamente, tampoco tienen por que hacerlo, ya han decidido iniciar el camino de la retirada.

Son aquellos quienes consciente pero silenciosamente han decidido no reinvertir más en su explotación ni en infraestructuras, maquinaria ni tecnología, han decidido que sus posibles sucesores comiencen a explorar nuevas alternativas laborales y han decidido emprender una desescalada que, poco a poco, silenciosamente, sin algaradas que alerten al resto del sector, vaya mermando la energía de dicha explotación y con ello, la luz de la esperanza de ese caserío familiar.

En estos momentos, el sector lácteo estatal vive un dramático momento, por un lado el mercado alimentario low-cost dominado por media docena de cadenas distribuidoras tiene asumido que la leche es un producto básico con el puede jugar irresponsablemente y banalizar aunque ese juego tenga consecuencias mortales aguas abajo, por otro lado, las industrias lácteas se hallan inmersas en un proceso de diversificación cuyo único objetivo es compensar con otros productos lo que pierden con la leche y finalmente, los productores abarrotan las salas de UCI con unos precios irrisorios que no cubren los costes de producción, con unos gastos de alimentación disparados por diversos motivos, entre ellos la especulación bursátil, con un horizonte de incertidumbre por cuestiones medioambientales, la nueva PAC, etc. que le confieren al horizonte un color, claramente, inquietante.

En esta tesitura, son cada vez más frecuentes los casos de abandono, silencioso, de cientos de explotaciones familiares dispersas y diseminadas por el territorio mientras aparecen y enseñan la patita, pocos pero gigantescos ejemplos de macrogranjas que deslocalizan la producción hacia zonas inhabituales, concentran la producción en pocas unidades que a la postre son verdaderas bombas medioambientales y sanitarias y que, tirando de mano de obra barata, consiguen producir, mucho y barato, como requiere la industria para poder cumplir con las directrices, explícitas o implícitas, de las cadenas de distribución. Obviamente, las referencias de costes de estos gigantes son los que marcan la referencia para la industria, la distribución y lo que es más triste, para los gestores de la cosa pública.

Como se habrá dado cuenta, me he referido a las cadenas de distribución, a la industria y a los productores pero no me refiero para nada al Gobierno Central y es que, lamentablemente, ni está ni se le espera, el sector lácteo no es prioritario para el ministro Luis Planas, valenciano de origen y andaluz de oficio, al que el sector ganadero, más propio de la Cornisa y del norte peninsular se la trae al pairo, por que si no, nadie puede comprender el desinterés y la inacción de un gobierno central ante el desmantelamiento de un sector productor fundamental como es el sector lácteo.

El impulso del sector lácteo es cuestión de todos los agentes que conforman la cadena, comenzando por los productores y sus cooperativas que, superando el lamento estéril, deben impulsar el trabajo conjunto de dichas cooperativas para que sean ellas quienes marquen la directriz en el ámbito de la recogida, transformación y política industrial, pero no es menos cierto, que más allá de los desencuentros y enfrentamientos entre miembros de la cadena, lógicos por otra parte, la revalorización de la leche en el actual mercado requiere de la acción de la administración para poner en orden y alinear al conjunto de la distribución en un intento serio y decidido para resituar la leche en el sitio que corresponde a un alimento fundamental para la nutrición de la población y ello supone que debe revalorizarse.

El ministro, antes de que sea demasiado tarde, tiene que dejar de mirar a las vacas desde la barrera e implicarse proactivamente. En caso contrario, la inacción tendrá lamentables consecuencias en el campo y llegará el día en que no podrá pasearse con esa sonrisa perenne que tanto le caracteriza.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean
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Color verde esperanza

Cada vez que arranco el motor del ordenador para escribir una de mis interminables filípicas semanales, pienso en la reacción de mis lectores. Muchos, al parecer, cada uno de ellos de un padre y madre diferentes, de colores políticos diversos y oriundos de los lugares más insospechables y remotos. Tras su lectura, los habrá que piensen que hoy me ha salido muy profesional, muy “para tu gente” como dice mi esposa, los habrá que opinen que es muy progre, atrevido, incluso faltón mientras que muchos de ellos me identifican con posiciones conservadoras, incluso se han atrevido a llamarme portavoz del VOX vasco. En fin, como dice el dicho, ¡para gustos, los colores!

Pues bien, recientemente, en un distendido diálogo con Laura, discreta pero eficaz directora del Foro Rural Mundial a cuya Junta Directiva pertenezco, Foro que está inmerso en una estrategia mundial para impulsar la Agricultura Familiar y que celebra el Decenio de la Agricultura Familiar bajo el amparo de la ONU, le hice saber que tras llevar varios años algo incrédulo sobre la validez de la estrategia pro Agricultura Familiar para el continente europeo y más concretamente, para el entorno más cercano, vasco y estatal, es ahora cuando más consciente soy de la importancia de esa reivindicación, puesto que cada vez son más numerosos y evidentes los ejemplos de eso que llaman la agroindustria donde los productores, meros trabajadores, sin arte ni parte ni en la propiedad ni en la dirección del proyecto y, por otra parte, los propietarios, sociedades mercantiles que delegan la dirección en sus ejecutivos de confianza, producen a mansalva para llenar los almacenes de la industria que transforma y envasa, coloquialmente hablando, a maquila, para la cadena de distribución que es el que tiene el contacto directo con el consumidor final. Hablando de gustos, creo que este párrafo, me ha quedado muy rojillo.

Todavía son franca mayoría, así lo deseo al menos, las explotaciones familiares en los diferentes subsectores productivos, a lo largo y ancho de la península. No obstante, es innegable el avance de esa otra agricultura donde el factor principal, si no único, es el volumen, la economía de escalas y el precio unitario, sea leche, carne, aceituna, trigo, lechuga, cordero, etc. El descenso en la rentabilidad de la producción agraria, todo ello motivado por una alimentación low-cost, impulsada por eso que se viene llamando el mercado y alentado por la clase política que todo lo mide por el IPC y por la capacidad de consumo de la gente, conlleva que los productores, sean del subsector que sean, se vean abocados a producir más y más, incrementar las cabezas de ganado, aumentar la dimensión de las parcelas e invernaderos, etc.

Esos mismos productores son bien conscientes de la dificultad de encontrar mano de obra para las tareas agrícolas, bien por falta de interés y atractivo bien por las condiciones socioeconómicas que pueden ofrecer los productores pero aun así, la tesitura les obliga a incrementar y así comprobamos como contratan a quien no deben, a quien no pueden pagar o en su caso, sustituyen la mano de obra por una maquinaria cada vez más grande y cara, difícil de amortizar, y se centran en las tareas más inmediatas, evidentes y meramente productivas dejando de lado todas aquellas otras facetas (gestión económica, tareas burocráticas, cuestiones medioambientales, etc.) cuando no abandonando parcelas y tierras que no son muy productivas y cuyas labores requieren más tiempo de lo permisible. Este párrafo, más que oscuro, me ha quedado, negro.

Producir por producir, barato y a mansalva, nos está llevando a que las explotaciones familiares diseminadas por todo el territorio y que ancla la población en el tejido rural son sustituidas por mega – explotaciones con consejo de administración, empleados propios (cuantos menos, mejor) y donde las tareas son ejecutadas por empresas externas de servicios agrícolas y obviamente, para sacar el máximo rendimiento en el menor tiempo posible a todo el entramado no cabe otra que sustituir olivos tradicionales por setos de olivo intensivo recogidos por una cosechadora, viñedos tradicionales que son sustituidos por arbustos, granjas familiares que son sustituidas por macro granjas, etc.

Nadie, al menos abiertamente, impulsa y/o ampara este tipo de sector. No tienen madre o padre que les cobije, pero crecen. No tienen la adhesión de los consumidores, aunque les compren la mercancía. No tienen el respaldo de la clase política, aunque los toleren. Ahora bien, visto lo visto, lo que nos les faltan son padrinos.

Ahora bien, conviene no olvidar que una vez puesto en marcha el engranaje resulta difícil parar la rueda y así, en estos momentos nos encontramos con un sector productor español, en una parte importante al menos, arrojada a los brazos del mercado libre, con problemas de sobreproducción en sectores tan importantes como el aceite y el vino, con sectores ganaderos (porcino, vacuno carne,  avicultura) realmente dependientes de alimentación exterior y de la exportación a mercados terceros, sector hortícola temeroso ante el aumento de importaciones marroquíes, etc. Por ello, no conviene olvidar, la frasecita de marras que afirma que “siempre habrá alguien más al Sur que producirá, más barato que tú” y por eso mismo, más que nunca, creo que debemos ser conscientes que el precio nunca debiera ser la única estrategia.

Cada vez producimos más, cada vez exportamos más, cada vez generamos más macroeconomía. Ahora bien, con el tiempo, ¿cada vez habrá más agricultores dueños de su destino cuya microeconomía les permita vivir holgadamente?

Releo, una vez acabada, la filípica y sinceramente, creo que me hace falta una dosis de esperanza, verde esperanza.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean
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Muerto por insolación

“Mira al Origen” es el lema elegido por la Red Rural Nacional para su campaña cuyo objetivo no era otro que informar y concienciar a la población sobre la importancia que tiene el medio rural desde los puntos de vista económico, social, cultural y ambiental. Una campaña ambiciosa que delicadamente, como quien no quiere, ha entrado en nuestras casas a través de cuñas en televisión, radio y prensa. Un acierto en su planteamiento inicial, digo inicial por que tendrá una continuidad y un desarrollo en el tiempo, puesto que al mismo tiempo que pone en valor el mundo rural, con su lema, apela directamente al factor del origen de los alimentos que consumimos bien en el hogar bien fuera del mismo.

