Los bosques, poco a poco, cobran en el mundo un merecido protagonismo

Ya hace tiempo que quería dedicar una de mis notas, destinadas al Boletín de ÁGORA TOP GAN, a los bosques y a su trascendencia.

Pienso que éste es un buen momento en razón de la publicación, hace unos pocos días, del estudio que han elaborado la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), y el Centro Mundial de Vigilancia de la Conservación del PNUMA, que ha realizado una importante aportación técnica al mismo.

Debe tenerse en cuenta que los bosques cubren todavía, aproximadamente, el 30 por 100 de la superficie de la Tierra (lo que supone del orden de unos 4.000 millones de hectáreas). Los mismos contienen 60.000 especies diferentes de árboles y albergan a más del 80 por 100 de todas las especies de anfibios del Mundo, el 75 por 100 de todas las especies de aves y casi el 70 por 100 de todas las especies de mamíferos de nuestro planeta; además, constituyen un muy valioso sumidero de carbono de una enorme importancia a la hora de combatir el cambio climático.

En el mencionado estudio, cuya lectura recomiendo fervientemente, se especifica que desde el año 1990 ha desaparecido de la faz de la Tierra un 10 por 100 de la superficie arbórea (unos 420 millones de hectáreas). Esta superficie se ha destinado a otros usos (fundamentalmente agrícolas, ganaderos y urbanos). Bien es cierto que, afortunadamente, la tasa de deforestación ha ido disminuyendo en las últimas tres décadas, pero todavía hoy sigue siendo demasiado elevada e inasumible (anualmente todavía se siguen perdiendo unas 10 – 12 millones de hectáreas anuales de bosque en el Mundo lo que contribuye a una pérdida significativa de la biodiversidad).

La verdad es que, a pesar de todos los esfuerzos que se están realizando, los bosques y la biodiversidad que en ellos se ubica, continúan muy amenazados en razón, por una parte, de las acciones que están en marcha para convertir, a medio plazo, una importante parte de su superficie en superficie agrícola útil (S.A.U.) o en pastos y, por otra, también por los niveles insostenibles de su explotación en muchas regiones del Mundo, que en gran parte, lamentablemente, es ilegal (y, en no pocos caso, tolerada en aras a la corrupción política).

Abundando en el tema, un estudio especial realizado conjuntamente por el Centro Común de Investigación de la Comisión Europea y el Servicio Forestal de los Estados Unidos (SOFO 2020) ha puesto en evidencia que hay del orden de unos 35 millones de manchas forestales en el mundo, cuyas dimensiones van desde una hectárea a 680 millones de hectáreas. Ello pone en clara evidencia que se necesitan con suma urgencia mayores esfuerzos de reforestación para poder volver a “reconectar” a los bosques fragmentados.

El objetivo global debe fundamentarse en conservar y gestionar los bosques y los árboles que los conforman, con un enfoque de paisaje integrado e integral, buscando reparar, en la medida de lo posible, todos los daños causados y deberá hacerse a través de ambiciosas políticas técnicas de restauración y de reforestación. 

Por último no cabe olvidar, como también queda reflejado en el informe mencionado al principio de la presente nota, que la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia de millones de personas en el Mundo dependen de los bosques. Así, de las personas que viven en situación de extrema pobreza (por ejemplo, 8 millones en América Latina) del orden de un 90 por 100 de las mismas obtiene de los bosques la base de su subsistencia básica: alimentos, leña, etc. etc.

Creo que, con lo expuesto en los párrafos que anteceden, queda claro que los bosques merecen cobrar un mucho mayor protagonismo técnico, social y político del que hoy tienen. 

Y no olvidemos que, en gran medida, la calidad de nuestro futuro depende de ellos.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

Los ganaderos, el precio de sus productos y la COVID – 19

Una de las publicaciones que sigo y estudio regularmente con más interés es la que corresponde al “INFORME SEMANAL DE COYUNTURA” (Precios Coyunturales) que publica la Subdirección General de Análisis, Coordinación y Estadística de nuestro Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA).

Y en este Informe Semanal me parece especialmente interesante y aleccionador, analizar con detenimiento el discurrir comparativo de las curvas de los precios de los productos pecuarios a lo largo de los años 2018, 2019 y lo que llevamos del año 2020 (igual de interesante es, evidentemente, el hacerlo con lo que va sucediendo con los productos agrarios aunque, en general no son universos de discurso directamente comparables).

Y si en este análisis observamos lo que ha sucedido en el “mundo pecuario”, desde principios de este año 2020 hasta el día 24 de mayo del mismo, podemos constatar que en general, a partir de la semana 13- 14 del año (es decir, desde finales de marzo, principios de abril), se registra una caída significativa de los precios en vacuno, ovino, porcino de capa blanca, pollo, huevo y conejo.

Ello no hace sino confirmar oficialmente lo que ya anticipaba en una entrevista que me hicieron el pasado 18 de marzo, a raíz de mi intervención una semana antes en el 20º Congreso AECOC de Productos Cárnicos y Elaborados que tuvo lugar en Lleida (cuando, con 2 meses largos de retraso, el Ejecutivo empezaba a hacer caso real al SARS – CoV -2 y a tomar medidas).

El día de la entrevista, como es sabido, ya estaba declarado en España el Estado de Alarma (como se recordará el mismo fue declarado a través del Real Decreto 463/2020, de 14 de marzo, afectando a todo el territorio nacional). 

En la mencionada entrevista, comenté que el Estado de Alarma iba a provocar a corto plazo (en realidad estaba provocando ya) una honda preocupación y también miedo a lo desconocido en la población y que la primera reacción de los ciudadanos de nuestro país iba a ser la de acaparar, durante un par de semanas, alimentos. Acaparamiento, generado por los efectos emocionales colaterales ligados al Estado de Alarma y al confinamiento y, muy especialmente, por el temor a un desabastecimiento alimentario (que nunca se produjo realmente gracias a la abnegada labor cotidiana de los agricultores y de los ganaderos y al correcto y ejemplar funcionamiento de los restantes eslabones de la cadena alimentaria).

Paralelamente, expuse que, en mi opinión, una vez el ciudadano hubiera asumido mentalmente el Estado de Alarma y hubiera regularizado anímicamente su situación de confinamiento, la tendencia al acaparamiento iba a desaparecer e iba a reducirse muy significativamente la compra de productos pecuarios (no se olvide que La Fase 0, vigente durante semanas, comportaba que el canal Horeca estuviera prácticamente “desaparecido”  y que el turismo internacional y también el nacional estuvieran en stand by o en “parada coyuntural”).

Y ésta ha sido y es, ni más ni menos, la realidad y la misma se está reflejando, como exponía al principio de esta nota, en el dinero real (el que llega finalmente a sus bolsillos) que están percibiendo nuestros ganaderos por sus productos. 

Lo hablaba hace un par de días con un importante avicultor de la zona centro que me comentaba que le había llegado a pagar, a pie de clasificadora, por una docena de huevos tipo 3 (huevos procedentes de gallinas alojadas en jaulas enriquecidas) del orden de 95 céntimos de euro y que, ahora mismo, esta misma docena se la estaban pagando a 60 céntimos.

Pero, esto no significa, entre otras cuestiones, que en los lineales de nuestras tiendas, los precios de estos productos pecuarios estén, en general, bajando. 

Por favor, no se olviden dos cosas; la primera, que el Quijote, Sancho y el Lazarillo, son personajes netamente españoles y la segunda, que no tenemos, en el sector agrario (agrícola y ganadero) de nuestro país, cadenas de valor (lo que tenemos son cadenas alimentarias, que es algo muy distinto). 

Ergo: ¡así nos luce el pelo!

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

Los problemas comerciales en el mercado estadounidense de nuestras naranjas y de nuestras mandarinas

Aunque es cierto que habitualmente escribo en nuestro Boletín semanal de ÁGORA TOP GAN acerca de temas directamente relacionados con la Producción Animal, en el sentido más amplio de la palabra, creo que el tema que voy a tratar hoy aquí es de interés para todos en aras al viejo adagio español que dice “cuando veas las barbas de tu vecino afeitar, pon las tuyas a remojar”.

Sucede que en plena crisis generada por el SARS – CoV- 2 y por la correspondiente enfermedad asociada COVID- 19, se ha confirmado la noticia de la pérdida definitiva del mercado de los Estados Unidos para nuestras naranjas y nuestras mandarinas.

Esta realidad se sustenta en el hecho de que los aranceles de hasta un 25 por 100 impuestos el pasado mes de octubre por la Administración Trump sobre los cítricos y otras producciones agrarias españolas han reducido a cero los envíos de naranjas y mandarinas durante la presente temporada 2019/20 con destino a Estados Unidos, mientras que las exportaciones de limones apenas alcanzan las 922 toneladas (recuérdese que EE.UU. aplicó a partir del 18 de octubre del año pasado unos aranceles del 25 por 100 sobre 160 productos europeos entre los que se encuentran el aceite, el vino, el queso, la carne y también los cítricos españoles).

Como muy bien ha señalado AVA – ASAJA, en realidad se trata de la aplicación de una medida arancelaria llevada a término por el Gobierno de los Estados Unidos, en respuesta a un conflicto relacionado con las ayudas destinadas al sector aeronáutico Boeing-Airbus, una cuestión que nada tiene que ver con nuestro sector agrario, pero que le perjudica grandemente.

Pero la triste realidad es que, como dice AVA – ASAJA, la mencionada medida arancelaria ha supuesto la “puntilla” a la campaña histórica de clementinas remitidas desde el puerto de Castellón, la cual registró su récord de exportaciones en la campaña 2006/07 con cerca de 80.000 toneladas pero que, con el paso de los años, venía experimentando una tendencia a la baja debido a las presiones y falsas acusaciones por parte del lobby citrícola de Estados Unidos.

Además, hay que tener presente aquí que a la pérdida del mercado norteamericano hay que sumarle el veto del mercado ruso. Este veto también está originado por un problema que nada tiene que ver con el sector agrario, dado que tiene su origen en el conflicto entre Ucrania y Rusia. Obviamente, el cierre de estos dos mercados infringe un daño muy importante a nuestros cítricos.

Por otro parte, debe tenerse en cuenta un hecho muy importante en lo que se refiere al mercado interno español y que no sólo afecta a los cítricos. De acuerdo, por ejemplo, con los datos facilitados por la consultora Oliver Wyman, la crisis generada por el coronavirus, unida al confinamiento a que estamos o hemos estado sometidos, ya está cambiado significativamente los hábitos de consumo de los españoles. 

En lo que están todos los analistas de acuerdo es en que el principal factor que determinará nuestra futura forma de comprar estará condicionada por la pérdida de poder adquisitivo, ya que en la actualidad prácticamente las dos terceras partes de los hogares españoles están sufriendo una reducción de sus ingresos a causa de la pandemia (habrá que ver hasta dónde llega este porcentaje a medio plazo ante la significativa subida de impuestos que se avecina).

En este marco habrá que ver cómo se ve afectado el consumo interior de mandarinas y naranjas (y, por supuesto, el conjunto de alimentos frescos) para que nos podamos hacer una idea exacta de las dificultades comerciales globales por las que va a atravesar, en los próximos meses, el sector de los cítricos españoles.

De lo que en él acontezca y de ahí, en mi opinión, el interés de la presente nota, se podrán sacar muchas lecciones y conclusiones que podrán hacerse extensivas, sin duda, a otros sectores de nuestra agricultura y de nuestra ganadería.

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

¿Explotación laboral o esclavitud en el agro español?

En los últimos meses, hay veces en que uno no sabe si echarse a reír o a llorar en razón de ciertas “geniales y sorprendentes ideas” que emanan de alguno de los 22 Ministerios que conforman el actual Gobierno de España o del mismísimo Consejo de Ministros, conformado por 23 miembros, con cuatro vicepresidencias y 18 ministros.

En este caso, que nadie se alarme, no ha sido protagonista el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social ni el Consejo de Ministros. En este caso, el protagonismo ha recaído en el Ministerio de Trabajo y Economía Social. Este Ministerio es el que tiene las competencias en empleo, economía social y responsabilidad social de las empresas y su titular es doña Yolanda Díaz Pérez, licenciada en Derecho. 

Realmente, no sé cuál es la imagen que le han transmitido o tiene la mencionada señora Ministra acerca de la realidad laboral general y actual en “nuestro campo” y de la gestión de nuestros empresarios agrarios (aceptando de entrada que, como en todo colectivo, puede haber algún impresentable que, obviamente, debe ser detectado y castigado con la máxima severidad de acuerdo con la legislación vigente). Pero, en base a mi experiencia personal, desgraciadamente de muchos años, me atrevo a afirmar que, en la actualidad del año 2020, la gran inmensa mayoría de nuestros empresarios agrarios (agrícolas y ganaderos) son profesionales cabales; es decir, honrados, honestos y justos.

No deben pensar así desde el mencionado Ministerio cuando desde el mismo se ha cursado una orden a todas las jefaturas provinciales para llevar a cabo una campaña específica en el campo con el objetivo de detectar en él posibles casos de “explotación laboral” e incluso de “esclavitud” (tal y como suena) generadas por parte de nuestros empresarios agrícolas.

Y curiosamente esta campaña se orquesta después de semanas de masivas y, para mí, lógicas protestas, a lo largo y ancho de España, de nuestros agricultores y de nuestros ganaderos hartos de ver minusvalorado, social y económicamente, su trabajo cotidiano; pero, también después de que estos mismos ganaderos y agricultores no hayan dejado de trabajar ni un solo día y sigan trabajando en plena pandemia y de colaborar, activa y solidariamente, con los vecinos de sus pueblos en todo tipo de labores necesarias (desinfección, transporte, aporte de alimentos, etc. etc.).

Los inspectores, entiendo, por lo que me dicen, son los primeros sorprendidos ante la mencionada orden. Ellos deberán rellenar, entre los meses de mayo y junio un complejo cuestionario conformado por nueve páginas y seis bloques con un sinfín de preguntas directas a los trabajadores del medio rural.

¡Atención! Se les va a interrogar, entre otras muchas cuestiones, acerca de si son objeto de violencia física (presentado lesiones o magulladuras) y/o verbal (con muestras de ansiedad o de confusión mental), de restricciones a su libertad de movimientos, de limitaciones a las comunicaciones con su entorno, etc. etc. etc.

Por otra parte, y esto sí me parece positivo (todo en la vida tiene su cara y su cruz), las mencionadas inspecciones pienso que permitirán comprobar, sobre el terreno, si en las explotaciones agrarias se cumplen las medidas relativas a la seguridad laboral, especialmente las establecidas por las autoridades sanitarias para evitar el contagio y la propagación por el coronavirus y también qué medidas se adoptarían en caso de que algún trabajador diera positivo para la COVID-19 o si, en su caso, se ponen a su disposición los Equipos de Protección Individual (EPI). Pero, pregunto ¿hay hoy suficiente disponibilidad de los mismos en el medio rural?

No discuto que la intención del Ministerio haya sido buena y que lo que se pretenda sea garantizar el respeto a los derechos de los trabajadores agrarios y “salvaguardar” su dignidad, frente a posibles malas gestiones de sus empleadores pero, en mi opinión, citando al sabio refranero español: “para este viaje, hoy y concretamente por el campo español, no hacen falta estas alforjas”. 

En “nuestro mundo”, como lo comentaba este pasado fin de semana con unos colegas (por vídeo – charla, por supuesto) nos conocemos todos y sabemos bien, en cada uno de nuestros pueblos, sin necesidad de rebuscados cuestionarios, quién es quién y de qué pie cojea. 

Miren: apoyen, sin fisuras y sin tejemanejes políticos, a la Autoridad (con mayúsculas) y apliquen la ley; así, si lo hubiere, problema solucionado.

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

La gran trascendencia de la mano de obra directa en la producción pecuaria empresarial

La verdad es que la gestión del capital humano en la explotación pecuaria empresarial (y en los eslabones de la propia cadena alimentaria) tiene para mí una importancia, técnica y económica, muy grande. 

Por esta razón he dedicado, a lo largo de mi trayectoria profesional, muchas horas a esta cuestión (cursos, conferencias, charlas, publicaciones, etc.). No obstante, y siendo sincero, he de confesar que, en no pocas ocasiones, el éxito de mi desempeño en su aplicación práctica sólo ha sido regular o, por lo menos, no del todo satisfactorio.

Actualmente, con toda la realmente compleja y multifactorial problemática generada por el SARS – CoV- 2, este tema ha vuelto a surgir, por diversos motivos, con mucha fuerza. Recordemos aquí, solo a título de ejemplo, lo sucedido hace 10 días en los Estados Unidos: su Presidente, el señor Donald Trump, tuvo que emitir una Orden ejecutiva para mantener abiertas las instalaciones de procesado de la carne y de las aves de corral durante la emergencia nacional generada por la COVID-19.  Desde la aparición del Coronavirus en EE.UU., habían cerrado muchos mataderos frigoríficos en razón de la falta de mano de obra a causa del aumento del número de casos y también por el absentismo laboral de un número significativo de trabajadores por miedo a un posible contagio. 

Pero, aquí yo me voy a centrar en comentar la importancia de la mano de obra directa en la ganadería empresarial, que es donde, como he podido constatar, una vez más, en este caso en una charla virtual que acabo de sostener con tres ex – alumnos míos que están profesionalmente directamente relacionados con la producción pecuaria, ocupa de nuevo un primer nivel en las mentes directivas.

Ya hace muchos años (hablo del año 1992), el profesor English afirmaba que la “buena calidad” de mano de obra directa en la granja dependía de la personalidad, de las aptitudes y de las actitudes del individuo, de la afinidad con la base animal, del grado de preparación y de entrenamiento, del nivel de motivación y del aprecio de esta mano de obra directa hacia su quehacer cotidiano (lo que determinaba su nivel de satisfacción laboral).

También afirmaba este profesor, y coincido con él, que las principales e indispensables cualidades que deben adornar al capital humano que labora en las granjas son: un apropiado conocimiento temático, unas suficientes destrezas técnicas que deben verse acompañadas por la paciencia y por la tolerancia, un buen juicio y una habilidad especial para observar (ver y escuchar) y poner especial atención en los detalles.

Pero, para mí, lo más importante, lo realmente fundamental, es el nivel real de motivación de cada persona que conforma la mano de obra directa de la granja (y también, por supuesto, de la mano de obra indirecta)

Y llegados a este punto debemos de tener todos muy claro que NO SE PUEDE MOTiVAR a las personas porque la motivación constituye  el núcleo interno, dinámico y personal, del comportamiento individual o dicho de otra forma, es un estado interno que condiciona, dirige y mantiene la conducta de cada persona. La motivación es la respuesta interna individual a una ilusión y es la que la estimula y activa.

Pero, como puso de manifiesto Frederick Irving Herzberg, la motivación se puede ver influenciada por muchos factores entre los que cabe destacar siempre los higiénicos y los estimuladores. Los factores higiénicos se refieren a las condiciones que rodean a la mano de obra en la granja; los factores estimuladores dependen de las tareas, de las obligaciones y de los deberes relacionados con el trabajo a desempeñar.

Por esta razón, como tantas y tantas veces lo he expuesto, es fundamental en las explotaciones ganaderas (y en toda actividad laboral) MANTENER ILUSIONADO a todos y a cada uno de los componentes del personal laboral, porque esta ilusión es la que puede generarles, individualmente, un estado emocional positivo y placentero, que les lleve a motivarse positivamente.

Y esta ilusión se puede generar por vía material (por ejemplo, económica o financiera) pero también por vía inmaterial (seguridad, confort, trato muy correcto, reconocimiento real de la labor desarrollada, felicitaciones sinceras, etc. etc.). 

En definitiva, al personal (al capital humano, en este caso, activo en las granjas), con una adecuada gestión, se le puede y debe ilusionar de forma permanente, pero esto sí debe quedar bien claro de nuevo aquí, que NO SE LE PUEDE MOTIVAR; él es quien puede y debe motivarse a partir de la ilusión que le debería generar la mencionada adecuada gestión.

Espero que, en esta oportunidad, lo haya sabido explicar suficientemente bien y haya quedado aceptablemente claro.

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

El ganado bravo ante un presente complejo y un futuro altamente incierto

Desde mi punto de vista, la incidencia económica en el sector agrario y más concretamente en el sector ganadero, durante los próximos 12 – 18 meses, de la COVID- 19 será realmente importante.

Lamentablemente, nos enfrentamos en España (también en la Unión Europea y en buena parte del Mundo) a una recesión de gran calado. 

En España, en razón a la gestión que se está llevando a cabo, todo apunta a que la misma será especialmente importante; tenemos una caída de nuestro PIB, en el primer trimestre de este año 2020, de un 5,2 por 100 (en la Eurozona esta caída ha sido del 3,8 por 100).

Ello ha comportado en nuestro país y en este primer trimestre, una pérdida de unos 357.000 empleos, a tiempo completo. Unida la misma se ha registrado una caída del 3,1 por 100 en la duración de las jornadas a tiempo completo. Por esta razón, el empleo medido en horas trabajadas ha caído un 5 por 100 y el número de horas trabajadas ha caído un 10 por 100 en la agricultura y en la construcción; un 6,9 por 100 en actividades inmobiliarias y el 6,5 por 100 en el comercio y en la hostelería. 

También hay que computar en este análisis un descenso en el consumo de un 7, 5 por 100, así como una disminución muy importante del gasto por turismo, nada menos que del 18,5 por 100.  

Esto sí, el gasto público subió un 1,8 por 100.

Por su parte, la inversión se ha visto reducida en un 5,3 por 100 (el peor dato del último decenio), la inversión en vivienda ha descendido en un 9,6 por 100 y las exportaciones, en este primer trimestre 2020, se han reducido en un 8,4 por 100.

