Toca reinventarse

No sé usted, pero en mi caso, el confinamiento lo llevo, relativamente, bien. Es verdad que la actividad, teleactividad mejor dicho, funciona al ralentí y que salvo una reunión presencial que he mantenido y la salida diaria a por el periódico y a por cuatro compras, no he salido de casa en la última quincena. Incluso empiezo a pensar que me estoy habituando a esta rutina hogareña donde la secuencia de las tareas (compra, trabajo, cocina, lectura, trabajo, bicicleta, tele) va completando el día a día. Y así, día tras día.

Ahora bien, que el dichoso virus y sus consecuencias tanto sociosanitarias como económicas sea el monotema de toda nuestra vida, tanto en casa, en el círculo de amistades, trabajo, medios de comunicación, etc. acarrea un agotamiento mental que supera con creces la falta de actividad física y lo que es peor, la falta de relaciones sociales.
Por eso mismo, me repatalea tener que recurrir nuevamente al monotema, retorcer el tema hasta el infinito y abordarlo desde diferentes vertientes para así poder juntar las suficientes letras con las que llenar el hueco previsto para mi filípica semanal. Comprenderá por otra parte, querido lector, que una vez que el mundo parece totalmente paralizado y lo poco que se mueve, se mueve en torno al monotema, no me cabe más remedio que incidir en el mismo.

En primer lugar, me gustaría comentar los abundantes ejemplos de personas, colectivos, empresas que han optado por reinventarse ante semejante hecatombe originada por el virus de marras y por la falta innegable de clientes a los que vender o servir algo. Reinventarse, al menos en lo que a sector primario se refiere, cuestión nada baladí ni abordable en cuatro días y por ello, hablando con exactitud, quizás debiéramos hablar de readaptarnos a la nueva tesitura. En esas están los baserritarras y bodegas (txakoli, sidra) que han optado, además de continuar con los trabajos de campo, por impulsar la atención directa al consumo y prestar un servicio a domicilio para así compensar la falta de facturación, casi total en el caso de las bodegas, o su aminoración en el resto de los casos. En unos casos se trata de compensar la bajada de afluencia de clientes a los mercados, por cierre o por las medidas extraordinarias que dificultan la actividad comercial, en otros, tan sencillo, como hacer frente a una brutal bajada en la facturación dado que el principal cliente, la hostelería, ha sido obligado a cerrar sus puertas mientras que las fuertes inversiones en instalaciones y maquinaria en estas bodegas requiere de ingresos con los que hacer frente a los compromisos adquiridos con las entidades financieras.

Ahora bien, hablando de reinventarse, me llama poderosamente la atención, la capacidad de reinventarse demostrada por las comerciales cárnicas, hasta ahora centradas en hostelería, restauración y sidrerías, quienes en un arranque de hiperactividad han inundado nuestros teléfonos con envíos masivos de WhatsApp con unas tentadoras ofertas de maravillosos chuletones a precios, ciertamente, irrisorios. No me cabe la menor duda que tendrán éxito, pero en unos momentos como éstos, donde los baserritarras han demostrado su compromiso con la sociedad manteniendo cuando no reforzando la producción de alimentos y donde la gente ha dado numerosas muestras de agradecimiento para con ellos, me salen sarpullidos al comprobar que la gente opta por esos chuletones, foráneos en su totalidad, cuando las vacas y corderos autóctonos no encuentran salida en nuestro mercado. Ya lo decía el dicho “mucho ti-li-li-li y poco, ta-la-la-la”.

En segundo lugar, me quiero referir a los planteamientos que abogan por un cese total de la actividad economía, mejor dicho, al difícil equilibrio entre la actividad económica y la seguridad de los trabajadores. Por una parte, están los representantes de los trabajadores, los sindicatos al uso, quienes vienen defendiendo la paralización de la actividad económica mientras los responsables políticos y empresariales defienden el mantenimiento de la mayor actividad garantizando, eso sí, las condiciones de seguridad para los trabajadores. Seguramente, una vez más, ambas orillas tendrán parte de razón y lo óptimo, mejor dicho, lo únicamente posible, será buscar el equilibrio entra ambas posicione, teóricamente irreconciliables, pero le tengo que adelantar que, personalmente, aun siendo conocedor del borrador de Real decreto filtrado que promueve el cese de toda actividad económica, soy claramente favorable a mantener el máximo de actividad económica posible o cuando menos, mantener el umbral mínimo de actividad en el máximo de empresas y autónomos para evitar un cierre generalizado de empresas y negocios autónomos y consecuentemente, la perdida masiva de empleo. Bajar la persiana puede resultar bastante más fácil que levantarla dentro de unos meses. Desgraciadamente, más de uno pensará, que ello no va con ellos y que la tarea de levantarla es tarea que compete a los empresarios y autónomos. ¡Así nos va!

En nuestro caso, el mundo de la alimentación y por ende, el sector productor de alimentos, en todo caso y desde el punto de vista de todos ellos, quedaría a salvo de esta parálisis porque conviene no olvidar o mejor dicho, subrayar y destacar que la alimentación y la producción de alimentos son considerados como esenciales, pero maldita gracia que le hará a más de un productor, empleado de cooperativa, industria alimentaria, transportista, veterinario, técnico, y cómo no, a los empleados de las tiendas que atienden a cientos de clientes todos los días, saber que ellos tienen que trabajar por que alguien los ha considerado esenciales, que lo son, mientras sus clientes están en casa, a salvo, siempre y cuando el peligro para los que trabajen sea como el que auguran.

Ya lo saben, toca reinventarse.

 

Xabier Iraola Agirrezabala
Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario.

La tercera revolución en el mundo agrario

El pasado jueves por la tarde, gracias al Coronavirus y, sobre todo, a la manifiesta ineptitud de nuestros dirigentes a nivel nacional pero también internacional, a la hora de afrontar el tratamiento de esta cuestión en tiempo y formas, me veo encerrado en casa, como imagino lo están también (y lo estarán en las próximas semanas) la inmensa mayoría de ustedes.

Por esta razón, en el marco de mi reconocida torpeza con las nuevas tecnologías y por ello con un gran estrés, me vi en la tesitura, de dictar una videoconferencia sobre la temática reflejada en el título que ostenta la presente nota.
Entrando en materia: desde mi punto de vista la primera revolución en el mundo agrario fue la denominada “Revolución Verde”. La misma tuvo lugar entre los años 60 y 80/90 del siglo pasado.

Con ella se logró un notable incremento en la producción de alimentos por unidad de superficie agrícola útil (S.A.U.) y, paralelamente, por unidad de base animal útil. Y se logró a partir de la aplicación, tanto en la base vegetal como en la animal, de la selección poblacional unida, tanto a nivel vegetal como animal, a una optimización de los insumos (alimentación y nutrición, control de plagas y de microorganismos patógenos, etc. etc.).

La segunda revolución en nuestro mundo agrario ha sido claramente de naturaleza biotecnológica. La misma tuvo lugar a finales del siglo pasado y vino de la mano de un mayor conocimiento funcional de la molécula de ADN. Ello permitió su manipulación técnica dando lugar a la obtención de organismos genéticamente modificados (O.G.M.); es decir, se logró la obtención de seres vivientes, vegetales y animales, cuya base genética o material genético, se veía modificado por la intervención humana directa.

En este ámbito de los O.G.M., debemos considerar dos casos; el de los normalmente llamados “organismos transgénicos” a los que se les ha aportado secciones, más o menos grandes, de ADN que no pertenecen a ningún individuo de su especie y los “organismos editados genéticamente” dónde lo que se hace, exponiéndolo de una forma muy sencilla, es bloquear o activar genes propios.

El resultado que se persigue en ambos procesos es el de la obtención de individuos que muestren, en su entorno productivo, ventajas competitivas en razón de ser más eficientes y eficaces, siempre en función de los objetivos que se persigan.

Resulta evidente pues que tanto la “Revolución Verde” como la “Revolución Biotecnológica” no modifican sustancialmente la esencia de “lo agrario” dado que lo que buscan o pretenden, es mejorar los resultados productivos, a través de la mejora de sus eficiencia y eficacia en los procesos de gestión de las bases vegetal y animal, en función siempre de los entornos y de las circunstancias.

En este marco lo que procuran llevar a cabo los empresarios agrarios (agrícolas y ganaderos) es controlar regularmente los procesos productivos a través de indicadores que se deben generar y tener disponibles, a lo largo de los mencionados procesos productivos.

Para que ello sea realmente posible de ser llevado a término los mencionados empresarios deben disponer de herramientas que les permitan tomar decisiones rápidas y adecuadas, cuando se producen cambios en los procesos productivos previamente establecidos mejorando el proceso real que está aconteciendo.

Para ello es necesario tener mucha información (técnica, biológica y financiera) en tiempo real, que permita al agricultor y al ganadero, saber lo que le está realmente ocurriendo en tiempo real y que implica al proceso productivo de a su base vegetal o animal.

Esta razón que por la que surge la tercera revolución en nuestro mundo agrario. La misma, denominada “Revolución Agromática”, se fundamenta en proveer a los empresarios agrarios de las herramientas necesarias para facilitar la toma de decisiones sobre la incorporación de prácticas no planificadas con la finalidad, insistimos, de que el proceso productivo real resulte lo más eficiente posible.

Se trata en definitiva de registrar y monitorear la información (Apps, sensores cuyas señales están incluso conectadas a la nube, etc.), de almacenar la mencionada información (herramientas de Plataformas de Panificación de Recursos Empresariales (ERP en sus siglas en inglés) y de analizar la misma (herramientas de Big Data, que permiten analizar millones de combinaciones de variables lo que puede permitir encontrar las causas de las desviaciones en los procesos productivos respecto de lo inicialmente planificado).

A ello debemos sumar, cada vez más, la inteligencia artificial (clave en un futuro a corto plazo). La misma permite consolidar la información generada, monitoreada y almacenada con las herramientas antes descritas y, posteriormente, explicar los resultados. A partir de aquí, sugerir posibles cambios (técnicos, biológicos y/o financieros) en los procesos a seguir para lograr unos resultados finales muy aproximados a los planificados inicialmente.

En definitiva, las tres revoluciones en el mundo agrario, pero especialmente la tercera, cambiarán, están cambiando ya, de forma profunda e irreversible las bases tradicionales de las producciones vegetales y animales.

A todo ello hay que sumar, sí o sí, las producciones de procedencia industrial que ya empiezan a estar aquí.

Comprendo perfectamente que, para muchos de nosotros, todo lo expuesto en esta breve nota no va a ser siempre fácil de asumir, en el sentido más amplio del término, pero remendando aquella conocida frase coloquial: “tampoco aquí es posible poner puertas al campo”.

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

En dos palabras, im-prescindible

Días antes de las Navidades del 2007, acudí a la Clínica de la Asunción en Tolosa acompañando a nuestra madre aquejada por un insoportable dolor en su brazo. A las pocas horas del ingreso nos comunicaron que nuestra madre tenía dos tumores, uno de pecho y otro en el cerebro, y que presentaba, ya perdonarán los profesionales en la materia mi imprecisión, una metástasis y que la cosa apuntaba, muy pero que muy mal.

Como se imaginará el shock de los familiares fue terrible, inmenso y paralizante. Tras el primer golpe, todo, pero todo, pasó a un segundo o tercer plano y tanto es así, al menos en mi caso personal, mi único pensamiento y tarea era ocuparme de, perdonen la expresión, la madre que me parió.

Algo similar, creo, nos ha ocurrido con el coronavirus. La semana pasada andábamos haciendo bromas sobre los chinos, chanzas sobre las distancias para con aquellos que no nos caían especialmente bien o en mi caso, sobre el posible cierre de nuestra sociedad gastronómica. Por cierto, la sociedad ha sido clausurada, como es normal, pero nuestro sanedrín semanal, sabio por naturaleza, ha optado por que cada uno de nosotros cene un mismo menú, huevos fritos con patatas fritas, y luego compartirla vía foto.

Con el alma compungida y el cuerpo dolorido vivimos confinados, pendientes de la tele, del periódico y de las redes sociales que nos van desgranando los fatídicos datos sobre la salud de la población y las penosas consecuencias que tiene y tendrá sobre el conjunto de la economía, pero muy especialmente, una vez más, sobre los autónomos.

