El transporte de animales vivos en jaque. ¿Por qué nos estamos quedando sin conductores? (I)

El transporte por carretera es, sin lugar a dudas. el verdadero motor de la logística en España; prácticamente, todo lo que consumimos pasa en algún momento por un camión.

Sin embargo, el sector del transporte por carretera se enfrenta a una crisis estructural generalizada por la falta de profesionales. La misma amenaza con colapsar la cadena de suministro.

Según la Confederación Española de Transporte de Mercancías (CETM), actualmente, faltan unos 30.000 conductores en nuestro país; una cifra que podría dispararse hasta los 116.000 para el año 2028 debido al envejecimiento de las plantillas y a la muy importante falta de relevo generacional.

Si la situación general es sumamente preocupante, la especialidad del transporte de animales vivos está, ni más ni menos, que al borde del abismo. A las duras condiciones habituales del sector se le suma, en este caso. una carga desproporcionada de responsabilidades y de tareas que realmente no corresponden a los chóferes.

Si no cuidamos a los profesionales que quedan y minoramos la presión a la que están permanentemente sometidos, pronto no habrá nadie dispuesto a realizar este trabajo, que es sencillamente imprescindible.

El futuro a corto plazo no parece, en absoluto, sencillo. La sombra de una posible normativa aún más estricta que la actual; una normativa que limite o regule, con mayor severidad, los trabajos nocturnos vinculados al transporte de animales vivos, por las altas temperaturas del verano, amenaza de forma evidente con hacer que esta profesión sea todavía menos atractiva de lo que es en la actualidad.

La consecuencia, es que puede generar una reducción drástica del número de conductores disponibles.

A esto se suma la urgente necesidad de proceder a evaluar y a corregir la cadena de responsabilidad en el transporte.

Actualmente, los transportistas y sus conductores, se encuentran desamparados ante situaciones injustas como es, por ejemplo, la presión a la que se ven sometidos por algunos cargadores sufriendo coacciones, por parte de algunos ganaderos, obligándoles a cargar animales no aptos en los vehículos, bajo la amenaza de retirarles futuros viajes, si se niegan.

Otro ejemplo, es el vacío legal existente, en el marco normativo actual, como es el caso del Reglamento 1/2005 y/o del Real Decreto 990/2022, que presentan serias dificultades para sancionar de forma efectiva a ganaderos o a mataderos, ante la presencia de animales no aptos para el transporte y ante tiempos de espera significativamente abusivos.

Es fundamental que, en el tema que aquí nos ocupa, la responsabilidad atribuida a cada eslabón sea la justa.

Ni los transportistas ni los conductores, deben ser considerados responsables de los animales que ya no son aptos para el transporte en el origen (en la granja). Por lo tanto. la administración debe poner el foco en el poseedor o en el ganadero de los mismos, creando un baremo sancionador ejemplar y disuasorio. basado, por ejemplo, en la falsedad documental del documento de la ICA, donde habitualmente no se declaran estas incidencias.

En la segunda parte de este articulo se seguirá profundizando en este tema cuya importancia no parece ser reconocida por nuestra sociedad.

 

 

 

 

Pedro Martínez Moreno
Secretario General en funciones de CONETRANS

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