El origen de los alimentos que consumimos en nuestras mesas proviene, simple y llanamente dicho, de la tierra por lo que, todas aquellas políticas encaminadas a cuidar el factor tierra serán esenciales si lo que pretendemos es garantizar el origen de nuestra alimentación, bien sean políticas de ordenación territorial encaminadas a preservar tierras agrarias en cantidad y calidad suficiente bien sean políticas agronómicas encaminadas a mejorar la salud y fertilidad de las tierras.

Hoy quisiera centrarme en las políticas de ordenación territorial y más concretamente, quisiera fijar la mirada en la afección territorial de las políticas de impulso de energías renovables (solar, eólicas, biomasa, saltos hidráulicos, etc.) pues, mucho me temo, que las instalaciones de energías renovables, principalmente la energía solar, puede acabar siendo una nueva burbuja donde la especulación paste a sus anchas y acabe arrasando miles de hectáreas de tierra agrícola.

Como decía, la política de impulso de las energías renovables está en la agenda política y social de todas las instituciones, desde la propia Europa hasta el pueblo de uno mismo, y así comprobamos como los diferentes gobiernos están aprobando sus correspondientes leyes de cambio climático y esta misma semana el Congreso de los Diputados ha aprobado la Ley de Cambio Climático que, salvo sorpresas, será ratificada definitivamente en el Senado. En este proyecto de Ley, comandado por la temible Teresa Ribera, se fijan una serie de hitos energéticos con sus correspondientes plazos temporales como son que España deberá alcanzar la neutralidad climática no más tarde de 2050, que antes de mitad de siglo, el sistema eléctrico de España tiene que ser 100 por 100 renovable pero puntualiza que, al finalizar la próxima década, como mínimo 35 por 100 del consumo final de la energía deberá ser de origen renovable y en el caso del sistema eléctrico, la presencia renovable en 2030 deberá ser de al menos un 70 por 100.

El cumplimiento de dichos objetivos, a la espera de que los gobiernos autonómicos puedan fijar metas aún más ambiciosas, conllevará que miles de hectáreas pasen de tener un uso agrario a un uso energético y en consonancia con la dimensión del tema, serán miles de ingenieros y empresas energéticas quienes acudirán en masa a los pueblitos a convencer a los propietarios de tierras de las bondades del empeño y del alto rendimiento económico que obtendrá en el caso que se decida bien por adquirir placas solares para instalar en sus propias fincas bien por contratar con alguna empresa la concesión de sus tierras por una veintena de años para que sean ellos quienes exploten la actividad. También serán miles las personas que, aun siendo totalmente ajenas al territorio rural y a la actividad energética, a falta del boom del ladrillo, se vean tentadas de invertir sus ahorros en estas empresas instaladoras y energéticas que les prometerán, ¡cómo no!, el oro y el moro.

Por la otra parte, por la parte agrícola, los habrá quienes vean la propuesta como el maná que viene del cielo con el que complementar o sustituir la baja rentabilidad de sus tierras, hasta ahora al menos, agrarias. Los habrá, propietarios de tierras pero no productores, muchos de ellos jubilados, quienes vean la ocasión para alquilar sus fincas al mejor postor dejando en la estacada al hasta ahora inquilino que dedicaba las tierras a la producción agraria. Los habrá, finalmente, productores en arrendamiento, quienes vean incrementada su renta, se vean desplazados por las placas o, lo que es peor, se queden sin parte de las fincas hasta ahora gestionadas.

Como comprenderán, las empresas que diseñen e instalen los parques de placas solares ni irán a fincas pequeñas ni irán a fincas orográficamente complicadas y mucho menos irán a suelo urbano, por lo que es de suponer que los mega – parques solares serán instalados en las grandes planicies del mundo rural compitiendo, eso sí, con el uso agrario.

En Euskadi, a nuestro nivel y en nuestra reducida dimensión, se comienzan a ver los primeros casos y así, vamos conociendo iniciativas, tan sostenibles y sociales como hapiguays, donde se impulsan huertas que (aquí somos tan nuestros que sustituimos la denominación parque solar por huerto solar para darle un toque más auténtico, quizás), por lo que vamos viendo, se instalarán en Suelo No Urbanizable, ósea el suelo rural de toda la vida, compitiendo, nuevamente, con el uso agrario.

Desde un punto de vista medioambiental y socialmente sostenible, lo lógico sería impulsar pequeñas y medianas instalaciones fotovoltaicas a lo largo y ancho de todo el territorio, cerca de los centros de consumo, en suelos degradados, en tejados de viviendas, industrias, equipamientos públicos, etc. pero, mucho me temo que las lógicas del pasado triunfarán y se recurrirá a lo fácil, a tierras agrícolas, llanas, alejadas de las ciudades y por lo tanto, baratas, donde con cuatro duros se “recompensará” al maltrecho agricultor.

Por eso mismo, creo que queda patente la importancia de una buena política de ordenación territorial para preservar las tierras agrícolas y por eso mismo, creo que sería necesario regular (tipos de suelos, dimensiones máximas, etc.) todo estos temas lo antes posible antes de que lamentemos sus consecuencias y muramos por insolación.

Xabier Iraola Agirrezabala

Editor en Kanpolibrean
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