En lo que se refiere a las actividades, la actividad en el comercio, el transporte y la hostelería se ha reducido en un 10,6 por 200 sobre el trimestre anterior; la construcción lo ha hecho en un 8,1 por 100 y la reducción de las actividades artísticas y recreativas ha sido nada menos que del 11,2 por 100. La agricultura, como siempre, aguantó firme y sólo retrocedió un 1,4 por 100; la industria lo hizo en un 2,7 por 100.

La caída del PIB en el segundo semestre se estima que pueda ser del 20 – 22 por 100, si bien, salvo que haya una segunda ola de la actual pandemia, España se recuperará ligeramente en el segundo semestre y, por ello, se está estimando que la caída durante este año de nuestro PIB puede llegar a situarse entre el 12 y el 14 por 100 (Alemania prevé una contracción económica, en este año 2020, del 6,3 por 100 y EE.UU. la prevé del 4,8 por 100; en Islandia, dónde la pandemia se ha gestionado realmente bien (hasta el momento, sólo 10 fallecidos), el PIB creció en un 2,3 por 100 en este primer trimestre).

En este marco tan complejo el Toro Bravo, nuestras ganaderías de Ganado Bravo, están sufriendo y más que van a sufrir por la evolución negativa de la realidad económica en la que nos encontramos y en la que nos vamos a seguir encontrando durante bastante tiempo.

Si partimos de los datos oficiales del año 2018, los últimos de que dispongo (del entonces Ministerio de Educación Cultura y Deporte), en España, en el año referido, se celebraron más de 19.000 festejos populares con astados y casi 1.500 festejos taurinos.

Ello significa que si, en este año 2020, la temporada se da prácticamente por semi – finiquitada (que pienso que será lo más probable), las pérdidas directas de los ganaderos (teniendo en cuenta, por ejemplo, que el coste real de un cuatreño, contabilidad analítica, está alrededor de los 5.500 euros) serán elevadas.

En efecto, en razón de la merma real del valor comercial global de sus animales (muchos de los cuales deberán ir, más temprano que tarde, inexorablemente al matadero), estimo que la pérdida no será inferior a los 100 millones de euros (no siendo excesivamente pesimista). 

Ante las perspectivas enumeradas, la Unión de Criadores de Toros de Lidia (UCTL), que engloba al 85 por 100 de estas ganaderías, ha elaborado un importante documento que remitió hace 15 días a nuestro MAPA (el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación) y también a las Comunidades Autónomas. En él se solicita la aplicación a este sector pecuario de una serie de medidas que permitan al mismo intentar atenuar la grave crisis en la que está ya inmerso. 

En el momento de escribir estas líneas no sé cómo va a evolucionar la situación, pero lo que sí creo saber es que si no se hace algo pronto y bien, muchas de las ganaderías de Ganado Bravo que aún están activas (unas 850 – 880) no podrán sobrevivir a corto – medio plazo y con ello se perderá, más que probablemente, una parte significativa de este importante, insustituible e irremplazable patrimonio ganadero de nuestro país.

Pero, tal y como se está procediendo actualmente en los niveles institucionales (hablo en términos generales) y teniendo en cuenta las crecientes presiones “anti – taurinas”, que emanan de una parte de nuestra sociedad (no excesivamente importante cualitativamente, pero sí muy ruidosa y muy activa), no me siento demasiado tranquilo ante el futuro económico que le puede esperar al Ganado Bravo.

 ¡Ojalá que, una vez más, me equivoque!

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

Seguridad alimentaria y productos pecuarios

En el momento de escribir esta líneas, la realidad, dura y cruda, es que todavía hay, científicamente hablando, un más que notable desconocimiento acerca del coronavirus SARS – CoV -2 y, consecuentemente, del COVID-19 que es la enfermedad infecciosa causada por el mencionado coronavirus.

Ello ha dado lugar a que se escriban y digan, desgraciadamente, tanto desde el ámbito público cómo desde el privado, montones de falsedades, de inexactitudes, de sandeces y de posverdades (mentiras emocionales; neologismo que comporta una distorsión cierta y deliberada, interesada, de la realidad implicada).

Y ante esta situación y a estas alturas, no me debería haber sorprendido y menos cabreado profundamente ¡perdón!, que en una “vídeo mesa redonda” sobre producción animal y sus productos, en la que participé esta pasada madrugada, se considerara al COVID 19 fundamentalmente como un problema de Seguridad Alimentaria y subsidiariamente como un problema de Salud Pública y, además, vinculado este problema de Seguridad Alimentaria fundamentalmente con los productos pecuarios.

Y, no es verdad. Al día hoy, y es absolutamente conveniente dejarlo muy claro: nada está más lejos de la realidad. Diferentes organizaciones del máximo prestigio, que trabajan en el ámbito de la Seguridad Alimentaria, no han podido encontrar, como lo han ratificado, entre otras, la OMS y la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFISA), evidencias científicas de que el virus de marras sea transmisible por vía alimentaria; es decir, por vía digestiva directa.

Lo que sí es cierto, es que ante la NO aplicación de las adecuadas prácticas de higiene en los procesos de manipulación de los alimentos (no uso de los dispositivos de protección, no aplicación de los adecuados programas de limpieza y desinfección, etc.), los alimentos pudieran ser contaminados al ser mal preparados o mal manipulados y/o intervenir en ellos personas portadoras el virus.

No se puede minusvalorar aquí el hecho de la conocida persistencia, más o menos prolongada, del SARS – CoV – 2 en las personas, en algunas superficies que están o pueden estar en contacto con los alimentos durante su procesado o en su proceso de embalado o envasado (pienso en plástico, en cartón, en madera, en acero inoxidable, etc.). Bien entendido que la persistencia del virus en cada caso es función de la naturaleza de las condiciones sanitarias de las personas implicadas, de la superficie de contacto y del cripto y microclima: temperatura y humedad relativa. 

¡OJO!  Cierto es, que la contaminación de los alimentos puede tener lugar en los hogares si hay en ellos personas portadoras del virus implicadas y/o no se aplican las adecuadas medidas de higiene (lavado frecuente de manos, etc.) y de manipulación.

Pero, afortunadamente, también se sabe que al mencionado virus se le destruye con calor (unos minutos a T > 70ºC), con la aplicación de productos desinfectantes (léase agua oxigenada, etanol, etc.) siempre que las superficies que se traten con ellos estén limpias, claro.

Desde hace años, a lo largo de nuestras cadenas alimentarias, hablo ahora de España que es lo que mejor conozco, existe por parte de todos los agentes que en ellas laboran, una total implicación (garantizando las adecuadas aplicaciones de las correctas prácticas en la manipulación y envasado). Todo ello ha comportado y comporta, sin duda alguna, un nivel realmente muy alto en lo que a la Seguridad Alimentaria española se refiere (otra cuestión bien distinta es lo que pueda acontecer en estos ámbitos en otras regiones del globo)

Además, en España, la aplicación de los sistemas de autocontrol basados en el análisis de los APPCC (Análisis de Peligros y de Puntos de Control Críticos) y los controles oficiales, no se han interrumpido durante todo este tiempo. Paralelamente, muchas empresas han implementado otras normas de calidad como IFS o BRC (a partir de asesorías externas o de personal propio adecuadamente formado y preparado). Por su parte, las Autoridades Sanitarias continúan realizando, como siempre, exhaustivas inspecciones en los establecimientos relacionados con el tema alimentación, que continúan abiertos. 

Por lo tanto, tengámoslo todos diáfanamente claro: el virus SARS – CoV – 2 está generando directamente en el Mundo un gravísimo problema o crisis de Salud Pública, NO una crisis de Seguridad Alimentaria.

¿Qué culpa tiene el virus de marras de que, por ejemplo, no se aplican masivamente los imprescindibles test a las personas, de que no estén implementados y/o no sean seguidos los adecuados planes de higiene personal, de que se ignoren los planes de limpieza y desinfección de los lugares implicados y/o de que se manipulen o envasen mal los alimentos? 

Por favor, no confundamos la gimnasia con la magnesia. Objetivemos realmente, profesionalizamos, YA toda cuestión y toda comunicación relacionadas con el SARS – CoV – 2 y con la enfermedad COVID 19. 

La sociedad, en general hoy muy confundida, lo agradecerá sin duda profundamente. 

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

El SARS-CoV-2 también infecta a la economía

Si bien los párrafos siguientes se centran en España pienso que la base argumental puede ser aplicada a muchas de las zonas del Mundo que se encuentran o se van a encontrar, afectadas por una incidencia significativa del virus SARS-CoV-2 (actualmente los flujos del comercio mundial están descendiendo más deprisa y con mayor intensidad de cómo sucedió en la crisis del año 2008).

Sin duda, hablando en términos generales, una vez España haya logrado superar realmente, desde una perspectiva sanitaria, esta primera ola de la pandemia, que tan grave incidencia está teniendo (y suponiendo que se sea capaz de gestionar adecuada y anticipadamente la segunda ola de la misma, que se espera para el próximo otoño), el mayor problema al que nos deberemos enfrentar va a ser el de intentar recomponer, lo antes y lo mejor posible, la economía del país, que va a quedar muy seriamente maltrecha.

En este sentido, las actuales previsiones del FMI (Fondo Monetario Internacional) prevén una caída de nuestro PIB, para este año 2020 del orden de un 8 por 100 (el mayor desde la finalización de nuestra guerra civil) pudiéndose situar el paro alrededor del 21 por 100.  Por su parte la CEOE estima que la caída del PIB, si hacemos a partir de ahora las cosas aceptablemente bien, puede ser del 9 por 100; es decir, que tendremos que soportar una recesión muy importante -no se olvide aquí que, en España, los Servicios generan casi el 68 por 100 de nuestro PIB y que, por su parte, el turismo genera un 15 por 100 del mismo; más que la construcción (14 por 100) y tres veces más que la automoción (5 por 100)-.

Por mi parte me permito estimar, al día de hoy, que la caída de nuestro PIB, estimada en euros corrientes, puede resultar ser menos optimista y “coquetear” con los dos dígitos. Por una parte, está la duración real de esta primera ola de la pandemia y la posible llegada de una segunda ola; por otra, porque se estima que la pérdida final real del turismo del año 2020 respecto del año 2019, donde se contabilizaron 84 millones de turistas, puede ser del orden del 80 por 100 (ello puede significar que sólo en comidas se perderán unos 950 millones de yantares y, paralelamente, unos 400 millones de pernoctas).

Las últimas previsiones disponibles también apuntan que en España se iniciará su recuperación en el año 2021 con un crecimiento de nuestro PIB del orden de un 4,3 por 100 y un descenso del paro que se situará alrededor del 17,5 por 100; ello significa que nos costará, con suerte, aproximadamente unos 3 años volver a situar a nuestra economía la altura de diciembre del año 2019.

Pero la infección por el mencionado virus ya se empieza a poner de manifiesto en muchos sectores agrarios (agrícolas y ganaderos) y entre ellos en el del porcino Ibérico. Es cierto que, en general, el sector cárnico continúa manteniendo su producción y su actividad, pero determinados subsectores están sufriendo ya graves problemas por el obligado cierre del canal Horeca (y la mencionada drástica reducción, sino desaparición, del turismo interno y externo).

Y, en este sentido, el “mundo del Ibérico” es uno de los perjudicados; los productos derivados del cerdo Ibérico, como es bien conocido, forman parte fundamental de la oferta gastronómica de restaurantes y de hoteles: por esta razón, el cierre de estos establecimientos le está afectado de lleno. Así se registra una muy significativa caída de las ventas, una gran anulación de pedidos y solicitud de revisión de contratos (porque hay mucho producto estocado) y una elevada previsión de retraso en los cobros.

Evidentemente, hay otros sectores pecuarios también afectados (por ejemplo, el ovino y el caprino, el vacuno, el porcino blanco o el sector avícola que prevé unas pérdidas superiores a los 600 millones). Y no olvido aquí al sector agrario, afectado por la realidad climática y por los problemas de la mano de obra en el campo.

Todo ello me lleva a la conclusión de que como no cambien muchas cosas y no se actúe desde el ejecutivo con diligencia y adecuadamente, el sector agrario español (y especialmente el ganadero) se puede ver abocado, a lo largo de este 2020, a una “pandemia financiera” de calado.

De producirse la misma, sus consecuencias económicas, directas e indirectas, no soy capaz a estas alturas de cuantificarlas, pero tengo muy claro que no van a ser nimias (parto de la base que nuestro sector agrario viene a suponer el 2,5 por 100 de nuestro Producto Interior Bruto (1,25 billones de euros) y este porcentaje llega al 8,4 por 100 si se considera la aportación de la industria alimentaria y de todos los demás sectores implicados en la cadena de producción agraria y alimentaria; es decir, aportó en el año 2019 unos 105.000 millones de euros anuales al PIB).

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

Las ponedoras en los pequeños corrales

Hace ahora un mes, fue el día 5 de marzo, celebramos en el Salón de Actos del Edificio Agrícolas dela Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas (ETSIAAB) de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) la I Jornada Técnica ÁGORA TOP GAN referida a la Avicultura Industrial de Puesta (que en realidad sería la V Jornada dedicada a esta producción si tuviéramos en cuenta las Jornadas realizadas en nuestra anterior singladura entre los años 2016 y 2019).

En ella se puso una vez más de manifiesto de manifiesto la altísima tecnificación de que goza este sector pecuario en su faceta industrial y la elevada complejidad de la gestión de estas granjas la gran mayoría de ellas con censos muy importantes (se estima que en España hay actualmente del orden de 1400 granjas “industriales” que albergan unos 44 millones de gallinas ponedoras).

Pero, en esta oportunidad, en razón del intercambio epistolar con don José Carlos Terraz, al que hacía referencia en mi nota del Boletín nº 24, que vio la luz el martes pasado, quería escribir acerca de lo que se dado en llamar “Gallinas en los corrales” o también “gallinas de corral”; gallinas que forman parte del sector avícola alternativo.

Relativamente la importancia cuantitativa de estas gallinas, en España, no es muy elevada pero si es significativa la cualitativa (no sucede los mismo en otras regiones del Mundo donde estas “gallinas de corral” tienen una gran importancia cuantitativa).

En mi opinión, podemos estar hablando en España, como mucho, de unos 2,5 a 3 millones de ponedoras, aunque se trata de una cifra muy variable en el tiempo, pero debe tenerse en cuenta que esta actividad pecuaria ha decaído significativamente en los últimos años en razón de que, en la mayoría de los casos, ha dejado de ser “un negocio” para, como dice don José Carlos Terraz, convertirse en un hobby.

Pero lo que me preocupa aquí, en este caso de las “gallinas de corral” es que no siempre la trazabilidad de las aves está garantizada. En efecto, pude suceder que, en un momento determinado, haya picos sobrantes en las recrías destinadas a las granjas industriales. Estos picos, en ocasiones, terminan en manos de intermediarios que los dirigen hacía los corrales a los que hemos estado haciendo mención (hay que significar que la legislación para estos casos no está demasiado clara y, desde luego, no es fácil de cumplir).

Cierto es que AVIALTER y la propia Asociación Europea de Aves Rurales (ERPA) ha trabajado mucho en este tema y se han presentado en su día al Ministerio y a la propia Comisión Europea, unas propuestas basadas en unas fichas de trazabilidad (con el concepto de “registro vivo” de movimientos) y, paralelamente, de identificación de corrales.

De esta forma se generaría un registro electrónico oficial vivo y actualizado dónde deberían quedar registrados todos los movimientos de las aves a lo largo de la cadena (incluyendo naturalmente las tiendas intermedias en su caso) y las ubicaciones de los corrales domésticos, que es su destino final.

Lamentablemente se trata de un tema que requiere de una base legislativa y la realidad es que ello siempre constituye un problema muy complejo de resolver en nuestro Unión Europea de los veintisiete (U.E. – 27). En definitiva: se ha avanzado muy poco.

Ahora con la aparición de la pandemia generada por el coronavirus COVID – 19, que nos tiene finalmente a todos confinados, al declararse en Estado de Alarma (Decreto 463/2020), la situación se ha complicado un poco más.

En efecto, si bien es cierto que se ha dejado seguir laborando a las tiendas que suministran productos y servicios a los agricultores y ganaderos (incluyendo alimentos para mascotas y animales domésticos), las mismas se han quedado prácticamente sin clientes con lo cual se ha generado un importante cuello de botella.

Ello significa un problema de índole económica para los criadores y también para los productores de “huevos de corral”, amén de suscitar a medio – plazo un problema de bienestar animal al no estar realmente funcional un importante canal de comercialización de las aves recriadas (que actualmente se amontonan en los criaderos).

Con lo cual y aquí quería llegar hoy la situación descrita es uno de los muchos “daños colaterales” que la pandemia está generando a nuestra ganadería; en este caso, concretamente, a la avicultura de puesta alternativa.

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

 

Los ganaderos vascos muestran su día a día durante el estado de alarma

 

 

Una oportunidad para meditar y una demanda de hacerlo

La verdad es, que después de un muy interesante intercambio epistolar con mi buen amigo don José Carlos Terraz Cuenca, gerente de GRAPISA, Presidente de Avialter (Asociación Profesional de Avicultura Alternativa) y también Presidente de ERPA (European Rural Poultry Association), tenía pensado escribir esta semana acerca de las granjas artesanales de ponedoras en España.

No obstante, en mor de aquel viejo adagio que dice. “el hombre propone y Dios dispone”, acaba de llegar a mi poder un artículo sumamente interesante publicado por don Gideon Lichfield, que ha hecho modificar mis intenciones iniciales.

El señor Lichfield es un afamado periodista, que trabajó durante dieciséis años en “The Economist” y que actualmente es el editor – jefe de una revista muy prestigiosa denominada “MIT Technology Review” que está vinculada, nada más y nada menos, que al MIT (Massachusetts Institute of Technology). La misión fundamental de esta publicación es ocupar una posición de liderazgo en el tratamiento de cuestiones emergentes y claves, uniendo al mencionado tratamiento al análisis de sus repercusiones en las poblaciones humanas afectadas por las mismas.

El citado artículo es un resumen de un amplio informe emitido acerca del Coronavirus por el Imperial College de Londres (una institución de gran renombre, que fue fundada en el año 1907 y que analiza científicamente y con una gran profundidad temas relacionados con la medicina, la ingeniería, la ciencia y la gestión empresarial).

En este caso y de acuerdo con los investigadores del Imperial College, la forma como se debería actuar ya ante la pandemia que nos azota (en razón de que se ha empezado a actuar muy tarde contra ella) sería la de imponer medidas de reclusión social más intensas a medida que los ingresos en las UCI aumentan (caso actual de España, por ejemplo) y reducir estas medidas conforme baja la cifra de los mencionados ingresados en las UCI por culpa del COVID-19.

Modelizando esta propuesta y hasta que haya disponible una vacuna realmente eficaz (que se espera que sea una realidad en unos 15 – 18 meses), cada trimestre estaría compuesto, hablando en términos generales, por dos meses de total confinamiento y un mes de relativa libertad de movimientos (que no afectaría a todos por igual).

Las predicciones resultantes de la aplicación teórica de este modelo permiten deducir que los resultados que se obtendrían serían claramente mejores que los que se consiguen con los aislamientos o las cuarentenas de los enfermos, de las personas de riesgo y con los cierres de los lugares públicos, tal y como se está procediendo actualmente.

En cualquier caso y al margen de las elucubraciones matemáticas que acompañan al modelo propuesto, el informe concluye de una forma impactante afirmando, por una parte, que el coste social de esta pandemia será muy elevado, especialmente para los más pobres y los más débiles económicamente hablando; por otra, que los modelos de vida que teníamos en el Mundo, antes de esta pandemia, con una alta probabilidad no van a volver nunca más. Al formular estas conclusiones, entiendo, se tienen en cuenta las posibles “nuevas oleadas de ataque” del virus y las mutaciones de éste.

Téngase en cuenta, como afirma el microbiólogo Nathan Grubaugh, profesor de epidemiología en la facultad de medicina de la Universidad de Yale en Estados Unidos, en un reciente artículo publicado en la revista Nature: “la mutación es un aspecto recurrente de la vida para los virus de ARN (como el coronavirus)”.  Lo cierto es que los virus tienen un ARN propenso a generar cambios (errores) y así, a medida que un virus se reproduce y lo hace generando copias de sí mismo, va aportando estos “errores” a su genoma que, lógicamente, se incorporan a las mencionadas copias. Por esto ya se habla del COVID-20, 21, X.

Volviendo a las conclusiones del estudio y exponiéndolo de otra manera: habremos de adaptarnos, sí o sí, a unas nuevas formas de trabajar, de vivir y de relacionarnos (así, por ejemplo, el teletrabajo a gran escala, con todo lo que ello social y económicamente comporta, que es mucho, con todos los ajustes y las modificaciones que se vayan precisando a medida que vayamos adquiriendo experiencia y conocimientos del mismo, ha llegado para quedarse).

Y todo ello y a esto quería llegar, va afectar y no poco, al sector agrario, tanto al agrícola como al ganadero, porque estas nuevas formas van a implicar, inexorablemente, unos grandes cambios en nuestros hábitos de vida, que también van a afectar, están empezando a afectar ya, a la forma de afrontar nuestra alimentación.

Sinceramente, creo que lo expuesto tiene una enjundia de tal calibre que nos ofrece una gran oportunidad para meditar acerca del futuro que espera a los agricultores y a los ganaderos, que siguen, como siempre, “al pie del cañón”; y a su vez, la dimensión de los cambios sociales y económicos que se avecinan nos demanda hacerlo en profundidad, para que no nos suceda lo mismo que ha pasado con el COVID-19… que ha cogido al Mundo con el paso totalmente cambiado.

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio