Perspectivas a medio plazo de las materias primas para alimentación animal: entre la estabilidad productiva y la volatilidad estructural

El mercado mundial de las materias primas destinadas a la alimentación animal afronta un periodo de transformación marcado por la combinación de riesgos económicos, climáticos, geopolíticos, tecnológicos y unas perspectivas razonablemente favorables en términos de disponibilidad, aunque condicionado por un entorno de elevada incertidumbre.
Las últimas campañas han puesto de manifiesto la capacidad de respuestas de los principales exportadores de maíz, trigo y soja. Brasil continúa consolidando su liderazgo en la producción y exportación de soja, mientras que Estados Unidos mantiene el papel como máximo exportador de maíz y de seguir siendo determinante en la formación de precios internacionales. Al mismo tiempo, Argentina, pese a la volatilidad derivada de factores climáticos y económicos, seguirá siendo un proveedor estratégico de harina de soja para la industria mundial de la alimentación animal.
Desde el punto de vista de la oferta, las previsiones apuntan a un crecimiento moderado de la producción mundial de cereales y oleaginosas durante los próximos cinco años, apoyado en mejoras de productividad y en la incorporación de tecnologías de precisión. Sin embargo, la mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos continuará reduciendo la previsibilidad de las cosechas, incrementando la volatilidad de los mercados incluso en campañas con balances globales relativamente equilibrados.
En cuanto a la demanda, el crecimiento del consumo de proteína animal en Asia, África y determinadas economías latinoamericanas, seguirán sosteniendo las necesidades de materias primas para alimentación animal. Aunque en los mercados desarrollados se observa una estabilización del consumo de carne, la evolución de la producción avícola y porcina continuará siendo un factor clave para la demanda de maíz y harina de soja.
Otro factor que merece especial atención es la creciente competencia entre los usos alimentarios, energéticos e industriales de determinadas materias primas. La expansión de los biocombustibles, especialmente en Estados Unidos, Brasil y la UE, mantiene una presión adicional sobre el maíz y los aceites vegetales, condicionando su disponibilidad para ser utilizados de manera habitual en formulación de pienso compuesto.
El maíz mantendrá previsiblemente su posición como principal cereal para alimentación animal. No obstante, su cotización seguirá mostrando una elevada sensibilidad a las condiciones meteorológicas en grandes países productores como Estados Unidos, Brasil y Argentina. La creciente frecuencia de episodios de sequía, inundaciones o temperaturas extremas incrementa la volatilidad de las cosechas y en consecuencia de los precios internacionales.
En el caso de la soja, las perspectivas apuntan a un mercado relativamente equilibrado gracias a la expansión de la superficie cultivada en Brasil principalmente y en menor medida en USA y Argentina. Aun así, la demanda procedente de la industria ganadera y del sector de los biocombustibles continuará ejerciendo presión sobre las existencias mundiales. Además, las políticas comerciales entre las principales economías seguirán siendo un factor determinante para los flujos internacionales del complejo de la soja.
El trigo y la cebada conservarán un papel relevante como materias primas alternativas en función de su competitividad frente al maíz. La flexibilidad en la formulación permitirá a la industria del pienso compuesto adaptar sus compras según la evolución relativa de los precios, contribuyendo a amortiguar parcialmente las tensiones en determinados mercados.
La sostenibilidad adquirirá una importancia creciente en toda la cadena de suministro. Tanto la industria de la alimentación animal como los productores ganaderos deberán responder a
exigencias regulatorias y comerciales relacionadas con la reducción de emisiones, trazabilidad, abastecimiento responsable, bienestar animal, reducción de la huella de carbono y la certificación de cadenas de suministro libres de deforestación.
La digitalización también contribuirá a mejorar la gestión del riesgo. El uso de herramientas como la IA, modelos predictivos y sistemas avanzados de monitorización, permitirá anticipar tendencias de mercado, optimizar las compras y gestionar con mayor precisión la volatilidad de los mercados. Las perspectivas a medio plazo apuntan a un mercado global suficientemente abastecido, pero caracterizado por una volatilidad estructural superior a la observada años atrás.
En conclusión, el escenario a medio plazo no apunta a problemas estructurales de abastecimiento, sino a un mercado caracterizado por una mayor complejidad en la toma de decisiones. Para la industria de la alimentación animal, la competitividad dependerá de combinar una estrategia diversificada de aprovisionamiento con herramientas avanzadas de análisis de mercado, formulaciones flexibles y una buena dedicación a la gestión integral del riesgo.
En un contexto global cada vez más interconectado, la capacidad de adaptación seguirá siendo el principal factor diferencial para garantizar rentabilidad y estabilidad de la cadena de valor ganadera.

José Luis Rey
Vicepresidente de CESFAC y presidente
de la Comisión de Materias Primas de CESFAC.




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