Informe favorable a la primera extensión de norma del sector del huevo

 

El Consejo General de Organizaciones Interprofesionales Agroalimentarias ha celebrado su XL Sesión Plenaria, donde se ha sometido a informe la solicitud de extensión de norma de la Organización Interprofesional del Huevo y sus Productos. 

El Consejo de Organizaciones Interprofesionales es un órgano colegiado adscrito al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación a tenor de lo dispuesto en el artículo 15 de la Ley 38/1994, de 30 de diciembre, reguladora de las organizaciones interprofesionales agroalimentarias.

El pleno del Consejo, presidido por el secretario general de Agricultura y Alimentación, don Fernando Miranda, ha emitido un informe a favor de la propuesta de extensión de normas con aportación económica, solicitada por INPROVO para las campañas 2020/2021, 2021/2022 y 2022/2023. 

La Organización Interprofesional del Huevo y sus Productos (INPROVO) ha previsto una recaudación de 937.158 de euros por campaña, lo que supondrá a lo largo de los tres años un total de 2.811.474 euros. 

De esta cantidad, un 70 por 100 se destinará a actividades de comunicación y promoción del huevo y los ovoproductos. El resto de lo recaudado se dedicará a la realización de actividades de investigación, desarrollo e innovación tecnológica, y mejora del conocimiento, eficiencia y transparencia del mercado. 

La creciente trascendencia de los mercados pecuarios y de la próxima PAC

El pasado jueves celebramos, en el marco de FIGAN 2021 y de la mano de FIGAN Digital, una “Jornada Técnica on line” que titulamos “Perspectivas de los principales mercados pecuarios 2020 – 2021”, y a la que se suscribieron más de 700 personas.

En la misma, se trataron 4 temas cuyos vídeos, en las próximas semanas, se irán publicando en nuestro boletín y también en la página WEB de ÁGORA TOP GAN para que la mencionada jornada también pueda ser visualizada por todas aquellas personas interesadas que no pudieron asistir en directo a la mencionada jornada virtual. 

Los cuatro temas tratados fueron: “la importancia de los mercados” y “los mercados interior y exterior del vacuno de carne, del pollo y del porcino de capa blanca”.   

Ya sé que en España y en la propia Unión Europea hay otros mercados pecuarios que son de gran interés por su complejidad y por la dificultades estructurales por las que discurren (léase, por ejemplo, el del huevo para consumo, el del conejo o el de la miel). Pero los tres sectores elegidos suponen hoy, en España y en valor, más del 70 por 100 de nuestro Producto Final Ganadero (PFG) que, en el año 2019, su montante fue de 19.635 millones de euros.

Y al hablar de mercados no podemos olvidar, como ya lo comentaba en mi nota de la semana pasada, que la denominada “nueva normalidad” (que veremos lo que dura ante el creciente número de rebotes que tenemos de la COVID – 19)  afecta, en gran medida y de forma difícilmente reversible, a todos los eslabones de la cadena agroalimentaria lo que aumenta de forma significativa la importancia que supone el carecer de unas verdaderas cadenas de valor en nuestro sector pecuario.

Como se comenta en nuestra ÁGORA TRIBUNA del presente boletín, el libro blanco publicado recientemente  por BOARD BIA ya ha puesto de manifiesto cinco grandes cambios que van a afectar irreversiblemente a los mercados interiores de los productos ganaderos (cuya demanda global, en nuestro primer mundo, tenderá a la baja) y, como consecuencia de ello, también afectará a los mercados exteriores.

Y, en este escenario, nos encontramos en España, en base a los datos consolidados del año 2019, con un sector, el del vacuno de carne, cuyo nivel de autoabastecimiento es de más del 110 por 100 (el de la Unión Europea es superior al 106 por 100); con un sector del pollo de carne con un nivel de autoabastecimiento español superior al 102 por 100 (siendo el de la Unión Europea del 107 por 100) y, finalmente, con un sector, el del porcino de capa blanca, cuyo nivel de autoabastecimiento nacional es del 175 por 100 (mientras que el de la U.E. es del 113 por 100).

Ante las situaciones descritas queda fuera de toda duda la trascendencia de los mercados, tanto el nacional como el internacional y es que a los sectores considerados no les queda otra, con una visión a corto – medio plazo, que optar por transitar por tres caminos (que son perfectamente compatibles).

El primero, es el de reducir las producciones (y ya sabemos lo muy complicado que es esto ante nuestra idiosincrasia latina e individualista); el segundo, pasa por intentar aumentar la demanda interior (muy, muy complicado teniendo en cuenta la tendencia global señalada) y el tercero, es el de buscar aumentar nuestra faceta exportadora, consolidando los actuales mercados exteriores y conquistando, para estos productos, nuevos mercados emergentes (que es lo que se está intentando hacer por parte de los sectores, a través de sus interprofesionales y asociaciones, con el apoyo de las administraciones).

Esta situación, compleja y multifactorial, no puede dejar de afectar, en mi opinión y en mayor o menor medida, en un futuro, que ya es presente, a nuestros ganaderos y a los precios a percibir en origen por sus producciones.

De ahí también la enorme importancia que tienen las negociaciones que están teniendo lugar en Bruselas, precisamente en estos días, y que van a definir el “marco financiero” en que se va a desenvolver la próxima PAC (y ¡ojo! el presidente del Consejo Europeo, don Charles Michel, propuso el pasado sábado, a los líderes de la Unión Europea, reducir en 50.000 millones de euros la cantidad de ayudas directas del fondo de recuperación económica tras la pandemia, para acercar las alejadas posiciones de los distintos Estados en la cumbre europea por lo que “cuando las barbas de tu vecino veas afeitar…). Y es que de “este marco financiero” va a depender, directa o indirectamente, el “ser o no ser” de  muchos de nuestros ganaderos (y también, por supuesto de muchos de nuestros agricultores).

Se trata, sin duda, de una coyuntura realmente compleja, pero, como dicen “los modernos”: señoras y señores (quiero ser políticamente correcto), es los que hay.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

 

La resiliencia y nuestro sector primario

Muchos probablemente no lo sepan, pero la resiliencia, en su origen, es un concepto ingenieril y se refiere a la cantidad de energía que absorbe un material en el momento de romperse a causas de un impacto; se calcula en base a la unidad de superficie de rotura.

Pero aquí deseo utilizar el concepto de resiliencia en el ámbito de la Psicología y referirlo a la capacidad que tiene un individuo, pero también un sector (un colectivo), para hacer frente a una adversidad y superarla para, una vez superada, poder seguirse proyectando hacia su futuro. 

Inicialmente, en el ámbito psicológico, como lo hemos estudiado todos los que nos hemos formado, en tiempos ya lejanos, en temas de pedagogía y de psicología pedagógica, la resiliencia se consideraba una respuesta poco común, inusual e, incluso, en ciertos casos enfermiza.  

No obstante, con el discurrir del tiempo los psicólogos han ido evolucionando en su apreciación y valoración de la misma y finalmente han reconocido que se trata de una actitud que se corresponde con una forma mental de “ajuste o adecuación” ante una situación adversa o ante la propia adversidad. 

Es más, actualmente la psicología positiva considera a las situaciones adversas, problemáticas, como desafíos, que pueden ser enfrentados y superados gracias precisamente a la resiliencia.

En la vida, a nivel individual, se presentan circunstancias que pueden favorecer o ser contrarias al desarrollo de al resiliencia como son, por ejemplo, la educación, la calidad e intensidad de las relaciones familiares, el contexto social o la propiedad de determinadas actitudes. 

Hoy se considera que la resiliencia individual está íntimamente vinculada a la autoestima (por lo que es clave trabajar con los infantes para que desarrollen positivamente, desde edades muy tempranas, su autoestima y paralelamente su resiliencia).

Así resulta que hay individuos que al enfrentarse a una situación traumática permiten que ésta les supere mientras que otros no lo permiten y continúan sin más problemas su camino vital; incluso los hay que, ante la adversidad, modifican sus actitudes, las llevan a un nivel superior y transforman la mencionada situación en algo positivo desarrollando capacidades que incluso, en ocasiones, ellos mismos desconocían poseer.

Esto último y de esto quería precisamente escribir, hoy y aquí, es lo que hecho exactamente nuestro sector primario (agrícola, ganadero y también el pesquero, no nos olvidemos de él) ante la adversa situación generada (y, desde luego, en absoluto finiquitada) por el SARS – CoV – 2 y su enfermedad vinculada, la COVID -19. 

Nuestro sector primario nos está dando, día sí y día también, una gran lección; realmente una lección inolvidable, haciendo gala de unos valores que deberían asumir y hacer suyos el resto de la sociedad y sus propios individuos (lo que evitaría que un número no despreciable de los mismos se estuviera comportando de una forma totalmente inadecuada y muy peligrosa para todos, en las complejas circunstancias sanitarias que nos está tocando vivir).

La resiliencia del mencionado sector le ha llevado a asumir solidariamente, con un esfuerzo encomiable, asumiendo permanentemente importantes riesgos sanitarios y empresariales, a partir de un loable trabajo en equipo (junto con los otros eslabones de la cadena alimentaria, justo es resaltarlo), con probadas eficiencia y eficacia, un claro liderazgo; una elevada responsabilidad en la ininterrumpida generación de alimentos; una destacada capacidad innovadora con la creación de nuevos canales on – line y, todo ello, en el marco de un destacado ejercicio global de equilibrio sectorial. 

Esta suma es la que ha hecho posible, a pesar de todo, mantener su actividad económica y los estándares de calidad de sus producciones.

Sinceramente espero (porque soy optimista por naturaleza) y deseo que, en un plazo no lejano, nuestros dirigentes (incluyendo aquellos que nos consideran esclavistas) y la propia sociedad, valoren y reconozcan adecuadamente la fantástica resiliencia de nuestra agricultura, de nuestra ganadería y de nuestro sector pesquero.

Sin duda alguna ¡SE LO MERECEN! 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

La tormenta perfecta

Tormenta perfecta es la expresión literaria y/o cinematográfica utilizada para referirse a esa situación, buscada o sobrevenida, donde se da un cúmulo de condicionantes o circunstancias, la mayoría de las veces, nada positivas, que sitúan en la picota o al borde del precipicio a una persona, colectivo, país o sector económico. Pues bien, en estos momentos, al menos esa es mi percepción, el sector agrícola, europeo diría yo, pero también en ámbitos inferiores, se encuentra ante una especie de tormenta perfecta conformada por un cúmulo de estrategias, planes y documentos varios que van a marcar, si no condicionar notablemente, el futuro próximo de la agricultura y, si me apuran, de la alimentación.

En la tesitura actual, ahora que estamos en puertas del fin del estado de alarma, el sector agrícola se encuentra expectante ante el incierto devenir de la economía puesto que gran parte del éxito o fracaso de nuestro negociado depende de la situación laboral y consecuentemente, de la cartera de los consumidores. No obstante, el mundo sigue dando vueltas, y asimismo nos encontramos con que la Unión Europea aprobó su hoja de ruta medioambiental denominada Pacto Verde Europeo donde se apuntan los grandes objetivos medioambientales de la UE y, asimismo, la UE también tiene adoptada su propia estrategia de Lucha contra el Cambio Climático que, en cascada, tiene su reflejo en el plano estatal y regional o autonómico.

No contentos con el Pacto Verde, la Comisión Europea acaba de publicar la estrategia “De la granja a la mesa” para un sistema alimentario justo, saludable y respetuoso con el medio ambiente donde se apuntan las líneas generales de una nueva política alimentaria que, obviamente, afectará directa y sustancialmente a la parte productora. Una vez más, querido lector, la estrategia va, según algunos, más rápido de lo que se puede asumir desde la parte productora, pero, según otros, la estrategia en cuestión no entra al meollo de la cuestión y no aborda la necesaria, según su parecer, revolución agroecológica de la producción europea de alimentos 

Además, si lo anterior no fuera suficiente, la Unión Europea se halla inmersa en un interminable proceso negociador del Marco Financiero Plurianual, una especie de presupuesto plurianual que fija, entre otras cosas, el techo de gasto de las instituciones comunitarias y que establece los fondos destinados a cada una de las políticas prioritarias, entre ellas, la política agraria común, ampliamente conocida por sus siglas, PAC. Por cierto, una PAC que, al parecer, su enésima reforma se retrasa a cuenta del virus y cuya aplicación se dilata hasta el año 2023.

Por no hablar de los incesantes pero trascendentales acuerdos comerciales que la Unión Europea cierra con países y continentes terceros bajándose los pantalones en cuestiones agrarias mientras, recíprocamente, consiguen hacerse con sus mercados industriales, servicios, infraestructuras y así tenemos que, mientras las empresas hacen el agosto apoderándose de los mercados del más allá, nuestros agricultores sufren un duro invierno a lo largo de todo el año al haberse facilitado la entrada de sus productos agrarios a nuestro mercado y además, por un oportuno olvido de nuestras autoridades europeas, sin haber asegurado la reciprocidad en condiciones higiénicas, medioambientales, laborales, etc.

No se crean que con ello acaba, puesto que, en el Congreso de los Diputados se está tramitando un proyecto de ley de medidas urgentes en materia de agricultura y alimentación cuyo objetivo principal es reformar la Ley de Cadena Alimentaria e introducir una serie de modificaciones con el objetivo de dar respuesta al problema estructural de falta de rentabilidad y empoderar al productor recogiendo la obligatoriedad que todas las compraventas y transacciones efectuadas en el seno de la cadena se hagan cubriendo, ¡qué menos!, los costes de producción. La cosa, por muy sencilla y loable que parezca, tiene su aquel, pero, no me quiero dispersar y dejo la cuestión para posteriores ocasiones.

Como ven, con estos pocos apuntes, tenemos sobre la mesa, sobre el campo diría yo, toda una serie de ingredientes que hacen que el campo o, mejor dicho, el sector productor europeo esté como una olla a presión que, en cualquier momento, puede reventar.

Y llegados a este momento, yo me pregunto, ¿Quiénes son los cocineros que manejan la olla a presión? ¿cuántos aliados tienen los agricultores en esas cocinas donde se elabora el menú de nuestro futuro? ¿cuántos políticos tenemos en esas cocinas que saben de qué va el tema y conocen los ingredientes?

Personalmente, estoy algo más que preocupado viendo la dinámica de los últimos años, al observar cómo los diferentes responsables políticos de los diferentes partidos políticos que llevan la cuestión agraria y que, bien personalmente bien profesionalmente cuentan con sabiduría y experiencia para analizar, proponer y debatir las cuestiones, son arrinconados, ninguneados y sustituidos por sumisos tolosas (tolosabe) que lo mismo les da caer en la comisión de agricultura que en la de cultura o en la de sanidad.  

Cada contienda electoral, sea para la institución que sea, comprobamos cómo nuestros aliados, los aliados del campo, los más cercanos, pero también los más lejanos, los que tienen criterio y conocimiento de la cosa, los que le dedican tiempo y vida al agro, son relevados por profesionales de las generalidades y así, contienda a contienda, el sector en su conjunto pierde capital humano y músculo para defender lo nuestro.

Reaccionemos. No nos podemos permitir perder más músculo.

Xabier Iraola Agirrezabala
Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

 

Los ganaderos, el precio de sus productos y la COVID – 19

Una de las publicaciones que sigo y estudio regularmente con más interés es la que corresponde al “INFORME SEMANAL DE COYUNTURA” (Precios Coyunturales) que publica la Subdirección General de Análisis, Coordinación y Estadística de nuestro Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA).

Y en este Informe Semanal me parece especialmente interesante y aleccionador, analizar con detenimiento el discurrir comparativo de las curvas de los precios de los productos pecuarios a lo largo de los años 2018, 2019 y lo que llevamos del año 2020 (igual de interesante es, evidentemente, el hacerlo con lo que va sucediendo con los productos agrarios aunque, en general no son universos de discurso directamente comparables).

Y si en este análisis observamos lo que ha sucedido en el “mundo pecuario”, desde principios de este año 2020 hasta el día 24 de mayo del mismo, podemos constatar que en general, a partir de la semana 13- 14 del año (es decir, desde finales de marzo, principios de abril), se registra una caída significativa de los precios en vacuno, ovino, porcino de capa blanca, pollo, huevo y conejo.

Ello no hace sino confirmar oficialmente lo que ya anticipaba en una entrevista que me hicieron el pasado 18 de marzo, a raíz de mi intervención una semana antes en el 20º Congreso AECOC de Productos Cárnicos y Elaborados que tuvo lugar en Lleida (cuando, con 2 meses largos de retraso, el Ejecutivo empezaba a hacer caso real al SARS – CoV -2 y a tomar medidas).

El día de la entrevista, como es sabido, ya estaba declarado en España el Estado de Alarma (como se recordará el mismo fue declarado a través del Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, afectando a todo el territorio nacional). 

En la mencionada entrevista, comenté que el Estado de Alarma iba a provocar a corto plazo (en realidad estaba provocando ya) una honda preocupación y también miedo a lo desconocido en la población y que la primera reacción de los ciudadanos de nuestro país iba a ser la de acaparar, durante un par de semanas, alimentos. Acaparamiento, generado por los efectos emocionales colaterales ligados al Estado de Alarma y al confinamiento y, muy especialmente, por el temor a un desabastecimiento alimentario (que nunca se produjo realmente gracias a la abnegada labor cotidiana de los agricultores y de los ganaderos y al correcto y ejemplar funcionamiento de los restantes eslabones de la cadena alimentaria).

Paralelamente, expuse que, en mi opinión, una vez el ciudadano hubiera asumido mentalmente el Estado de Alarma y hubiera regularizado anímicamente su situación de confinamiento, la tendencia al acaparamiento iba a desaparecer e iba a reducirse muy significativamente la compra de productos pecuarios (no se olvide que La Fase 0, vigente durante semanas, comportaba que el canal Horeca estuviera prácticamente “desaparecido”  y que el turismo internacional y también el nacional estuvieran en stand by o en “parada coyuntural”).

Y ésta ha sido y es, ni más ni menos, la realidad y la misma se está reflejando, como exponía al principio de esta nota, en el dinero real (el que llega finalmente a sus bolsillos) que están percibiendo nuestros ganaderos por sus productos. 

Lo hablaba hace un par de días con un importante avicultor de la zona centro que me comentaba que le había llegado a pagar, a pie de clasificadora, por una docena de huevos tipo 3 (huevos procedentes de gallinas alojadas en jaulas enriquecidas) del orden de 95 céntimos de euro y que, ahora mismo, esta misma docena se la estaban pagando a 60 céntimos.

Pero, esto no significa, entre otras cuestiones, que en los lineales de nuestras tiendas, los precios de estos productos pecuarios estén, en general, bajando. 

Por favor, no se olviden dos cosas; la primera, que el Quijote, Sancho y el Lazarillo, son personajes netamente españoles y la segunda, que no tenemos, en el sector agrario (agrícola y ganadero) de nuestro país, cadenas de valor (lo que tenemos son cadenas alimentarias, que es algo muy distinto). 

Ergo: ¡así nos luce el pelo!

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

Bienestar animal en tiempos del coronavirus

El Bienestar Animal es uno de los soportes básicos de la Producción Animal y no solo en las explotaciones ganaderas, sino también en los animales de compañía presentes en muchos hogares y que son un miembro más de la familia. Al fin y al cabo, el concepto de Producción Animal abarca a todos los animales útiles al hombre.

Los acontecimientos actuales a nivel mundial nos están haciendo comprender que la sanidad y la salud de nuestros animales y del medio ambiente, están íntimamente ligadas a la sanidad y la salud humanas siguiendo el conocido concepto de ONE HEALTH. La profesión veterinaria está acostumbrada a lidiar con las enfermedades que acechan a la cabaña ganadera y a las mascotas e incluso con aquellas otras que suponen además una zoonosis.

Su acción y gestión preventiva contra la aparición de epidemias logra sostener la sanidad animal, la humana y la medioambiental, además de vigilar la seguridad alimentaria y, por lo tanto, asegurar el Bienestar Social.

En concreto, desde el punto de vista de la salud de los animales son bien conocidas las enfermedades causadas por coronavirus en porcino y que originan trastornos digestivos como la Gastroenteritis transmisible (GET-1946) y la Diarrea epidémica porcina (DEP-1977) o los trastornos respiratorios como el Coronavirus respiratorio porcino (CRPv-1984). Los rumiantes tampoco están libres de contagiarse de enfermedades producidas por coronavirus. Es el caso del Coronavirus bovino (CoVB) que produce el síndrome diarreico neonatal del ternero y que podría afectar, sin una adecuada profilaxis materna, a casi la mitad de los recién nacidos.

Los veterinarios sabemos bien que la mayor parte de estas afecciones solo tienen tratamientos paliativos; sin embargo, su aparición es muy puntual ya que las medidas de bioseguridad de las granjas son la mejor forma para prevenirlas.

También los perros y los gatos tienen sus propias patologías generadas por este tipo de virus, pero su control resulta hasta cierto punto sencillo, siempre y cuando se sigan unas mínimas medidas higiénicas y de prevención. Estos comportamientos aseguran el bienestar de los animales y la salud de las personas y no pueden ser olvidados en ningún momento y menos aún en las circunstancias actuales.

La sociedad occidental está muy sensibilizada con el bienestar animal, afectándose desde el tipo de alimentación humana (vegetarianos, veganos…), hasta el grado de integración y consideración de estos en la vida social de las personas, ya que comparten con ellas entre otras cosas el medio ambiente (calles, parques, servicios públicos o lugares de ocio).

Ser un populista del bienestar animal es muy fácil y es tanto más sencillo, cuantos menos conocimientos sobre el tema se posean.

Por este motivo, en estos momentos de dificultades y alertas sanitarias debido a la presencia de una pandemia desconocida hasta ahora, como la de la COVID-19, deberíamos empezar a plantearnos si determinadas normas supuestamente a favor del bienestar de los animales y sus conceptos antropomorfistas pueden a medio y/o largo plazo representar un problema para la Salud Pública.

 

José Ramón Caballero de la Calle

C.E.U. Producción Animal
Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos

Universidad de Castilla-La Mancha

 

Producción ecológica de carne de pollo (II)

En el marco en el que se mueve la presente temática adquiere una especial relevancia práctica el nuevo reglamento “eco”. Así como ocurre con la producción ecológica de huevos, la de carne de ave se va a desarrollar a dos velocidades. 

El nuevo Reglamento 848/2018 del Parlamento dela Unión Europea (U.E. – 27) y el recién publicado por la Comisión 464/2020, de 26 de marzo fijan las condiciones que conformarán las explotaciones de cría de pollo ecológico a partir de enero de 2021. 

El nuevo reglamento, a la vez que refuerza algunas exigencias en bienestar animal, como la necesidad de perchas en el engorde o los reproductores ecológicos con salida al aire libre (hay que tener en cuenta: periodo de transición, excepciones), elimina el límite de 4800 pollos por nave; mantiene los 1600 m2 de superficie de cría por “unidad de producción”, pero podrán estar todos bajo el mismo techo separando manadas con un máximo de 4800 pollos con “tabiques sólidos o tabiques semi – cerrados o redes o mallas” cada uno de los compartimentos. Lo que supone una clara intensificación de la producción. 

La definición de “crecimiento lento” la sigue dejando para que sea cada Estado miembro el que la concrete (anexo II parte II 1.9.4.1 Rgto. 484/2018), lo que continuará generando distorsiones en la leal competencia en el mercado único europeo y, salvo que ahora sí que nos apliquemos, también en el interior de España.

En la actualidad, con el límite de 4800 pollos por nave, la capacidad media de la explotación de cría ecológica de pollos es de apenas 2000 aves. Parece claro que, tanto por el deseo de desarrollarse en pequeña escala de algunos productores ecológicos, como por los límites impuestos en la configuración de las explotaciones actuales, en el futuro tendrán que convivir dos modelos de explotación eco diferentes. 

Unas de pequeño tamaño y menos eficientes, con otras con naves de 1600 m2 en las que poder hacer inversiones en equipos que permitan una mayor racionalización y automatización de las técnicas de producción con costes más bajos. Sin embargo, el reglamento no prevé ningún elemento de diferenciación en la etiqueta de manera que el consumidor pueda elegir entre uno y otro.

Por todo esto, se hace necesaria una diferenciación para comunicar al consumidor las características de cada uno de los sistemas, el más “industrial” y el de pequeña escala. Esta diferenciación se prevé en tres niveles de garantías para los consumidores. El primero, definido por las exigencias de la norma europea de producción ecológica (sello “eco” europeo); el segundo, estaría identificado por sellos de adhesión voluntaria con condiciones más exigentes que la norma de obligado cumplimiento; y un tercer nivel, centrado en la calidad superior diferenciada y en el origen de las producciones.

Una producción avícola variada tanto en sistemas de cría, como en tipos de explotaciones y avicultores, y bien diferenciada, sin uso en las etiquetas de valores que no corresponden o menciones “valorizantes” cargadas de imaginación y vacías de contenido que solo buscan la confusión del consumidor y, finalmente, generan desconfianza sobre el sector, hace más competitivo al sector avícola. Le hace crecer porque logra para sí momentos de consumo que hoy se dejan para otras producciones ganaderas o de la pesca y, también, porque sólo será capaz de orientarse a la exportación de manera rentable con producciones con alto valor añadido y calidad reconocida.

NOTA ADICIONAL. Al cierre de este artículo tenemos noticia de la celebración de una reunión del COP (Commite Organic Production) en la que se ha dejado la puerta abierta a posponer la entrada en vigor del reglamento 484/2018 hasta 2022 en atención a las dificultades que la actual crisis Covid-19 entraña para que los operadores puedan ponerse al día. Esperemos que esto finalmente se confirme porque de lo contrario nos cogerá 2021 con los “deberes sin hacer”.

José Carlos Terraz Cuenca
Presidente de Avialter (Asociación Profesional de Avicultura Alternativa) y
Presidente de ERPA (Asociación Europea de Aves Rurales).

Soy guay

Seguramente, le habrá ocurrido más de una vez al escuchar una fantástica noticia, que usted mismo piensa que esa noticia es, además de irreal por excesivamente buena, inalcanzable para uno mismo. ¡Eso es tan excepcional, que no puede ser para mí!, he pensado reiteradas veces.

Del mismo modo, alguna vez, cuando iba a la huerta familiar y me deslomaba quitando los tréboles, barrabasa en nuestra tierra, que ahogan las plantas en sus inicios, le decía a mi vecina Lola: “el día que Argiñano ponga de moda la ensalada de tréboles, entonces, no saldrá ni un solo trébol y tendremos que comprarla en la tienda, embolsada por la empresa de turno”.  

Algo similar he cavilado esta semana al observar cómo la lana de nuestras ovejas, lamentablemente, ha pasado de ser un producto estimado por artesanos y empresas textiles a ser un mero subproducto, un residuo, que ha pasado de tener un valor a tener un coste para los propios pastores. No se crea que es un problema exclusivo nuestro, de los pastores vascos, me consta que el problema de la falta de valorización de la lana de las ovejas afecta a miles de pastores de casi todas las zonas de la península y más allá de los Pirineos. Pues bien, viendo esta tesitura, pero sin olvidar la problemática de los residuos ganaderos, el purín de nuestras ganaderías, caigo en la cuenta sobre la escasa importancia, traducida en medios destinados a la investigación, concedida a la investigación aplicable al sector primario y puestos así, creo que no soy el único que piensa, recela mejor dicho, que estas cuestiones, tanto la lana como la del purín, estarían más que resueltas si en vez de corresponder al sector primario corresponderían a otro sector cualquiera, más numeroso y, por supuesto, más guay.

Hablando de sectores más numerosos y guais, el sector agrario estatal ha saltado como un muelle al conocer los documentos comunitarios “Estrategia Biodiversidad UE-2030” y “De la granja a la mesa”, viendo la mano de los sectores más ecologistas (numerosos y guais como ellos solos) tras estos documentos que, como decía, han sido presentados por los responsables del Pacto Verde Europeo, el todopoderoso Frans Timmermans, la de Salud y Seguridad Alimentaria y el de Medio Ambiente mientras el comisario de Agricultura, el polaco, Janusz Wojciechowski, era el gran ausente de la cita. Ni estaba ni se le esperaba porque viendo lo que recogen dichos documentos parece que su peso específico es, más bien, irrelevante. 

Dada la escasez de tiempo desde su presentación no he tenido el tiempo suficiente para analizar los documentos y el calado de sus líneas principales, pero todo apunta a que el sector agrario es, una vez más, el pagano de las grandes decisiones europeas. Mientras Europa aprueba nuevos condicionantes medioambientales para su sector primario como que el  10% de las tierras agrarias se destinen a elementos no productivos, que el uso de abonos se reduzca en un 20%, que el uso de fitosanitarios se recorte en un 50%, que al menos un 25% del total de la superficie agraria de la Unión Europea sea ecológica para el año 2030, así  como que se abra la posibilidad de incrementar hasta un 30% las zonas incluidas en Red Natura 2000, pues bien, mientras Europa aplica estos condicionantes medioambientales a su sector agrario, al mismo tiempo, alcanza numerosos e importantes acuerdos comerciales internacionales abriendo nuestro goloso mercado único europeo a producciones agropecuarias de otras latitudes que no tienen, ni por asomo, los mismos condicionantes ambientales, laborales, sanitarios, etc. Ya saben, ¡ojos que no ven…!

Soy consciente de la dificultad de la tarea, pero creo que la Unión Europea debiera aplicar a sus productores los condicionantes medioambientales que acepta a esos países o bloques de países con los que llega a los acuerdos comerciales previamente mencionados. No hay justicia sin reciprocidad.

Ahora bien, aún siendo conscientes de que los efectos del Cambio Climático trascienden, cuando no ahondan, los efectos de la pandemia sanitaria y que por muy dura que sea la lucha contra el maldito virus, no debemos caer en la tentación de olvidar o relegar la cuestión climática, creo que es ciertamente preocupante que la Comisión Europea y con ella el conjunto de los gobiernos de los estados miembro, no haya aprendido nada, o casi nada, de lo ocurrido estos últimos meses de crisis sanitaria, que ha evidenciado con total crudeza las consecuencias de una deficiente estrategia alimentaria europea donde gran parte de la capacidad productiva, eso que algunos llaman la soberanía alimentaria, ha sido cedida a manos de países terceros.

Estos últimos meses todos hemos podido comprobar lo que ocurre a Europa, a sus familias, a sus empresas, mercados alimentarios, etc., cuando su energía depende de otros, cuando su política industrial ha sido desmantelada y trasladada a países terceros y/o cuando la capacidad productiva de alimentos también ha sido “subcontratada” a países terceros.

Pues bien, creo, con las reservas de no haber analizado los documentos, que con estos documentos y otros anteriores de similar orientación, Europa da por perdida la batalla alimentaria, arroja la toalla en la estrategia de asegurar una mínima suficiencia alimentaria y concentra toda su estrategia futura en la estrategia medioambiental. 

No quisiera que alguien viese que planteo como algo contrapuesto la estrategia medioambiental frente a la alimentaria puesto que las considero como complementarias. Ahora bien, frente a aquellos que sobreponen como prioridad la cuestión medioambiental sobre todo las cosas, incluso a expensas de la cuestión alimentaria, soy de la opinión que son los propios agricultores los mejores garantes de una exitosa política medioambiental, eso sí, con ellos, con su participación y con políticas razonas y razonables que tengan en cuenta la triple sostenibilidad, la medioambiental, la social y, cómo no, la económica. 

 

Xabier Iraola Agirrezabala
Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario

 

El huevo, una excelente fuente nutricional

El Instituto del Huevo ha puesto en valor en un comunicado el altísimo valor nutricional del huevo y sus positivas propiedades, que genera evidentes beneficios y ponderando su consumo diario. A este respecto, destaca que el huevo contiene los componentes esenciales para dar lugar a un ser vivo completo. Se considera fundamentalmente un alimento proteico y su proteína tiene el más alto valor nutricional de todas las de la dieta, por encima de las de la carne, el pescado o la leche. 

En cuanto a las vitaminas, las tiene todas, salvo la vitamina C, y en proporciones importantes. Y su parte grasa, que está únicamente en la yema, se compone principalmente de ácidos grasos insaturados, es decir, son beneficiosos en términos de salud cardiovascular, y contiene ácidos grasos esenciales. Y sus nutrientes son biodisponibles, es decir, «se aprovechan muy bien por nuestro organismo, mejor si el huevo está cocinado (con la clara cuajada)«, según expone doña María del Mar Fernández Poza, Directora adjunta de la Organización Interprofesional del Huevo (INPROVO).

En dietas de control de peso

Por otro lado, el huevo aporta muy pocas calorías en relación a su valor nutricional y eso quiere decir que se incorpora sin problemas en dietas de control de peso, ya que aporta solo unas 70 kcal por huevo de tamaño mediano.  En resumen, el huevo es un alimento saludable, muy completo, fácil de conservar, preparar y digerir y que gusta a todos, y ayuda a cubrir las necesidades de nutrientes en cualquier edad o estado fisiológico.

Las recomendaciones de consumo de cualquier alimento deben hacerse en el contexto de una dieta variada y adecuada a las necesidades individuales. Quienes comen de todo, y teniendo en cuenta que en general se recomienda consumir dos o tres raciones de alimentos proteicos al día, pueden tomar perfectamente una ración de huevos (dos huevos, unos cien gramos) alternando su consumo con el de carne, pescados y otros alimentos proteicos, como queso o frutos secos. En general se considera que consumir un huevo al día es perfectamente compatible con una dieta saludable. Por cierto, para niños hasta 9 años se considera que la ración idónea es una unidad, y a partir de esa edad, dos huevos.

En dietas con restricciones, como las de personas vegetarianas o las alérgicas al pescado, es normal aumentar el consumo de huevos, ya que es una importante fuente de proteínas y nutrientes de alta calidad, como las vitaminas A, D y las del grupo B y la colina, además de minerales como el fósforo, el hierro o el zinc. Para los vegetarianos, el huevo y los lácteos son las principales fuentes de estos nutrientes.

 También es importante el papel nutricional del huevo en la dieta de personas inapetentes, como niños, ancianos o convalecientesen quienes realizan mucha actividad física (deportistas, por ejemplo) y durante el crecimiento, el embarazo y la lactancia, para cubrir las mayores necesidades nutricionales en estas situaciones.  

 

Ágora Top Gan organiza el 28 de mayo una mesa redonda virtual sobre Ganadería y COVID-19

Las consecuencias del COVID-19 en la seguridad alimentaria y sus implicaciones económicas serán debatidas el próximo 28 de mayo  en una mesa redonda virtual organizada por el Grupo Asís y Ágora Top Gan, la plataforma digital especializada en formación e información agro-pecuaria. La inscripción en el encuentro virtual es gratuita en este enlace.

La mesa redonda virtual, titulada “El actual triángulo clave del sector pecuario: SARS-CoV-2. Seguridad Alimentaria. Implicaciones económicas”, se iniciará a las 18 horas y en la misma participará el profesor Carlos Buxadé, catedrático de Producción Animal y profesor emérito de la Universidad Politécnica de Madrid y de la Universidad Alfonso X el Sabio, que será el moderador; así como el profesor  Lucas Domínguez, catedrático y director del Grupo de Investigación Vigilancia Sanitaria del Centro de Vigilancia Sanitaria Veterinaria (VISAVET) de la Universidad Complutense de Madrid; y el profesor Santiago Vega, catedrático en Sanidad Animal, diplomado en Salud Pública, y académico correspondiente de la Real Academia de Medicina de la Comunidad Valenciana y de la Academia de Veterinaria de la Región de Murcia. También intervendrá el empresario y ganadero Josep Solé, director del Área Avícola Grupo Vall Companys.

Jornadas técnicas y divulgativas

Ágora Top Gan organiza con carácter periódico jornadas técnico-divulgativas  dirigidas al sector agrario y ganadero que cuentan con una alta carga formativa, informativa y también de opinión. El último evento de estas características tuvo lugar el pasado 5 de marzo con la celebración de la I Jornada Técnica sobre Avicultura de Puesta en la que se analizaron temas de interés para el sector, como el consumo de huevos en España.