En el caso de los baserritarras, la casuística es muy dispar. Por una parte, existe una cuestión generalizada como es la de los movimientos de los propios baserritarras y/o de sus propios empleados y cómo acreditar ante la Ertzaintza el motivo de sus movimientos. Por otra parte, están los baserritarras cuyo vía de comercialización es la vía directa (mercados, ferias, grupos consumo, pequeña hostelería, etc.) que son observados por cierta gente como cuestiones menores, como puntos de venta secundarios e incluso, prescindibles, y en mi opinión, es el momento oportuno para poner en valor este tipo de alternativas, minoritarias eso sí, y consolidarlas como puntos de abastecimiento alimentario a tener en cuenta. Regúlese, obviamente, al igual que ocurre (debiera al menos) en los establecimientos alimentarios al uso, la afluencia de gente y concienciemos a la población que los mercados, antes que para pasar la mañana, tomar un vino y un par de pintxos, son lo que son, mercados de alimentos.

Están, por otra parte, los baserritarras que trabajan principalmente con la hostelería y que, de un día para otro, se han quedado sin clientela (mi solidaridad con los hosteleros, empezando por mis amigos Uxue y Joxemari) bien sean txakolineros, sidreros, pastores, etc. que tendrán que esperar mejores tiempos y desviar, en la medida de lo posible, su producción al consumo hogareño, ¡que nadie piense que estoy fomentando el alcoholismo, eh!, bien sean horticultores que surten a bares y pequeños restaurantes, además de algún comedor colectivo,  y que, dado el carácter perecedero de su producción, tendrán mayores problemas de reubicar en otros puntos de venta.

El sector ganadero, por su parte, salvo excepciones, sigue produciendo con una cierta normalidad dado que el consumo se mantiene, reorientando el consumo de fuera del hogar al intrahogareño, y los insumos (pienso, medicamentos, etc.) llegan con total normalidad, al menos hasta ahora. En el sector lácteo, las explotaciones orientadas a la hostelería, maquinas vending, etc. han hallado en la cooperativa KAIKU un refugio para momentos de zozobra a diferencia de lo que le ocurre a todo el ovino destinado a hostelería que tendrán que buscarse sus propias alternativas.

Como decía, el consumo de fuera del hogar ha desaparecido, aproximadamente un 14% en volumen pero un 34% en valor, y por lo tanto, las vías comerciales, los agentes, cooperativas, empresas, mayoristas y distribución orientadas básicamente al consumo en el hogar serán las que en unos pocos días deberán dar respuesta a la nueva situación.

Sé de primera fuente que las cadenas de distribución han pasado unos días trabajando a destajo para poder atender las consecuencias de las compras compulsivas fruto del miedo de los consumidores. Otro tanto, las empresas y cooperativas que les surten y mientras tanto, los productores, siguen, a su ritmo, al ritmo natural, al ritmo que les marca la tierra y el ganado para así poder atender la frenética demanda alimentaria.

Como decía al inicio, el shock familiar ocasionado por la enfermedad de nuestra madre, nos reubicó en la cruda realidad y nos mostró la importancia de lo verdaderamente importante. En similitud, el virus nos sitúa ante la cruda realidad y nos muestra lo que es imprescindible y lo que es prescindible y en este sentido, tal y como lo recogen los diferentes decretos aprobados, la salud y la alimentación son imprescindibles.

Llegados a este punto, me pregunto, ¿Aprenderemos? ¿Sacaremos conclusiones de la crisis? O, por el contrario, una vez volvamos a la “normalidad”, volveremos a las andadas comprando online y dando la espalda al comercio que da vida a las ciudades fantasmas de estos días, comprando compulsivamente lo prescindible mientras racaneamos en lo imprescindible, viajaremos a la Conchinchina mientras reducimos al mínimo las visitas a aquellos familiares y amigos que ahora decimos adorar, etc.

A lo dicho, concienciémonos sobre qué es prescindible y qué imprescindible y cómo no, saquemos conclusiones.

 

Xabier Iraola Agirrezabala
Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario.

 

 

Cuando las barbas de tu vecino veas…

Tengo por norma escribir siempre personalmente mis notas y mis artículos, que son originales, pero, en esta ocasión y excepcionalmente, me permito transcribir aquí la Orden del pasado día 2 de marzo del Departamento de medioambiente, planificación territorial y vivienda del País Vasco, que se publicó el día 13 de este mes en la que se incluye al lobo como “especie de interés especial”:

ORDEN de 2 de marzo de 2020, del Consejero de Medio Ambiente, Planificación Territorial y Vivienda, por la que se modifica el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre y Marina, y se incluye al lobo (Canis lupus) en la categoría de especie de «Interés Especial». 

El artículo 41 del Decreto Legislativo 1/2014, de 15 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Conservación de la Naturaleza del País Vasco (en adelante TRLCN), establece que las administraciones públicas vascas velarán por mantener o adaptar las poblaciones de fauna y flora silvestres – terrestre y marítima – a un nivel que corresponda a las exigencias ecológicas, científicas y culturales. 

El artículo 47 del TRLCN crea el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas de la Fauna y Flora, Silvestre y Marina, como un registro público con carácter administrativo del ámbito territorial de la Comunidad Autónoma del País Vasco. Asimismo, el artículo 48 establece y define las diferentes categorías en las que deberán clasificarse las especies, subespecies o poblaciones. 

En su desarrollo, se dictó el Decreto 167/1996, de 9 de julio, por el que se regula el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas de la Fauna y Flora, Silvestre y Marina (en adelante, Decreto 167/1996, de 9 de julio), instrumento en el que se determina el procedimiento de inclusión o exclusión de una especie, subespecie o población en el Catálogo y establece las normas para la elaboración y aprobación de los planes de gestión. 

A través de su disposición final primera, incluye en este Catálogo las especies, subespecies o poblaciones de vertebrados que se relacionan en su anexo, siendo competencia del consejero o consejera competente la inclusión o exclusión de especies, subespecies o poblaciones mediante Orden que se publicará en el Boletín Oficial del País Vasco, tal y como establece el artículo 50.2 de la TRLCN y reitera el artículo 5.1 del Decreto 167/1996, de 9 de julio. 

Y así se procedió mediante la Resolución de 26 de septiembre de 2018, del Director de Patrimonio Natural y Cambio Climático, y mediante la Resolución de 4 de febrero de 2019, del Director de Patrimonio Natural y Cambio Climático, por la que se somete a información pública la propuesta de incluir al lobo (Canis lupus) en el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas de la Fauna y Flora, Silvestre y Marina, en la categoría de especie de «Interés Especial». 

El informe técnico y la consecuente propuesta se han elaborado teniendo en cuenta los criterios orientadores para la inclusión de taxones y poblaciones en el Catálogo Español de Especies Amenazadas (Resolución de 6 de marzo de 2017, de la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental y Medio Natural), cuyo objetivo es «permitir y facilitar la protección adecuada de los taxones que requieran medidas de conservación activas, basándose especialmente en datos contrastables que eviten y minimicen, en la medida de lo posible, la subjetividad». Por ello, estos criterios evalúan la evolución de la población de la especie y de su distribución y en el caso del lobo, teniendo en cuenta, además, el efecto rescate, se propone incluir a esta especie en el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas en la categoría de «Interés Especial».

De conformidad con el procedimiento establecido en el mencionado Decreto 167/1996, y en virtud de las competencias que me han sido otorgadas por el artículo 50.2 de la TRLCN y el 5.1 del Decreto 167/1996, de 9 de julio, previo informe del Consejo Asesor de la Conservación de la Naturaleza del País Vasco – Naturzaintza,

DISPONGO: 

Artículo único. – Se modifica el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre y Marina y se incluye en el mismo a la especie Canis lupus (lobo) en la categoría de especie de «Interés Especial». 

DISPOSICIÓN FINAL 

La presente Orden surtirá efectos al día siguiente al de su publicación en el Boletín Oficial del País Vasco. 

En Vitoria-Gasteiz, a 2 de marzo de 2020. 

El Consejero de Medio Ambiente Planificación Territorial y Vivienda, 

IGNACIO MARÍA ARRIOLA LÓPEZ.

  1. º 51 BOLETÍN OFICIAL DEL PAÍS VASCO

Viernes 13 de marzo de 2020 

2020/1539 (2/2)

Estoy absolutamente seguro que los ganaderos, pero especialmente aquéllos con ganado extensivo de la Comunidad Autónoma Vasca, “ESTARÁN REALMENTE ENCANTADOS” con esta modificación “sin duda por ellos tan esperada”, del Catálogo Vasco de Especies amenazadas de Fauna y Flora Silvestre y Marina.

Aprovecho también la oportunidad de estas líneas para felicitar al Consejo Asesor de la Conservación de la Naturaleza del País Vasco por la demostración de su conocimiento de lo que es la ganadería en general y la ganadería extensiva en particular

Y, como estamos como estamos, no dudo en traer a colación, en honor de todos los ganaderos de extensivo de España, aquel viaje adagio que dice: “cuando veas las barbas de tu vecino afeitar, pon las tuyas a remojar”.

¡Señor, que País!

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

El virus de marras

Resuenan por toda la estepa castellana-aragonesa que rodea la capital que todo lo absorbe, las carcajadas de los paisanos al escuchar las ordenes administrativas de nuestras autoridades que recomiendan que dejemos un metro de distancia entre uno y otro en aquellos eventos de más de 1.000 personas. Ellos, los paisanos, que viven en nano – pueblos y acostumbrados a distancias kilométricas para poder encontrar otro poblador estepario con el que simplemente mantener una conversación, flipan en colores al escuchar las ordenes que, al parecer, no van con ellos y por la paranoia generada en las urbes ante la imposibilidad de arrejuntarse masivamente en eventos lúdicos sin los cuáles su vida pierde todo el sentido.

Mientras tanto, uno que es obediente, siguiendo a pies juntillas las instrucciones de la autoridad competente, ha optado por el teletrabajo para afrontar la dura tarea semanal de juntar letras con el objetivo último de, además de chinchar a mis seguidores más acérrimos, reflexionar y poner altavoz a la realidad del agro, sin querer pecar de presuntuoso, al menos a parte de ella. Al optar por el teletrabajo me evito el contagio del puñetero virus que, al parecer, surgió de un mercado de abastos chino donde la tropa se hacía con bichos, murciélagos y alimañas de toda calaña para satisfacer su apetito culinario y que ha provocado un estallido socioeconómico-político de dimensiones insospechables.

El coronavirus de marras, mejor dicho su expansión y su letal afección a grupos de población como las personas mayores ha provocado que las autoridades públicas, muchas veces por responsabilidad, otras veces curándose en salud, no vayan a ser acusados de inacción, hayan impulsado diferentes medidas entre las que destacan el aislamiento de determinadas zonas o oblaciones y otras medidas, menores pero no menos impactantes, como son el cierre de centros educativos, eventos deportivos y culturales de cierta dimensión, etc.

Las medidas adoptadas por nuestras administraciones han hecho saltar las alarmas de la población y así hemos podido ver escenas de acopio salvaje de alimentos, tiendas vacías y gente haciendo las compras de noche no vaya a ser que el vecino de arriba les vaya a dejar sin nada. El miedo de la población, además de libre, es una poderosa arma que los desalmados utilizan en su favor y para arrimar la ascua a su sardina. Por cierto, quisiera destacar en este sentido, que las imágenes del histerismo en el acopio de alimentos pertenecen a esas cadenas de distribución a las que nadie acude, todo Dios pone a parir pero que, paradójicamente, se llevan la mayor porción de la cuota de gasto alimentario. Mientras tanto, las tiendas tradicionales de barrio y los mercados de productores no están vacíos de alimentos, pero sí de clientes.

Hablando de ascuas y de sardinas, el hipotético desabastecimiento alimentario en algunas tiendas me vale para reflexionar en voz alta sobre el alcance de la archiconocida soberanía alimentaria que algunos, desde un extremo, utilizan para reivindicar la generalización del hasta ahora minoritario modelo agroecológico al conjunto del sector productor y que otros, desde el otro extremo, utilizan para ridiculizarla como el paso previo a la autarquía o al canibalismo entre convecinos, término que utilizó en su momento el popular Antonio Basagoiti. 

Pero más allá de estas actitudes extremas, creo que la alarma generada por el virus nos viene como anillo al dedo para que, aquellos que defendemos la producción alimentaria y que, reiteradamente, subrayamos el valor estratégico de la alimentación y del sector primario , saquemos la temática a la palestra, puesto que la alarmante situación generada, la restricción, al menos parcial y puntual, al comercio inter países y continente nos sitúan ante el escenario, fatídico escenario por otra parte, donde hasta el más despistado de los consumidores se percata de las consecuencias de abandonar la producción primaria y de confiar el sistema alimentario a las importaciones.

El cierre de fronteras y/o la imposibilidad de acceder a alimentos (además de otros numerosos productos no alimentarios, materias primas e industriales) de países terceros evidencia la fragilidad de nuestros sistemas alimentarios, nuestra cuasi total dependencia alimentaria de unos pocos países, así como, la gran dependencia de nuestro sector productor orientado masivamente a la exportación para con otros cuantos países que, a la primera de cambio, bien sea por un enfado de Putin, un embargo político al país de marras bien sea por cuestiones sanitarias como las que nos ocupan, te cierran las fronteras y te dan con la puerta en las narices.

No es cuestión de reivindicar la plena soberanía alimentaria a nivel de cada pueblo, comarca o nación, ni de prohibir todo comercio internacional y las exportaciones ni mucho menos de fomentar el canibalismo tribal entre semejantes pero, dicho lo dicho y visto lo visto, conviene que más de uno (familia, pueblo, comarca, comunidad, nación, continente…) reflexione sobre la cuestión y asumiendo las consecuencias de la adopción del carácter estratégico de la alimentación y por ende, del sector productor de alimentos, se impulsen las políticas pertinentes para poder materializar los objetivos fijados, al menos, teóricamente.

Dice el refrán popular que “no hay mal que por bien no venga”. Saquemos, entonces, conclusiones del dichoso virus de marras. Yo, por si acaso, me voy a cenar con mi sanedrín semanal, antes de que a alguien se le ocurra la feliz idea de cerrar la sociedad.

Xabier Iraola Agirrezabala
Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario.

La dieta flexitariana ¿la panacea?

Hace un par de años coincidí en una Jornada organizada por AECOC, donde ambos fuimos ponentes en la misma sesión, con don Jaime Martín, el Director General de la consultora Lantern. Fue la primera vez donde participé activamente en un debate sobre el flexitarianismo y donde empecé a interesarme realmente por esta cuestión.

Así, fue a finales del año cuando leí un artículo en dónde, más o menos, se aseguraba que la dieta flexitariana (referida a un patrón de alimentación básica aunque no totalmente vegetariano dado que, en él, la carne tiene una cabida no habitual, sino más bien ocasional) era la que podía asegurar en el año 2050 la viabilidad de la vida humana en una Tierra con 10.000 millones de habitantes.

A raíz de estos hechos me he dedicado a estudiar con interés este tema (entre otras cuestiones porque en razón de mi edad, de mi estado físico y de las recomendaciones de mis médicos, he pasado, muy a mi pesar, de ser un convencido carnívoro a ser un semiflexitariano).

En esta línea flexitariana, el pasado mes de diciembre, una investigación internacional publicó en la revista Nature las herramientas que deberían manejarse en el Mundo para poder mantener el sistema alimentario dentro de los límites necesarios para garantizar la supervivencia del planeta a medio plazo. Y una de las claves principales residía precisamente en la necesidad de reducir significativamente el consumo cotidiano de proteína animal en favor de la proteína vegetal.

En esta misma línea, a principios de este año 2020, la Comisión EAT-Lancet, que reúne a 37 destacados científicos procedentes de 16 países, publicó un plan global con algunas de las medidas concretas que haría falta llevar a término para que, en el año 2050, el planeta pudiera alimentar, con probabilidades ciertas de éxito, a los mencionados 10.000 millones de personas.

Esta Comisión señaló inequívocamente la necesidad de una modificación sustancial en nuestros hábitos de consumo basada en el aumento significativo de la ingesta de «alimentos saludables como frutas, verduras, legumbres, nueces y semillas», reduciendo paralelamente en más del 50 por 100 el consumo de alimentos menos saludables como, por ejemplo, la carne roja.

Según la Comisión, la modificación propuesta “no sólo permitiría prevenir anualmente unos 11 millones de muertes, lo que representa entre el 19 por 100 y el 24 por 100 del total de fallecimientos en adultos, sino también mantener la producción de alimentos dentro de unos límites que disminuyeran el riesgo de cambios irreversibles y potencialmente catastróficos en el sistema terrestre”.

En la misma línea se pronunció la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN), dependiente del Ministerio de Sanidad. Ella aconseja un consumo moderado de carne roja, que no supere las dos o tres ingestas a la semana, «ya que su consumo continuado y/o excesivo puede relacionarse con determinados problemas de salud».

En este complejo contexto, doña Beatriz Robles, especialista en Ciencia y Tecnología de los Alimentos y Nutrición, formuló unas observaciones al respecto que me parecen sumamente acertadas y con las que estoy muy de acuerdo. Afirmó doña Beatriz que si se sustituye la carne por productos ultraprocesados, “el impacto va a ser muy pequeño, al igual que sirve de poco eliminar la carne pero mantener un hábito tabáquico o ser sedentario”. Lo importante, sin duda alguna, es considerar integralmente el modo de vida y el cuidado de la dieta en su conjunto y, en ella, la carne tiene, sin duda, su lugar.

Como ha puesto de manifiesto don Luis Lassaletta, investigador del Centro de Estudios e Investigación para la Gestión de Riesgos Agrarios y Medioambientales de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), a los mencionados cambios de hábitos deben unirse el control del desperdicio de alimentos, la reutilización de residuos del sistema productivo o la aplicación de prácticas eficientes en los sistemas ganaderos y de cultivo, por poner algunos ejemplos; todos ellos son claves para garantizar la sostenibilidad de nuestro modo de vida.

En definitiva, la panacea no está sólo en la aplicación de una dieta más o menos flexitariana, sino en la aplicación urgente de un conjunto de medidas que puedan dar esperanzas ciertas de lograr, a medio plazo, la sostenibilidad global.

Como tantas veces me recordaba mi abuela María en mi niñez: “en los extremos está el pecado y en el centro, la virtud”. Evitemos pues, en lo que a nuestra dieta se efiere, los extremismos (a los que tan dada es nuestra sociedad urbanita) y conservemos, también aquí, la sensatez y la objetividad dando a la proteína animal el protagonismo que técnicamente le corresponde.

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

El paraíso público

Conozco gente que tras semanas de consumismo desenfrenado y despendole incontenible, cuando van al cajero a sacar dinero es cuando caen en la cuenta de que, a lo largo de los últimos tiempos, han actuado de forma irresponsable y sin tomar en consideración las consecuencias, tan directas como innegables, de su irrefrenable pasión consumista.
Algo similar, salvadas las distancias, le ha ocurrido a la sociedad vasca con el drama del vertedero de Zaldibar que a la vez que enterraba dos vidas (confío en pronto hallazgo) desenterraba, afloraba mejor dicho, una debilidad de nuestra sociedad y de nuestro sistema productivo, la gestión de los residuos industriales, cuestión a la que, como sociedad, poca o nula atención hemos venido prestando hasta que, fatídicamente, un deslizamiento nos ha puesto frente al espejo de nuestras miserias.
Paradójicamente, ninguno, incluso aquellos que utilizan la cuestión para desgastar políticamente al Gobierno de turno, han planteado en el pasado reciente preocupación, menos aún planteamientos alternativos, por la gestión de los residuos industriales, limitándose siempre a la gestión de los residuos domésticos.
Ahora, una vez más, según algunos, la solución pasa por una gestión pública de los residuos, tanto domésticos como industriales, estimando que una cuestión tan importante como ésta no puede estar en manos de empresas que, cómo no, son por naturaleza, agentes carroñeros cuyo único fin es especular y exprimir a todo y todos con el ánimo de lograr el máximo beneficio en el menor tiempo posible. Por ello, según ellos, la gestión de los residuos debiera ser, pública.
Similar planteamiento nos presentan para la sanidad, aunque en los convenios colectivos se pelee por complementar la sanidad pública con seguros privados, también para la educación, mientras muchos de sus hij@s acuden tranquilamente a centros concertados, también para el sistema de pensiones, mientras sus correosos sindicatos plantean EPSVs para complementar el sistema público de pensiones, también para la gestión de residencias de mayores o guarderías para los niños, aunque sus chiquillos o abuelos vayan a residencias o guarderías privadas, incluso para la gestión forestal, nos plantean una gestión pública que supere la codicia de los malvados forestalistas privados emperrados en esquilmar la madre tierra con sus plantaciones de pinos y eucaliptos, etc. y así, podría seguir, con otros muchos aspectos de la vida social y económica para los que, algunos, sólo ve la gestión pública como solución posible.
Considero, equivocadamente seguro, que estos planteamientos de gestión pública o publificación de todo, más que en un afán publificador, que también, evidencian una total desconfianza en el buen hacer de sus convecinos, de sus agentes, asociaciones, entidades y sociedad en general y la creencia de una incapacidad de congeniar el bien social con la actividad económica o de una leal colaboración público-privada.
Por todo ello, visto lo visto, teniendo en cuenta lo visto anteriormente, me parece que mucho, demasiado diría yo, está tardando alguno para plantear que una cuestión tan importante para nuestra vida, la alimentación, no sea planteada como una cuestión que hay que quitar de las garras de los agentes privados y trasladar dicha cuestión a la esfera pública que. Al parecer, todo lo sana. Así, les plantearía que defiendan públicamente que el Gobierno de turno, expropie todas las tierras y las pase al patrimonio público, que sea la administración pública quien planifique el uso y gestión de dichas tierras en función de las necesidades alimentarias de la población, previamente calculadas por otra entidad pública, que sea el Gobierno como mejor garante de las condiciones de trabajo de su población quien acoja en su seno a todos los hasta ahora agricultores-ganaderos y forestalistas, mediante la subrogación de plantillas para que así nuestros productores pasen a formar parte del paraíso funcionarial de las 35 horas, permisos sociales por doquier y 14 pagas fijas, que sea la administración quien publifique los puntos de venta y distribución para mejorar los precios de compra de un consumidor, mayoritariamente funcionarial, y puestos a plantear escenarios públicos, les planteo que sea el propio Gobierno quien planifique nuestro consumo alimentario, diseñe nuestra dieta y eso sí, imponga las penalizaciones pertinentes a todos aquellos que no cumplan con los mandatos públicos cuyo fin último son la mejora de su salud.
Quizás el planteamiento aquí propuesto sea excesivo incluso para los acérrimos defensores de lo público pero creo que es el escenario final hacia el que nos quieren dirigir algunos o al menos es lo que atisbo en algunos planteamientos de todos esas gentes y asociaciones que, día sí y día también, se dedican a difamar el buen trabajo de la gente y de la iniciativa privada, exceptuados los canallas que los hay, también en lo público y que emprende, trabaja y arriesga su patrimonio privado.
Alguno pensará que me he pasado de frenada en mis planteamientos, pero mucho me temo que, viendo los planteamientos que determinada gente expone a diario, el objetivo no sea otro que ese. El paraíso público.

 

Xabier Iraola Agirrezabala
Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario.

Y ahora… ¿Qué?

En mi opinión el Gobierno se ha visto finalmente desbordado por la dimensión, la contundencia y la duración de las movilizaciones de los agricultores y de los ganaderos a lo largo y ancho de España; manifestaciones que entiendo no se han acabado, ni mucho menos.

El Gobierno ha respondido, tarde pero ha respondido, algo es algo, a las mencionadas movilizaciones del Mundo Rural con la publicación de un Real Decreto-Ley de medidas urgentes para la agricultura y la alimentación en nuestro país. En efecto, la presión de los ganaderos y de los agricultores se ha plasmado en la publicación de un nuevo documento que fundamentalmente viene a reforzar (y muy poco a mejorar) la ya muy amplia reglamentación existente en esta materia.

