El tercio de banderillas en los festejos taurinos (I)

En los festejos populares de la Edad Media y de la etapa Moderna los profesionales de la lidia y los espectadores de los mismos arrojaban a los toros flechas, dardos agudos venablos, varillas arpones y otros instrumentos punzantes con el fin de excitar e irritar a los animales para estimular su agresividad.
En los albores del siglo XVII, parece que arpones adornados ya sólo se clavaban sin arrojarlos, a distancia, a los toros. El adorno de los arpones a principios del siglo XVIII se basaba en pequeñas banderas o colores típicos de las mismas. De ahí el nombre de banderillas.
La estructura de la “banderilla histórica común” integraba un palo, adornado con papel de colores variados o adornos sofisticados (banderillas de lujo), en principio de alrededor de medio metro de largo y después de 70-80 cm que acaba con un arpón de hierro en la punta.
La banderilla reglamentaria actual, según el Reglamento Taurino de 1991, no ha variado sustancialmente: palo de longitud máxima de 70 cm y espesor 18 mm acabado en un arpón de acero cortante y punzante de 6 cm de longitud su parte visible, de los que 4 cm corresponden al arponcillo, que tendrá una anchura máxima de 1,6 cm.
Además de las banderillas comunes puede utilizarse, en la actualidad, las “banderillas cortas”, cuya longitud de palo es la mitad de las convencionales. Su uso de mayor riesgo, generalmente característico de los espadas que se dicen banderilleros, supone un ejercicio de técnica y valor encomiable. Si la plaza no dispone de banderillas cortas, se parten las convencionales por la mitad y se clavan en el morrillo.
Las “banderillas negras de castigo”, conocidas como “las viudas”, se emplean muy esporádicamente, únicamente cuando los toros mansos de solemnidad no aceptan ser picados.
En este caso, el palo se recubre de papel de color negro con una banda blanca en su zona media, el arpón tiene una longitud de 8 cm y una anchura de 6 mm, arponcillo de 6,1 cm de largo y 2,9 cm de ancho. En definitiva, es una banderilla más lesiva que persigue una excitación mayor de los toros que las comunes.
Hay que señalar, insisto, que actualmente es poco frecuente la utilización de las banderillas negras, ya que supone una descalificación grave de la ganadería a la que pertenezca el animal, manso de solemnidad, por lo que los espadas y los banderilleros, procuran denodadamente que el toro entre al caballo y reciba, al menos, algún ligero picotazo.
Las “banderillas de fuego” disponen adicionalmente, cerca del arpón, de un artilugio que al contactar con unos diminutos cartuchos de pólvora generan fuego que quema la piel del animal. A pesar de ser una suerte muy contestada por algunos aficionados, se permitió su uso, aproximadamente desde 1850 hasta 1950, aunque, desde primeros del siglo XX, su utilización fue poco frecuente.
En los comienzos del toreo reglado las suertes de banderillas eran poco apreciadas por los espectadores. Se consideraba que el objetivo fundamental de las banderillas se limitaba a alegrar la embestida del toro que salía del tercio de varas quebrado y castigado por los picadores.
Sin embargo, también en el tercio de banderillas puede apreciarse la bravura del toro. Así, el animal que se arranca con alegría “sin dolerse en banderillas” y corre velozmente hacia el banderillero y después de recibir el par en el encuentro, le sigue persiguiendo hasta las tablas se califica como un toro bravo en banderillas.
Se inició a banderillear colocando los palos de uno en uno, pasando a colocar pares hacia la segunda mitad del siglo XVIII.
En la próxima entrega trataremos las principales suertes de banderillas.

Argimiro Daza Andrada
Dr. Ingeniero Agrónomo
Catedrático de Producción Animal,
Profesor Emérito de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM).




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