Sistemas productivos resilientes: una necesidad urgente frente al cambio climático en la República Dominicana

En los últimos años, la República Dominicana ha experimentado un aumento en intensidad y frecuencia de fenómenos climáticos extremos, evidenciados en lluvias torrenciales, inundaciones inesperadas, vientos fuertes y eventos atípicos como la caída de granizos. Estos fenómenos no son hechos aislados, sino manifestaciones claras del cambio climático, que está alterando los ciclos naturales y generando desequilibrios en la atmósfera. Como resultado, se observa una mayor acumulación de humedad y precipitaciones más intensas en períodos cortos de tiempo, lo que incrementa significativamente los riesgos para los sistemas productivos y las comunidades rurales.

Este escenario climático obliga a replantear la forma en que se desarrollan las actividades agropecuarias en el país. Los sistemas productivos tradicionales, caracterizados en muchos casos por prácticas poco sostenibles, han demostrado ser altamente vulnerables ante estos cambios. La degradación del suelo, la deforestación, la pérdida de biodiversidad y el uso de prácticas como la tala y quema contribuyen a debilitar la capacidad de los ecosistemas para responder a estos eventos extremos. En consecuencia, se generan efectos en cadena: suelos menos fértiles, menor retención de agua, incremento de la erosión, reducción de la productividad y mayor inseguridad alimentaria.

Ante este panorama, surge la necesidad urgente de promover sistemas productivos resilientes. Estos sistemas se caracterizan por su capacidad de adaptarse a condiciones climáticas variables, resistir perturbaciones y recuperarse rápidamente después de eventos adversos, sin comprometer su productividad ni la sostenibilidad de los recursos naturales. La resiliencia, en este contexto, implica resistencia y transformación hacia modelos más sostenibles y eficientes.

Una de las estrategias clave para fortalecer la resiliencia es la diversificación productiva. La integración de diferentes actividades agrícolas y pecuarias dentro de una misma unidad productiva permite distribuir riesgos, mejorar el aprovechamiento de los recursos y garantizar ingresos más estables para las familias rurales. Sistemas integrados que combinan cultivos, ganadería y, en algunos casos, componentes forestales, ofrecen múltiples beneficios, tanto económicos como ambientales.

Asimismo, la implementación de sistemas agroecológicos constituye una alternativa viable y sostenible. Estos sistemas promueven el uso de prácticas como la incorporación de materia orgánica, el manejo adecuado del suelo, la rotación de cultivos y la reducción del uso de insumos químicos. Estas son acciones que mejoran la fertilidad del suelo, a la vez que aumentan su capacidad de retención de agua y su resistencia a la erosión.

Otra estrategia fundamental es el desarrollo de sistemas silvopastoriles, que integran árboles, pasturas y animales en un mismo sistema productivo. La presencia de árboles contribuye a mejorar la estructura del suelo, reducir la temperatura, aumentar la biodiversidad y favorecer la infiltración de agua. Además, estos sistemas ofrecen sombra para los animales, lo que mejora su bienestar y productividad, especialmente en condiciones de altas temperaturas.

El fortalecimiento de las capacidades de los productores, la capacitación técnica, la transferencia de tecnologías apropiadas y el acompañamiento institucional son elementos clave para facilitar la adopción de prácticas resilientes. En este sentido, las políticas públicas y los programas de desarrollo rural deben priorizar el apoyo a la agricultura familiar, promoviendo modelos más productivos y adaptados a las condiciones locales.

En la República Dominicana, donde una parte significativa de la producción agropecuaria depende de la agricultura familiar, la implementación de sistemas resilientes representa una oportunidad para mejorar la seguridad alimentaria, incrementar los ingresos y reducir la vulnerabilidad de las comunidades rurales. Además, contribuye a la conservación de los recursos naturales, garantizando su disponibilidad para las futuras generaciones.

En conclusión, el cambio climático está transformando de manera profunda el entorno en el que se desarrollan los sistemas productivos. Frente a esta realidad, la resiliencia se convierte en un elemento central para asegurar la sostenibilidad del sector agropecuario. La transición hacia sistemas productivos integrados, diversificados y sostenibles es necesaria y urgente.

Apostar por la resiliencia es, en última instancia, apostar por la seguridad alimentaria, el bienestar rural y el futuro del país.

 

 

 

 

 

 

Mary Cruz Durán García
Zootecnista
Investigadora asistente del IDIAF
Lic. en Producción Animal – UASD
Máster en Producción y Sanidad Animal – UPM

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