Una interacción compleja no solucionada: la de la fauna silvestre con la ganadería

Aunque hoy me refiera básicamente a la interacción mencionada en el título de mi nota, no podemos minusvalorar la interacción paralela de la fauna silvestre con la agricultura.

Cuando abordo esta cuestión en cualquiera de mis intervenciones públicas, habitualmente suelen generarse muchas tensiones y apasionados debates, entre las personas que asisten a las mismas.

Dos son las principales razones de ello:  por una parte, la distancia física y, sobre todo, emocional existentes en la actualidad por parte de una muy gran mayoría de nuestra sociedad (y aquí incluyo a un elevado porcentaje de mis estudiantes) con el medio rural. Por otra, consecuencia directa de la mencionada distancia, el notable desconocimiento de la complejidad técnica de la ganadería, especialmente de la ganadería extensiva, que es donde la mencionada interacción es más evidente, más dañina y está más estudiada y documentada.

Es indiscutible que los cambios que se han venido generando en los últimos años, en lo que atañe a la protección legal y a las propias dinámicas de ciertas poblaciones de especies animales silvestres (por ejemplo, el jabalí, el lobo o el conejo silvestre), están provocando una agudización de las mencionadas interacciones no positivas de las mismas con la ganadería (y también con la agricultura, claro está).

En este contexto, hay que tener muy en cuenta la normativa de protección de los animales silvestres, en particular, el artículo 54 de la Ley 42/2007, de fecha 13 de diciembre, del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, les confiere un régimen de protección general. Por esta razón, en principio, está prohibido darles muerte, capturarlos, perseguirlos o molestarlos.

No obstante,  el artículo 58 de la citada Ley 42/2007 establece las condiciones en virtud de las cuales puede exceptuarse el régimen de protección contemplado en el mencionado artículo 54. No obstante, las mencionadas autorizaciones excepcionales sólo pueden concederse en el caso de que se demuestre fehacientemente que no existen otras soluciones satisfactorias que una alteración del régimen de protección de las especies; pero ello debe suponer siempre no perjudicar el mantenimiento en un estado de conservación favorable de las poblaciones silvestres implicadas.

Al hacerse con el paso del tiempo estas interacciones cada vez más evidentes y, paralelamente, más perjudiciales, en el mes de marzo del año  2011 el entonces Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAPAMA), las Comunidades Autónomas y las principales organizaciones sectoriales firmaron el denominado “Acuerdo para la cobertura de los daños por fauna silvestre en el marco del seguro agrario”.  En el mencionado acuerdo, se solicitaba al MAPAMA realizar estudios con el fin de elaborar un catálogo de medidas preventivas y promover su utilización.

Finalmente, fue la Dirección General de Calidad y Evaluación Ambiental y Medio Natural del entonces Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente la encargada de elaborar un “catálogo de medidas preventivas”, que desembocó en unas buenas prácticas con el fin de evitar o, en su defecto, de minimizar las interacciones entre la fauna silvestre protegida y las explotaciones ganaderas (y las agrícolas).

Es muy importante señalar que las mencionadas medidas preventivas constituyen las que habitualmente son tenidas en cuenta a la hora de establecer líneas prioritarias de ayudas a las mejoras de las explotaciones y también de fijar bonificaciones o condicionantes técnicos, en el marco de los seguros agrarios. Paralelamente también suelen ser  tenidas en cuenta a la hora de evaluar la aplicación de soluciones alternativas adecuadas para prevenir perjuicios importantes al ganado (o a los cultivos agrícolas), siempre en el contexto de la aplicación del artículo 58 de la Ley del Patrimonio Natural y la Biodiversidad.

Pero la realidad es que, al día de hoy, el problema de la mencionadas interacciones no está solucionado, ni muchísimo menos. Basta con ir a las redes sociales para constatar los desaguisados que promueven en nuestras ganadería y agricultura, día sí y día también, en distintos puntos de nuestra geografía,  los jabalíes, los lobos, los topillos y/o los conejos silvestres (basta con visualizar un vídeo emitido por Asaja Cuenca para poder visualizar el destrozo que estos mamíferos logoformos (Oryctolagus cuniculus) está originando actualmente  en las viñas y en los olivares).

Y es que como dice aquel viejo adagio: “el infierno está empedrado de buenas intenciones”, pero, con éstas, no basta aquí tampoco.

En mi opinión, por mucho que nos duela a todos, para empezar a solucionar la compleja interacción objeto de estas líneas, no queda más solución que, para la especie de la fauna silvestre implicada en cada caso, acotar adecuadamente su dimensión censal y sus áreas geográficas de presencia. Esto sí, esta doble acotación (compleja y onerosa) debe hacerse de una forma técnicamente adecuada para que sea, desde todas las perspectivas, integralmente asumible.

No queda otra; o empezamos de verdad transitando por esta vía o seguiremos, en los próximos años, escuchando reiteradamente diversos “cantos al sol”, más o menos desafinados, pero también poco eficientes y menos eficaces.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

El Brexit y la pesca

Siempre he defendido la idea de que la pesca era, junto con los temas de Irlanda (que sigue en la Unión Europea), la gobernanza y la competencia justa, una de las “patatas más calientes” que generaba escollos en la negociación del llamado popularmente BREXIT; y, efectivamente, ha sido uno de los puntos más complicados a la hora de cerrar el Acuerdo de Comercio y Cooperación entre la Unión Europea resultante (U.E. – 27) y el Reino Unido (no  se olvide aquí que, desde siempre, Gran Bretaña ha querido ser la dueña y señora de sus aguas territoriales; precisamente ésta fue una de las razones por las que la salida británica salió victoriosa en el referéndum del año 2016).

