El bienestar animal y su percepción social

Parece ser, aunque personalmente no estoy muy seguro de que, desde una perspectiva con una consideración monetaria, es decir económica, sea realmente una realidad, que nuestra sociedad demande, cada vez más,  exigiendo que, en nuestras granjas, se garantice, sí o sí, el bienestar de la base animal, tal y como ella, la sociedad lo percibe y/o entiende.

En este contexto me parece conveniente  mencionar el hecho de que, en nuestro país, sólo aproximadamente el 15 por 100 de nuestros consumidores, de acuerdo con los estudios publicados por la FECIC (La Federación Empresarial de Carnes e Industrias Cárnicas) y AECOC (la Asociación de Fabricantes y Distribuidores) afirman comprar, como norma y por ejemplo, carne que lleve el sello del Bienestar Animal y un 44 por 100 dice hacerlo alguna vez.

No obstante, desde mi punto de vista, sin poner, ni un por un instante, en duda los datos del mencionado estudio, lo que sigue rigiendo mayoritariamente y de forma preferente, a la hora de afrontar el consumidor medio la compra de alimentos, es EL PRECIO.

Y esta realidad histórica (con las pertinentes excepciones) se ha visto reforzada, en estos últimos meses, a causa de  los devastadores efectos económicos que está teniendo y seguirá teniendo en los próximos meses, la COVID – 19 en el poder adquisitivo real en un porcentaje muy elevado de nuestra sociedad.

En este contexto debe tenerse muy en cuenta que, de acuerdo con los últimos datos oficiales disponibles, la caída del PIB en el año 2020 fue del 10,8 por 100 con un crecimiento nulo en el cuarto trimestre; paralelamente tenemos del orden de 4 millones de parados y a los que deben sumarse unos 1,2 millones de personas en ERTE y de ellas unas 933.000 de fuerza mayor, es decir relacionadas con la pandemia. Esta es una realidad incontrovertible, que afecta directamente a muchos millones de familias e, indirectamente, por el “efecto dominó”, a todo el país.

Pero, al margen de lo expuesto hasta aquí, nos encontramos también, en toda esta temática del Bienestar Animal y más concretamente en lo que atañe al binomio “Sociedad – Bienestar Animal”, con varias “cuestiones delicadas” que ejercen un gran efecto distorsionador y de las que me voy a permitir destacar tres.

La primera es la “idealización social” del Bienestar Animal (que es una cuestión de base eminentemente técnica) por parte de una sociedad cada vez más alejada, física y emocionalmente, de la realidad rural (y por ello desconocedora de la misma). Ello la lleva a una interpretación y a una visión, tan sesgadas como erróneas de lo que realmente es el BA, Bienestar Animal (es la llamada “concepción Bambi del BA”). La consecuencia de subjetivar esta cuestión es que la desliga, a efectos prácticos, de la asunción y aceptación del coste  que la consecución en granja de este BA supone.

La segunda es una comunicación temática que, hasta el presente, está siendo muy poco exitosa a la hora de llevar lo que realmente es el Bienestar Animal (BA) y su coste a la sociedad. Por ello y a pesar de los grandes esfuerzos de comunicación que hacen muchas empresas y entidades del sector (las acciones en este campo que realizan permanentemente INTERPORC o PROVACUNO, pueden ser dos buenos ejemplos de ello), la misma no logra “calar” adecuadamente en la sociedad. Por ello y consecuentemente, no genera, hablando siempre en términos generales, cambios significativos en los ítems definidores de las decisiones de compra.

Y la tercera, la más complicada sin duda, es el propio comportamiento humano que lleva, en el caso que aquí nos ocupa, a una clara divergencia entre lo que pregona nuestra sociedad  a los cuatro vientos acerca de su interés por el BA y cómo le considera realmente en sus decisiones de compra, probablemente porque y, en primer lugar, le “toca el bolsillo” (como dice aquellos dos viejos adagios: “del dicho al hecho hay un gran trecho” y “la pela es la pela”).

Y sí, desde esta perspectiva, se podría hablar tal vez de  una “hipocresía social” fruto de unas grandes presiones mediáticas interesadas que acaban generando las mencionadas realidades conductuales.

Pero, probablemente sea también la actual “realidad económica en nuestra sociedad” la que está condicionando de manera significativa el mencionado comportamiento social y, mientras esta realidad no cambie (y esto, salvo milagro, tardara), será muy complicado trasladar de forma genérica, el coste real del Bienestar Animal al PVP (Precio de Venta al Público).

Ello no debe ser óbice para que desde todos los estamentos implicados (empezando por el propio sector primario) se siga luchando por ello. Pero hemos de ser muy conscientes, al menos en España, de que ésta es una labor ardua cuyos resultados, si llegan a verse, lo serán a medio – largo plazo.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid

Las nuevas manifestaciones de agricultores y ganaderos

Hace un par de semanas, concretamente en el boletín correspondiente a la segunda semana del presente mes de marzo, lanzaba una pregunta acerca de si el MAPA estaba fallando y, en la misma, exponía una serie de hechos que parecían dar una respuesta afirmativa a mi pregunta.

Siguiendo esta línea argumental me permito recordar que, hace ahora unos 13 meses, nuestros ganaderos y agricultores suspendieron, a causa de las complicaciones generadas por la COVID – 19  (que aquí sigue, a pesar de todas las afirmaciones de don Fernando Simón y del propio Gobierno), su campaña de movilizaciones, caracterizadas por multitud de tractoradas y de manifestaciones en numerosas zonas de España.

Ya entonces advertí que se trataba únicamente de una suspensión coyuntural y que, en cuanto la situación sanitaria lo permitiera más o menos y/o se acabara la paciencia de agricultores y ganaderos, volverían, sin ninguna duda, las manifestaciones, salvo que se corrigieran los múltiples errores que se estaban cometiendo desde las administraciones públicas.

Pues bien, ya estamos donde lo dejamos; agricultores y ganaderos, convocados por las organizaciones agrarias, han vuelto a reanudar las manifestaciones y ¡cuidado! con ellas ocurre lo mismo que con las ofertas a la baja de productos alimenticios en las grandes superficies; se sabe cuándo empiezan, pero no cuándo acaban (y aquí está, como muestra, la nueva guerra de precios entre las grandes cadenas, motivada por la incertidumbre económica generada por una pandemia que España sigue sin ser capaz de controlar adecuadamente. Este actual “episodio bélico” se prolongará, en mi opinión,  a lo largo de los próximos meses).

En este contexto de las nuevas manifestaciones, deseo empezar mencionando la que llevaron a cabo agricultores extremeños hace unos días. Se trató de una importante tractorada que les llevó desde Extremadura a Madrid. Su objetivo era dar a conocer, a don Luís Planas y al propio Gobierno, las reivindicaciones del campo.  No obstante, a su llegada a la capital, ni el Ministro de Agricultura, ni el todavía Vicepresidente del Gobierno, don Pablo Iglesias, tuvieron a bien escuchar a quienes, además de recorrer cientos de kilómetros para exponer sus problemas, contribuyen con sus impuestos a pagar sus salarios.

Por otra parte, el viernes pasado una caravana de tractores recorrió las calles de Jerez de la Frontera (Cádiz) en la primera protesta generada en Andalucía y respaldada por ASAJA Cádiz, COAG Cádiz, UPA Cádiz y Cooperativas Agroalimentarias de Cádiz, contra la convergencia de la Política Agrícola Común (PAC). Recordemos aquí que, ahora, don Luís Planas aboga por un proceso de convergencia de las ayudas de la Política Agrícola Común (PAC) «gradual y continuo» y, paralelamente, se aviene a flexibilizarlo en el próximo año 2022.

Y también el viernes pasado, bajo el lema “menos lobos, más ganaderos”, ganaderos y agricultores de Castilla y León se manifestaron en Valladolid en defensa de la ganadería y en contra de la decisión del Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico (MITECO) de declarar especie protegida al lobo en todo el país. En esta manifestación una caravana de más de trescientos coches, encabezada por varios tractores,  recorrió durante unas dos horas las principales arterías de Pucela (que es, por parte de los vallisoletanos, un apodo y una forma cariñosa de nombrar a Valladolid).

Se trató de una protesta que fue organizada en unidad de acción por todas las organizaciones profesionales, ASAJA, la Alianza UPA-COAG y UCCL. En ella se afirmó que los lobos “no están en peligro de extinción, los ganaderos, sí”.

Estoy convencido de que esta nueva ola de manifestaciones no ha hecho más que empezar.

Y así, por ejemplo, en el día de hoy, 23 de marzo, Unión de Uniones de Castilla-La Mancha tiene convocada una caravana de tractores y coches en Toledo con una doble finalidad; la primera la de solicitar ayudas para la recuperación de los olivares dañados por el temporal ‘Filomena’ y la segunda, para solicitar se apliquen las oportunas medidas para combatir eficazmente la plaga de conejos que asola a la región.

En definitiva, cuándo se analiza las razones de todas estas manifestaciones, no queda lamentablemente más remedio que llegar a la conclusión, hablando siempre en términos generales y aceptando todas las excepciones que ustedes quieran, que nuestra bien remunerada “casta de los políticos” es altamente ineficiente e ineficaz.

Y concluyo permitiéndome metaforizar, refiriéndola al sector agrario, aquella vieja leyenda dorada de España: ¡Qué buen vasallo sería, si tuviese buen señor!

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid

Nuevas coordenadas en el mundo pecuario

Como se lo intentaba explicar el viernes pasado a unos potenciales altos directivos, que cursan conmigo, en el seno de un MBA, una parte de la disciplina de “la inteligencia emocional y la alta dirección”, no es fácil comprender primero y asumir después, que las principales coordenadas definitorias del presente “mundo pecuario” pero, sobre todo, de su futuro a corto plazo del mismo, están cambiando de una manera altamente significativa y rápida.

Es cierto que las mencionadas coordenadas proceden, en gran medida, hablando siempre en términos generales, de los condicionantes sociales de naturaleza eminentemente emocional (especialmente en el I Mundo y, en él, en la Unión Europea, aunque ya empiezan a florecer las mismas también en otras regiones del Mundo).

Ellas imponen finalmente a la producción pecuaria, vía exigencias de la demanda de las sociedades implicadas, unos nuevos sistemas productivos y unas técnicas aplicativas ad hoc.

Y es en este complejo marco donde la inteligencia emocional adquiere un protagonismo destacado y creciente. La misma debe ser entendida aquí como la capacidad de procesamiento de los mencionados condicionantes, generadores de una información emocional, que nos da la oportunidad de adaptar nuestras conductas, actuaciones, y procesos mentales, a unas nuevas y determinadas situaciones contextuales.

Si quisiera abordar estos condicionantes desde el último eslabón de la cadena, el consumidor (comprador o cliente), podría empezar, por ejemplo, considerando los posicionamientos emocionales, respecto de los productos de naturaleza pecuaria, de los veganos, de los vegetarianos, más o menos estrictos y/o de los defensores del flexitarianismo.

No obstante, hoy, no voy por este camino. Hoy, quiero tratar someramente, el condicionante generado por la significativa irrupción, en el eslabón de la distribución, de la basada en la compra on – line de alimentos. La misma, de la mano del miedo generado por la COVID – 19,  está llevando este tipo de compra en España a acercarse al 4 por 100 del total. Esta realidad ha propiciado la irrupción, por ejemplo, de la empresa Amazon Fresh, que constituye una nueva apuesta de Amazon.

Se trata de una coordenada basada en la distribución de alimentos frescos y congelados, en el mismo día donde surgió la demanda, en unas franjas de dos horas. Se trata de un servicio, para los denominados “Clientes Premium”, fundamentado en las profundidad, calidad y diferenciación de la gama (aspectos claves), en la entrega rápida a domicilio, en unos precios realmente muy competitivos y en  un transporte gratuito (y no hay que olvidar aquí que Amazon cuenta ya con una red logística muy amplia, altamente eficiente, y fiable y, desde luego, rápida).

Bajo estas premisas auguro al desarrollo de este tipo de compra, por una parte, un relevante protagonismo en un futuro a corto – medio plazo y, por otra, consecuentemente, una significativa influencia en muchos los eslabones de la cadena, incluido el de la propia producción ganadera.

En efecto, esta nueva coordenada ofrece, en principio, un canal de venta alternativo a los productores (especialmente a los de tamaño pequeño y medio), hasta ahora muy dependientes de los estrechos márgenes que les permite el canal de la gran distribución, generando, paralelamente, una mayor consideración real del coste de las producciones y, por ende, del precio de adquisición de las mismas, rompiendo, además, el  oligopolio de los grandes operadores de la distribución minorista alimentaria.

Consecuentemente, todo ello puede significar, en una primera instancia, la eliminación de los márgenes de la gran distribución lo que puede conllevar automáticamente la posibilidad de ofrecer mejores márgenes al primer eslabón de la cadena, sin menoscabo de la competitividad en los precios. Paralelamente puede ofrecer oportunidades a otros eslabones de la cadena y también una mayor visibilidad, en el ámbito de la mercadotécnica y del mercadeo, para todos los actores implicados.

En definitiva, entiendo que lo expuesto puede servir de paradigma a la hora de considerar, como reza el título de mi nota, las nuevas coordenadas en el ámbito del “mundo pecuario” de este primer cuarto del presente siglo XXI.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

¿Está fallando nuestro ministerio (MAPA)?

Cuando uno ya es muy viejo, como es mi caso, la propia sociedad le considera plenamente amortizado y lo va apartando, vía normativa, de los centros de toma de decisión y de asunción de responsabilidades.

Ello le permite a uno, si logra conseguir la suficiente serenidad como para asumir esta realidad (lo que no suele ser en absoluto fácil), ver el bosque sin que el árbol que tiene delante se lo impida. Esto es, creo, lo que me está sucediendo (aunque acepto, claro está, que puedo estar absolutamente equivocado).

En este sentido tengo la sensación cierta de que nuestro actual Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) acumula, en estos últimos tiempos, una serie de fallos que me parecen difícilmente explicables y que siempre resultan ser realmente importantes y negativos para nuestro sector agrario.

No me voy a referir a lo que entiendo está siendo, en estos últimos meses, una constante y manifiesta pérdida de “peso político” del MAPA en el seno del Ejecutivo (lo que comporta, por ejemplo, una falta de “punch técnico y político” para hacer frente, en ciertas cuestiones, al Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico).

Tampoco me voy a referir, aunque, hay mucha “tela por cortar”, amén de “muchas responsabilidades que exigir a muchos niveles” (y me sangra el corazón al pensar en ello), a la falta de eficiencia, de eficacia y de cintura, al caso de los más de 850 terneros supervivientes, condenados todos ellos a morir, siendo muchos de ellos recuperables, transportados por el buque Kharim Allah. Tampoco quiero profundizar aquí en el caso, todavía más sangrante, del buque ‘ElBeik’, que lleva 1.776 animales, y que está inmerso, si nadie lo remedia, en un proceso similar al seguido por el Kharim Allah.

Pero si me voy a referir por lo gravedad práctica que tiene en estos momentos para los ganaderos (como ha puesto de manifiesto por ejemplo AGAPROL, la Asociación de Ganaderos Productores de Leche), al inexplicable retraso de meses del MAPA en lo que se refiere a la publicación oficial del Estudio de Costes de Producción en el caso del sector del Vacuno de Leche.

A nadie le escapa el hecho de que esta herramienta es absolutamente fundamental (como, además, lo establece la ley), para el más débil a la hora de afrontar la compleja negociación de los contratos; me refiero, claro está, a los contratos entre los ganaderos y las industrias lácteas.

Consecuentemente, muchos de estos contratos lácteos se están y estarán viéndose privados del marco de referencia, cuando fue el propio MAPA quién lo incluyó en las  sucesivas modificaciones de la Ley de la Cadena Alimentaria. Esto sucede además en un periodo de tiempo dónde los costes de producción se han disparado, en razón del significativo encarecimiento de ciertas materias primas fundamentales para los necesarios piensos compuestos.

Obviamente, si los contratos no recogen adecuadamente el precio real de producción, el ganadero, hablando en términos generales, puede verse manifiestamente desprotegido y la rentabilidad de su explotación absolutamente comprometida. En efecto,  puede darse el caso, según lugar y circunstancias, de verse obligado este ganadero a aceptar la firma de un “contrato a la baja” que le ofrecen (no olvidemos que la leche, en origen, es un producto altamente perecedero); contrato, que sea dicho de paso, no se va a ajustar al cumplimiento de la normativa vigente (sic).

Ello puede dar lugar a que también él, como antes ya lo han hecho muchos miles de los que fueron sus colegas, tenga que cerrar su explotación por falta de rentabilidad.

Evidentemente, no he ignorado al escribir las líneas de esta nota las dificultades, que está generando a casi todos la pandemia provocada por la COVID – 19; léase, por ejemplo, las actuales tensiones existentes ente la Administración, la industria y la distribución.

No obstante, si me paro a pensar un poco en lo que expuesto en  los párrafos precedentes (y le sumo lo que me he dejado voluntariamente en el tintero) no me queda más remedio que llegar a la conclusión de que el MAPA está cometiendo, en estos últimos tiempos, una serie de fallos, perjudicando de una forma u otra, como casi siempre, al eslabón más débil de la cadena; en este caso, al ganadero detentor de vacas de leche; este ganadero que trabaja en su explotación 365 días al año.

Y, lo más grave: “la pelota” está en el “campo del MAPA”; muy triste, pero muy cierto.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

 

El nudo gordiano de nuestra deuda pública

Me permito hoy excursionar fuera del ámbito de la Producción Animal propiamente dicho e incursionar, aunque sea excepcionalmente, en la macroeconomía. La primera razón por hacerlo es porque la influencia de ésta en aquélla es incuestionable; la segunda, porque me tiene muy preocupado la indiferencia que mostramos, casi todos, ante la muy complicada situación económica en que se encuentra España.

Y en este marco me permito empezar escribiendo acerca de la denominada Deuda Total Española, que se desglosa en la suma de la Deuda Privada total (de las sociedades no financieras y de las familias) y de la Deuda Pública total (suma de la deuda del Estado Central, de las 17 comunidades autónomas y de las administraciones locales). Nuestra Deuda Total supera hoy los 3,5 billones de euros; es decir, supone algo así como el 318 por 100 de nuestro PIB (que, en el año 2020, fue de 1,12 billones). No hacen falta muchas luces, ni ser un economista, para entender que esta Deuda Total es técnicamente inasumible y que va a requerir, sí o sí, una “cirugía política en clave económica”.

Por otra parte, es verdad,  dada la dimensión y gravedad de la Deuda Privada en nuestro País (superior a los 2 billones de euros), que podía haber dedicado a la misma mi nota de hoy,  pero me he inclinado por analizar, en razón de sus efectos globales, aunque sea de una forma breve, la Deuda Pública Española, la cual, sea dicho de paso y según  la Comisión Europea, seguirá creciendo hasta el año 2031 (se comenta, en los mentideros comunitarios, que la misma puede llegar a suponer entre el 120 y el 123 por 100 de nuestro PIB).

Y lo hago también por otras dos razones. La primera, porque, como exponía  en  este pasado fin de semana en una clase que impartí a futuros directivos,  uno de mis profesores de macroeconomía afirmaba siempre que “la deuda pública suele ser la gran desconocida, generando una cuasi total indiferencia en la ciudadanía porque ésta comete el craso error de no sentirla como suya” (los ciudadanos no sentimos que sea una deuda que debamos amortizar con nuestro propio dinero).  La segunda, por la repercusión, directa e indirecta, que la misma, más tarde o más temprano, tiene en todos y cada uno de nosotros (por una doble vía: la impositiva y la de los recortes).

Pues bien, nuestra Deuda Pública alcanzó, en el año 2020, los 1,31 billones de euros. Ello constituye un récord histórico y supone el 117 por 100 de nuestro PIB; dicho en otras palabras, supone una deuda de aproximadamente unos 71.000 euros por hogar.

Por ello, hemos de ser muy conscientes de que la situación va a requerir, una importante reorientación de las finanzas públicas (del Estado y de todas las administraciones); cuánto más se dilate ésta, más caro nos saldrá.

Tal vez sea oportuno recordar llegados  a este punto lo que sucedió en el año 2012, cuando el Gobierno, presidido a la sazón por don Mariano Rajoy, no tuvo más remedio que incrementar muy significativamente los impuestos y recortar drásticamente el gasto en educación, en investigación y en sanidad (lo que seguimos sufriendo al día de hoy). Lo tuvo que hacer, sí o sí, para poder hacer frente a la crisis de la Deuda Publica que, en aquel entonces equivalía al 90 por 100 de nuestro PIB.

Es verdad que, en estos momentos, la pandemia diluye aparentemente el problema, pero parece totalmente evidente que la Eurozona no va a estar permanentemente detrás del Tesoro Español, adquiriendo sus bonos a través del Banco Central Europeo y/o disculpando, paralelamente, los incumplimientos del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (que, si se logra normalizar aceptablemente la situación sanitaria, se volverá a aplicar a partir del año 2022).

Y lo más grave de todo este “nudo gordiano financiero” es que nuestros gobernantes siguen generando sin freno deuda pública. Lo hacen, creo yo, sin reflexionar y sin ocuparse lo más mínimo de algo tan importante como es su sostenibilidad futura (y que nadie olvide el caso de Grecia y sus rescates; aquellos ocho años bajo la tutela de los acreedores, que dejó a este Estado agotado y con el pueblo griego obligado a soportar grandes sacrificios).

Sin duda, serán los gobernantes de los próximos años y, sobre todo, los contribuyentes de estos próximos  años, quienes tendrán que “apechugar” con tan pesada carga y con todas sus consecuencias. Finalmente, ello afectará negativamente, está afectando ya, a la capacidad adquisitiva neta de la ciudadanía, a su nivel de bienestar y, por supuesto, a su matriz de demanda y, en ella, a la del determinante de la demanda de productos pecuarios.

En mi opinión,  la general indiferencia ante el nudo gordiano de nuestra Deuda Pública no presagia ningún futuro halagüeño para España, ni para sus ciudadanos.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

 

Nutriscore o el semáforo de la polémica

En el primer cuatrimestre del presente año 2021, está previsto implementar en España el modelo de etiquetado NUTRISCORE, que ya es utilizado, por ejemplo, en Francia.

Se trata de un muy visible etiquetado frontal que pretende poner de manifiesto el perfil nutricional global de una serie de productos. Para ello hace uso de un gráfico (como se especifica, a modo de semáforo) recurriendo a cinco colores (del verde oscuro al rojo) y a cinco letras mayúsculas (A, B, C, D y E):

No obstante, este sistema no está exento de críticas, algunas de las cuales deseo poner de manifiesto en los párrafos que siguen, porque me parecen importantes para los consumidores.

La primera crítica al sistema NUTRISCORE se fundamenta en que, en principio, este sistema de etiquetado implica inicial y exclusivamente a los productos procesados y envasados.

Por esta razón, tal y como ya ha denunciado la OCU, quedarían fuera del mismo toda una serie de importantes productos, desde la perspectiva del consumo y del consumidor, tales como, por ejemplo, los productos frescos (carnes, pescados, frutas verduras, etc.), los productos con un solo ingrediente y que no estén procesados (miel o aceite de oliva virgen, no procesado, etc.), bebidas alcohólicas, alimentos que se venden en envases pequeños, menos de 25 cm2  (barritas de cereales, chocolatinas, etc.), los platos preparados, etc.

La segunda crítica al sistema NUTRISCORE nace del algoritmo de cálculo en que se fundamenta. El mismo se basa en el cálculo de la cantidad de energía de ciertos nutrientes por 100 gramos o por 100 mililitros, amén del porcentaje de presencia de ciertos alimentos; pero no se tiene en cuenta, como ya ha puesto también de manifiesto la Federación Española de Nutrición, Alimentación y Dietética (FESNAD), un binomio muy importante: la cantidad y la frecuencia con que un producto así etiquetado es consumido.

Una tercera crítica al sistema se fundamenta en que el mismo realmente no valora la cantidad de nutrientes en su conjunto (que es un aspecto absolutamente fundamental), sino sólo de ciertos ingredientes y por separado.

Una cuarta crítica nace del hecho de que NUTRISCORE no  mide las necesidades concretas de determinados grupos de población con carencias nutricionales.

Una quinta crítica está en la  ambigüedad de este etiquetado frontal unida, en ocasiones, a su imprecisión y/o inadecuación real. Así, por ejemplo, es el caso  de las patatas pre – fritas, peladas, cortadas y congeladas que vienen en bolsa listas para freír, que tienen una excelente clasificación A, pero no se ha tenido en cuenta aquí que deben ser fritas para poder ser consumidas, con lo cual perderían esa buena valoración. Por otra parte está el caso de  los yogures con sabor a fruta y azucarados, que están clasificados con la letra B, al igual que algunos cereales azucarados para los desayunos infantiles o los anacardos ponderados con la letra C igual que los frutos secos fritos.

Por otra parte, el sistema, cuya visibilidad por parte del consumidor, como ya se ha indicado, está fuera de toda duda, tampoco considera el grado ni la naturaleza del procesamiento de los alimentos, ni tampoco la procedencia y la calidad de la proteína de los mismos.

Paralelamente, y este es un tema clave para los alimentos de origen animal, aunque no exclusivamente, no hace diferenciación alguna en lo que se refiere a la calidad y a la cantidad de la grasa que lleva un alimento (hablamos de ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados) y tampoco tiene en cuenta el importante papel que juegan los compuestos bioactivos (con una gran trascendencia fisiológica)  ni valora ni cuantifica la presencia de vitaminas y de minerales.

En definitiva y aquí es a donde quería llegar y la razón de esta nota; este sistema de etiquetado “semáforo” puede llevar al “consumidor tipo” a cometer una serie de importantes errores si fundamenta únicamente en el sistema de clasificación NUTRISCORE la elección de los alimentos a consumir.

Lo que sí es cierto, al menos en mi opinión, es que este sistema de etiquetado puede ser una primera referencia útil, pero no definitiva ni mucho menos, a la hora de realizar el llenado de la bolsa de la compra.

Una vez más, “no hay que confundir la gimnasia con la magnesia”.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

A vueltas con la manida cuestión del lobo

La verdad es que no quería volver sobre esta compleja cuestión (que en España, paralelamente, implica a otras especies silvestres), porque sobre ella ya se han escrito ríos de tinta. Pero, a lo largo de estos últimos 6 días, han acontecido tres hechos que me han llevado a cambiar de opinión y a volver sobre mis pasos.

El primero de ellos (citando por orden cronológico de “aparición en escena”) han sido las duras críticas (por no decir ataques) que he sufrido, a nivel personal, a  causa de mi nota en el boletín de la semana pasada ¿será que no me he sabido explicar o que no me quieren entender?

El segundo ha sido la entrevista, realizada en RNE en Cantabria al señor Secretario de Estado de Medio Ambiente y, el tercero, el más importante, tiene su origen en el estudio del estupendo escrito de mi buen amigo, el Dr. en Veterinaria y profesor de patología de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza, el Dr. Luis Miguel Ferrer Mayayo, publicado hace un par de días en Oviespaña y cuya lectura recomiendo encarecidamente. 

Al igual que el Dr. Ferrer Mayayo, también yo discrepo frontalmente de mucha de la burocracia y de una parte significativa de la reciente legislación, que afectan al mundo rural. Ambas generadas, habitualmente, en “centros oficiales de corte manifiestamente urbanita”, por personas, que, con frecuencia, no están técnicamente adecuadamente preparadas, que tampoco proceden del medio rural, ni trabajan, ni viven inmersas en él y que, por ello, por desgracia, desconocen su compleja y específica realidad cotidiana. Pero, a pesar de ello o, tal vez, por ello, actúan en base al “atrevimiento de la ignorancia”.

Por otra parte, también para mí, resultan todavía más negativos aquellos personajes, presentes en los “mundos” de las redes sociales y de la política, a quienes se les llena continuamente la boca proclamando a los cuatro vientos su “amor a lo rural y la importancia del mismo”, pero que no soportan su cotidianidad (por ejemplo, no aceptando una caza o una pesca, técnicamente bien estructuradas o la necesidad de limitar y controlar  adecuadamente a la fauna silvestre, para hacer realmente posible una verdadera coexistencia emocional, social y económica de la ganadería extensiva con la misma).

Y en este marco me permito encuadrar, con todo mi respeto, al Secretario de Estado de Medioambiente, a raíz de la mencionada entrevista. En ella, aparte de afirmar con rotundidad que “la elaboración de la nueva Orden ministerial y su publicación en el Boletín Oficial del Estado, va a ser “cuestión de días””, no aporta más que vaguedades enlatadas o frases tan desafortunadas como la que rechaza el argumento que vincula la protección del lobo a la desaparición de la ganadería extensiva y, por ende, al despoblamiento rural y, además, entiende que la conexión entre presencia del lobo y despoblación “no responde a la actualidad” en España.

Desde luego sus frases hubieran quedado todavía “más desacertadas y menos ciertas”, si hubiera mencionado de forma global a todas aquellas especies silvestres que, a causa de su no control; es decir, de su nula o mala gestión, se han convertido o se están convirtiendo, en determinadas zonas, en invasivas. Es el caso, por ejemplo, del conejo de monte, del topillo, del corzo, de la  tórtola, del jabalí y, por supuesto, del lobo. 

Bien entendido que, por desgracia, el tema es más complejo de lo que puede parecer a simple vista, porque las competencias en materia cinegética están transferidas a las Comunidades Autónomas. Es en ellas donde, en ocasiones, se toman medidas en este ámbito desde una perspectiva emocional y/o ideológica, pero no técnica, por lo que no es infrecuente que las mismas sean erróneas. 

Y no quisiera terminar esta nota, sin recordar dos hechos. El primero, que el resultado de la votación, fue de 9 a 8 a “favor del lobo”, con los votos de las dos ciudades españolas, Ceuta y Melilla, que no tienen lobos ni los tendrán, y el segundo, la desautorización del Presidente del Gobierno de Aragón a su Director General, que votó a favor de la nueva ley, pero en contra de las directrices de su propio Gobierno y de los intereses de su Comunidad Autónoma (sic).

Y luego, esto sí, nos quejamos amargamente de la pérdida de imagen de España, a nivel internacional.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

 

Reflexiones acerca del lobo y sus manadas

Deseo iniciar esta nota dejando claro que, desde la doble perspectiva técnica y emocional, no tengo nada en contra de los lobos sino todo lo contrario. Creo conocerles bien, entre otras razones, porque en la Universidad de Kiel, concretamente en el Instituto de Genética de Mascotas (Institut für Haustiergenetik), trabajé laboralmente largo tiempo con ellos y con sus cruces con perros puddle.

Viene a cuento esta introducción porque, por razones puramente zootécnicas referidas al equilibrio ecológico, discrepo frontalmente del acuerdo adoptado del jueves pasado por la Comisión Estatal para el Patrimonio Natural y la Biodiversidad, órgano en el que el Gobierno Español, las Comunidades Autónomas y las ciudades de Ceuta y Melilla, están representados.

El mencionado acuerdo incluye en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE) al Lobo Ibérico. En la práctica ello significa, nada más y nada menos que, en su momento, se prohibirá también su caza al norte del río Duero.

Por ello y este caso, estoy conceptualmente de acuerdo con lo que ha publicado la Real Federación Española de la Caza (RFEC); ella considera el acuerdo como de naturaleza “ideológica”, generado por un Ejecutivo que es “completamente ajeno a la realidad rural”.

No olvidemos que el lobo ya gozaba de protección al sur del río Duero después de que el Ministerio para la Transición Ecológica acordara, en junio del año 2019, extender tal circunstancia a la Comunidad de Castilla y León y a la Comunidad de Madrid.

Obviamente, para que el mencionado acuerdo sea oficial deberá ser dictado por orden de la  Ministra de Transición Ecológica, doña Teresa Ribera y ser publicado en el Boletín Oficial del Estado (BOE), debiéndose tener en cuenta los tiempos requeridos a causa de los recursos al acuerdo que, a buen seguro, se van a presentar.

Consecuentemente, en razón de este nuevo acuerdo, una vez publicado, el lobo pasará a  estar protegido en todo el territorio nacional y, por lo tanto, se prohibirá su caza deportiva, al igual como sucede en Francia y en Portugal. En otras palabras, el lobo dejará de ser una especie cinegética, por lo que se terminará con la concesión de cupos de ejemplares objeto de caza, que varias comunidades autónomas concedían anualmente.

Hay que tener en cuenta aquí que la distribución censal del lobo en España es muy irregular; éste es precisamente uno de los problemas de este acuerdo tipo “café para todos”.

En efecto, actualmente se estima que en Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla y León se ubica el 98 por 100 de las cerca de 300 manadas de lobos que tenemos hoy en España. Concretando un poco más, aproximadamente el 50 por 100 estarían en la zona norte de Castilla y León, un 28 por 100 en Galicia, un 12 por 100 en Asturias, un 4 por 100 en Cantabria y el resto en el País Vasco y en la Rioja.

Por esta razón, las organizaciones de ganaderos, especialmente los de las zonas con una mayor presencia de las mencionadas manadas, están lógica y unánimemente en contra del acuerdo. Las mismas llevan años quejándose, con toda la razón, de los continuados ataques que sufren sus rebaños, ataques que, además, aumentan año tras año, mientras que las correspondientes indemnizaciones les llegan generalmente, cuando les llegan, tarde y mal. Esta realidad demostrable origina grandes pérdidas y no sólo económicas.

Y me gustaría ir terminando las presentes consideraciones citando unas afirmaciones vertidas en el año 1976 (es decir hace casi medio siglo), por el Dr. Félix Rodríguez de la Fuente, al que admiro y respeto profundamente y a quien, desde luego, en forma alguna se le podría tildar de “enemigo del lobo”, en una entrevista publicada en el Diario Vasco,

Afirmaba don Félix: “yo siempre he dicho una cosa en la que no tengo más remedio que ser muy explícito, donde el lobo cause daños o ponga en peligro la vida humana, el lobo debe ser controlado” y también añadía después: “resulta absolutamente incongruente y un tanto utópico, tratar de defender al lobo donde causa daño a la economía humana” y  también afirmaba: “yo trato de que en España se racionalice la política de protección del lobo”.

Totalmente de acuerdo. Exactamente esto es lo que habría que hacer. Desarrollar legislativamente, con una base técnica integral, la correcta protección real del lobo. Y ello, siempre en mi opinión, no se va a lograr con posicionamientos ideológicos alineados con una mal entendida “filosofía pro animalista”, en su sentido más kitsh.

Debe quedar muy claro: no se trata en absoluto de exterminar al lobo sino todo lo contario. Se trata de controlarlo adecuadamente, garantizando, por esta vía, su futuro; es decir, buscando minimizar, en la medida de lo posible, los daños a la ganadería extensiva (vital desde una perspectiva socio – económica para muchas zonas de España), desarrollando paralelamente un correcto y generoso programa de ayudas a la misma con indemnizaciones rápidas y ad hoc, para las bajas inevitables en los rebaños ligados a modelos de producción extensivos, promoviendo el uso generalizado de pastores, de mastines, de vallados adecuados, de rediles, de zonas protegidas de recogida nocturna, etc. etc.

No nos engañemos, querer realmente al lobo implica necesariamente controlarlo censalmente de una forma adecuada, permitiendo su ubicación en todas aquellas zonas de nuestra geografía dónde su presencia sea técnicamente posible y adecuada. Solo bajo estas premisas su futuro podrá estar positivamente garantizado.

Por favor, dejémonos ya, en este tema de la gestión de las manadas de lobos, de mandangas, de falsedades y de posverdades. No confundamos la gimnasia con la magnesia, como con tanta frecuencia sucede en España al abordar temas emocionalmente complejos, porque con ellas no ayudamos en absoluto  ni al lobo, ni a su futuro.

Y no olvidemos aquí aquellos dos viejos adagios que dicen: “nunca llueve a gusto de todos” y “quien algo quiere…algo le cuesta” ¿estamos?

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

La «Operación Pitanza»

Sigo recordando mucho a mi abuelo materno, Eleuterio Carbó, el “yayo”, a pesar de los muchos, muchos años transcurridos, porque murió siendo yo todavía un niño.  El “yayo” fue cocinero primero y posteriormente dueño del bar y restaurante Carbó (Can Carbó), sito en la calle Aribau de Barcelona, al lado de la Plaza de la Universidad.

Por él sentía verdadera adoración….era “mi héroe” y continua siendo hoy mi referencia en lo que se refiere a la honradez, al trabajo y a la perseverancia. Procediendo de un medio rural muy pobre, fue capaz de crear en la ciudad condal, a base de tesón y de un gran esfuerzo, prácticamente de “la nada”,  un referente gastronómico en los años 50/60.

Del “yayo”, proceden estas dos afirmaciones que me marcaron desde muy niño, formuladas reiteradamente con su catalán de payés y su vozarrón: “nanu, con las cosas de comer no se juega” y “mucho ojo nanu, que en este mundo de la manduca hay mucho vago y mucho sinvergüenza enredando” ¡Cuánta razón tenía y sigue teniendo!

He tratado varias veces, también en nuestro boletín, la temática que va ligada a estas dos frases y vuelvo a hacerlo hoy, para escribir acerca de la “operación PITANZA”, desarrollada por agentes pertenecientes al SEPRONA de la Comandancia de la Guardia Civil de Madrid.

En la misma, la Benemérita, en colaboración con las autoridades de salud pública, ha incautado unos 125.000 kilos de productos cárnicos mal etiquetados y con una trazabilidad alterada. Se trataba, fundamentalmente, de productos congelados de cerdo, conejo, pollo y ternera El objetivo era el de lograr un beneficio ilegal comercializando irregularmente partidas caducadas y/o no aptas para el consumo.

Parte de esta carne, puesta a buen recaudo por la Guardia Civil, en el marco de la mencionada Operación Pitanza, estaba destinada, nada más y nada menos, que a centros sanitarios y educativos de la ciudad de Málaga, si bien, afortunadamente, estas partidas pudieron ser interceptadas antes de ser distribuidas. Paralelamente, de acuerdo con las informaciones facilitadas por la propia Guardia Civil, también se retiraron partidas que ya estaban a la venta.

Durante la investigación, inherente al desarrollo del operativo,  se descubrió que había un grupo de empresas dedicadas a la distribución de productos cárnicos a nivel nacional que colaboraban directamente a través de sus plataformas o centros logísticos, remitiendo los productos manipulados a diversos clientes con lo que “blanqueaban comercialmente” las partidas cárnicas mencionadas.

Durante la «Operación Pitanza», se inspeccionaron 10 empresas y se precintó una nave en la que se realizaban las prácticas de manipulación del etiquetado, la modificación de fechas de envasado y la alteración de la fecha de congelación. Desde la misma se derivaban los productos, una vez manipulados, a los mencionados centros logísticos de distribución para su posterior reparto a los clientes.

La inspección y clausura de la nave, centro de manipulación, fue posible al constatar que se estaba procediendo al cambio de etiquetado de una partida de productos con etiquetas falsas procedentes de una empresa investigada en Málaga.

De acuerdo con las informaciones disponibles ya han sido detenidas catorce personas y otras dos están siendo investigadas en Madrid, Getafe, Toledo y Málaga. Se les imputan delitos relacionados con la seguridad y calidad alimentaria, pertenencia a grupo criminal, delitos de estafa, falsificación y contra la propiedad industrial.

Vamos a ver cómo termina la «Operación Pitanza», pero sería muy de desear que, a todas las personas implicadas, les cayera la ley con todo su peso por dos razones; la primera, para dejar claro que “con las cosas de comer no se juega” y, la segunda, para que la ejemplaridad del castigo sirviera para que otros potenciales delincuentes sinvergüenzas se lo pensaran dos veces antes de actuar con las cosas de la manduca.

Y no quiero hablar aquí de los nefastos efectos que hechos de esta naturaleza pueden llegar a tener en una sociedad como la nuestra, tan sensibilizada con los escándalos ligados a la proteína animal.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

 

La ganadería china ya vuelve a estar casi donde estaba

Fue en el mes de mayo de hace casi dos años, año 2019, en el curso de alguna de mis intervenciones en el VIII Seminario de Porcicultura Tropical, que tuvo lugar en el Hotel Nacional de Cuba en la Habana, cuando afirmé reiteradamente, en contra de la opinión de muchos de los expertos presentes, que, como muy tarde, en no más de 5 años; es decir, en el bienio 2023/2024, China se habría prácticamente recuperado, en el ámbito pecuario, de los estragos que le estaba causando, a todos los niveles, la Peste Porcina Africana (PPA). Ello daría lugar, además, en el aquel país, a una producción pecuaria global más tecnificada, más eficiente, más eficaz y más presionante sobre el mercado mundial de las carnes y, sobre todo,  en el de las materias primas destinadas a la alimentación animal.

Ahora, según los datos que acaba de facilitar la Oficina Nacional de Estadísticas china (NBS) parece que no andaba yo muy desencaminado. 

En efecto, para empezar, en el año 2020, la evolución global de las producciones chinas de carne de aves de corral, de vacuno, de ovino y de porcino tuvo un descenso de sólo de 0,1 por 100 respecto del año anterior. En este marco 2020, la producción de carne de ave  fue de 23,6 millones de toneladas lo que significa que creció, respecto del año 2019, en un 5,5 por 100  generándose en China a nivel de consumo, como tantas veces he comentado, una sustitución parcial de la carne porcina por carne aviar; sustitución que continuará. La producción de carne de vacuno sólo aumentó un 0,8 por 100 en el último año para colocarse en los 6,7 millones de toneladas y la carne de ovino con una producción de casi 5 millones de toneladas aumento un 1 por 100 respecto del año 2019.

Pero profundizando en el sector porcino chino, insisto en contra de muchas opiniones de analistas occidentales, con unos 528 millones de cerdos sacrificados y una producción de casi 41,2 millones de toneladas en el mencionado año 2020, sólo cayó un 3,3 por 100 respecto del año 2019 (cuando la caída en el año 2019 respecto del año 2018 fue de casi un 21 por 100). 

Estos datos ponen claramente en evidencia que la producción porcina China se está recuperando con gran rapidez, con todo lo que ello va a ir inevitablemente suponiendo en el mercado mundial, tanto de las carnes como de las materias primas destinadas a la alimentación animal (China todavía importó el año pasado unos 4,4 millones de toneladas de carne porcina y unos 5,5 millones de toneladas de otras carnes).

En este contexto téngase muy en cuenta que el censo de cerdas reproductoras en China, a pesar de algunos problemas puntuales, está creciendo con rapidez (un 35 por 100 el año pasado) y el censo porcino global también creció en más de un 30 por 100 a lo largo de los últimos 12 meses, siendo este incremento especialmente significativo en los dos últimos trimestres del pasado año 2020.

Esta evolución del sector porcino chino tiene y sobre todo tendrá, unas repercusiones muy importantes para España. En efecto, nuestro país, a lo largo del año 2020, exportó a China, probablemente, más de 2.500 millones de euros de carne y de productos del porcino, fundamentalmente del porcino de capa blanca (y téngase también en cuenta que el autoabastecimiento real del sector porcino español ronda el 200 por 100). 

Es por esta razón que nuestro sector porcino, en gran medida a través de su interprofesional, Interporc. y de la Administración, está haciendo grandes esfuerzos para abrir nuevos mercados en Terceros Países y consolidar y ampliar todos los mercados, comunitarios y extracomunitarios, ya existentes.

Sin duda alguna, en los próximos 5 – 7 años, de continuar las actuales tendencias, la consecución de éxitos en los esfuerzos comerciales internacionales a realizar, en este sector, va a ser absolutamente clave. Y todo ello suponiendo, obviamente, que las medidas de bioseguridad ya implantadas y las que se puedan ir llegando a implantar, sigan teniendo éxito frente a la Peste Porcina Africana, que cada vez se pasea con más incidencia por Europa.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio