La raza Latxa

Raza Latza de cara negra
Autor: Luis Migual Ferrer Mayayo

Raza Latxa de cara rubia
Autor: Luis Miguel Ferrer Mayayo

Raza Latxa de cara Negra
Autor: Luis Miguel Ferer Mayayo

Raza Latxa de cara rubia
Autor Luís Miguel Ferrer Mayayo
Cuando a la hora de calificarte lo hacen con el adjetivo “basto”, es evidente que no resulta de primeras muy agradable; pero, cuando este basto (latxa) hace referencia a las cualidades de tu lana, todo cambia y adquiere pleno sentido.
La oveja Latxa, una oveja de lana basta, es el resultado de la adaptación y selección de una raza a lo largo de los siglos; adaptación a una orografía propia y a una climatología lluviosa, muy lluviosa. Se trata de una lluvia que resbala a través de la lana basta, evitando que la humedad penetre a través del vellón, procurando y logrando que el animal se mantenga seco.
Esta raza, con sus variedades de cara negra y de cara rubia, que sin ser una superproductora de carne, ni de leche, ni de lana, ha persistido a los diferentes cambios socioeconómicos que se han dado en el País Vasco y en el norte de Navarra, con y gracias a la resiliencia de la mano de los pastores a lo largo de los siglos.
La raza Latxa es el reflejo de unas formas de hacer, del equilibrio entre una triada: la comunidad pastoril, el entorno (valles en invierno y primavera, sierras en verano y otoño) y los rebaños de ovejas Latxa criadas en sistemas extensivos.
El sistema productivo de la oveja Latxa no sería el mismo sin la necesidad de gestionar y aprovechar su entorno y, el entorno y el paisaje de estas tierras, no sería el mismo sin la existencia de la oveja Latxa en sus pastos.
La cultura pastoril, transmitida generación tras generación y adaptada hasta la actualidad en su territorio, no nos habría enriquecido ni moldeado como lo ha hecho. Un paisaje verde con sus rebaños de ovejas Latxa que mantienen y mejoran este entorno, generando estas vistas idílicas que lo hacen tan apetecible al turismo rural, ávido de sensaciones básicas, perdidas en la ciudad.
Con un parto anual, un periodo de ordeño de unos 7 meses y otro de no ordeño de 5, esta raza humilde, dócil, nos surte de unos quesos Idiazabal que son el reflejo de unas formas de hacer, observar, gestionar el territorio y los animales, que permiten al resto de la sociedad disfrutar de alimentos de calidad y de un paisaje que también nutre el espíritu de quien lo observa y recorre.
Deseamos larga vida a la raza Latxa, a las pastoras y los pastores, que aman profundamente esta raza, a través de la cual recibimos alimentos, paisajes, y cultura.
Perder este patrimonio genético sería una torpeza imperdonable.

Ane Garciandia Gabilondo
Coordinadora de formación de la escuela de pastores del País Vasco
Socia de la cooperativa Gomiztegi.



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