Como se lo explicaba ayer a mis alumnos, las dos partes implicadas, como entiendo no podía ser de otra manera, han ejercido su derecho de “Estado Costero” con el objetivo fundamental, bajo su tutela, de conservar, explotar y administrar los recursos marinos de sus aguas.

El acuerdo se ha saldado finalmente con lo que, en mi opinión no deja de ser un “parche” en forma de un periodo transitorio relativamente corto, que va desde el 1 de enero del presente 2021 hasta el 30 de junio del 2026. 

Durante el mismo, tanto la Unión Europea como el Reino Unido, otorgarán a los pesqueros de la otra parte, en primer lugar, un acceso total para pescar en las aguas comprendidas entre las 12 y las 200 millas náuticas y, en segundo lugar, un acceso parcial en las aguas comprendidas entre las 6 y las 12 millas marinas y, en tercer lugar, quedarán oportunamente establecidas las condiciones para las aguas denominadas “dependientes o de las dependencias de la Corona del Reino Unido”.

Para que la pesca pueda realizarse sin problemas por ambas partes, desde este primer mes post – acuerdo, la U.E. y el Reino Unido están en contacto ininterrumpido para poder garantizar con rapidez las licencias iniciales, provisionales, a los pesqueros de las dos partes que las soliciten. 

Como es lógico, los pesqueros solicitantes recibirán las correspondientes licencias de acuerdo con las leyes que rigen en las dos partes implicadas. En el caso del Reino Unido, esto significa inicialmente una licencia temporal a la espera de la definitiva, que será válida para todo el año 2021 y que estará sujeta a los requisitos administrativos de licencia que en él rigen. Obviamente, hasta que no se tenga la licencia los pesqueros de una parte no podrán pescar en las aguas de la otra y, por supuesto, los pesqueros autorizados a faenar en las aguas de la otra parte deberán respetar sus normas (bien es verdad que el Reino Unido en su Ley de Pesca, que ha aprobado recientemente, ha incorporado muchos de los fundamentos de la Política Pesquera Común lo que hace todo relativamente más sencillo).

Para nuestros pesqueros es importante tener en cuenta que, de momento, la concesión de licencias (inicialmente, como ya he indicado, temporales) se va a limitar a la zona exclusiva perteneciente al Reino Unido (la denominada Zona Económica Exclusiva del Reino Unido) que comprende de las 12 a las 200 millas marinas.  

Para la zona de las 6 a las 12 millas el Reino Unido y la Unión Europea están estudiando las condiciones para emitir estas licencias, pero se han comprometido a establecerlas rápidamente y comunicarlo inmediatamente a los Estados Miembros de la Unión. 

De momento tampoco se van a emitir licencias para pescar en las aguas dependientes o de las dependencias de la Corona. La Unión Europea (los servicios correspondientes de la Comisión) ya ha presentado las listas con las referencias de los pesqueros que han formulado su solicitud de acceso a las mismas. Una vez examinadas estas listas se procederá a gestionar con rapidez las licencias que procedan.

Todo apunta hoy a que, durante el mencionado periodo transitorio (no se olvide, hasta junio 2026), no tiene por qué originarse grandes problemas. La cuestión está en el cómo la Unión Europea será capaz de negociar los futuros acuerdos de pesca con el Reino Unido; cuestión muy importante para nuestra flota pesquera pero, en mi opinión, no será un tema nada fácil. 

Espero, en el 2026, estar todavía por aquí, para poderlo comentar con ustedes.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

Comunicación y proteína animal; un tema complejo

Ya sé que este tema lo he abordado, con mayor o menor intensidad, en  otras ocasiones en alguna de mis actividades profesionales, tanto en este Boletín de ÁGORA TOP GAN como en mis clases y conferencias.

No obstante, vuelvo a él en razón de que lo desarrollé, una vez más, la semana pasada en una de mis charlas dirigida, en esta ocasión, a personas con responsabilidades empresariales y quedé bastante decepcionado al constatar la poca importancia, que en general se da, probablemente por una sobre – exposición informativa, a las características cualitativas de la comunicación profesional en el “mundo de la proteína animal”.

Desde mi perspectiva, la mencionada comunicación, tanto la oral como la escrita, está muchas veces contaminada por alguna o algunas, de estas cuatro fuentes: la carencia de una verdadera exposición informativa, la utilización de “falsas noticias” (fake news), la recurrencia a posverdades y la ignorancia del comunicador. La verdad  es que no sé cuál de las cuatro es más dañina.

La exposición informativa tiene como finalidad informar acerca de un tema, en este caso relacionado con la proteína animal, de una forma objetiva, profunda y rigurosa, con un desarrollo argumental ad hoc, que exponga y aclare conceptos. Lamentablemente, en nuestra sociedad dónde la información súper – abunda la misma, masificada, busca, en no pocas oportunidades, su rentabilidad económica, en base al amarillismo y no, su finalidad informativa objetiva.

Las noticias falsas o bulos (conocidas también con el extranjerismo, en este caso el anglicismo, “fake news”) se caracterizan por tener un contenido pseudo – periodístico. Suele contar con una amplia difusión a través de las redes sociales y también a través de los medios.  Su objetivo es desinformar (ejemplo: el consumo de carne roja genera cáncer). Según el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), del orden del 30 por 100 de las noticas que circulan por Internet y se refieren al sector de la alimentación son bulos (probablemente, cuando estas noticias están relacionadas con los alimentos basados en la proteína animal el porcentaje de bulos sea notablemente más elevado).

Las posverdades son mentiras emotivas; son un neologismo (entendido como una nueva expresión idiomática que se crea). Su finalidad es distorsionar deliberadamente la realidad, minusvalorando o ignorando los hechos o los datos objetivos, apelando a las emociones y/o a las creencias personales (las nuevas dietas veganas son adecuadas nutricionalmente y son altamente beneficiosas en la prevención de enfermedades,).

Las posverdades, al igual que los bulos, especialmente cuando son utilizadas por los poderes públicos y/o los poderes fácticos, tienen la finalidad primera de modelar la opinión pública e influir en las actitudes de la propia sociedad.

La ignorancia, entendida como una falta de conocimientos en razón de una carencia de instrucción o formación, “adorna” actualmente a muchos “comunicadores” (que se han multiplicado en los últimos años, como las setas en un otoño lluvioso y templado). Ello aumenta exponencialmente una pseudo – información caracterizada por la carencia de exposición informativa y la elevada presencia de bulos y de posverdades.

Todo ello lleva, lamentablemente, a que una sociedad cada vez más gregaria e insensata, acepte con toda naturalidad esta pseudo – comunicación caracterizada, insisto, por una falta de nivel intelectual, de rigurosidad y de objetividad. Ello desemboca como muy bien lo ha manifestado la periodista Carme Chaparro al afirmar que: “Las fake news han llevado a la sociedad a naturalizar las mentiras”.

Y ello es muy cierto cuando se trata de ciertos temas relacionados con la proteína de origen animal y/o con los alimentos basados en la misma. Incluso, en ocasiones, se entra en la “ignorancia deliberada” (negando con ella el más elemental conocimiento que permita deducir  la intención o el propósito) lo que aún hace más sensible los efectos indeseados de la mencionada pseudo – comunicación.

Pienso que, en un futuro a corto plazo, la “situación comunicativa” en el ámbito referenciado no va a mejorar significativamente. Y no lo va a hacer, entre otras cuestiones, porque en ciertos estamentos, con intereses políticos o económicos, directos o indirectos, no interesa que mejore.

Por esta razón, todos los profesionales que pretenden, pretendemos, realizar realmente la mencionada exposición informativa lo tenemos cada día más complicado.

Triste, pero cierto.

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

El sector lácteo en Suiza

Debo confesar que, en razón de haber cursado en la Escuela Suiza de Barcelona las fases educativas de Infantil y primaria, amén del bachillerato elemental (así, creo, se llamaba a mitad del siglo pasado el periodo de estudios que iba del ingreso al cuarto y reválida),  me generó un importante vínculo afectivo y de gratitud, con Suiza. Ello ha comportado que me interese lo que acontece en aquel país; especialmente, lo que concierne al sector agrario.

Por esta razón, no les extrañe que hoy escriba sobre el sector lácteo suizo que, en mi opinión, pone en evidencia que hay una manera distinta a la nuestra de hacer las cosas.

El Gobierno Federal de Suiza, que no olvidemos es Tercer País, tiene establecido un potente sistema de protección arancelaria a la importación de cereales; ello tiene como primera consecuencia directa que los agricultores suizos perciben unos precios altos por su maíz, su cebada y su trigo. Pero ello, lógica y paralelamente, encarece los costes de producción de la ganadería en general y de la producción de leche en particular.

La mencionada protección arancelaria impuesta por el Gobierno federal suizo garantiza un precio alto para los cereales producidos por los agricultores suizos (me refiero al maíz, la cebada y el trigo, fundamentalmente) pero, como acabo de mencionar, este alto precio también en un factor de incremento, vía alimentación, de los costes de producción de los ganaderos de leche, que están, al ser Suiza Tercer País, fuera de la PAC. Pero, si es cierto, que estos ganaderos perciben importantes ayudas de su Gobierno por conceptos agroambientales.

Importante destacar que en Suiza  existe una estricta ordenación del territorio; las áreas cultivables están perfectamente definidas y delimitadas, tanto las destinadas a la producción para consumo humano como las que se cultivan para el consumo animal. Por esta razón,  las personas y el ganado no compiten en la producción de los alimentos. Por otra parte, la superficie forestal, que viene a representar el 32 por 100 del territorio, se concentra exclusivamente en las zonas altas que no son aptas para el cultivo.

Paralelamente, todos los ganaderos están obligados, por ley, a efectuar analíticas periódicas del suelo, tanto de nitrógeno como de fósforo y a utilizar tréboles en las praderas que son capaces de fijar el nitrógeno del aire, lo que les permite emplear menos fertilizantes, tanto químicos como orgánicos.

En otro orden de cosas señalar que la legislación suiza referida al bienestar animal se encuentra, sin duda alguna, entre las más estrictas del mundo, lo que influye también y sin duda, en el nivel de los costes de producción.

El censo de vacas lecheras en Suiza es de medio millón de cabezas, que se ubican en unas 19.000 explotaciones, produciendo anualmente alrededor de 3,5 millones de toneladas de leche tipo y lo hacen en un sistema de explotación que se puede calificar casi de semi – intensivo (la producción media es de unos 7.000 kg/vaca presente).

Alrededor del 11 por 100 de la leche producida es consumida como leche líquida por la población, la mayor parte como leche pasteurizada. El 89 por 100 de la leche restante se transforma. La producción de quesos supone el 43 por 100 de la producción total de leche del país, otro 15 por 100 se destina a mantequilla, un 10 por 100 a leche en polvo, el 8 por 100 a nata, el 6 por 100 a yogurt y un 7 – 8 por 100 a otros productos.

La mencionada base animal viene a consumir anualmente alrededor de 8,5 millones de toneladas de forraje  (entre 75 y 80 kilos de hierba verde en primavera y en verano; entre 20 y 25 kilos de heno de buena calidad en invierno).

Por otra parte, el uso de concentrados en este sector pecuario es muy inferior al de otras regiones de la propia Europa. El consumo medio viene a ser de unos dos kilos diarios por vaca (hablamos de trigo y soja fundamentalmente), siendo aproximadamente un 47 – 48 por 100 de las materias primas que conforman los concentrados producidas en el propio país.

El mercado de la leche en Suiza se divide en tres segmentos (A, B y C). Esta segmentación se inició en el año 2011, y genera diversos precios. Se instauró después de la supresión, en el año 2009, del régimen de contingentes de producción.

El segmento A agrupa a los productos lácteos protegidos por derechos arancelarios para evitar la entrada y la competencia de productos del exterior, como la leche de consumo o la mantequilla; representa, aproximadamente, el 80 por 100 de la producción suiza. El segmento B, un 13 por 100 de la producción aproximadamente, es destinado a la exportación a la Unión Europea, en base a los acuerdos bilaterales con Bruselas, y el segmento C, un 7 por 100 de la producción total y con un precio más bajo, está conformado por los productos que se venden en el mercado mundial. Actualmente, 20 de cada 100 litros de leche producidos en Suiza son exportados, dos tercios a la Unión Europea y un tercio al resto del mundo.

Finalmente señalar que el coste de producción medio de un litro de leche en Suiza (en base a la contabilidad analítica) oscila entre los 53 y los 56 cts. /litro y el precio medio actual que percibe el ganadero es de unos 59 céntimos por litro. Bien es verdad que, en la última gran crisis de precios de la leche de la Unión Europea, los ganaderos suizos llegaron a percibir “únicamente” 50 cts. /litro por la leche de sus vacas; pero, en general, el tercer margen bruto real de estas explotaciones de vacuno de leche se sitúa alrededor del 10 – 12 por 100 anual.

Por su parte, en Suiza, el PVP medio de un litro de leche líquida oscila, según el tipo de establecimiento, entre los 1,45 y los 1,50 euros. Los suizos consumen de media unos 62 litros de leche líquida per cápita al año y unos 22 Kg. de queso (el PVP del mismo oscila entre los 20 – 21 euros/kg en el caso del queso fresco y entre los 25 – 40 euros/kg. en la mayoría de los casos de los distintos quesos semicurados y curados).

Igual que en España ¿verdad?

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

El tsunami de las materias primas para piensos

Por una parte, el tema de la presente nota está referido básicamente a dos de las principales materias primas presentes en la gran mayoría de los piensos compuestos destinados a los animales de renta; léase el maíz y la soja (que son habitualmente las materias primas que marcan la tendencia y arrastran a las demás).

Por otra parte y en este caso concreto, entiendo por tsunami, desde una perspectiva metafórica, a un evento complejo o a una realidad extraordinaria, que involucra a los principales parámetros del mercado mundial de las dos materias primas consideradas (stocks, previsiones de cosecha, superficies sembradas, precios, etc. etc.).

Como lo explicaba ayer, en una de mis clases, la estabilidad de los mercados de las materias primas agrícolas destinadas a la alimentación animal, que había sido la tónica en los últimos meses, concluyó a principios de septiembre y lo que en principio parecía ser sólo una marejada más o menos fuerte, se ha convertido en el referido tsunami.

Varias y profundas son las razones originarias del mismo. En primer lugar, la actuación  especulativa de los fondos de inversión, verdaderos buitres, que, al “oler sangre”, han actuado activamente; “sangre” generada por una revisión a la baja de los stocks globales; es decir, de las existencias o inventarios mundiales (se trata de reducciones de varios millones de toneladas), una  reducción de superficies sembradas y una estimación a la baja de la producción final en zonas claves, en el marco exportador, como son, por ejemplo, los casos de Brasil y Argentina (por razones climáticas) Ucrania, Estados Unidos o Rumania.

Me refiero a su irrupción especulativa masiva de los mencionados fondos de inversión en las distintas bolsas alimentarias, realizando  compras muy, muy importantes y a largo plazo, de las materias primas estratégicas, maíz y soja, fundamentalmente, pero también de trigo (se estima que actualmente, entre granos y oleaginosas, acumulan más de 110 millones de toneladas). Con ello han contribuido lógicamente, a que, a lo largo de las últimas semanas, los precios se hayan situado a unos niveles que no se veían desde hacía varios años.

Paralelamente, hay que tener muy en cuenta aquí también la evolución muy al alza de la demanda china. Desde hace varios meses vengo advirtiendo de las consecuencias, directas e indirectas, de la importante recuperación de la producción ganadera porcina china después de la debacle censal provocada en ella por la Peste Porcina Africana (PPA).

Como tantas veces lo he expuesto (véanse, por ejemplo, mis intervenciones en el  VI CONGRESO INTERNACIONAL DE PRODUCCIÓN ANIMAL TROPICAL, que tuvo lugar en La Habana), no se trata sólo de una recuperación de una parte importante de la en su momento diezmada cabaña porcina (recuperación basada en la economía de escalas y en la aplicación de la tecnología punta) sino también en un desarrollo paralelo e importante de su producción de carne avícola (y en ambas, cómo es bien sabido, el maíz y la soja, juegan un papel fundamental).

Y en este marco se encuentra España, con una industria de los piensos compuestos muy madura y con una capacidad de oferta muy superior a la demanda y, paralelamente, también altamente deficitaria en las dos materias primas claves mencionadas; así, en el año 2019 importamos algo más de 10 millones de toneladas de maíz y unos 3,3 millones de toneladas de soja. A esta realidad hay que unir el comportamiento de nuestros agricultores, que siguiendo las indicaciones de la mayoría de los agentes sociales, están reteniendo mercancía en sus almacenes perjudicando, a pesar de la excelente cosecha nacional, el flujo normal de la oferta.

Por lo tanto, cabe esperar, por pura lógica, una subida generalizada de los precios de los piensos en las próximas semanas (subida que vendrá para quedarse un tiempo), con todo lo que ello supone para la producción animal y para la propia cadena alimentaria, con sus correspondientes repercusiones en los P.V.P. de ciertos alimentos.

Y todo ello sucede desgraciadamente cuando estamos frente a unas previsibles aumentos de los impuestos y a unas muy posibles e importantes olas de despidos consecuencia, en primer lugar, del vencimiento de la prohibición de hacer despidos introducida por el Gobierno en los ERTE. A ello hay que añadir lo que acontecerá en enero/febrero cuando se empiecen a resolver los concursos de acreedores presentados hace meses y que, por cuestiones de plazos, se cerrarán entonces y también hay que tener presente lo que puede suceder en mayo o junio, cuando venzan los créditos concedidos por el ICO (y es que, como dice aquel viejo adagio, que tan bien refleja la actual situación en nuestro país: “al pero flaco, todo son pulgas”).

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

La primera carnicería vegana

Fabló el ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha: “no son molinos, amigo Sancho, que son gigantes…”

Como tantas veces lo he puesto manifiesto, en estos últimos años,  en la Unión Europea (U.E. – 27) hay una cuestión que se ha vuelto recurrente en estos últimos años; me refiero a la falta de lógica y de coherencia, en alguna de las realidades que en ella tienen lugar y que afectan directamente al mundo de la proteína animal.

Parece como si estas cuestiones, especialmente en el Norte de la U.E.( con  el beneplácito de Bruselas), se están multiplicando con la misma facilidad que los peces de mis acuarios (lo que, por cierto, me genera un realmente notable problema de sobrepoblación, porque las tiendas dedicadas a la venta de mascotas y sus productos, ya no me los aceptan en aras a un doble tema de bioseguridad y de bienestar animal y todos mis amigos y conocidos “aptos para ser embaucados” ya les tengo saturados de peceras y de peces).

Pero entro en una cuestión, desde mi punto de vista, incoherente y carente de toda lógica, pero importante cara al futuro para la producción animal, que deseo comentar en la presente nota.

Creo que, por una parte, estaremos todos de acuerdo que por CARNICERÍA se entiende (o se ha entendido hasta ahora, desde tiempos inmemoriales) aquella tienda, establecimiento o puesto, en el que se vende carne, por ejemplo, porcina, bovina, ovina, caprina, cunícola o caballar, si bien en ella no se suelen vender despojos.

Por otra parte, creo que también todos coincidiremos en que el veganismo es la actitud perfectamente respetable de ciertas personas que se caracteriza por rechazar cualquier alimento o artículo de consumo que tenga un origen animal. Por lo tanto, una PERSONA VEGANA es aquella que no come ningún producto de origen animal; consecuentemente  evita la carne, el pescado, los huevos, las leches y los productos lácteos, la manteca, la gelatina y también la miel; paralelamente, no hace uso de ningún producto derivado de los animales como pueden ser, por ejemplo, la lana, la seda o el cuero.

Siendo esto así (y lo es) no me queda duda alguna los conceptos de carnicería y de vegano son antagónicos (el término antagónico proviene del griego y significa que uno se opone al otro; dicho de otra manera, que son contrarios u opuestos).

Llegados a este punto, nos encontramos con que en Londres ha abierto la primera CARNICERÍA VEGANA, para que luego dudemos del pragmatismo de los ingleses (entendiendo aquí por pragmatismo la subordinación de los ideales a la eficacia y, sobre todo, a la utilidad).

La misma se encuentra ubicada en el barrio de Islington de Londres y se rotula como Rudy’s Vegan Butcher constituyendo la primera tienda exclusivamente de productos veganos artesanales; se anuncia como una fuente de oferta alternativa a los productos cárnicos tradicionales en base a poner a disposición del público productos respetuosas con los animales.

Y aquí viene lo más destacado de esta iniciativa; en el “día mundial del veganismo” decenas de personas esperaron durante horas frente al establecimiento para  poder ser  de las primeras en probar los productos el día de la inauguración y, en sólo un día, se agotaron todas las existencias de la tienda física y de las ventas online (no hace falta indicar que Amazon ya se ha apuntado también a este carro).

Según la página WEB de esta autodenominada “carnicería vegana”, se quiere caracterizar por ofrecer productos de alta calidad y de manufactura artesanal basados en plantas y en materias primas no de origen animal saludables, sin aceites refinados, con el objetivo de ofrecer los mejores y más sanos alimentos, como una alternativa altamente cualificada a los alimentos basados en la proteína de origen animal.

No estoy seguro de que seamos conscientes de hacia donde está derivando realmente el “consumidor tipo” de la Unión Europea, pero a  mí, como zootecnista y carnívoro técnicamente convencido, es un tema que me preocupa y mucho.

Pero, como dice aquel viejo adagio: “de aquellos polvos, vienen estos lodos” y me siento, ante todas estas incongruencias y realidades carentes de lógica, igual que don Quijote cuando, a lomos de Rocinante, bramaba; “non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete”, pero, no se olvide, no eran gigantes; eran molinos.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

 

El Ayuntamiento de Barcelona y la carne

Soy de la opinión y lo he manifestado en multitud de oportunidades, que sería muy de  desear, en todos los sentidos, que las personas que medran u optan por medrar, profesionalmente,  en el ámbito público, amén de detentar una formación adecuada para el cargo que ostentan o al que optan, obligatoriamente tuvieran que aprobar un seminario basado en el viejo refrán que dice “zapatero a tus zapatos”.

Viene a colación esta introducción a mi colaboración de hoy en el presente boletín en razón de que pretendo comentar una butade (entendida como una actuación supuestamente destacada e ingeniosa, con el objetivo de impresionar). Me refiero a la butade del Ayuntamiento de Barcelona que osa lograr redecir la actual presencia de proteína animal (especialmente de   carne) en los menús escolares de su zona de influencia.

Por si alguien no lo sabe o se le ha olvidado, pongo en negro sobre blanco que, a principios del presente, año, el mencionado ayuntamiento y la ASPB (Agència de Salut Pública de Barcelona) formularon la “primera Declaración de Emergencia Climática de Barcelona”.

En este marco y poco tiempo después, hablando en términos zootécnicos, parieron, sin duda tras una gestación que debió ser realmente larga y complicada, una nueva propuesta de menús escolares. En ella la “decisión estrella” era la de reducir, en los menús escolares, el consumo de proteína animal, de carne, y aumentar el de proteína vegetal (según el ayuntamiento, en Barcelona, más del 75 por 100 de los niños con edades comprendidas entre los 3 y 4 años consumen semanalmente demasiada carne).

Oficialmente se han fundamentado en que las recomendaciones de organismos especializados, como la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN) y la Agencia Internacional del Cáncer (IARC), son las de limitar la presencia de proteína animal (huevos, carne y/o pescado)  a tres días a la semana. Obviamente, son recomendaciones generalistas.

 Es verdad, pero según los datos oficiales  publicados por el MAPA (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación), el consumo de carne y de elaborados cárnicos de la población española se sitúan actualmente en un 50 por 100 y un 30 por 100, respectivamente, por debajo de los establecidos como “consumos altos y desaconsejados” por la mencionada IARC.

Por otra parte y muy lamentablemente (de ahí mi recomendación de la asistencia obligatoria y aprovechada al mencionado seminario), los generadores de la mencionada butade no han tenido en cuenta al parecer el alto valor nutricional de la carne (fuente de proteínas de muy elevado valor biológico, además altamente biodisponibles y conteniendo aminoácidos esenciales, que no están presentes en las proteínas vegetales). Por esta razón, la ingesta de carne es absolutamente fundamental en las etapas infantil y adolescente; etapas caracterizadas, salvo muy contadas excepciones, por un gran desgaste físico e intelectual.

De lo que se debe tratar, también en los menús escolares, es de proporcionar diariamente a los niños y a los chicos una dieta saludable, variada y equilibrada, que responda a las recomendaciones formuladas por los expertos (subrayo, expertos). Estas dietas deben ser paralelamente, también adecuadas a la edad y al estilo de vida de los mismos; por lo que, hablando en términos generales, la proteína animal y especialmente la carne son, insisto, absolutamente fundamentales.

Y, aprovechando que “el Pisuerga pasa por Valladolid”, la ASPB aduce en su argumentación “razones medioambientales” (el cambio climático, claro) y se permite concluir, obviamente sin ninguna evidencia científica (como no podía ser de otra forma), que reducir la presencia de proteína animal al en los menús escolares a tres días a la semana supondría reducir en un 23 por 100 las emisiones de GEI (Gases Efecto Invernadero). Con esta afirmación y de una forma tan burda como falsa, la Agència aprovecha para otorgar un protagonismo negativo a la producción animal (sic).

Pero, en lo que tampoco ha incidido el Ayuntamiento de Barcelona en su butade (porque probablemente por ignorancia) es que, según varios organismos internacionales, entre ellos la FAO, el desperdicio alimentario global viene a suponer entre el 10 y el 12 por 100 de las emisiones de GEI en el Mundo (y en algunas zonas del I Mundo puede llegar suponer el 20 por 100). Evidentemente, en este tema si se debería haber incidido.

Como les exponía on – line el sábado pasado a mis alumnos de un MBA: “la ignorancia es muy atrevida y sí en nuestro país los pazguatos volaran tendríamos realmente muy serias dificultades para ver el sol”.

Tal cual.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

A VUELTAS CON LAS DENOMINACIONES CÁRNICAS EN CIERTOS PRODUCTOS BASADOS EN PROTEÍNAS VEGETALES

Me ha parecido interesante abordar de forma somera esta cuestión a raíz de los múltiples comentarios y opiniones contradictorias que surgieron la semana pasada en un seminario en una escuela de negocios donde imparto docencia.

Todo empezó cuándo comentamos, por su repercusión a nivel de mercadeo y de mercadotecnia, la temática de una de las ponencias de la “IV Mesa Virtual Ágora TOP GAN”. En este contexto pude darme perfecta cuenta de la gran confusión existente con esta compleja cuestión en personas que no laboran en nuestro sector agrario.

En primer lugar, debo puntualizar que el Parlamento Europeo (PE) no autorizó el pasado 23 de octubre para el conjunto de Estados que conforman la Unión Europea (U.E. – 27) que se puedan utilizar denominaciones cárnicas en los productos de proteína vegetal (que dan lugar al mercado plant based). Bien es verdad, y aquí está el problema, que tampoco prohibió lo contrario.

En segundo lugar, no se ha publicado en el Diario Oficial de la Unión Europea (DOUE) ninguna ley que apruebe la utilización de denominaciones cárnicas en productos de proteína vegetal (otra cuestión bien distinta son las interpretaciones interesadas surgidas después del pasado 23 de octubre, en uno u otro sentido).

A nivel práctico ello significa, desde un punto de vista estrictamente legal (insisto, desde un punto de vista legal), que nada ha cambiado (a pesar del resultado de la votación en el Parlamento Europeo). Por esta razón, cada Estado de la Unión Europea tiene la potestad de regular esta cuestión de la manera que considere más pertinente en el marco, esto sí, de su propio mercado

Actualmente, sólo hay 3 Estados de la U.E. – 27 (España, Finlandia y Francia) que hayan prohibido el uso de denominaciones cárnicas en productos de naturaleza vegetal. En el caso español, está el Real Decreto 474/2014 de 13 de junio que aprueba la norma de calidad de los derivados cárnicos (y también, que no se nos olvide, un Acuerdo de la Mesa de Coordinación de Calidad del MAPA).

Por esta razón, antes de escribir estas líneas, me he dado una vuelta por 3 de la docena de grandes superficies que están cerca de donde se ubica mi vivienda habitual y en las 3 había en los expositores varios productos vegetales con denominaciones cárnicas (por ejemplo, “hamburguesas veganas o vegetales o vegetarianas”) y, en dos de ellos, estaban en la misma área expositora que ciertos “productos ecológicos” (sic).

Lo cual pone en evidencia, una vez más, que en España somos grandes especialistas en ignorar (por expresarlo finamente) las Leyes, los Reales Decretos, los Acuerdos y lo que se tercie…y no pasa absolutamente nada. Aquí, en nuestra casa, si algo no está expresa y clarísimamente prohibido… es que está de hecho permitido ¡qué gran País, si señor!

Creo que lo verdaderamente importante a la hora de hablar de esta cuestión es lograr evitar que el consumidor se pueda confundir no sólo en lo que atañe a la composición de un alimento sino en lo que respecta a su aporte nutricional (es decir a sus características nutricionales).

Desde mi punto de vista, al utilizar para un producto vegetal un nombre cárnico origina la posibilidad cierta de generar confusión. En efecto, el “consumidor tipo” puede asociar erróneamente al producto vegetal con una determinada calidad del alimento que solo está ligada al producto de origen animal, cuando el aporte nutricional real de los dos productos es significativamente distinto.

Estamos, sin duda, en un “terreno muy pantanoso”. Creo sería muy bueno para todos que, en España, se promulgara urgentemente una ley similar a la Ley francesa nº 2020 – 699 que deja meridianamente claro que las denominaciones utilizadas para designar a los productos alimenticios de origen animal NO podrán utilizarse en los productos que contenga proteínas vegetales; claro ¿verdad?

Y, naturalmente, que esta ley “chez nous” se hiciera cumplir… ¿con la Iglesia hemos topado?

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

 

UN EJEMPLO QUE NO DEBE “CAER EN SACO ROTO”

Como todos recordarán, el pasado día 28 el Presidente de Francia, el señor Emmanuel Macron, en una alocución televisada desde el Palacio del Eliseo, anunciaba, obligado por la falta de eficacia del toque de queda para frenar la desbocada pandemia generada por la COVID – 19 en aquel país, que se hacía necesaria la implementación durante un mes y en todo Francia, de un nuevo confinamiento.

El Presidente Francés, con la sinceridad que suele caracterizar sus intervenciones públicas, admitió que Francia estaba siendo desbordada por la segunda ola de la COVID – 19 y que la misma sería más mortífera y compleja que la primera.

La decisión tomada desde el Eliseo ha comportado lógicamente que, a partir del día 30 del mes pasado, hayan tenido que cerrar, por el periodo mencionado de 1 mes, todos los establecimientos que reciben público (léase, para empezar el canal Horeca) y todos los comercios no esenciales, implementándose paralelamente una restricción muy severa de los movimientos de las personas.

Ante esta situación, que probablemente tenga que prologarse más de lo inicialmente previsto por la situación epidemiológica en que está inmerso el país vecino, la Federación Nacional de Sindicatos de Agricultores (FNSEA), que es ¡atención al dato! la principal organización agraria de Francia, ha reaccionado inmediatamente y ha hecho un llamamiento público para que todos los habitantes del país vecino “cumplan con el papel que les corresponde ante la compleja situación generada” y consuman productos de “origen francés y de proximidad”.

La FNSEA también ha solicitado a las colectividades locales y a los operadores que gestionan comedores públicos (como los de las escuelas, que no se han cerrado -sí, las Universidades-, de los hospitales o de las prisiones) que se abastezcan de productos franceses y locales.

Y también ha hecho un muy importante llamamiento a los distribuidores para que contraten “productos de nuestras regiones” a precios remuneradores para los productores con el fin de abastecer  a los consumidores y ha  hecho hincapié en lo que tantas veces he defendido: “la extrema importancia de preservar las condiciones de producción desde la “segunda línea del frente”, que es la que asume  la responsabilidad de hacer llegar los alimentos al consumidor.

Este es incuestionablemente un principio fundamental para que el sector primario, el agrícola y el ganadero, que siempre siguen laborando pase lo que pase y también son los más débiles de la cadena, puedan seguir trabajando, día tras día, de la manera más normal posible dadas las circunstancias y que, paralelamente, la cadena alimentaria pueda seguir funcionando no sólo correctamente sino también de forma solidaria.

Finalmente, la FNSEA también ha solicitado que a las empresas de naturaleza agraria, que tengan dificultades para continuar con su actividad, se les apliquen las mismas  medidas que se adopten para las de otros sectores, como las compensaciones por pérdida de ingresos o la aplicación de  expedientes de regulación temporal de empleo.

Desde mi punto de vista, la reacción inmediata de la Federación Nacional de Sindicatos de Agricultores ha sido la correcta y pone en evidencia, una vez más, que los sindicatos agrarios franceses son eminentemente profesionales y no políticos y que “cuando hay que arrimar el hombro” son los primeros en ponerse en marcha.

Creo sinceramente que “ante la que está cayendo en España” y “ante lo que se nos avecina en las próximas semanas” el ejemplo de la FNSEA (por no hablar de la del señor Macron) “no debería caer en saco roto”.

Aunque reconozco y me duele, que a nosotros nos suele costar un potosí aprender de los ejemplos que nos dan otros ¡somos así!

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

¿Es la estocada definitiva al Ganado Bravo?

Lo llevo diciendo desde hace un par de años en mis clases, seminarios y/o escritos,  el Ganado Bravo se encuentra en España (aunque también, en los últimos años, en el ámbito de la Unión Europea) en el centro de una importante borrasca de críticas y de descalificaciones, que no han hecho sino aumentar en los últimos tiempos. 

La mencionada borrasca amenaza ya muy seriamente su supervivencia como centro de una ancestral actividad ganadera, tremendamente afectada hoy por los efectos colaterales de la COVID – 19, al buscar, entre otras cuestiones, promover su desprestigio social,  irle cercenando sus estructuras y lo más importante dadas las circunstancias, lograr que se le nieguen las ayudas institucionales. Se trata de una bien meditada “operación de acoso y derribo”, de desgaste, que, poco a poco, ha ido  dando sus frutos.

Así, hace pocas fechas, la Comisión de Cultura de nuestro Congreso de los Diputados rechazó la enmienda presentada por el Grupo Popular para incluir al sector taurino, insisto empresarialmente muy afectado por la situación económica y social generada por la actual pandemia, en el Proyecto de Ley por el que se aprueban medidas de apoyo al sector cultural y de carácter tributario, para hacer frente al impacto económico del COVID – 19. El resultado de la votación final fue: 18 votos en contra, 15 a favor y una abstención 

Paralelamente, Unidas Podemos, en las enmiendas que ha presentado a la Ley de la Infancia, ha propuesto que se prohíba taxativamente la entrada de menores en los espectáculos taurinos; además, solicita que sólo puedan ejercer esta actividad personas que hayan cumplido la mayoría de edad (la propuesta pide añadir una disposición adicional al Proyecto de Ley Orgánica de protección integral de la infancia y de la adolescencia frente a la violencia, modificando la ley 10/1991, de 4 de abril, por la que se regulan los espectáculos taurinos (responsable de la mencionada Ley es la Vicepresidencia de Derechos Sociales y Agenda 2030, que está bajo la responsabilidad de don Pablo Iglesias). 

Se trata, como ya he indicado, de que se incluya que «los participantes en espectáculos o festejos taurinos y escuelas de tauromaquia deberán ser mayores de 18 años”. También ha solicitado esta formación política que “quede prohibida, con carácter general, la entrada y permanencia de menores de dieciocho años en plazas de toros, o recintos habilitados cuanto tengan lugar eventos taurinos, incluidas escuelas taurinas si éstas utilizan animales en sus prácticas”).

Para formular estas propuestas se ha fundamentado la formación morada en las recomendaciones del Comité de los Derechos del Niño de la ONU, en las que se hace mención a la necesidad de «prevenir los efectos nocivos para los niños del espectáculo de los toros” Por otra parte, hace ahora una semana el actual Ministro de Cultura de Deportes, don José Manuel Rodríguez Uribes, en una entrevista publicada por el periódico “EL Mundo«, manifestaba que “él no debía recomendar ni  fomentar ir a los toros; el teatro sí, porque es pacífico y no despierta polémica”

Finalmente, la última tormenta generada por la borrasca en cuestión ha surgido en el Parlamento Europeo, que se ha posicionado claramente en contra de los toros. En efecto, una mayoría de los miembros que componen el Parlamento, votó en contra de que la Política Agraria Común (PAC) subvencione «las cabezas de ganado cuyo destino final sea la venta para actividades relacionadas con la tauromaquia, ya sean vendidas directamente o a través de intermediarios» (el resultado de la votación  fue de 335 votos a favor de la prohibición, 297 en contra y 60 abstenciones). La enmienda fue apoyada por los verdes,  los socialistas, parte de los liberales (el PNV se abstuvo en todas las enmiendas relacionadas con la tauromaquia), la izquierda unitaria (Podemos, IU, EH Bildu) y parte de los no inscritos como JuntsXCAT.

Ahora, al igual que hace cinco años,  la pelota está en el alero y todo depende de la negociación que llevará a cabo el Parlamento Europeo con el Consejo y la Comisión Europea, para conformar el texto definitivo de la reforma. 

Si esta negociación termina prohibiendo todo tipo de subvenciones al “mundo del Ganado Bravo”, ello puede muy bien suponer a  medio plazo, muy a mi pesar, como zootecnista –  torista que me considero, la estocada definitiva al Ganado Bravo; es decir, al toro de Lidia, y a la actividad ganadera que en él se sustenta (y estamos hablando de que ya principios del siglo XV había ganaderos de Ganado Bravo en Andalucía y de un censo actual en España, que si bien está en receso, todavía cuenta de unos 110.000 animales reproductores y unas 220.000 cabezas totales).

¡Sería, sin duda, aunque haya personas que no lo quieran ver ni entender, una gran pérdida, una pérdida irreparable, para nuestro Mapa Bovino y también para nuestra ganadería! 

¿Pueden ustedes maginar, en un futuro no lejano, a algún ejemplar residual de Ganado Bravo en un Parque Zoológico o en algún Santuario, Refugio, Animal? Deplorable.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio