Tauromaquia: a propósito de la suerte suprema (III)

La puntilla o cachete (de ahí los nombres de puntillero o cachetero) puede realizarse por delante o por detrás del toro, pero a cuerpo limpio.

Se dice que es a cachete cuando se coge la puntilla con el puño y se propina al animal un golpe seco en la nuca, es decir en el la región central entre la cabeza y la 1ª vértebra cervical que acaba al instante con la vida del animal. Un puntillazo de ballestina se distingue del anterior en que se apoya la puntilla en el puño y los dedos índice y corazón en la hoja aplicándola al animal por simple introducción sin golpe brusco.

Cuando se falla con la puntilla a veces el toro se levanta, lo que supone un problema para el espada que tiene que volver a descabellar, con lo que se alarga la suerte suprema y el público se “enfría” para la concesión de trofeos. El número medio de puntillazos por toro en la feria de San Isidro de Madrid de 2026 fue de 1,27 no faltando casos de algunos toros que tuvieron que ser apuntillados 5 o 6 veces ante las protestas airadas del público.

De otra parte, se ha propuesto para mejorar los resultados de la suerte suprema la modificación de los estoques y de la puntilla (Sales y Fernández). Un estoque más ancho y con más filo en los 25 cm próximos a la empuñadura y con la punta menos afilada que permita deslizarse cuando se pinche en hueso para así facilitar la penetración.

Descabello y puntilla con hojas más estrechas y afiladas para mejorar la probabilidad de acierto.

La mejora de los útiles de torear (divisa, puya, banderillas, estoques, puntilla) además de facilitar el éxito también pretende humanizar la Fiesta al reducir el castigo y la producción de sangre, extremos deseables, al menos por parte del público.

En efecto, los espectadores actuales son muy sensibles a las repetitivas intervenciones de los matadores con estoque, verduguillo y puntilla, así como a tercios de varas y de banderillas exagerados (sobre todo de varas) donde los animales reciben castigos excesivos que a posteriori tienen efectos indeseables sobre el poder y fuerza de los toros.

En las 21 corridas de toros controladas en la feria de San Isidro de 2026 apuntamos 80 avisos totales y seis en las tres novilladas programadas, con lo que, algunas tardes en las que algún animal fue devuelto a los corrales y sustituido por otro y la suerte suprema se dilató en exceso, el espectáculo se aproximó a casi tres horas de duración, lo que resulta extraordinariamente tedioso, sobre todo si en el festejo no se ha exhibido arte y valor productores de emoción.

La suerte suprema, máximo riesgo para el torero, es el epílogo del rito y paradigma de la Tauromaquia; el triunfo de la vida sobre la muerte.

Muchos toreros murieron como consecuencia de cogidas en la suerte suprema. Me vienen a la mente Pepe-Hillo, El Espartero, Manuel Granero, Manolete y Yiyo espadas todos ellos de renombre y justificada fama.

Su evolución posmodernista, como preconizan algunos, hacia la corrida estética sin muerte y ulteriormente sin sangre, traicionaría la emoción de la aventura, inherente al riesgo y la dificultad, y, en definitiva, a la verdad y paradigma de la corrida de toros convirtiéndola en una indeseable pantomima humana, que espero que no sea aceptada en el futuro devenir de la Fiesta.

 

 

 

 

 

Argimiro Daza Andrada
Dr. Ingeniero Agrónomo
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito de la Universidad Politécnica de Madrid.

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