Me parece evidente que el nuevo Decreto- Ley viene en realidad a corregir y, en su caso, a certificar lo acertado de la normativa ya existente; esto sí, se compromete a hacer cumplir todo lo que ya existía. Como tantas veces he manifestado, a lo largo de estos últimos años, la eficiencia y la eficacia de las nuevas medidas a adoptar se podrán en evidencia en función de los resultados que se consigan a corto – medio plazo. En España, tradicionalmente, se legisla mucho y se cumple relativamente poco o muy poco.

Por otra parte tengo claro que la batería de medidas propuestas (las más importantes de las mismas se exponen en la ÁGORA TRIBUNA de este mismo boletín), serán de muy difícil cumplimiento si no se ven adecuadamente complementadas por una definición mucho más precisa de las prácticas desleales, de los controles y de las multas disuasorias, que puedan ser una garantía real para que al final no se abuse del eslabón más débil (el productor evidentemente) y, paralelamente, se evite la posición de dominio de la distribución y, en su caso, de la industria transformadora. 

Paralelamente de muy poco servirán para nuestro sector todas estas nuevas disposiciones si los acuerdos de importación de productos procedentes de Países Terceros (que habitualmente suelen provocar una gravísima y muy negativa competencia desleal con nuestras producciones) no se revisan a fondo para exigir, en la medida de lo posible, las mismas “reglas del juego” en cuanto a estándares de calidad y seguridad alimentaria se refiere y, esto sí, que, como mínimo, se garantice el cumplimiento de los contingentes de importación establecidos en cada caso. 

Si me parece realmente muy positivo el cambio en la ley del IRPF para mejorar la tributación de los jóvenes agricultores, ya que este cambio permitirá imputar en cuatro años los importes de las ayudas de primera instalación en los programas de desarrollo rural de forma que no se concentren, como era hasta ahora, en el año en que se reciben. 

Por el contrario me parece inadecuada la reducción de 35 a 20 del número de jornadas cotizadas para acceder al subsidio por desempleo. Esta medida dará lugar a una mayor dificultad real para contratar a lo que debe unirse el negativo efecto de la subida en este aspecto del salario mínimo interprofesional (SMI). Y no hablemos ya de la conversión de los contratos temporales de los trabajadores eventuales agrarios en indefinidos o contratos fijos discontinuos, No se olvide que, por definición, en la agricultura aunque también circunstancialmente en la ganadera (por ejemplo, en la esquila) se trabaja por campañas y el empleo es de temporada (lo que me lleva a pensar que los legisladores no saben mucho acerca de la realidad laboral del campo). 

Por último, para no extenderme en demasía, es evidente que no se han afrontado cuestiones tan importantes como, por ejemplo, los cambios en el IVA a los agricultores y a los ganaderos; la obligatoriedad de marcar, en el etiquetado, el origen geográfico del producto; la reducción de las tarifas eléctricas; la inversión en la tan necesaria modernización o la mayor dotación de los seguros agrarios, que tan imprescindibles son.

Bien, ya tenemos, con sus soles y sus sombras, más legislación publicada. Estupendo y ahora… ¿qué?

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

Low cost

Don Luis, el ministro plano, ha decidido dar, forzado por las imparables movilizaciones de los agricultores y con el ánimo de cortar de raíz la agrorevuelta antes de que derive en algo parecido a los chalecos amarillos franceses, un pasito adelante con la publicación en el BOE de un Real Decreto con medidas urgentes en materia de agricultura y alimentación. El BOE, a decir de mi amigo Iñaki, es la implacable maquinaria que el Estado utiliza para evidenciar su poder cuasi absoluto pero si nos atenemos a lo publicado, la verdad sea dicha, no parece ser tanto el poder que atesora.

Don Luis nos dice en su boletín que el precio del contrato alimentario se hará en base a unos factores objetivos que “En todo caso, uno de los factores deberá ser el coste efectivo de producción del producto objeto del contrato, calculado teniendo en cuenta los costes de producción del operador efectivamente incurridos, asumidos o similares. En el caso de las explotaciones agrarias se tendrán en cuenta factores tales como las semillas y plantas de vivero, fertilizantes, pesticidas, combustibles y energía, maquinaria, reparaciones, costes de riego, alimentos para los animales, gastos veterinarios, trabajos contratados o mano de obra asalariada”. Quiero ser positivo y creer en las buenas intenciones de Don Luis, pero más allá del buenismo quisiera saber cómo se determina lo que él llama el “coste efectivo de producción” en un sector tan heterogéneo como el campo, tarea que, por otra parte, atisbo harto difícil.

Igualmente, cuando Don Luis dice que los contratos deben recoger la “Indicación expresa de que el precio pactado entre el productor primario agrario, ganadero, pesquero o forestal o una agrupación de éstos y su primer comprador cubre el coste efectivo de producción”. Me imagino la cara de incredulidad que se les debe quedar a los productores que se sientan a firmar un contrato con un agente comprador infinitamente más poderoso que ellos. Pensar que los eslabones que compran para transformar y comercializar los productos agroganaderos firmarán, sin rechistar, los contratos en base al precio señalado por el productor o cooperativa en cuestión como precio que cubre su “coste efectivo de producción” es, cuando menos, ser un ingenuo y tanto como decir que mi brillante calva va a ser repoblada por el crecepelos adquirido en el mercadillo del pueblo.

Parto de la base que todo lo que se haga por reequilibrar la cadena alimentaria, por aportar transparencia tanto a los propios eslabones que la conforman como a los consumidores finales y por empoderar a los productores, el eslabón claramente más débil, frente al resto de eslabones es tan necesario como urgente puesto que la rentabilidad, mejor dicho su falta, es la base sobre la que pivota el monumental cabreo que anida en el sector y que ahora, finalmente, ha acabado por estallar. Es, tal y como lo define el catedrático de Economía Agraria y exministro de Agricultura en tiempos de la UCD, Jaime Lamo de Espinosa, la llamada ‘presión inversa’, esa asfixiante presión que los productores llevan pegada al pecho provocada, por un lado, por los elevados costes de producción, y, por el otro, por la caída libre de los precios de sus productos ante la presión de la distribución.

Regular y normativizar los contratos alimentarios está muy bien pero es claramente insuficiente donde los oligopolios de abajo (los insumos) se juntan con los oligopolios de arriba (industria y distribución) y cuando los incompetentes de Competencia (CNMC), se muestran mudos con los poderosos mientras asfixian y torpedean a los débiles sin entrar a la raíz de esa desigual relación comercial que es imposible de afrontar, por muy grandes y unitarias que sean las cooperativas de productores.

Existen, no obstante, muchas otras cuestiones que trascienden a la propia cadena alimentaria pero quisiera comentar una de ellas, por no aburrirle aún más de lo habitual, que no es otra que la afirmación de Don Luis y de otras muchas personas, dirigentes agrarios incluidos, sobre la necesidad de reformar la cadena sin tocar, lo más mínimo, el precio final abonado por el consumidor.

Discrepo públicamente de esta creencia puesto que considero que uno de los males estructurales de nuestro sistema alimentario (aquí y en la sociedad occidental moderna) es que la sociedad en su conjunto haya asumido como positivo poder contar con una alimentación “low cost” sin caer en la cuenta que esa política de precios bajos, en todo y siempre, tiene unas consecuencias prejuiciosas indirectas así como letales tanto para los eslabones de la cadena como para los consumidores bien en su salud bien sus condiciones laborales.

El sistema alimentario actual dominado por grandes corporaciones alimentarias trasnacionales y las grandes cadenas de distribución que controlan gran porcentaje de la comercialización de alimentos nos han hecho creer que poder abastecernos de alimentos baratos, low cost, es positivo y necesario sin queremos seguir consumiendo, como si no hubiese un mañana, en viajes, ocio, vestimenta, móviles, etc. y por ello, es más necesario que nunca que desde las autoridades hablen claro a la ciudadanía y les hagan ver que hay que rascarse más el bolsillo si queremos comer de forma más sostenible.

Los consumidores, por nuestra parte, debiéramos ser coherentes con la importancia que decimos dar a nuestra propia alimentación y optar por alimentos más frescos, de mayor calidad y mejor sabor, de cercanía y en comercios respetuosos con los productores pero, lamentablemente, la realidad va por otros derroteros y tal como decía recientemente el que podía haber sido un magnífico Ministro de Agricultura, Tomás García-Azcárate, “Nos gastamos 600 euros en un móvil y nos pegamos por 20 céntimos en la leche”.

Dichosa incoherencia.

 

Xabier Iraola Agirrezabala
Editor en Kanpolibrean.
Blog sobre la granja y el mundo alimentario.

Una gran iniciativa: la “Gente del Huevo”

Inprovo acaba de lanzar lo que en mi opinión es una iniciativa muy positiva y que han titulado “Gente del Huevo”. Realmente va a permitir al “gran público” conocer, desde dentro, a nuestro sector avícola de puesta. El mismo está conformado actualmente por 1.416 granjas de gallinas ponedoras, 897 centros de clasificación y 25 empresas de ovoproductos, que generan unos 10.000 empleos directos y 60.000 indirectos, con una amplia presencia de mujeres en el mismo.

El parque español de gallinas ponedoras está constituido actualmente por unos 43,6 millones de gallinas ponedoras, que producen alrededor 1.100 millones de docenas anuales. El sector español es exportador neto de huevos, especialmente a países de la Unión Europea, y también de Asia y de África.

La iniciativa “Gente del Huevo” pretende, además de informar al público en general, ser un reconocimiento público a todos los profesionales que laboran en este sector conformando un tejido productivo que se extiende por toda la geografía española aportando empleo y riqueza a muchas zonas de la tan manida y real “España vaciada”. Dicho en otras palabras: la avicultura de puesta, tal y como lo expone Inprovo ; es un motor económico y social que contribuye a fijar la población y a desarrollar la economía en el medio rural español.

Antes de continuar y para aquellas personas que nos leen desde el otro lado del Atlántico y que no están relacionados con el sector avícola de puesta español, Inprovo es nuestra Organización Interprofesional del Huevo y de sus Productos. Agrupa actualmente a seis asociaciones de ámbito nacional representativas de las empresas de la cadena alimentaria del huevo (productores, industrias y comercializadores). La Organización, reconocida por el Ministerio de Agricultura, tiene como objetivos fundamentales: fomentar el conocimiento de los huevos y de sus derivados, facilitar una información adecuada a los intereses de los consumidores y mejorar la calidad de los productos y los procesos que intervienen en la cadena del huevo.

Pues bien, como referenciaba en los primeros párrafos de esta nota, Inprovo ha lanzado la mencionada iniciativa que pretende que profesionales activos en los distintos eslabones de la cadena alimentaria puedan mostrar de forma directa a los consumidores (reales y potenciales) qué se hace en cada eslabón de esta cadena y cómo se hace.
A ellos se unirán otros profesionales que desempeñan tareas que son en muchos casos desconocidas por lo consumidores aunque también laboran en la cadena alimentaria del huevo aportando sus conocimientos y su experiencia (me refiero a nutricionistas, investigadores, responsables de laboratorios de control de calidad y certificadores). Estos profesionales aportarán al proyecto entrevistas escritas.

En definitiva se trata de demostrar públicamente y de forma fehaciente que en España, en la cadena del huevo para consumo, trabajan a lo largo de todo el año muchos profesionales cualificados que no solo laboran para que las gallinas, cumplan con todas la normativa ad hoc de la Unión Europea, estando correctamente alojadas y manejadas sino que también lo hacen, día sí y día también, para que la producción de huevos para consumo y de los pertinentes ovoproductos sean absolutamente seguros y para que lleguen con la máxima calidad hasta el consumidor.

En mi opinión esta excelente iniciativa debería ser replicada en otros sectores ganaderos (y agrícolas, claro está) porque informar adecuadamente a la sociedad (que cada día está más alejada del mundo rural) es, al menos en España, con alguna notable excepción, una de las asignaturas que, sin duda, tiene pendientes nuestro sector agrario.

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio