El complejo futuro del consumo de proteína animal

Traté esta cuestión en la conferencia que dicté, el martes pasado, en el marco del XIII Congreso Mundial del Jamón y lo volví a desarrollar este pasado fin de semana en mi actividad docente. Y lo he hecho porque tengo la impresión de que no se le da, en general, a esta cuestión la importancia real que tiene, especialmente, en el universo del discurso de los países más desarrollados.

Si nos centramos, como referencia, en la Unión Europea y, en primer lugar, en la estructura de la demanda, tenemos frente a las personas omnívoras (aquellas que consumen tanto alimentos de origen animal como vegetal), a las personas veganas (que evitan consumir y usar cualquier producto de origen animal), a las vegetarianas (excluyen de su dieta a la carne), a las vegetarianas estrictas (que también excluyen la leche y el pescado, pero no los huevos) y a las personas que, por razones religiosas, excluyen ciertas proteínas animales de sus dietas (caso, por ejemplo, de los musulmanes y/o de  los judíos).

Por otro lado, en segundo lugar, tenemos el “Split” de la oferta. Así, junto a las proteínas naturales clásicas, tenemos los alimentos plant based (elaborados fundamentalmente a partir de ciertos ingredientes de tipo vegetal), los denominados “los alimentos en desarrollo” (por ejemplo, los insectos), los nuevos alimentos o “novel foods” (que no han sido consumidor habitualmente en la Unión Europea antes del 14 de mayo del año 1977) y no, por último, las “proteínas animales cultivadas”.

En tercer lugar, tenemos una serie de movimientos populares, con un creciente impacto social, que aumentan la presión de la población sobre el consumo de proteína animal con el objetivo declarado de reducir su consumo o, incluso, de evitarlo.

Me refiero, básicamente, al “Movimiento Antiespecista” (todo individuo tiene el mismo valor, con independencia de la especie); al “Movimiento de Liberación Animal” (los animales tienen derechos y deben recibir un trato ético y es obligatorio minimizar su sufrimiento) y a la creciente e imparable, “humanización de los animales” (el ser humano es un animal más).

Todos estos movimientos acaban, antes o después, teniendo un reflejo, un apoyo, de naturaleza legislativa, afectando consecuente y directamente a los sistemas y a las técnicas pecuarias productivas, incrementando sus costes y, paralelamente, llevando a una disminución de la demanda de estas proteínas por parte de la sociedad.

Ante estas realidades, la Unión Europea (U.E. – 27) está desarrollando una estrategia, en lo que a la producción de las proteínas animales naturales se refiere. La misma se basa en abordar los desafíos medioambientales, económicos y de seguridad alimentaria, generando y promoviendo prácticas sostenibles, que puedan beneficiar, con una visión integral, al medio ambiente, y, paralelamente, alentando la economía circular.

Paralelamente, se está advirtiendo en la U.E., también por motivos económicos, una desaceleración en el consumo per cápita de proteínas animales y una reconfiguración de la denominada “cesta de consumo o de compra” en el caso de la carne.

Así, en estos últimos años, se está poniendo de manifiesto, a pesar del efecto en el consumo de las importantes migraciones que nos afectan, por una parte, que el consumo de carne de vacuno continua su tendencia a la baja mientras que, por otra, hay una sustitución, cuantitativa y cualitativa, del consumo de carne de cerdo por carne de ave.

Tal vez, desde una perspectiva cuantitativa, el caso más significativo, aunque no único en la parte occidental de la Unión Europea, sea el de España.

En nuestro país, el consumo real global de carne per cápita/anual ha descendido de los más de 90 Kg (año 1995) a los 62 Kg del pasado año 2025, con una previsión, para el año 2035, de no más de 50 Kg (esto sí, cifra todavía muy alejada de los 21 Kg per cápita y año, recomendados por la Organización Mundial de la Salud, OMS).

En resumen, el consumo de proteína animal, especialmente en el denominado Primer Mundo y, en él, en la Unión Europea (U.E – 27), sobre todo, en su parte occidental, se enfrenta, como se ha intentado exponer de manera muy somera en la presente nota, en mi opinión, nos guste o no, con una visión a corto – medio plazo, a una realmente elevada complejidad.

 

 

 

 

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito ETSIAAB – UPM
Académico Numerario de la Real
Academia de Doctores de España

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