Merina: una raza española y mundial

Merina de Grazalema
Autor: Luis Miguel Ferrer

 

Merina de los Montes Universales
Autor: Luis Miguel Ferrer

Merino negro
Autor: Luis Miguel Ferrer

 

La raza Merina, con sus variantes blanca y negra, merina de los Montes Universales y merina de Grazalema, es la de mayor censo nacional y la más internacional.

Entre la gran diversidad de razas de ovejas existentes en nuestro país la Merina es la más representativa, pues forma parte de nuestra cultura e historia y, por su producción lanera, rusticidad y capacidad de adaptación, ha generado una estirpe de ovejas distribuidas por los cinco continentes.

Mucho se ha especulado sobre el origen de esta raza y el momento de su aparición, siendo muy dispares las teorías sobre la procedencia de los animales que pudieron participar en su formación. A día de hoy, no se ha llegado a resolver este interrogante, pero es un hecho aceptado que. la selección de la raza Merina, fue un mérito de los ganaderos y pastores mesteños que con su saber hacer, sumando a su experiencia la trasmisión oral recibida, consiguieron una raza excepcional.

El ganado merino goza de un elevado instinto gregario y una gran resistencia que han facilitado un sistema de manejo trashumante, basado en el desplazamiento alternativo y periódico del rebaño para conseguir el aprovechamiento de los pastizales, en su momento óptimo, entre dos territorios de productividad vegetal complementaria.

Entre 1500 y 1800, esta actividad implicó el movimiento cíclico de varios millones de ovejas, entre los pastos de montaña y las dehesas del sur peninsular, que sin duda ha contribuido a la vertebración del territorio nacional. Acompañando a sus rebaños, miles de pastores migraban cíclicamente facilitando el intercambio de objetos, costumbres, gastronomía, etc., dejando una huella imborrable en el patrimonio material e inmaterial.

El merino, dada la calidad de su lana junto a la extensión y densidad de las fibras de su vellón, se convirtió en la primera raza mundial altamente especializada en la producción de lana fina, cuyo producto abasteció a la industria textil europea durante varios siglos.

La elevada cotización de dicha lana determinó la prohibición de sacar o extraer del territorio nacional todo tipo de ganados. Esta disposición restrictiva se mantuvo vigente durante varios siglos. Sin embargo, a partir del siglo XVIII, ciertas vicisitudes históricas desencadenaron la salida efectiva de ganado merino, primero hacia otros países europeos y, más tarde, a sus colonias, logrando el asentamiento y la creación de nuevas razas.

La oveja merina se caracteriza por disponer de un vellón monocolor, blanco o negro, compuesto de fibras finas y rizadas, que llega a cubrir ampliamente todo su cuerpo. A la finura de su lana, elemento diferenciador respecto a otras razas, une su producción de leche y carne.

La producción de leche, aunque escasa, es de una gran calidad y ha derivado en la producción quesos tan sublimes como la Torta del Casar. La carne del cordero merino es tierna y jugosa, tiene un sabor especial y un engrasamiento tardío, que permite mayores pesos al sacrificio manteniendo su calidad. Y esta raza está en el ascendente de buena parte de las razas cárnicas actuales de todo el mundo.

La raza Merina por sus características zootécnicas y su trascendencia histórica, económica, cultural y paisajística, bien merece la consideración y reconocimiento como patrimonio zooetnológico de la humanidad.

 

 

 

 

 

 

Juan José Ramos Antón
Diplomado del European College of Small Ruminant Health Management 
Catedrático de Patología Animal. Facultad de Veterinaria. Universidad de Zaragoza.
Natural de Chércoles (Soria)

 

 

 

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