La asturiana de la montaña (Casina): una raza que define el paisaje de montaña asturiano

Autor acuarela: Luis Miguel Ferrer Mayayo.

Autor acuarela: Luís Mifuel Ferrer Mayayo.

Autor acuarela: Luis Miguel Ferrer Mayayo.
En las montañas del oriente de Asturias, donde la pendiente y el clima han condicionado históricamente la forma de producir, la vaca Asturiana de la Montaña —la Casina— se ha convertido en mucho más que un animal de granja: es un elemento estructural del territorio y de la cultura rural. Su presencia ha contribuido, durante siglos, a la fijación de población en áreas de montaña, sosteniendo economías familiares en condiciones exigentes.
Fueron los ganaderos de concejos como Caso, Aller y Ponga quienes, a través de una selección continuada, moldearon una raza perfectamente adaptada a su entorno. Buscaban animales capaces de producir leche en condiciones difíciles y de aprovechar al máximo los pastos comunales de montaña desde la primavera hasta el otoño. De ese proceso nació la Casina tal y como hoy la conocemos.
Su aspecto es inconfundible. Compacta, baja y sólida, ha dado lugar a expresiones populares que resumen su funcionalidad: “grande echada y pequeña de pie” o “a la Casina le tiene que pasar poco aire por debajo de la barriga”. No es una cuestión estética, sino una adaptación clave para desplazarse por terrenos abruptos y optimizar el uso de recursos.
Históricamente, su leche tuvo un papel fundamental en la cultura alimentaria asturiana. Asturias es una de las regiones con mayor diversidad quesera del mundo, y la Casina ha estado en la base de muchos de estos sistemas tradicionales. El queso Casín es su máximo exponente, uno de los más antiguos de España, pero también ha contribuido a la elaboración de otros quesos de montaña como el Gamonéu o Los Beyos.
Sin embargo, hoy la base productiva de la raza es su carne, y aquí la Casina alcanza uno de sus mayores valores. Se trata de una carne de gran calidad, con un sabor intenso y auténtico, fruto de un crecimiento lento y de su crianza en régimen extensivo. La infiltración grasa, la textura y el perfil organoléptico la sitúan dentro de las carnes más apreciadas en circuitos de proximidad y en una gastronomía que busca productos ligados al territorio.
A ello se suman su rusticidad, longevidad, facilidad de parto y excelentes aptitudes maternales, que la convierten en una raza especialmente eficiente en sistemas sostenibles. Además, su papel en el mantenimiento del paisaje es clave, contribuyendo al control del matorral y a la prevención de incendios.
Tras un acusado retroceso en el siglo XX, que la situó al borde de la desaparición, la raza ha experimentado una recuperación progresiva gracias al trabajo de los ganaderos y de la Asociación de Criadores (ASEAMO). Aun así, sigue siendo una población vulnerable.
La Casina no destaca por producir más, sino por producir mejor dónde otras no pueden. Y en un contexto donde la sostenibilidad es esencial, su valor trasciende lo local para convertirse en estratégico.

Marta I. Miranda Castañón
Catedrática de Medicina y Cirugía Animal
Facultad de Veterinaria. Lugo. Campus Terra
Universidad de Santiago de Compostela (USC)
Natural de Aller (Asturias)



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