Gato por liebre

Ya huele a Navidad. En nuestra casa, una vez más, el Puente de la Inmaculada es el que dedicamos a los preparativos prenavideños y, muy especialmente, a adornar la casa, tanto por dentro como por fuera, donde el pino exterior cobra especial relevancia.

Mi entorno, tanto de amistades como familiar, son conocedores de la titánica tarea que supone el arbolito de marras y todos ellos, sin excepción, esperan con ansia, ver cuál es la anécdota del año corriente, si fallan las luces, si se cae la estrellita, si el viento se lleva los adornos, si hay cortocircuito, o qué se yo, porque, tengo que reconocerlo, todos los años, nos ocurre algún imprevisto que nos lleva por la calle de la amargura y es el cachondeo de los allegados. Aún así, ver la cara de satisfacción de niños del barrio y vecinos mayores que apenas salen de casa, me reconforta y me carga las pilas para el próximo año.

El día de la Inmaculada, acudí a la parroquia de Santa María de Tolosa a la eucaristía donde disfruté de lo lindo con la misa de Mocoroa fantásticamente interpretada por la Capilla de Música de Santa María, a la salida, pleno mediodía, comprobé que en Tolosa no había gente apenas y a la noche, en el pueblo, en el poteo vespertino, lo mismo.

La gente se ha ido de puente, los aeropuertos están desbordados, las segundas viviendas en Jaca, las Landas, Rioja y/o Cantabria a reventar y mientras tanto, entre trago y trago, la conversación de moda, lo caro que están los alimentos, prohibitivos dice uno, metiéndose una gilda al gaznate.

Pues bien, ahora que entramos en las fechas del despiporre consumista, viendo la honda preocupación del consumidor por la carestía de los alimentos, estaría bien que los consumidores mirasen a su entorno más cercano y optasen por llevar a sus mesas, un producto tan típico como el cordero o el cabrito. Un alimento barato, de temporada, incluso vinculado emocionalmente a la Navidad y que está presente en muchas zonas.

Hago esta llamada por que, más allá de las medias verdades que cada uno de nosotros proclamamos en la barra del bar, los datos estadísticos dicen lo que dicen y así, tenemos que el consumo ha bajado en un solo año, del 2021 al 2022, en un 18,6% y así, tenemos que el consumo per cápita de los españolitos es de 0,91 kg/año. Sí, lo que leen, no llegamos a consumir ni un triste kg de cordero al año.

Por todo ello, los animo a que consuman cordero y/o cabrito, local a poder ser, porque debemos tener en cuenta que las importaciones de ovino aumentaron en un 30% en el año 2020 siendo Italia, Grecia e Italia el origen de la carne de ovino importada mientras en el caso de la carne de caprino, el origen se restringe a Grecia y Francia.

Por cierto, como nadie está libre de pecado, les tengo que reconocer que el cabrito que comimos el día de la Inmaculada era francés. Un error, lo admito, nadie es perfecto. Como redención de los pecados, ya he pedido a Inma del caserío Adarrazpi de Urnieta, el cordero de Navidades.

El origen de los alimentos, además del precio, es uno de los principales factores que los consumidores tienen más en cuenta en el momento de efectuar la compra, bien porque quieren consumir productos de su entorno más local, bien porque asocian un determinado origen a la calidad que desean, por lo que sea, la cuestión es que el origen de los alimentos es tan importante que una de las principales preocupaciones de las industrias agroalimentarias es ocultar el origen del producto y para ello, recurren a todo tipo de estratagemas con el fin, cuando menos, de confundir al consumidor.

En esta línea, recientemente, el Parlamento Europeo ha aprobado la Directiva Desayuno por un etiquetado claro en la miel, en los zumos de fruta y mermeladas. Según la misma, los consumidores europeos han mostrado un especial interés por el origen geográfico de la miel y a consecuencia de ello, los eurodiputados han acordado que, salvo para el caso de apicultores con menos de 150 colmenas, el país en el que se ha recolectado la miel deberá aparecer en la etiqueta en el mismo campo visual que la indicación del producto. Si la miel procede de más de un país, los países se indicarán en la etiqueta en orden descendente según la proporción, y si más del 75% de la miel procede de fuera de la UE, esta información también se indicará claramente en la etiqueta frontal. Para limitar aún más el fraude en la miel, incluido el uso de jarabes de azúcar en la miel que es muy difícil de detectar, los eurodiputados también quieren establecer un sistema de trazabilidad a lo largo de la cadena de suministro para poder rastrear el origen de la miel.

No es que se hayan vuelto excesivamente exquisitos los eurodiputados, si no que se han dado cuenta que las masivas importaciones de mieles, mezclas de orígenes donde la foránea es el 99% y la local apenas el 1% y/o todo tipo de mezclas raras que provienen de otros continentes, principalmente de China, y que están hundiendo el sector apícola europeo con su política de precios bajos que, consecuentemente, dejan fuera de juego a nuestros apicultores y con ello, un notable perjuicio para la trascendental labor que desempeñan las abejas.

A lo dicho, en Navidad también, no se dejen engañar y que le den, gato por liebre. Consuma producto local. Eso sí, cerciórese de ello mirando, y remirando, la etiqueta.

 

 

 

 

Xabier Iraola Agirrezabala
Editor en Kanpolibrea

 

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