El Proyecto Tianhe ¿es el futuro?

Sin lugar a dudas, con una visión a corto-medio plazo, uno de los temas de mayor preocupación, en España y en buena parte del mundo, en lo que atañe a la producción pecuaria convencional, se refiere a poder atender a su demanda global de agua.

En este marco me parece interesante profundizar, aunque sea muy someramente, en este tema. La reserva hidráulica en España se estima que está actualmente en los 23.126 hectómetros cúbicos de acuerdo con los datos aportados por el Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación (MAPA).

Significa este dato que la cantidad de agua embalsada se sitúa sólo en un nivel real del 41,6 por 100 de su capacidad total (en la misma semana del año pasado, año 2018, el volumen de agua embalsada era de 29.853 hectómetros cúbicos, un 53,2 por 100 de su capacidad total cifrada en 56.074 hm3). Por otra parte, la reserva media en la misma semana de los diez últimos años se eleva a 30.464 hectómetros cúbicos; es decir, al 54,33 por 100 de su capacidad.
Es evidente que la situación va empeorando poco a poco (en nuestro país la fragilidad natural de nuestro suelo ocasionada por las características climáticas, topográficas y edáficas, se suma la presión de la actividad humana).

Todo parece indicar que las afirmaciones de doña Eva van den Berg, publicadas en el National Geographic y referidas al hecho de que más de una cuarta parte de nuestro país está amenazada por la desertificación, se van aproximando a la realidad.

La reducción de las precipitaciones en nuestro ámbito geográfico, unida a su naturaleza tormentosa y poco regular de las mismas a las que deben sumarse, como ya se he indicado, las vías de comunicación que cortan las vías de drenaje, una mala planificación urbanística (que, a menudo, origina un sellado del suelo, o soil sealing, afectando a la capacidad natural de infiltración y de amortiguación de escorrentías e inundaciones), los incendios forestales y ciertas prácticas agrícolas, están generando una aceleración en la erosión del suelo contribuyendo todo ello directa y significativamente, al mencionado avance de la desertización en España.

Cierto es que según don José Luis Rubio, presidente de la Sociedad Europea de Conservación de Suelos y exdirector del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), este fenómeno no es exclusivo de nuestro país dado que la desertificación es consecuencia de múltiples factores que tienen su origen en la interacción de los procesos naturales con los usos del territorio y, hoy en día, las zonas terrestres amenazadas por el riesgo de desertificación constituyen el 40 por 100 de la superficie de la Tierra.

Ahora China, que es uno de los países que más necesita asegurar el abastecimiento de agua teniendo en cuenta sus tasas de crecimiento poblacional y producción global, pretende conseguir el agua que va a necesitar a través de la aplicación de la tecnología.

La consecución de este complejo objetivo se basa en la realización de un macro-proyecto denominado Tianhe o Río Celestial, fundamentado en la aportación de unas 10.000 cámaras emisoras de yoduro ubicadas en una superficie de unos 1,5 millones de kilómetros cuadrados, destinadas a sembrar nubes propias (nubes creadas) sobre la meseta tibetana que, por tratarse de una región con grandes glaciares y depósitos muy importantes de agua subterránea, es clave para el abastecimiento de agua a China y a los países fronterizos.

El mencionado macro-proyecto se fundamenta, según lo que he podido leer, en lanzar a la atmósfera grandes cantidades de yoduro de plata con el fin de favorecer las precipitaciones (recordemos que en España, a finales de los años 80, la organización Metrológica Mundial (OMM) ya realizó, en la Cuenca del Duero, alguna de estas pruebas en el marco del denominado Proyecto de Intensificación de Precipitación (PIP), pero los resultados fueron poco positivos).

A pesar de las dudas que este método genera en la comunidad científica internacional, China en el año 2017 ya destinó cerca de 160 millones de euros para financiar este proyecto que tiene como objetivo básico conseguir la consecución de 10.000 millones de metros cúbicos de agua adicionales en los próximos años.

Este proyecto no es incompatible con unos positivos cambios de los patrones de cultivo basados en una rotación adecuada de cultivos dado que la presencia de una cubierta vegetal permite un entorno inmediato más fresco y, en el marco de grandes extensiones, puede favorecer, a causa de la absorción del dióxido de carbono, condiciones de mayor humedad las cuales, a su vez, incrementan del orden de un 10 por 100 la denominada “precipitación conectiva”.

Lo cierto es que ante las perspectivas que tenemos actualmente en nuestro país, por todo lo expuesto a lo que hay que añadir el cambio climático, toda actuación técnica que permita reducir significativamente o incluso invertir, las perspectivas de aumento de la sequía y de la desertización, serán una bendición a todos los niveles y también, por supuesto, para la producción pecuaria convencional.

Por esta razón es muy de desear que el proyecto Tianhe se vea coronado por el éxito y nos permita, asumiendo su coste, ver el futuro con otra perspectiva.

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

 

La peligrosa burbuja en que está inmerso el sector porcino de capa blanca

Lo confieso: tengo la terrible sensación, como exponía la semana pasada en una de mis conferencias en una Escuela de Negocios, de estar circulando, por la actual “autopista cortoplacista y de autocomplacencia de nuestro sector porcino de capa blanca”, a toda velocidad pero en dirección contraria.

Las actuales predicciones de los EE.UU. auguran que en el próximo año, año 2020, la producción oficial de carne oficial en el mundo puede situarse, a causa de los estragos generados por la Peste Porcina Africana (PPA), alrededor de los 95 millones de toneladas cuando la misma, en el año 2018, fue de 123 millones.

Mi opinión es que, analizando las previsiones zonales, la producción oficial mundial, en el año 2020, superará los 102 millones de toneladas (la real, sumando a las cifras oficiales el autoconsumo y de la producción de traspatio, pienso que podrá estar el año próximo alrededor de los 110 millones de toneladas (133 millones en el año 2018), igualando prácticamente a la cifra del consumo mundial real total).

Cierto es que el tsunami en el sector porcino mundial es innegable y, cualitativamente y a corto plazo, la gran damnificada aquí (si se puede expresar así) es China y aunque es muy difícil vaticinar cual es el “perjuicio final” que en ella puede llegar a ocasionar la PPA, no creo sea muy desatinado aventurar que del censo cénit chino cifrado en unos 460 millones de cabezas podrá pasar finalmente a ser de unos 230-240 millones.

Ello significará una pérdida censal real cercana al 50 por 100 que generará la correspondiente reducción de su producción final que se cifra, para el año 2020, en unos 35-37 millones de toneladas (en el año 2016 y 2017 este país daba unas cifras de producción de unos 54 millones de toneladas anuales).

En la otra cara de la moneda están, entre otras, las otras tres grandes regiones productoras de carne de porcino en el mundo, que se ven claramente incentivadas en su producción de carne de porcino por la negativa situación generada y descrita especialmente en China (en Asia) que determina el fortalecimiento positivo del comercio internacional de carne de porcino.

Así, en primer lugar, en la actual Unión Europea, segundo productor mundial, se prevé que su producción oficial pueda llegar el próximo año 2020 a una cifra cercana a los 25,5 millones de toneladas frente a los 24 millones largos de este año 2019 (siendo el consumo de unos 21 millones de toneladas y ¡atención! descendiendo; el autoabastecimiento supera el 118 por 100); el tercer productor, los EE.UU. de Norteamérica, podría producir el próximo año unos 13 millones de toneladas y todo parece indicar que en el año 2020 la producción de Brasil, el cuarto productor mundial, superará claramente los 4 millones de toneladas.

Es decir, los tres principales productores después de China producirán en el año 2020 unos 42-42,5 millones de toneladas de carne de porcino que podría suponer un 41-41,5 por 100 de toda la producción mundial (sumando China sería unos 77-78,5 millones de toneladas o prácticamente el 77-78 por 100 de la producción mundial oficial).
La burbuja se ha generado porque el resto del mundo lleva pensando desde el año 2018 que la situación china se va a prolongar en el tiempo; que el comercio internacional seguirá muy positivo, que los elevados precios se quedarán y así un largo etcétera, continuará a medio plazo para el bien del Oeste (si la PPA nos respeta) y, por ello, en él todos seremos felices y comeremos perdices.

En mi opinión, nada más lejos de la realidad futura a corto-medio plazo. La PPA está permitiendo a China eliminar, directa e indirectamente, miles y miles de explotaciones ineficientes e ineficaces y sustituirlas (ya está en ello) por explotaciones ultra-modernas, en base a una economía circular y de escala de primer nivel (toda realidad pecuaria tiene su cara negativa y su cara positiva).

Pero además, no me cabe duda alguna, China va a sustituir, por razones económicas obvias, una parte de su consumo histórico y previsional de carne de cerdo por el consumo de carne aviar (pollo y pavo, básicamente) y por el de proteína (vegetal y animal) de origen industrial.

Es decir, de no surgir grandes imprevistos, en no más de 5-7 años, China dejara de ser el “Eldorado” de los grandes productores de carne de porcino del resto del mundo (y esto sin mencionar el último acuerdo ruso-chino).

La pregunta que surge entonces es muy sencilla, interesante e importante ¿qué hará la Unión Europeas (UE-28) (y, en ella, España más concretamente) con “una parte crítica” de sus grandes y crecientes excedentes de carne de porcino (hoy, en la UE unos 5 millones de toneladas anuales)? Actualmente estimo que la UE exporta más de 2 millones de toneladas anuales de carne de cerdo a China (en el primer semestre del 2019 ya fueron casi 1 millón de toneladas).

En mi opinión el sector porcino de la Unión Europea y especialmente de España (dónde el mismo no deja de crecer y de cantarse loas a su excelencia), debería dejar de hacer crecer la burbuja. Debería tener muy en cuenta el sector el presente y sobre todo el futuro de las normas de carácter medioambiental y de bienestar animal y de la evolución de los consumos internos.

Creo que debería dedicar esta época de gran bonanza y de importantes beneficios, para eliminar, en la medida de lo posible, los apalancamientos financieros existentes, generar reservas financieras para lo que va a venir a corto-medio plazo, optimizar técnicamente las granjas, aplicar correctamente las mejores técnicas disponibles y, sobre todo, prepararse bien para un futuro que se me antoja (ya me perdonarán) complejo técnica y económicamente hablando.
Lo curioso es que en privado muchos “popes” del sector español del porcino de capa blanca están de acuerdo conmigo, pero, en público, se unen a las loas (imagino que para ser “políticamente correctos”).

En definitiva, me recuerda mucho la realidad actual de nuestro sector porcino de capa blanca al “boom o burbuja” inmobiliaria de los años 1997–2007 y, mirando al futuro, a su pinchazo de los años 2007–2012.

¿A usted no?

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

 

 

El consumidor y su confusión acerca de la leche de vaca

Cada vez que surge, en algún foro compuesto por personas ajenas al sector ganadero, una conversación acerca de la leche de vaca (puntualizo lo de “vaca” porque me refiero aquí a aquellos consumidores que no están versados en esta temática) se me suelen llevar los demonios.

Y esto acontece (al margen de mí conocido internacionalmente “mal pronto”) al constatar lo muy mal informados que están mayoritariamente estos consumidores y lo mucho que desconocen realmente lo es la leche; sus distintos tipos, sus características, la conveniencia o no de su consumo, etc.

Lo cierto es que desgraciadamente, en la inmensa mayoría de los casos, al menos de acuerdo con mi experiencia, la información que poseen es pobre y sesgada, soliendo provenir del “dios Internet”, dónde todo el mundo puede verter, sin ningún control, sus opiniones aunque no tengan ni idea acerca del tema que tratan (no se olvide aquel viejo adagio que habla del atrevimiento de la ignorancia).

El sábado pasado me sucedió un episodio de esta naturaleza cuando, dentro de la ruta ciclista de este día, nos sentamos con algunos amigos de nuestra Agrupación Ciclista Roceña (ACR) a desayunar en Alpedrete. Uno de nosotros pidió un vaso de la mal denominada “leche de soja” y ahí surgió el debate.

En mis clases defino a la leche (en este caso de vaca), recurriendo al Código Alimentario Español (CAE) y así explico que por leche natural entendemos el producto íntegro, no alterado ni adulterado y sin calostros, procedente del ordeño higiénico, regular, completo e ininterrumpido de las hembras domésticas sanas, bien alimentadas y bien manejadas.

Obviamente, además, la leche debe cumplir con las características físicas y microbiológicas establecidas (me refiero, claro está, a su densidad, índices crioscópicos y de refracción, acidez, grasa y sólidos no grasos, cantidad de leucocitos, gérmenes patógenos y presencia de antisépticos, antibióticos y sustancias alcalinas).

Y no se pierda de vista que la leche es uno de los alimentos más completo que se encuentra en la naturaleza, por ser rica en proteínas, grasas, vitaminas y minerales, que muy importantes en la nutrición humana (el consumo regular de leche por parte del hombre se remonta al Neolítico, aproximadamente unos 6.000 años a. de C.).

Pero que yo sepa, al menos hasta el presente, no es posible ordeñar a una planta de soja, ni, por supuesto a un almendro, ni a una planta de arroz, ni de avena, ni de alpiste, ni de coco, ni de cáñamo, ni a un avellano. Se habla erróneamente, en todos estos casos, de “leches vegetales” cuando en realidad son jugos vegetales cuyas bondades, desde una perspectiva nutricional, están muy lejos de las de la verdadera leche.

Y ya que me he metido en esta temática también me parece oportuno aclarar que no es lo mismo una leche de vaca pasteurizada que una esterilizada o que una uperizada. Y que no tiene el mismo valor nutricional una leche entera que una semidesnatada o que una desnatada (según el CAE la leche desnatada que se comercialice tiene que tener como máximo un 1 por 100 de materia grasa, lo que va a determinar el menor valor energético de este alimento, respecto a la leche entera (3,5 por 100 de materia grasa) o a la semidesnatada (1,5 por 100 de materia grasa). Y no se olvide tampoco aquí que, en la leche, las vitaminas A y D están ligadas a la grasa.

Lamentablemente, desde hace un tiempo, la leche está sometida a una “publicidad negativa” y a unas fuertes críticas, muy interesadas ambas, que, en absoluto, se corresponden con la realidad. Cierto es que hay personas (especialmente niños en sus primeras edades) que son alérgicas a la misma. Afortunadamente, en la mayoría de estos niños la alergia desaparece cuando crecen. La alergia a la leche es una respuesta anormal del sistema inmunitario del cuerpo a la leche y a los productos que contienen leche (no confundir alergia con intolerancia a las proteínas de la leche o a la lactosa).

En definitiva y a esto iba, si no somos alérgicos a la leche ni intolerantes a alguno de sus componentes, no hay nada mejor que tomar leche entera y productos lácteos en la medida adecuada a nuestra edad y condición y dejar a las “leches vegetales” en los anaqueles de las tiendas.

Y un último apunte para cerrar esta breve nota: 100 gramos de “leche de soja” tienen un valor nutricional de 45 calorías (Kcal) y la siguiente información nutricional: 2,9 g de proteínas, 3,5 g de carbohidratos, 2,0 g de grasa y 47 mg de fósforo; por su parte, 100 gramos de leche entera de vaca aporta 65 calorías, 3,2 g de proteínas, 4,7 g de carbohidratos, 3,5 g de grasa y 92 mg de fósforo además de 23 veces más vitamina A que la “leche de soja” y 5 veces más de ácido fólico.

Espero que estas líneas sean útiles para aclarar conceptos a las personas no versadas en la materia.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

 

Las razones del éxodo del medio rural al urbano

Acabo de regresar de México, donde he participado activamente como ponente en la reunión internacional auspiciada por OPARPA. En la misma, además de hablar largo y tendido acerca del sector porcino a nivel mundial, de la Unión Europea y de México, he tenido la oportunidad de conversar con dirigentes mexicanos y también con algunos técnicos daneses (Dinamarca era el País Invitado a la mencionada reunión) acerca del grave problema que a tantas regiones del mundo afecta, como es el éxodo de personas (la gran mayoría de ellas jóvenes) desde el medio rural al medio urbano.

México puede ser un buen ejemplo de ello; con un total actualmente de unos 132 millones de habitantes (en el año 1950 la población mexicana sólo era de unos 26 millones), las cuatro principales ciudades (México DF, Veracruz, Jalisco y Puebla) albergan realmente a unos 38 millones de habitantes lo que supone el 21 por 100 del total, y a las mismas fluyen diariamente miles de personas desde el medio rural en busca de un futuro mejor.

Este es, insisto, un fenómeno generalizado en muchas partes del mundo; así, por ejemplo, Etiopía que tiene una población cercana a los 110 millones de habitantes y es, junto con Nigeria, el país más poblado de África y de los más pobres (PIB anual per cápita de unos 625 dólares), en la zona de influencia directa de Addis Abeba, su capital, se estima que habitan realmente más de 10 millones de personas, y cada día fluyen a la misma miles de personas procedentes del medio rural.

El principal fundamento real de este hecho está en la búsqueda en el medio urbano por parte de las personas que habitan en las zonas rurales de una vida mejor; de una vida con más oportunidades en formación, en salud, en empleo, etc. Es decir, estos inmigrantes internos siempre van en búsqueda de un futuro mejor del que realmente les ofrece o puede ofrecer, el medio rural.

Salvando todas las distancias, España está también afectada por las razones expuestas por un problema similar (actualmente solo el 20 por 100 de la población española vive en el medio rural). Como es bien sabido hace unos pocos días cientos de localidades de todo el país se manifestaron solicitando a todas las fuerzas políticas la creación de un verdadero pacto de Estado contra la despoblación (actualmente este tema es dependiente del Alto Comisionado para el Reto Demográfico de reciente creación y ubicado en el Ministerio de Política Territorial).

En este sentido me parece altamente ilustrativo lo que expuso don Juan Manuel Polentinos, presidente en Valladolid de la Confederación de Centros de Desarrollo Rural (Coceder): “La España rural no está vacía ni nunca lo ha estado, han sido las políticas públicas las que la han vaciado al dirigir a otras zonas el impulso socio-económico y los polos de desarrollo”.

Y aquí, probablemente, está el quid de la cuestión; esta cuestión que está llevando desgraciadamente a miles de pueblos en toda España a una hasta ahora irreversible “muerte demográfica” (como se decía en la convocatoria de la mencionada manifestación “la España vaciada se muere”).

Desde mi punto de vista, lo que exige urgentemente el medio rural es una política racional, eficiente y eficaz, una política fundamentada en elevadas inversiones que logren, a medio plazo una revertebración territorial real, es decir, un verdadero “reequilibrio demográfico” entre la periferia (el mundo rural) y el interior (el mudo urbano).  Y esto sólo se puede lograr, al menos inicialmente, mediante la aportación masiva de recursos efectivos el medio rural (aquí no hay que buscar la racionalidad económica de la mencionada inversión ni su rentabilidad a corto plazo sino, en todo caso, a un largo plazo).

Todo ello implica necesariamente la creación de las adecuadas infraestructuras en sanidad, educación, transporte, viviendas, carreteras, etc. (así, por ejemplo, generando la vinculación de las industrias agroalimentarias al territorio donde se generan los productos, dando lugar a políticas reales de emprendimiento, facilitando también fiscalmente, la ubicación de empresas en el medio rural, dando oportunidades en él a la creación de empleo, etc.).

Obviamente, ello exige, desde una perspectiva global, un cambio significativo en las políticas públicas (tanto del Estado como, fundamentalmente, de las Comunidades Autónomas) y, por supuesto, en primer lugar, un “importante apriete del cinturón”, a todos los niveles, en el medio urbano, con todo lo que ello comporta.

Pero no nos queda otro remedio que espabilar si no queremos acabar, a medio plazo, como, por ejemplo, Chile donde solo el 12 por 100 de su población vive en el medio rural o Argentina donde solo lo hace un 7 por 100 y ahí está, no nos engañemos, una de las razones (que no la única obviamente) de sus graves problemas sociales.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

Los daños colaterales del “Caso Magrudis”

Como se explicita en la sección “Ágora Tribuna” del presente boletín número 4, la jueza titular del Juzgado de Instrucción número 10 de Sevilla ha resuelto mantener en prisión provisional sin fianza al “administrador de hecho” del entramado fabricante de los productos La Mechá, y a su hijo mayor y administrador único de Magrudis SLU.

Conceptualmente, en mi opinión, se trata sin duda de una buena noticia porque pone en evidencia que, en este caso, la Justicia sigue su correctamente curso y que dos de los principales causantes de este importante desaguisado siguen en prisión. Pero esta noticia, positiva también, tiene su parte no tan positiva y es que vuelve a traer a la “superficie informativa” (es decir, a la sociedad) la manida temática de unos amorales que, con sus actuaciones empresariales, ponen en peligro la salud de los consumidores.

No se olvide que ellos sabían, desde el mes desde febrero, que la carne mechada que introducían en el mercado contenía Listeria. En efecto, un laboratorio radicado en Sevilla ya había comunicado a la mencionada empresa, el día 22 de febrero, que una muestra de su carne mechada había dado positivo en Listeria (y la empresa no profundizo en este tema con otros análisis como era lo adecuado y preceptivo, para poder cuantificar correctamente el problema). Es decir, los empresarios sabían del problema seis meses antes de que la Junta de Andalucía decretase la alerta sanitaria el día 15 de agosto.

En un mercado tan sensible como el nuestro todos los casos que tienen que ver con cuestiones negativas para el binomio carne-salud, tiene unas importantes consecuencias adicionales (léase daños colaterales). Nos guste o no estamos, como explicaba el otro día en una de mis clases, en un mercado cárnico que a nivel de consumidor es emocionalmente “terriblemente elástico”. Un mercado, el español, dónde, a pesar de todos los esfuerzos que hacen las asociaciones, las interprofesionales y/ la propia industria cárnica, en diez años el consumo de carne/habitante y año en el hogar, a finales del presente año, habrá bajado prácticamente ocho kilogramos (es muy probable que la reducción del consumo anual global de carne, en la última década, supere los 14 kilogramos ante el incremento de las personas veganas, vegetarianas y, sobre todo, flexitarianas).

Pero no se trata aquí sólo de un descenso cuantitativo (que, todo hay que decirlo, afecta también a otros productos como es el caso de las frutas (caída global que seguramente será superior a los 12 kg/persona y año), de las hortalizas (descenso de unos 11 kg/habitante y año) o de la leche y de los lácteos, sino que en el caso de las carnes también se registra, en razón de la crisis pasada y de la precaria situación económica actual que afecta a tantas personas en nuestro país, un descenso cualitativo (menos gasto dinerario en este producto por habitante y año).

En definitiva y a esto iba, cuando surge un caso como el que aquí nos ocupa, los daños colaterales que genera (daños liderados por el incremento de la desconfianza hacia las carnes de unos consumidores cada día más urbanitas y, por lo tanto, cada día física, psíquica y emocionalmente más alejados de la realidad agraria, agrícola y pecuaria) son muy importantes y se reflejan en una aceleración de la tendencia negativa cuantitativa y cualitativa de su demanda (tendencias que, a mi entender, especialmente en el caso de las carnes, son muy, muy difícilmente reversibles).

Paralelamente estas realidades también suelen contribuir, especialmente en aquellos casos donde la oferta interior sigue creciendo, a aumentar las tensiones en el mercado interior y a incrementar la importancia y la dependencia de las exportaciones con todo lo que ello comporta a medio plazo (y de lo que, a veces, no nos queremos dar cuenta).

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

Ciencia y el bienestar animal. Una reflexión

A lo largo de estos últimos años he tratado este tema del Bienestar Animal (BA) con una cierta frecuencia en mis clases, en mis publicaciones y en alguna de mis conferencias. Lo he hecho siempre, cierto es, desde la perspectiva de la consideración y del análisis de una situación coyuntural e individual que afecta a todo individuo en el seno de la colectividad de animales útiles en la que está inmerso  y que constituye, en cada caso, la base animal útil en fase productiva.

Vuelvo a ello después de haber leído y estudiado, con toda atención, el docto artículo publicado por mi buen y sabio amigo el Dr. Quintiliano Pérez Bonilla, que es, entre otras muchas cosas,  ganadero de porcino y Académico de la Real Academia de Ciencias Veterinarias de España. En su escrito, con el que estoy global y conceptualmente muy de acuerdo, aporta, entre otras muchas cuestiones, una de las importantes conclusiones a que se llegó en el I Congreso Nacional de la Profesión Veterinaria celebrado el pasado mes de mayo y que dice: “El Bienestar Animal es la ciencia que estudia la forma de vida de los animales, con el fin de que los mismos tengan cubiertas en todo momento sus necesidades fisiológicas y vivan en un medio ambiente adecuado y confortable, sin dolor ni miedo, y sean sacrificados sin sufrimiento y sin que consideraciones políticas, sociales o religiosas interfieran en su consecución».

Y es precisamente aquí dónde me permito discrepar sin ningún ánimo de molestar a nadie, ni de crear polémica (debo indicar aquí que el doctor Quintiliano Pérez Bonilla y yo, solemos discrepar profesionalmente con una cierta frecuencia en el marco de la mencionada gran amistad que nos une y de la admiración que le profeso). En este marco, me parece muy importante, para evitar confusiones conceptuales y deducciones no totalmente correctas, clarificar los conceptos (porque como expone muy acertadamente y con toda la razón, el Dr. Quintiliano Pérez Bonilla “el Bienestar Animal es un tema suficientemente serio…”). 

Con todo el respeto me permito discrepar en el sentido de que el Bienestar animal no es, en mi opinión, ninguna ciencia. Según la Real Academia Española (RAE) ciencia es «el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales con capacidad predictiva y comprobables experimentalmente».

En base a esta definición siempre he sido de la opinión de que la ciencia implicada en esta temática del Bienestar Animal es la Zootecnia. En efecto, la Zootecnia sí es una ciencia y es precisamente la ciencia que se ocupa del estudio de una compleja serie de parámetros en el ámbito de la producción animal con la finalidad de lograr (a través de la aplicación de los conocimientos obtenidos y de las conclusiones a que se llega) el mejor aprovechamiento realmente posible de los animales útiles (domésticos y silvestres), teniendo en cuenta, como factor primario, el bienestar animal, y, paralelamente, obtener el máximo rendimiento, administrando de forma óptima los principales factores de producción: capital humano, capital geográfico y capital financiero. 

Llegados a este punto es preceptivo preguntarse, una vez más, qué es el Bienestar Animal (BA) en el ámbito de la producción animal fundamentada en una base animal útil. Para mí, y vuelvo al principio de esta nota, el bienestar animal es una realidad individual y coyuntural, más o menos prolongada, que se caracteriza porque el individuo (animal útil en este caso) se encuentra en una situación positiva de armonía y de equilibro anatómico, fisiológico y emocional consigo mismo y con el entorno en el que está inmerso.

Por esta razón el tema del BA es tanto más complejo cuanto más selecto (menos rústico) y por lo tanto más productivo es el individuo. Así, por ejemplo, nada tiene que ver en todo esta temática una gallina que es capaz de poner 500 huevos en 100 semanas con las “gallinas caseras” que pululaban sueltas por el patio y por la cocina de la propia casa hace unos 70 años en la “casa pairal” (pequeña masía en este caso) de mis bisabuelos maternos en el pueblo de Torrelavit. Lógico, éstas eran mucho más rústicas que aquéllas pero ponían 5 o 6 veces menos (esto sí, en este caso, el BA, en razón de la mencionada elevada rusticidad no era un tema de preocupación ni de conversación). 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

 

Nuevas coordenadas en la alimentación humana y animal

Hace un par de semanas tuve el honor de participar en Fátima, Portugal, como ponente, en una reunión internacional titulada “VIII Jornadas de Alimentación Animal” organizadas conjuntamente por la IACA (Asociación Portuguesa de las industrias de Alimentos Compuestos para Animales), que paralelamente celebraba su 50 aniversario, y por la SPMA que a su vez celebrada su aniversario número 25.

En esta reunión diserté acerca de las amenazas y de las oportunidades que se ciernen sobre las industrias de la fabricación de correctores y de piensos destinados a la alimentación animal. En este marco, al igual como hice, el viernes pasado, en otra conferencia que pronuncié en Montgai para Giligroup acerca de “la agricultura y la ganadería del futuro; cómo afrontarlas” abordé, entre otras, la temática que titulé “las nuevas coordenadas en la alimentación humana y animal”.

Es muy evidente, nos guste o no, que la población humana no deja de crecer (¿10.500 millones en el año 2050?). Lo peor de este crecimiento, unido a un crecimiento significativo y creciente de la longevidad media, es que lo hace de una forma “desordenada y poco deseable», económicamente hablando (en función, entre otras cuestiones, del nivel de las rentas familiares, la ubicación regional, las creencias religiosas, etc.).

La primera consecuencia de naturaleza agraria de este crecimiento es que la Superficie Agrícola Útil (SAU) por habitante (un parámetro de gran trascendencia técnica) no deja de menguar (y más que se reducirá lamentablemente si las actuales predicciones de los efectos del cambio climático sobre las SAU de nuestro planeta se cumplen). Hoy se estima que en el año 20250 la mencionada relación SAU/habitante será del orden de sólo 0,11 – 0.12 ha (realmente preocupante).

Ante esta situación el Mundo (especialmente el primer mundo) ya está afrontando, de una forma más o menos velada, la política de disminuir significativamente la SAU dedicada a la producción de materias primas dedicadas a la alimentación animal y, paralelamente, aumentar la misma destinada a la producción de materias primas para la alimentación humana.

En este contexto y con visión técnico-económica de futuro, debe tenerse bien en cuenta la ineficacia técnica (y el elevado coste real) que implica, en general, la producción de proteínas por parte de la actual ganadería (aunque es cierto que se ha mejorado mucho en los últimos tiempos y que todavía queda un notable margen de mejora).

Pero no olvidemos que la alimentación animal constituye una actividad económica (utilizando consecuentemente factores productivos claves: capital geográfico, capital financiero y capital humano), que está inmersa en la globalidad económica de la región dónde se ubica debiendo competir con otras actividades económicas que también buscan alimentar a la humanidad.

Todo ello desemboca necesariamente, por una parte, en buscar, aumentar, en la alimentación animal, de forma altamente significativa (obviamente dentro de las posibilidades técnicas existentes) la utilización de subproductos y de coproductos procedentes de una serie de industrias como por ejemplo la industria de la molinería, la del aceite, de la alimentación y bebidas, de la carne, de los biocombustibles o de la leche. Por otra abundar, en la alimentación humana, en la utilización de nuevas fuentes proteicas tales como insectos e invertebrados (moscas, larvas de la harina, etc.), proteínas microbianas, algas (micro algas fototrópicas), plantas acuáticas comestibles (por ejemplo Lemna minor o lenteja del agua), carne sintética (o cómo queramos llamarla), etc.

El objetivo final es sin duda nada sencillo y debe ser ineludiblemente, en el ámbito que aquí nos ocupa, lograr desarrollar y establecer cadenas productivas interdependientes y sostenibles (técnica, social y económicamente).

Ello establece, sin duda, unas nuevas coordenadas en el campo de la alimentación humana y animal que, a su vez, influenciarán a nuestros hábitos alimenticios de forma significativa e irreversible. ¡Tiempo al tiempo!

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

El brote de listeriosis. Unas reflexiones

La listeriosis es una infección producida por una bacteria, la bacteria Listeria monocytogenes.​ Se trata de una zoonosis que en el Primer Mundo (I Mundo) es relativamente muy poco frecuente en humanos pero, lamentablemente, es extremadamente grave. Se trata, dicho con otras palabras, de una de las infecciones alimentarias más violentas, con una tasa de mortalidad que se suele estar por encima del 20 por 100.

Lamentablemente, esta infección la tenemos hoy en España y desde mi particular punto de vista el problema generado es, desde una perspectiva exclusivamente social, de los consumidores, doble y notablemente más importante de lo que pueda parecer a simple vista. 

Por una parte todo parece indicar que se ha reaccionado tarde y con demasiada lentitud lo que ha permitido el desarrollo de todo “un circo mediático” al que tan propensos son algunos de nuestros medios sociales de comunicación (incluyendo a alguno de nuestro propio sector). Este “circo” en nada favorece a la imagen de los productos ganaderos, en una sociedad muy sensibilizada y, en parte, muy crítica con toda esta temática. 

Por otra, como consecuencia de lo expuesto en el párrafo anterior y de la carencia de una respuesta unificada, pronta, contundente, y convincente, se ha socavado de forma significativa la confianza de los consumidores hacía los productos cárnicos (por mucho que posteriormente se hayan formulado declaraciones, tardías y altisonantes, acerca de la seguridad de los productos generados por la industria cárnica española).

ePara empezar debe tenerse en cuanta que la titular Juzgado de Instrucción número 10 de Sevilla, doña Pilar Ordóñez, trasladó al UCOMA (Unidad Central Operativa Medioambiental de la Guardia Civil) un informe que «reflejaba que una muestra de un lote de carne «La Mechá” de la empresa Magrudis dio positivo por listeria ya en el pasado mes de febrero. Según informaron fuentes judiciales se procedió a notificar «en tiempo y forma» a la empresa Magrudis de la contaminación de sus productos por parte de la bacteria Listeria monocytogenes.

De hecho, en el auto de admisión a trámite de la querella interpuesta por Facua-Consumidores en Acción contra la mencionada Magrudis y sus responsables, la magistrada indicó que ese informe, que fue aportado el pasado 10 de septiembre, ha sido unido a las diligencias de investigación de las que se ha facilitado copia a los agentes de la mencionada Unidad Central Operativa Medioambiental de la Guardia Civil, que es el organismo encargado de la investigación.

Paralelamente la organización FACUA-Consumidores en Acción está procediendo a investigar a una empresa dedicada a productos cárnicos, que es propiedad del hermano del administrador único de Magrudis. Dicha empresa está ubicada en la misma calle que la que presuntamente provocó el brote de Listeriosis oficialmente decretado el pasado 15 de agosto.

Por su parte la Guardia Civil, después de los registros realizados durante varias horas, por orden del ya mencionado juzgado de instrucción 10 de Sevilla, detuvo el martes pasado a cinco personas vinculadas a la empresa Magrudis, entre ellos al gerente, don José Antonio Marín, y a sus dos hijos, uno de ellos es el administrador y socio único, don Sandro José Marín Rodríguez, Dos de los cinco detenidos han sido puestos en libertad, mientras que los otros tres pasarán a disposición judicial previsiblemente en breve.

Todo lo expuesto constituye un ejemplo fehaciente del daño que puede hacer la mala praxis de unos muy pocos (como es caso aquí) al conjunto de un sector, el cárnico, ejemplar en muchos sentidos y que está “per se” sometido a unas enormes presiones mediáticas y sociales.

El daño, más mucho que poco, ya está hecho. Ahora es muy de desear que la justicia actúe de forma rápida, contundente y ejemplarizante. 

La sentencia debe no sólo convencer a la ciudadanía y reafirmar su confianza en la justicia, sino también disuadir a todos aquellos operadores que, en el futuro, puedan pretender, en beneficio propio, actuar en perjuicio de los sagrados derechos de los consumidores y, sobre todo, de su salud.

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio