Mujeres agricultoras y ganaderas

La FAO celebra este 2026 el año internacional de la mujer agricultora.
Con este motivo, y aprovechando la fecha del 8 de marzo, día internacional de la mujer, FADEMUR, la asociación de mujeres rurales de España organizó, en Roma, en colaboración con la FAO, una jornada sobre mujeres rurales y liderazgo en el sector agrario.
Tuve la oportunidad de participar y conocer directamente los planteamientos sobre el papel de las mujeres en el sector agrario, de la FAO, y de países como Paraguay, Brasil o Italia.
Experiencias como la ley de políticas públicas para mujeres rurales de Paraguay -donde se establecen préstamos a interés cero para que las mujeres rurales emprendedoras accedan a la tierra-, o la “Marcha das Margaridas”, de Brasil -donde las mujeres rurales de todo el país reivindican sus derechos sobre la tierra, o la “Campagna Amica”, de la organización Coldiretti con apoyo del Ministerio de Agricultura, en Italia -mediante la que se lleva el producto de las agricultoras, directamente a los consumidores, con la garantía del origen italiano-, son ejemplos de iniciativas muy interesantes, que tuvimos ocasión de conocer en esta jornada.
En España, en los últimos años, hemos avanzado mucho en la visibilidad de las mujeres en el sector agrario, en su empoderamiento y en su liderazgo, pero aún queda mucho por hacer, y es preciso renovar los avances puestos en marcha, como la ley de titularidad compartida, que va a cumplir 15 años en octubre de este año, o desarrollar nuevos proyectos para proteger e impulsar el papel de las mujeres rurales, como puede ser la elaboración de una ley de agricultura familiar o la creación de un banco público de tierras.
Estas políticas deben partir de la convicción sobre la necesidad de gobernar desde el progreso, para apoyar a los pequeños y medianos emprendedores agrícolas y ganaderos, pero también para aumentar la presencia de las mujeres al frente de las explotaciones, en los papeles, y su participación en la toma de decisiones en las organizaciones agrarias y en aquellas que defienden los intereses del medio rural.
En definitiva, han de servir para vencer la doble discriminación que sufren las mujeres rurales, muchas de ellas, agricultoras y ganaderas, con relación a los hombres, y respecto a las mujeres urbanas.
Todavía hoy, en España, poco más de una cuarta parte de las explotaciones agrarias tienen al frente, como jefa de explotación, a una mujer, y menos de 1.300 explotaciones (¡En toda España!) está en el registro de titularidad compartida -cuando, estudiando datos del INE y de estadística del Ministerio de Agricultura, este número podría ser de unas 60.000-, lo que refuerza la necesidad de seguir avanzando.
En este mismo contexto, la definición de un modelo de agricultura y ganadería prioritario en España -que debería apoyarse en el conocido como familiar, con creación de empleo y permanencia en el medio rural- o la creación de un banco de tierras público para facilitar el acceso a la misma -verdadero factor limitante para los jóvenes que apuestan por un futuro profesional ligado a la agricultura y la ganadería- son prioridades, a estas alturas, ineludibles, como comprometió recientemente el presidente del gobierno en una jornada con jóvenes y mujeres agricultoras, celebrada hace poco más de un mes.
Es el momento de actuar. Los avances sociales, y más en este campo, son urgentes, lo que obliga a ser ambiciosos y valientes a la hora de tomar decisiones.
El presidente ha marcado la prioridad política en el sector, lo que raras veces ha sucedido con otros gobiernos, y no conviene desaprovechar la oportunidad para actuar.

Francisco Martínez Arroyo
Ingeniero Agrónomo del Estado
Vocal Asesor del MAPA



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