Una dama urbanita, veterinaria de campo

Como chica nacida y criada en un barrio de Zaragoza, barrio rural, que sigue perteneciendo a la ciudad, tengo la certeza de que mi vida va a continuar en el mundo rural.
A pesar a que a día de hoy tampoco vivo en un pueblo como tal, estar trabajando a diario como veterinaria de campo, principalmente con ovino, me ha abierto los ojos a una forma de vida con la que no estaba especialmente ligada, pero a la que admiro.
Admiro la tranquilidad de los días, nada que ver con el ritmo en una ciudad. En el medio urbano sientes la necesidad de estar en movimiento, porque si no parece que estás desaprovechando el tiempo. Cuando voy a trabajar, bien sea antes de empezar o al terminar, siempre hay tiempo para echar un café, almorzar o ponerte a cotillear, si hay confianza suficiente. Esto queda excluido en época de partos, de cosechar o en nuestro tiempo de sangrados y saneamientos. ¡Entonces el tiempo apura!
En la ciudad, la rutina era esperar al autobús, que pasaba cuando bien le parecía, después en mi caso era ir a la Facultad, mil horas de clase, volver otra vez en el bus o en el tranvía llenos de gente hablando a voz en grito, apretados cual lata de sardinas…. ¿En qué momento te daba tiempo a sentarte y hablar un rato pacientemente o mirar las avutardas sin sentirte mal por no estar haciendo algo productivo? No lo había.
Admiro la amabilidad de la gente mayor que sigue viviendo en su pueblo de toda la vida. La manera de entablar conversaciones aún sin conocerte, la educación y los valores que tienen y que difieren de los de hoy en día. Y la Paciencia. A veces me encuentro revisando el móvil cada dos por tres si no me contesta en un tiempo “x”, mientras que hace unos cuantos años, si querías hablar con alguien era por carta.
En esa época creo que me habría quedado calva.
Admiro igualmente el espíritu de comunidad que sigue existiendo, el “hoy por ti y mañana por mí”. La vida en la ciudad es más una competición por ver quién es el más productivo, quién consigue el mejor trabajo, quién es el más sociable ……
Apoyarse mucho más en la gente de tu pueblo o aledaños, bien sea para ayudar en el trabajo o en proyectos personales, suele ser el lema rural. Crecer sin pisar al de al lado. Obviamente, habrá de todo tanto en pueblos como en ciudades, pero para mí, si pongo en una balanza la vida en una ciudad y en el mundo rural, esta se inclina con creces hacia lo rural, aún con la ausencia de medios que empieza a haber debido a la despoblación.
Y en relación al ámbito laboral, siendo mujer y joven, aún tiene que llegar el día que me encuentre la primera piedra. Gran parte de que mi experiencia sea tan positiva, laboralmente hablando, es porque he tenido la suerte de poder trabajar con el equipo de veterinarios con los que hice prácticas cuando estudiaba, y a los cuales admiré y admiro hoy en día, por el trato entre ellos y con los ganaderos.
Hablando con mis amigas sobre trabajo, ha sido cuando me he dado cuenta de la importancia de haber caído en un buen sitio ya que, teniendo la misma profesión, las experiencias personales difieren mucho. Esto también te lleva a ver la profesión de manera muy distinta.
Los ganaderos han ido abriéndose poco a poco y ya no ven tan raro que haya mujeres dedicándose a la veterinaria de campo. Al final, todo consiste en adaptarse y ellos lo están haciendo.
Por tanto, con lo bueno y con lo malo y con todas las opciones intermedias, yo me quedo en lo que ya considero mis tierras, en los pueblos de Huesca, con su gente y su manera de vivir y hasta con su frío …, eso que yo soy fan de los 40º, pero ya no lo cambio.

María Ferrer Sanz
Veterinaria de Rumiantes
RUMEX Grupo Veterinario S.L.



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