La compleja problemática del relevo generacional en el ámbito de las ganaderías

Como lo exponía este pasado fin de semana: desde mi punto de vista y de acuerdo con mi experiencia práctica, este es un problema importante y real que “colea” desde hace ya varios años, especialmente en el seno de la Unión Europea (U.E. – 27) y que, hasta el momento, no se ha dado con una solución eficiente y eficaz.

Cierto es que afecta de manera significativa a todo el sector agrario (agrícola y ganadero), pero de forma especialmente dolorosa y trascendente, lo hace en un porcentaje muy importante de nuestras ganaderías, cuyo futuro, precisamente por esta cuestión, está en seria duda.

Me refiero, a partir de aquí, especialmente a España, pero, como ya he indicado, éste es un problema muy serio que afecta no sólo a nosotros, sino también a otras muchas regiones del Mundo.

El tema del relevo generacional es especialmente grave cuando nos ceñimos al ámbito familiar, constituyendo, en sí mismo, un importante desafío global.

Como tal, requiere una acción positiva y coordinada, en primer lugar, de los propios ganaderos seniors que, en no pocas oportunidades, son los primeros en desanimar a los jóvenes; de las entidades detentoras del poder (el Estado, las Comunidades Autónomas y los ayuntamientos) y de las organizaciones agrarias.

Hay que tener muy en cuenta que, en una granja, es imprescindible estar activo, con mayor o menor intensidad, los 365 días del año. Ser ganadero no es sólo un trabajo, una actividad laboral; es una forma de entender y de vivir la vida. Ello exige, en primer lugar, vocación y capacidad de sacrificio.

En este marco, la primera premisa a cumplir, por parte de toda granja, es la de tener una dimensión, en el sentido económico del término, que permita ofrecer empleo digno, a mínimo tres/cuatro personas, para poder organizar adecuadamente para el capital humano un descanso semanal regular y garantizar el periodo vacacional, aunque sea fragmentado.

Pero, en nuestro caso, el elevado nivel de responsabilidad que han de asumir los ganaderos (no olvidemos que su trabajo pivota sobre una base viva compuesta por animales vivos de renta), no viene, en general, a lo largo del tiempo, compensada por una adecuada rentabilidad.

Estamos, además, ante la elevada inversión que requiere toda granja (incluyendo su mantenimiento y su adecuación permanentes); ante el esfuerzo diario físico y mental de la mano de obra implicada y ante el riego empresarial que el capital asume.

Y, no se olvide, ni minusvalore, el hecho que el dinero a percibir, por parte del empresario pecuario, como fundamental factor de producción que es, no está en la granja; está en el mercado, en los nichos de mercado a los que accede con los productos, primarios y secundarios, que la empresa ganadera genera.

Esta realidad exige la aplicación de unas adecuadas, eficientes y eficaces, políticas de mercadotécnica y de mercadeo, lo cual no siempre es sencillo.

A todo lo expuesto hay que añadir el exceso de burocracia que lastra a nuestras granjas, sometidas al “modelo de producción pecuaria de la U.E. – 27”, y, consecuentemente, el gran número de controles a que están permanentemente sometidas.

Ante este complejo escenario, tengo dudas (creo que razonables) de si la adopción en las granjas de técnicas innovadores (incluyendo la inteligencia artificial y la robótica), la modernización funcional de las mismas, el apoyo real de las administraciones, la significativa mejora de la valoración social del ganadero (cada vez más complicada por la creciente distancia, física y emocional, de la población urbanita del medio rural) y el  logro de una correcta valorización económica de los productos pecuarios generados, serían suficientes para atraer laboralmente a los jóvenes, a las nuevas generaciones.

Pero, téngase en cuenta, que, si no se logra, estará, a corto – medio plazo, en grave riesgo la continuidad, fundamentalmente cuantitativa, de esta actividad que tiene también en España una muy significativa importancia económica y social.

Y esto es algo que no nos podemos permitir.

 

 

 

 

 

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito ETSIAAB – UPM
Académico Numerario de la Real
Academia de Doctores de España

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