Cuando el calor aprieta: cómo se adapta el ganado a las altas temperaturas

El cambio climático se ha convertido en uno de los principales desafíos para la sostenibilidad de la ganadería. El aumento de las temperaturas, los cambios en los cambios en los patrones de precipitación y la mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos están modificando las condiciones de producción y comprometiendo la viabilidad futura de las explotaciones ganaderas (IPCC, 2023).

Estos cambios tienen consecuencias directas sobre la salud y el bienestar de los animales, al reducir su confort térmico, alterar procesos fisiológicos y aumentar su susceptibilidad a enfermedades. Por otro, los efectos indirectos se reflejan en la reducción de la calidad y disponibilidad de agua y alimentos, algo muy relevante en sistemas extensivos, donde la alimentación depende en gran medida de los recursos naturales.

En España, la Agencia Estatal de Meteorología describe una clara tendencia hacia un aumento en la frecuencia, duración e intensidad de las olas de calor. El verano de 2026 aún no ha terminado y ya es el más cálido desde 1961, con una temperatura media superior en 2,5 grados al promedio del período 1991-2020, aunque los cuatro años anteriores le siguen de cerca. Esta nueva normalidad obliga a replantear la gestión del manejo de los animales y las instalaciones, con el fin de minimizar los eventuales impactos negativos.

Estrategias de adaptación del ganado al calor: el ganado dispone de un conjunto de mecanismos de adaptación al calor que buscan mantener la homeostasis, es decir, el equilibrio interno necesario para sobrevivir.

Estas respuestas se expresan a corto plazo, con cambios inmediatos en el comportamiento, la fisiología o el metabolismo, o a medio y largo plazo, con modificaciones en el pelaje, la pigmentación, la conformación corporal o incluso a nivel genético y epigenético (Figura 1). Todas estas estrategias actúan de manera simultánea, configurando un complejo sistema de defensa frente al estrés térmico.

Entre las respuestas más inmediatas al calor el comportamiento ocupa un lugar clave, por ser la primera y más rápida reacción del ganado frente al calor. Los animales buscan la sombra y zonas frescas, reducen la ingestión de alimentos y aumentan el consumo de agua. También modifican sus pautas de descanso y rumia y adoptan posturas que favorecen la disipación del calor y reducen el gasto energético.

Además de los cambios de comportamiento, el ganado activa respuestas fisiológicas para hacer frente al calor, como el jadeo, la sudoración y la vasodilatación. También se activan respuestas neuroendocrinas relacionadas con la gestión del estrés, mediante el eje hipotálamo-hipófisis-glándula adrenal, y con la regulación de la hidratación, a través del sistema renina-angiotensina-aldosterona. A nivel sanguíneo, el estrés térmico provoca una reducción del volumen plasmático y cambios en la concentración de electrolitos y antioxidantes, junto con un aumento de las proteínas de fase aguda, indicadoras de la respuesta inflamatoria. Por último, las respuestas metabólicas y moleculares permiten ajustar el uso de la energía y proteger los tejidos y las células frente al daño causado por el calor.

Estas reacciones permiten al animal adaptarse al aumento de temperatura, pero también implican un coste: menor eficiencia productiva, mayor desgaste energético y en algunos casos reducción de la fertilidad.

Ciencia e innovación para mejorar la adaptación: aunque el escenario es cada vez más desafiante, los avances científicos están permitiendo desarrollar estrategias de adaptación más eficaces frente al estrés térmico. En esta línea trabajan el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón y la Universitat de Lleida, a través de proyectos como LOCALBEEF, BEEFCAKE, LIFE EFFACC y el Grupo Operativo BOVITECH.

El estudio de las respuestas fisiológicas y de comportamiento, apoyado en tecnologías de monitorización, está permitiendo desarrollar soluciones prácticas para ayudar a las explotaciones a adaptarse a un clima cada vez más cálido. Entre ellas se incluyen sistemas de alerta temprana, mejoras en las instalaciones mediante sombreado, ventilación o un mejor acceso al agua, así como programas de selección orientados a una mayor resiliencia frente al estrés térmico.

Figura 1. Mecanismos adaptativos del ganado frente al estrés térmico (adaptado de Sejian et al., 2018: https://doi.org/10.1017/S1751731118001945).

 

 

 

 

 

 

 

Isabel Casasús
Doctora en veterinaria
Investigadora, Departamento de Ciencia Animal, Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) – IA2, Zaragoza

 

 

 

 

 

Mireia Blanco
Doctora Ingeniera Agrónoma
Investigadora, Departamento de Ciencia Animal, Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) – IA2, Zaragoza

 

 

 

 

 

 

Javier Ferrer
Ingeniero Técnico Agrícola
Técnico de Investigación
Finca Experimental La Garcipollera, Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA) – IA2, Zaragoza

 

 

 

 

 

 

Daniel Villalba
Doctor Ingeniero Agrónomo
Catedrático de Universidad, Departamento Ciència Animal,
Escola Tècnica Superior d’Enginyeria Agroalimentària i Forestal i de Veterinària (ETSEAFIV),
Universitat de Lleida

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