Europa

Hace pocos días celebrábamos el día de Europa. No es una fecha cualquiera. Conmemoramos el nacimiento del proyecto de cooperación transnacional más importante de la historia. Del que, además, tenemos el privilegio de formar parte, desde 1986.

En nuestro país, el sentimiento de pertenencia a este proyecto colectivo ha sido siempre, desde nuestra incorporación, muy alto. Por utilizar un par de fuentes, en el Eurobarómetro de diciembre de 2024, siete de cada diez españoles afirmaban sentirse unidos a la Unión Europea, por encima de la media comunitaria (63%). También, según datos del CIS, en julio de 2025, el 73,2% de los españoles encuestados consideraban que pertenecer a la UE ha sido muy positivo para España, y un 65,3% estaban muy satisfechos o bastante satisfechos con los ya cuarenta años de nuestra pertenencia al club europeo. Son porcentajes muy altos, difíciles de alcanzar para otras cuestiones en un país, y un mundo, muy polarizado y convulso.

Conviene, en momentos como éste, abrazar opciones que generen grandes consensos, y la pertenencia a la UE es, sin duda, una de ellas. Los motivos del alto grado de satisfacción de la población española en esta cuestión se deben a muchos factores, entre ellos los fondos europeos que han permitido modernizar nuestras infraestructuras, reducir las desigualdades regionales o aproximar nuestra riqueza a la de la UE, pero también nuestra mayor relevancia en el contexto internacional, al ir aumentándose, poco a poco, la integración europea en materia comercial -ya conseguida-, política exterior o de defensa.

De manera particular, nuestra adhesión a la entonces Comunidad Económica Europea, en 1986, supuso nuestra incorporación a la política europea más común, la PAC, cuestión que entonces suscitó controversias y que hoy, echando la vista atrás, no puede sino ser motivo de plena satisfacción.

La agricultura y ganadería de nuestro país no serían lo que son hoy sin la PAC y la UE. Desde la perspectiva de los recursos, desde luego, con un saldo positivo casi todos los años desde 1986, entre lo que aportamos al presupuesto de la UE, y lo que recibimos, gracias a los fondos de la PAC, en los que somos el segundo país beneficiario después de Francia.

Hoy, nuestro sector agrario es mucho más competitivo. Es cierto que hay menos explotaciones -eran unos 2 millones en 1986 y hoy son apenas 784.000-, consecuencia lógica de la profesionalización y del aumento de la dimensión de las mismas -se ha pasado de alrededor de 14 hectáreas por explotación en 1986 a 30,43 hectáreas en 2023-, pero éstas son más viables y rentables.

Las ayudas de la PAC han tenido un efecto muy positivo -suponen alrededor del 30% de los ingresos de los agricultores y ganaderos en España-, siendo claves para el progreso, la tecnificación y la profesionalización del campo en nuestro país.

Algunas otras magnitudes pueden servirnos también para comprobar la importancia de la PAC, que ha dado estabilidad y mayor rentabilidad a nuestras explotaciones en estos cuarenta años.

Por ejemplo, la producción final agraria, que ha pasado de unos 16.830 millones de euros el año de nuestra adhesión, a 67.483 millones de euros en 2024, un crecimiento espectacular. O la cifra del valor de las exportaciones de nuestro sector agroalimentario, que alcanzó el año pasado los 78.000 millones de euros, dos terceras partes a nuestros socios de la UE, multiplicándose por 19 desde 1986. Al mismo tiempo, la balanza comercial pasó de ser negativa (-6,55 millones de euros) a extraordinariamente positiva, 17.615 millones de euros de diferencia entre las exportaciones y las importaciones, en 2025.

Es evidente que la PAC ha sido imprescindible para las mejoras de nuestro sector en estos 40 años. Ahora que volvemos a celebrar Europa, y que se negocia la PAC para 2028-2034, toca dar una vuelta de tuerca adicional y definir bien nuestro modelo de explotaciones a apoyar con los recursos de los que dispondremos para ese período.

Nos jugamos, una vez más, nuestro futuro.

 

 

 

 

 

 

Francisco Martínez Arroyo
Ingeniero Agrónomo del Estado
Vocal Asesor del MAPA

 

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