La contextualización de la ganadería en la Unión Europea

Tengo que reconocer que a pesar de mis más de 45 años de actividad como docente en el ámbito universitario (empecé en año 1975 en la entonces E.T.S.I. Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid) se me hace difícil impartir docencia on line a este nivel (para mí, el lenguaje corporal y la interacción con una clase discente cualificada, son fundamentales).

Pero esta dificultad se acrecienta significativamente, como comprobé una vez más en dos madrugadas del pasado fin de semana, cuando afronté el reto de impartir, on line claro, un seminario de seis horas, sobre “Las bases técnicas del modelo U.E. de Producción Pecuaria; sus repercusiones económicas” a una serie de directivos del “otro lado del charco”.

Tal vez, donde más dificultades tuve fue a la hora de contextualizar el modelo Unión Europea. Por contextualizar debemos entender aquí el situar a la producción pecuaria de la Unión Europea (U.E. – 27) en su contexto; es decir, en el entorno resultante como consecuencia de proceder al análisis técnico – socio – económico de las circunstancias y aspectos que la condicionan.

No hace falta decir que, al ser algunas de estas circunstancias o algunos de estos aspectos,  básicamente de “origen social (emocional)”, que no zootécnico (léase, por ejemplo, la futura legislación acerca del tratamiento de los pollitos macho, hermanos de las pollitas futuras ponedoras o la prohibición, que está llegando, de las jaulas en toda producción pecuaria de la U.E.), no resulta precisamente sencillo llegar a conseguir de estos directivos, con una gran formación técnica y un larga experiencia profesional, la aceptación, por el convencimiento, de las bondades globales de esta realidad contextual.

Es cierto, que al estar estos directivos inmersos, en general,  en unas sociedades cuyas demandas a la producción pecuaria son muy distintas a las que genera nuestra sociedad en la Unión Europea, donde los animalistas tienen un rol cada vez más importante, no les resulta nada fácil asumir la mencionada bondad global de los derroteros por dónde transita nuestra ganadería.

En LATAM, hablando siempre en términos generales, el objetivo fundamental de la ganadería es llegar a producir, a partir de unos sistemas y de unas técnicas básicamente zootécnicas, alimentos suficientes, seguros, con calidad y a unos costes que puedan ser económica, social y políticamente asumibles (lo que implica, necesariamente, la optimización de la respuesta productiva de la base animal).

Se trata en definitiva de dos realidades contextuales significativamente diferentes y, en gran medida, no compatibles (nosotros, en la U.E., también estuvimos, no hace tanto años, dónde ellos están ahora).

La pregunta del millón y que, desde luego, no sé contestar, es dónde estará, dentro de diez (10) años, cuantitativa y cualitativamente hablando, la ganadería “clásica” de la Unión Europea, ante unos entornos tan complejos (en ocasiones, de naturaleza VUCA (un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo) y, en ocasiones, de tipo BANI (un entorno poco consistente, ansioso, no lineal e incomprensible) y ante toda una serie de alternativas reales a la proteína animal “tradicional” (alimentos plant based, nuevos alimentos (por ejemplo, insectos), proteínas animales de origen laboratorial, etc. etc.).

Ante estas realidades creo sinceramente es muy difícil, pero que muy difícil, convencer a personas altamente cualificadas en el mundo de la “producción animal, en clave zootécnica” de que la deriva conceptual en que está inmersa la producción ganadera, en el I Mundo y, muy especialmente en la Unión Europea, es, desde una perspectiva global e integral, la correcta.

Y, en el caso que aquí nos ocupa, todavía resulta más difícil cuando, personalmente, tampoco estoy, por expresarlo de una manera “políticamente correcta”, muy convencido de ello.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid

 

 

Nuestro sector lácteo y la «desconcatenación»

Sé muy bien que el término “desconcatenación” no es un término de uso habitual en nuestras conversaciones y comunicaciones. No obstante, me he permitido la licencia de utilizarlo aquí porque, desde mi punto de vista, entiendo que define muy bien lo que en la actualidad está sucediendo en nuestro sector del vacuno de leche.

Me refiero concretamente, por una parte, a los contratos a firmar, en el sector lácteo, entre los ganaderos del mismo y las industrias lácteas (hoy, más del 50 por 100 ya están firmados) y, por otra,  en el momento de escribir estas líneas, al retraso existente de más de 9 meses, por parte del MAPA (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación), en la publicación definitiva del denominado “Estudio de la Cadena de Valor de la Leche”.

Este estudio es absolutamente fundamental porque debe establecer oficialmente cual es el coste real  de producción de la leche en España. Este coste es muy importante para los ganaderos, dado que debería servir de referencia a la hora de negociar los mencionados contratos con la industria.

Y lo expuesto es especialmente importante al considerar el último informe publicado por el MAPA (mayo 2021) y referido al sector que aquí nos ocupa. En él se pone de manifiesto que la media de ingreso global que obtiene el ganadero, referido a la leche producida por sus vacas,  es de 0,357 euros/litro de leche mientras que el coste global de la misma (antes de las últimas subidas en los costes de alimentación) es de 0,371 euros/litro de leche; considerando esta subidas el coste medio se sitúa en los 0,409 euros/litro.

Estos datos indican directamente  tres (3) cosas. En primer lugar, que los ganaderos ya perdían dinero antes de la subida de los costes de alimentación; en segundo lugar que, considerando las mencionadas subidas, la pérdida media se sitúa  en los 0,052 euros/litro de leche y, en tercer lugar, que se está vulnerando, desde hace muchos meses, la tan manida y publicitada “ley de la Cadena Alimentaria”. Entonces, si lo expuesto hasta aquí es cierto, nos obliga a preguntarnos si esta Ley sirve para algo, al menos en el caso que aquí nos ocupa.

Paralelamente, el Ministerio de Trabajo y Economía Social ha decidido incrementar sus inspecciones en las granjas. En el caso de las de vacuno lechero se encontraran trabajando “gratuitamente” a personas de avanzada edad (los abuelos) y, fuera del horario escolar y, sobre todo, los fines de semana, a los chicos de la familia y, en ocasiones, a otros familiares que “van a echar una mano”. Es obvio, que si se contabilizará correctamente esta mano de obra y se le aplicará correctamente la normativa laboral, hoy monetariamente prácticamente gratuita, los costes reales serían aún más elevados.

Es verdad, que hay publicados un elevado número de leyes (caso, por ejemplo, de la Ley de la Cadena Alimentaria), de Reglamentos y de Reales Decretos (por ejemplo, el Real Decreto 5/2020) que están para regular al sector. El problema es que no se cumplen adecuadamente y ello da lugar a que cada año haya menos granjas de vacuno de leche y así, entre los años 2016 y 2020, cerraron, en este sector, unas 3.700 ganaderías (un 22 por 100).

Mientras tanto, la industria láctea, que se estima emplea actualmente a más de 30.000 personas y absorbe unos 7,5 millones de toneladas de leche al año, cerró el pasado 2020 con un balance positivo, pero, esto sí, exigiendo a la distribución que se implique en la Ley de la Cadena Alimentaria (supongo que esto sucede porque la industria láctea ve la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio).

En definitiva, si lo expuesto no es un ejemplo de descocatenación…ya me contarán y, desde luego, nada de esto sucedería si fuéramos capaces de estructurar, como tantas veces lo he manifestado, una verdadera cadena de valor.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid

 

 

La ganadería y el señor Pedro Sánchez

Deseo hacer mención, iniciando esta nota, al hecho de que no era, en absoluto, mi intención abordar esta cuestión, porque, a lo largo de mi dilatada vida profesional, creo que ya me he metido en suficientes “charcos”. Ello, realmente, en nada me ha beneficiado (excepto, obviamente, en su contribución a mantener el respeto hacia mí mismo).

No obstante, en estos últimos días, he recibido nada menos que 47 correos y WhatsApp  instándome a hacerlo y en 5 de ellos (seguro que de personas que no me conocen demasiado bien) se afirmaba, para resumirlo, que no me atrevería; ergo, no me queda más remedio que abordarlo.

Pues bien, creo sinceramente que nuestro Presidente ha estado en esta oportunidad, como mínimo, sumamente desafortunado al referirse, en la presentación de “la estrategia España 2050”, de forma tan negativa a nuestro sector ganadero.

La actividad pecuaria española, ejemplo de economía circular, conforma un sector estratégicamente muy importante, compuesto por cerca de 200.000 ganaderos, que aporta anualmente a nuestra economía más de 18.500 millones de euros y que genera más de 500.000 puestos de trabajo, cumpliendo, además, como así lo ha reconocido el propio Ejecutivo, una labor fundamental a la hora de proporcionar alimentos seguros y sanos a nuestra sociedad.

Tengo la sensación de que, lamentablemente, tanto el señor Sánchez como sus asesores más inmediatos saben muy poco del sector pecuario y, lo que es peor, no se han molestado en estudiarlo (por lo que, en mi opinión, se encuentran, lamentablemente, también aquí,  inmersos en el pantano de la ignorancia). Estas suposiciones mías, unidas al aparente alineamiento del señor Presidente con algunas de las teorías del señor Bill Gates (que, naturalmente, defiende a ultranza sus inversiones), le han llevado a verter, contra el sector pecuario, una retahíla de acusaciones tan duras como injustas.

Para empezar, el señor Sánchez no debería ignorar, a estas alturas, que la actividad pecuaria no es, ni muchísimo menos, como lo he expuesto decenas de veces, la principal responsable del cambio climático (lo cual pudo muy bien constatar nuestra sociedad cuando nos confinaron). Es más, según el inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero (GEI), nuestra ganadería contribuye con solo aproximadamente un 7 – 8 por 100 a la generación de los mismos; el transporte lo hace con un 27 por 100; la industria con un 20 por100, la generación de energía eléctrica con casi un 18 por 100; el consumo de combustibles con más de un 8 por 100, etc. etc.

Por otra parte, las recomendaciones del señor Presidente a nuestra sociedad de restringir el consumo de carne chocan frontalmente con los indicadores internacionales que, como indica, por ejemplo, COAG, “reflejan que el patrón de dieta y el estilo de vida de nuestro país, son de los más adecuados del Mundo”.

Pero, tal vez, lo más desafortunado de esta historia sea, al menos hasta el momento, el silencio del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA),  cuando una de sus obligaciones fundamentales, entiendo, es la de defender con datos oficiales que posee, la imagen y el buen hacer de nuestro sector pecuario (parece, una vez más, que en el MAPA  tienen muy presente aquella frase atribuida al  histórico político y líder sindical, don Fidel Velázquez Sánchez, aquél que formó parte del grupo “los siete lobitos” y que dice “el que se mueve, no saldrá en la foto”).

En definitiva, sería muy de desear que el señor Presidente reflexionara serenamente acerca de sus afirmaciones, en lo que al sector pecuario se refiere, y aplicándose aquel viejo adagio que dice “de sabios es rectificar”, actuara en consecuencia; pero, mucho me temo que sus formas de ser y actuar, se lo impedirá.

¡Ojalá, esté yo muy equivocado!

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid

Unas breves reflexiones sobre el sector de la avicultura de puesta en España

Dos hechos me han llevado hoy a escribir estas breves reflexiones sobre nuestra avicultura de puesta. Por una parte, la diferencia que existe entre los precios medios que reciben por sus producciones los avicultores de la Unión Europea (U.E. – 27) y los avicultores españoles (diferencia manifiestamente favorable a los europeos) y, por otra, la situación por la que atraviesa, en estos momentos, el subsector de la avicultura de puesta en España.

Lo cierto es, que el subsector avícola de puesta español tiene una importancia económica relativamente muy discreta; viene a suponer alrededor del 5 por 100 de la Producción Final Ganadera (PFG) y el 2 por 100 de la Producción Final Agraria (PFA).

Se estructura la conforman alrededor de unas 1.400 explotaciones registradas (REGA) sobre un total de unas 1.750 explotaciones. De ellas un 36 por 100 sigue utilizando las jaulas enriquecidas y el resto, un 64 por 100, se fundamenta en los sistemas de cría alternativos.

No obstante, alrededor del 78 por ciento del censo (actualmente de unos 48 millones de ponedoras) se sigue alojando en jaulas; un 1 por 100 está criado en sistemas ecológicos, un 8 por 100 son gallinas camperas y un 13 por 100 se ubica en suelo.  Interesante significar aquí dos cuestiones; la primera, que entre los años 2019 y 2020 se registró una disminución del número de explotaciones alternativas del 1,9 por 100, si bien su censo aumentó en un 0,8 por 100; la segunda, que el censo global se ha ido acercando, en estos últimos años, a los 50 millones ponedoras que era el censo habitual antes de la reconversión final de los alojamientos en el año 2012.

Por otra parte, es una realidad tangible que el sector se va concentrando poco a poco, (también aquí se va imponiendo el principio de la economía de escalas); así, actualmente, 7 grupos empresariales gestionan más del 60 por 100 de las granjas de puesta y más del 45 por 100 del censo global de gallinas ponedoras.

El sector produce actualmente alrededor de los 1.100 millones de docenas anuales por un valor del orden de los 1.000 millones de euros, siendo, estructuralmente, altamente excedentario (nivel de autoabastecimiento del orden del 122 por 100). Esta realidad confiere, especialmente a los avicultores independientes, una importante dependencia de los mercados exteriores y de la especulación comercial.

Los mencionados excedentes comportaron que, en el año 2020, se exportara un 5,6 por 100 más que en el año 2019, del orden de las 173.000 toneladas de huevos (de ellas, 130.500 t tuvieron como destino a la Unión Europea (U.E.) y casi 43.000 t a Países Terceros). Las exportaciones a la U.E. tuvieron como principales destinatarios a Francia, Alemania, Italia y Portugal; por otra parte,  se importaron unas 33.500 t (un 22 por 100 menos que en el año 2019), prácticamente todas procedentes de la U.E.

Por su parte, el consumo aparente se sitúa alrededor de los 15 Kg/cápita (con una variación positiva del 17 por 100 en el año 2020 respecto del año 2019). Se trata de una cifra históricamente notablemente estable, que, en estos últimos años, alcanzó su cénit en el año 1996 con un consumo aparente estimado de 16,4 Kg/cápita, correspondiendo su nadir al año 2013 (en plena fase post – reconversión de los alojamientos) con un consumo aparente de 13,6 Kg/cápita.

En estos últimos tiempos la situación económica del primer eslabón de la cadena ha empeorado notablemente a causa de un incremento medio en la alimentación del orden de un 21 por 100.  Ello ha supuesto, para la inmensa mayoría de las granjas, pasar de tener un tercer margen bruto positivo (aunque, en muchos casos, sólo discretamente positivo)  a generar un tercer margen bruto claramente negativo. Es decir que, con los precios que el mercado remunera en general y en estos tiempos, su producción a nuestros avicultores de puesta, éstos no cubren el conjunto de sus costes reales (en base a una contabilidad analítica).

Al tener en cuenta todas las realidades expuestas se explican perfectamente las grandes tensiones que reinan actualmente en nuestro sector de la avicultura de puesta y también el incremento de la importancia de los circuitos de comercialización paralelos, especialmente en las grandes ciudades (Madrid, puede constituir un buen ejemplo) lo que, a su vez, aumenta la especulación y la consideración del huevo para consumo como un commodity.

Todo ello es, una vez más, la consecuencia directa de la carencia de una verdadera cadena de valor; lamentablemente la cadena alimentaria existente no corrige habitualmente estas situaciones de desfase y, como casi siempre, es el primer eslabón de la cadena, en este caso el avicultor de puesta, el más penalizado.

Como se puede constatar se trata de una situación que, en el ámbito de nuestras producciones ganaderas, se repite regularmente en el tiempo (recuerden, por favor, a título de ejemplo, lo que publiqué en nuestro Boletín de ÁGORA TOP GAN, hace 15 días, acerca de nuestro sector del vacuno de leche).

Se trata de una situación compleja y reiterada, a la que, desde mi punto de vista, nuestras autoridades no le prestan la atención que merece.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid

 

 

La importancia exportadora del sector porcino de capa blanca en el sistema agroalimentario español

De acuerdo con los últimos datos oficiales consolidados y publicados (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, MAPA, e INTERPORC) el sector pecuario del porcino intensivo (porcino de capa blanca) cerró el año 2020, un año muy marcado, en todos los sentidos, por la pandemia generada por la COVID – 19, con una dimensión del capital geográfico cifrado en más de 68.000 explotaciones y un censo superior a los 29 millones de cabezas (el mayor de la Unión Europea, U.E., y el cuarto a nivel mundial).

El total de animales sacrificados, correspondientes a este sector y en el año de referencia, 2020, ascendió a 56,5 millones de cabezas (situándonos en primer lugar en el ámbito de le U.E.) y la producción superó los 5 millones de toneladas lo que sitúo, en este ítem, a nuestro país, en el ámbito de la Unión Europea (U.E.), en segundo lugar, detrás de Alemania (y en cuatro lugar a nivel mundial).

A nivel económico la Producción Final Porcina (PFP) fue de 8.650 millones de euros lo que supuso el 42,6 por 100 de la Producción Final Ganadera (PFG) y el 16,32 por 100 de la Producción Final Agraria (PFA).

Pero, tal vez, donde la relevancia de este sector se hace más evidente es en lo que atañe al comercio exterior. En el referido año 2020, un año, insisto, tremendamente complicado en todos los sentidos, el saldo comercial exterior creció de manera muy importante.

Las importaciones se situaron a un nivel similar a las del año 2019 (unos 227.000 toneladas y cerca de los 436 millones de euros) mientras que las exportaciones se elevaron a los casi 3 millones de toneladas (unas 500.000 toneladas más que en el año 2019) por un valor de unos 7.630 millones de euros (un incremento de más de 1.350 millones de euros respecto del año 2019).

En estas exportaciones las carnes frescas, refrigeradas y congelados supusieron casi el 72 por 100 en volumen y el 74 por 100 en valor, mientras que las exportaciones de productos elaborados supusieron del orden del 6,6 por 100 en volumen y casi el 15 por 100 en valor. La relación de estas cifras, como tantas veces lo he puesto de manifiesto, constituye uno de loa talones de Aquiles de nuestro sector del porcino de capa blanca, aunque, año tras año, la misma va mejorando.

Las cifras globales expuestos posicionaron al sector porcino de capa blanca español como el primer exportador comunitario y el segundo exportador mundial de porcino y, paralelamente, como el segundo mayor sector exportador del sistema agroalimentario español, detrás del sector de las frutas (tradicionalmente el más importante), pero superando, por primera vez, al sector de las hortalizas y de las legumbres.

De las referidas exportaciones porcinas españolas un 60 por 100 aproximadamente tuvieron como destino los mercados de Países Terceros (un 25 por 100 más que en el año 2019), en razón del importante incremento de las exportaciones a China (1,39 millones de toneladas; un 47 por 100 del total de las exportaciones españolas de porcino).

Este importante incremento de nuestras exportaciones permitió asumir el creciente incremento ya mencionado de la producción indígena, estructuralmente altamente competitiva y muy excedentaria (autoabastecimientos cercano al 200 por 100).

Paralelamente, en el año 2020 y en razón de los efectos colaterales causados por la COVID – 19, empezando por los confinamientos, el consumo total de carnes y elaborados del porcino, en nuestro mercado interior,  ascendió a 1.1 millones de toneladas (un 7,5 por 100 más que en el año 2019 si bien su valor se incrementó en casi un 14 por 100).

Los datos referidos en esta breve nota ponen muy bien de manifestó la enorme importancia cuantitativa y cualitativa,  que tiene el sector del porcino de capa blanca en los contextos de nuestra ganadería y de nuestro sector agrario y también, claro está, de nuestra economía.

Precisamente, por estas innegables importancias va a ser fundamental que el sector se dote de la resiliencia adecuada para poder seguir, durante los próximos meses, medrando exitosamente en este entorno VUCA (volátil, incierto, complejo y ambiguo), que, en razón de las mencionadas circunstancias, nos acompaña y nos va a seguir acompañando todavía durante un tiempo.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid

La lenta involución de nuestro sector del vacuno de leche

Entendiendo como involución aquí a una retención y a un retroceso, pienso que he sido realmente prudente y considerado. al titular la presente nota. En realidad, siendo realmente objetivo, creo debería haber añadido el adjetivo “irreversible”  y eliminar el de “lenta”.

Pero la verdad es que he pretendido no molestar a nadie y mucho menos después de los virulentos ataques de los que he sido objeto últimamente, especialmente a raíz de mis opiniones acerca de las actuales perspectivas legislativas referidas a la protección del Lobo Ibérico al Norte del Duero y de mis predicciones acerca de los nuevos alimentos.

Volviendo al tema que hoy nos ocupa me parece sumamente esclarecedor analizar lo acaecido en estos últimos 5 años, del año 2016 al año 2020,  en el sector del vacuno de leche español.

En el año 2016 entregaron la leche de sus vacas 16.732 ganaderos de media mientras que, en el año 2020,  la mencionada media fue, siempre según datos del Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación (MAPA), de 13.086 ganaderos. Ello significa que entre los dos años considerados se generó un descenso de 3.646 ganaderos lo supone una disminución relativa del 22 por 100; paralelamente el tamaño medio de las explotaciones pasó  de 51 vacas en el año 2016 a 64 vacas en el año 2020, lo que supuso un incremento del 24 por 100. Paralelamente el número de vacas con más de 24 meses pasó de 858.402 (año 2016) a 833.917 (año 2002) lo que significa una pérdida, en  cinco años, de 24.485 animales o de un 3 por 100.

Pero, la mencionada involución continúa y en marzo del presente año 2021, fueron solo 11.964 los ganaderos que entregaron la leche de sus vacas rompiendo la barrera de las 12.000 explotaciones cumpliéndose de este modo mis predicciones formuladas hace 11 años. No hace falta incidir en las negativas repercusiones socio – económicas que esta realidad tiene en el  “vaciado” de la España rural.

En mi opinión el proceso seguirá, a corto – medio plazo, porque aún quedan unas 1.530 explotaciones en el estrato 1 (producción de hasta 50.000Kg/ año) y 4.169 explotaciones en el estrato 2 (producción de 50.0001 a 200.000 Kg/año). Creo poder afirmar que un número significativo de estas explotaciones tiene problemas reales para poder asegurar una rentabilidad digna y, sobre todo, para tener garantizado el relevo generacional.

Esto sí, en el año 2016 las entregas declaradas oficialmente de leche cruda ascendieron a unas 6.887.000 toneladas  y en 2020 se declararon unas 7.406.000 t lo que supuso un aumento de 518.925 toneladas o un + 8 por 100. La razón de este aumento está en la mejora del rendimiento medio por vaca que pasó  de 8.263 Kg/vaca en el año 2016 a 8.881 Kg/vaca en el año 2020 (una mejora de 617 Kg/vaca o del 7 por 100). Paralelamente la producción media por explotación paso de los 423.935 Kg en el año 2016 a los 565.000 kg en el año 2020.

Entre los muchos problemas, que tiene el sector del vacuno de leche español, me permito destacar hoy fundamentalmente dos.  En primer lugar, como tantas veces lo he manifestado decenas de veces, está la carencia de una verdadera cadena de valor lo que desemboca finalmente, a pesar de los esfuerzos legislativos del Ejecutivo, en una clara indefensión del primer eslabón de la cadena. En segundo lugar tenemos el hecho de estar nuestro sector inmerso en el mercado único de la Unión Europea (U.E. -27) cuya  producción anual estimada es  de unos 155 millones de toneladas, con un excedente real que puede estar rondando de los 15 a 17 millones de toneladas anuales. No hace falta incidir en cómo inciden estas dos realidades en la rentabilidad de nuestras ganaderías.

Por estas razones y salvo cambios estructurales profundos en la cadena alimentaria, no veo lamentablemente, a corto plazo, ningún cambio significativo en la tendencia involutiva expuesta dado que hoy un litro de una muy famosa bebida refrescante, adquirida a través del nuevo canal denominado técnicamente “Direct to Consumer”, está, en oferta, a casi 1 euro/litro, mientras, en el súper de mi pueblo, un brick de un litro de leche entera uperizada de una marca muy conocida tiene un P.V.P. de 0,85 euros/litro.

Creo, no hace falta añadir mucho más.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid

La producción pecuaria en la República Popular China está de vuelta

La realidad es que llevo varios meses hablando en mis clases, seminarios, charlas y escritos, de la positiva y acelerada evolución de la producción pecuaria en China y de lo mucho que la misma va a suponer, a corto – medio plazo, para Occidente.

No obstante, me da la impresión de que no se me ha hecho, tampoco aquí, mucho caso; más bien diría, para ser objetivo, que muy poco. Y así, se ha seguido “haciendo la ola” a una serie de predicciones y afirmaciones, más o menos interesadas y, en general, cortoplacistas, pero que, como se está pudiendo constatar, no se han ajustado, ni se ajustaban, demasiado a la realidad. Pero lo cierto es que,  nos guste o no, los datos estadísticos suelen ser objetivos y tozudos y más temprano que tarde, terminan por dar y quitar razones.

Como ya se habrá adivinado me estoy refiriendo a la República Popular China y a la recuperación real de su producción pecuaria en general y a la recuperación de su producción porcina en particular.

En este contexto y de acuerdo con los datos publicados por la Oficina Nacional de Estadísticas China (NBS), referidos al primer trimestre del presente año 2021, la producción total de las carnes de porcino, vacuno y ovino fue de 22 millones de toneladas; ello ha supuesto un crecimiento interanual del orden del 21,5 por 100. En este contexto destaca la producción de carne de porcino cuyo incremento ha sido de casi un 32 por 100 (a pesar de toda la problemática aún existente en aquel país ligada a la Peste Porcina Africana, PPA).

A esta espectacular cifra del incremento de la producción de carne de porcino en China hay que añadir, para podernos hacer mejor idea de dónde y cómo está la situación, que el número de cabezas de porcino se ha situado en unos 416 millones de cabezas (crecimiento interanual de cerca del 30 por 100) y que el número de cerdas reproductoras ya supera los 43 millones de cabezas (incremento interanual cercano al 28 por 100).

Estos datos certifican un crecimiento trimestral récord de los dos últimos años y responde a las grandes inversiones realizadas en aquel país con el objetivo de recuperarse de los estragos, directos e indirectos, generados en él por la PPA. Es cierto que la cifra del incremento trimestral de la producción carne porcina está un poco sesgada por el hecho de que un número importante de granjas han anticipado el sacrificio de sus animales (esto sí, con un peso menor al habitual), por miedo precisamente a la posibilidad de sufrir la incidencia de problemas patológicos, pero ello no quita importancia, ni trascendencia, a las cifras referenciadas.

No cabe duda, a tenor de los datos disponibles y de las tendencias que se constatan, que la producción pecuaria china está de vuelta.

Y esta realidad va a tener, tiene ya, una gran repercusión en el “mundo de ciertas materias primas destinadas a la alimentación animal”, y en el comercio internacional de las carnes (y no olvidemos que el sector porcino español de capa blanca es el mayor exportador mundial con destino a China de los productos a él ligados).

Por otra parte, no cabe olvidar tampoco que una parte, hoy no cuantificable todavía, del “consumo cénit” de carne porcina en aquel país será sustituido, sencillamente en razón del coste oportunidad, por las carnes aviares.

Todo ello empieza a dibujar un panorama que, en mi opinión, se concretará y consolidará en un máximo de 2 – 3 años y que va cambiar muy sustancialmente la realidad de los mercados internacionales de las materias primas y de la carne. Y en este cambio también van a jugar un papel muy importante los “nuevos alimentos” (léase, entre otros, los sustentados en insectos, los alimentos plant based o aquellos que están basados en lo que el señor Bill Gates ha bautizado como “proteínas animales éticas”).

Y es que, como bien dice aquel viejo adagio agronómico: “no es posible poner puertas al campo”.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid

La Unión Europea y la nueva ley de Sanidad Animal

Esta nueva reglamentación (adoptada por el Parlamento Europeo y el Consejo en marzo del año 2016), se publicó hace ahora 5 años, concretamente el día 31 de marzo del año 2016, y ya es de aplicación obligatoria en toda la Unión Europea (U.E. – 27),  a partir del pasado día 21 de abril.

La misma adopta el principio de “una sola salud” (concepto conocido como One Health), desgranando las responsabilidades de los ganaderos, veterinarios y otras personas que se ocupan de los animales y vinculando, por primera vez, el bienestar de los animales con su salud y con la sanidad pública.

Codifica 40 textos legales y responde, en gran medida, a las nuevas necesidades que presenta en este capítulo la actual producción pecuaria en la U.E. – 27 en su marco social, permitiendo una mayor utilización de las nuevas tecnologías aplicadas las actividades relacionadas con las salud animal.

Pero, probablemente, lo más importante de la misma sea que crea un sistema común destinado a detectar y a controlar de forma temprana las enfermedades animales, incluyendo aquellas que sus susceptibles de ser transmitidas a los humanos, combatiendo paralelamente los riesgos de seguridad, en primer lugar, para nuestra salud.

En realidad esta nueva legislación lo que fundamentalmente aporta es una consolidación real, en un ámbito único, de una serie de disposiciones ya existentes en la U.E., pero que carecían de un marco único que, en una entidad geografía que no política con bases tan diversas como es el caso de la Unión Europea de los 27, resulta fundamental a efectos prácticos.

En lo que se refiere a las enfermedades animales establece básicamente 4 categorías, a saber:

  • La categoría A la misma implica a las enfermedades más graves, que deben ser controladas de inmediato en el caso de la parición de un brote; aquí se incluyen la Peste Porcina Africana (PPA), la Peste Porcina Clásica (PPC) y la Fiebre Aftosa.
  • La categoría B incluye aquellas enfermedades que se deben erradicar necesariamente como son los casos de la tuberculosis, la brucelosis y la rabia.
  • La categoría C, comprende las enfermedades de erradicación opcional como son: la lengua azul o la enfermedad de Aujeszky.
  • Las categoría D y E se refieren a las enfermedades menos graves.

En esta nueva Ley de Sanidad Animal también cobra, sin duda, una especial relevancia el significativo reforzamiento de la prevención a través de una serie de medidas. Medidas tales como las referidas a la bioseguridad y a la vigilancia de los procesos y programas vacunales, de las enfermedades emergentes y de la resistencia anti – microbiana. En este último aspecto hace un énfasis especial en la necesidad de hacer un uso responsable de los antibióticos. En este contexto la Comisión será la responsable de vigilar y controlar, en todos los Estados de la Unión Europea, el uso de los antimicrobianos y  también de publicar datos detallados y comparables de su utilización en todos ellos.

En este sentido también cabe destacar, por ejemplo, el establecimiento de normas específicas en lo que se refiere a las vacunaciones y a las medidas de control en caso de sospechas o brotes confirmados de una enfermedad; la exigencia, que implica a todos los Estados Miembros (EE.MM.), de establecer planes de contingencia con el fin de hacer frente a determinadas enfermedades  o los procedimientos que se deben seguir, en caso de urgencia, estos EE.MM., para que realmente se pueda garantizar una rápida y coherente respuesta global que implique a toda la Unión.

Finalmente algo muy importante: también establece las normas y los requisitos para los países no pertenecientes a la Unión Europea (Países Terceros) en lo que se refiere a las importaciones y a las exportaciones de animales.

En definitiva, la nueva ley constituye un significativo paso adelante destinado a beneficiarnos a todos.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid

 

 

 

¿Fin de las jaulas en la ganadería de la Unión Europea?

Me permito recordar aquí que el verdadero pistoletazo de salida en lo que atañe a esta cuestión de las jaulas en los alojamientos ganaderos fue la Directiva 1999/74/CE. La misma estableció la prohibición de alojar a las gallinas ponedoras (y, consecuentemente, a la producción de sus huevos) en jaulas convencionales a partir  del día 1 de enero del año 2012. Estas jaulas tradicionales ya no se pudieron construir ni instalar en la Unión Europea, a partir del día 1 de enero del año 2003.

Recuerdo muy bien que la primera vez donde abordé públicamente el negativo futuro que les esperaba a las jaulas en la ganadería de la Unión Europea fue hace ya más de veinte años en un Congreso Internacional, auspiciado por la Asociación Colombiana de Porcicultores. Mi intervención generó, amén de mucha incomprensión y críticas, un apasionado debate y prácticamente ninguno de los muchos técnicos y porcicultores que asistían al Congreso compartió mi punto de vista.

Hoy nos estamos acercando al cumplimiento de aquella predicción. En efecto, el pasado jueves, día 15 de abril, los eurodiputados debatieron una iniciativa ciudadana (End the Cage Age) destinada a prohibir todo tipo de jaulas, insisto: todo tipo de jaulas, en las explotaciones ganaderas de la Unión Europea a 27.

La audiencia pública, que fue organizada conjuntamente por las Comisiones de Peticiones al Parlamento y de Agricultura, fue inaugurada por los Presidentes de ambas comisiones lo que da idea de la importancia que se dio a la misma.

En la presentación de esta iniciativa ciudadana (una de las más exitosas cuantitativamente hablando de la historia de la Unión; logró 1,4 millones de firmas), se mencionó que, al día de hoy, están enjaulados en la Unión Europea del orden de 180 millones de aves, 112 millones de conejos, 10 millones de cerdas y 12 millones de terneros.

La finalidad de esta iniciativa ciudadana (la sexta que tiene éxito entre las 76 presentadas en los últimos 8 años y la primera en la que en 18 Estados de la U.E. se reunió el número suficiente de firmas y también es la primera donde el tema del bienestar animal logra llegar al debate en la Eurocámara) pretende, como su nombre bien lo indica, terminar con las jaulas en las granjas con gallinas ponedoras, pollitas de cría y recría, codornices, perdices y patos, conejos,  porcinos y terneros.

La señora Stella Kyriakides, Comisaria de Salud y Seguridad Alimentaria de la U.E., hizo hincapié en el hecho de que el bienestar animal se encuentra en el epicentro de Pacto Verde de la Unión Europea y también en la Estrategia “de la granja a la mesa”, lo que requiere necesariamente seguir avanzando en esta dirección.

La señora Comisaria recordó que, en estos momentos, se está llevando a cabo un análisis de la legislación sobre bienestar animal que rige en los distintos Estados de la Unión Europea. A partir de los resultados que se obtengan de esta importante verificación se pretende proponer, en el año 2023, una nueva legislación en la U.E. referida al tema del bienestar animal.

Lo que no avanzó la señora Kyriakides es si la mencionada nueva legislación prohibiría definitivamente las jaulas en toda actividad ganadera de la Unión o sólo se limitaría introducir (al menos en una primera etapa) nuevas restricciones.

Lo que me parece más que evidente es que, en la U.E. se ha abierto definitivamente esta “jaula de pandora” y que, más temprano que tarde, en las granjas de la Unión Europea, las jaulas o al menos una gran mayoría de ellas, tienen fecha de caducidad; al igual como, en su día, la tuvieron las jaulas convencionales en el caso de las gallinas ponedoras o las jaulas de gestación en las cerdas reproductoras.

Tampoco me cabe duda alguna y así lo expuse en la mencionada intervención en Colombia, que esta trayectoria que sigue de manera irreversible la U.E. acabará afectando en la misma dirección y sentido, sí o sí, a todas aquellas otras regiones del Mundo que exportan o pretenden exportar, sus producciones pecuarias a la Unión Europea (léase, entre otras, LATAM)

Llegados en la U.E. a este “puerto” habrá que ver cómo quedará, en su momento y en unos mercados mundiales cada vez más globalizados, la competitividad real de nuestra ganadería, la española,  que, en varios de sus sectores ganaderos (porcino, avicultura de puesta, vacuno, cunícola…) es estructuralmente excedentaria e, incluso, muy excedentaria y, por ello, con importantes intereses comerciales en Países Terceros.

Interesante cuestión ¿no es cierto?

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid

La ganadería y su entorno, una dificultad añadida

No sé si es una cuestión que está ligada con mi edad (que supera ya los tres cuartos de siglo); probablemente ella y sin que yo me dé cuenta, limita significativamente mi lenguaje corporal durante la docencia y/o si son los efectos residuales de la parálisis facial vírica, no totalmente superada, que sufrí hace ahora ya 2 años y que afecta negativa y coyunturalmente, a mi capacidad de oratoria, pero tengo la impresión que, en ocasiones, mi poder de convicción, como docente, ha disminuido, especialmente cuando los discentes son personas maduras y altamente cualificadas.

Y esta fue la sensación que tuve hace un par de días cuando intentaba explicaba la “matriz de dificultades” con que se enfrenta hoy en España (en general, en la Unión Europea) la ganadería y muy especialmente la ganadería intensiva que es, sin duda, una ganadería netamente empresarial.

Y la primera de las dificultades y probablemente la más importante, porque es global es la referida al entorno en que hoy nuestra ganadería (al igual que otras muchas actividades económicas) se halla inmersa.

Se trata de un entono de naturaleza integral, que técnicamente se ha denominado “entorno VUCA”. Este nombre emana de las primeras palabras inglesas de las 4 principales características que le definen: volátil (Volatility), incierto (Uncertaity), complejo (Complexity) y ambiguo (Ambiguity).

En este entorno y en primer lugar, los actores implicados (referidos en este caso a los que conforman los distintos eslabones de la cadena alimentaria)  pueden y suelen cambiar sus actitudes con  notable rapidez. En  segundo lugar, la información habitualmente disponible no suele ser suficiente, por lo que se hace muy difícil anticiparse a los cambios mencionados y, en tercer lugar, surgen, con frecuencia, una serie de influencias, que están interaccionadas y que son muy difícilmente cuantificables y, además, no siempre evidentes a priori; en ellas los intereses económicos y/o las emociones, juegan un papel trascendental.

Ante esta situación descrita, sin duda no estática y enmarcada por las características expuestas, a la actividad ganadera (primer eslabón de la cadena) no le queda otra que ser capaz de entenderla y asumirla, procurando, en la medida de lo posible, adecuarse permanentemente a la misma, luchando, día a día, por anticiparse a los cambios. Consecuentemente, el empresariado de nuestro sector ganadero deberá estar altamente cualificado y el sector deberá ser muy dinámico.

Además, se están planteado, en este mismo periodo. una gran cantidad de nuevos retos y desafíos. Por una parte, están los nuevos alimentos (léase, por ejemplo, insectos, los alimentos plant based, los productos procedentes de carnes cultivadas, etc. etc.) y, por otra, tenemos una sociedad (que es dónde moran los consumidores) que, porcentualmente, cada vez es más urbanita y está más alejada (física, psicológica y emocionalmente) del mundo rural. Ello  significa que sabe cada vez menos lo que realmente es la ganadería, que, consecuentemente, pierde objetividad en lo que a ésta se refiere, que antepone en sus valoraciones y en sus opiniones, las emociones, e incrementa, a la ganadería y a sus producciones, la presión de sus “exigencias sociales” (generalmente muy poco o nada técnicas).

Todo ello comporta, paralelamente, una modificación de lo que, hasta hace muy poco, eran los patrones tradicionales de consumo. Cada vez hay más compradores y menos clientes; compradores que cambian, una y otra vez, sus normas de compra y los canales de la misma, convirtiéndose rápidamente en un “comprador tipo – multicanal”, modificando simultáneamente, como ya se ha comentado, la naturaleza y la intensidad de sus exigencias al sector primario y a la propia cadena.

Asumiendo lo expuesto, no puede ser erróneo afirmar que el futuro de nuestra ganadería se presenta ciertamente complejo. Hoy, es muy difícil saber bajo qué coordenadas habrá de desenvolverse mañana; sobre todo aquella que es estructuralmente más compleja y/o con ciclos productivos más largos (como puede ser, por ejemplo, la del vacuno de carne)

Lo que si tengo muy claro es que habrá de desarrollarse, tanto a nivel individual como sectorial, una resiliencia adecuada, con el fin de poder medrar exitosamente en el mencionado entorno VUCA; un entorno que, en mi opinión, permanecerá, como mínimo, a medio plazo.

Espero, en esta oportunidad, haber tenido más éxito que en mi docencia del pasado fin de semana, y haber logrado que, los amigos que leen nuestro boletín, coincidan conmigo. Amén.

Carlos Buxadé Carbó.

Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid