Gripe equina: un viejo enemigo en continua evolución (I)

 

 

La gripe equina o influenza equina es una de las enfermedades respiratorias más contagiosas y económicamente relevantes en la industria ecuestre mundial. Aunque rara vez es mortal, su gran capacidad de difusión, su impacto en el rendimiento deportivo y las frecuentes interrupciones de actividades hípicas la convierten en un desafío sanitario de primer orden.

La gripe equina está causada por un virus Influenza A (adaptado al caballo) de la familia Orthomyxoviridae, un virus ARN segmentado conocido por su rápido ritmo evolutivo. A lo largo de la historia se han identificado dos subtipos:

  • H7N7: causante de grandes epizootias históricas (por ejemplo, en el siglo XIX) pero desaparecido desde finales de los años 70.
  • H3N8: el subtipo dominante desde 1963, responsable de todos los brotes modernos.

El H3N8 ha demostrado una notable capacidad de adaptación, dividiéndose primero en dos grandes linajes (americano y euroasiático) y posteriormente en los sublinajes Florida Clade 1 y Florida Clade 2, actualmente los más importantes a nivel mundial.

Se trata de una enfermedad antigua, pero aún sorprendente. En efecto, los registros describen cuadros compatibles con gripe equina desde la época romana, y se sabe que ha condicionado guerras, comercio y transporte. El gran brote de 1872 en EE. UU. llegó a paralizar el país, con casi el 100 % de los caballos enfermos.

Hoy, aunque las poblaciones equinas son menores, la globalización y el transporte internacional han sustituido a los carruajes de antaño como principal motor de difusión del virus.

La influenza equina se transmite, sobre todo:

  • Por aerosoles expulsados al toser: los caballos pueden lanzar partículas a decenas de metros.
  • Por contacto directo entre animales.
  • Por fómites (material, transportes, manos humanas).

El periodo de incubación es muy corto (1–3 días) y los caballos comienzan a excretar virus antes de mostrar signos clínicos, lo que facilita brotes explosivos.

El R₀, que indica cuántos individuos contagia un enfermo, puede alcanzar valores entre 2 y 10.

Los signos típicos de la enfeudad aparecen bruscamente:

  • Fiebre alta.
  • Tos seca y persistente.
  • Secreción nasal que puede volverse mucopurulenta.
  • Letargia y anorexia.

Aunque los casos no complicados se resuelven en 1–2 semanas, el daño del virus sobre el epitelio respiratorio predispone a infecciones bacterianas secundarias, especialmente por Streptococcus zooepidemicus, que pueden degenerar en neumonía grave.

La mortalidad es baja (<1 %), pero potros y burros pueden enfermar más gravemente y llegar a morir en determinadas epizootias.

En lo que atañe al diagnóstico, más allá de la clínica debe indicarse que, teniendo presente el hecho de que varios patógenos producen cuadros similares, el diagnóstico se apoya en:

  • PCR: técnica más sensible y rápida; detecta incluso animales vacunados- infectados.
  • Aislamiento viral: muy específico, pero lento.
  • ELISAs de captura de antígeno: útiles en campo.
  • Serología: Inhibición de la hemaglutinación (HI, en sus siglas en ingles) y hemólisis radial simple (SRH, en sus siglas en ingles), útil para la vigilancia.

La segunda parte del presente trabajo se iniciará con una mención al hecho de que la gripe equina “nunca se va” y a que el virus H3N8 evoluciona principalmente por deriva antigénica.

 

 

 

 

 

Dra. Rosana Domingo Ortiz, PhD,
Certificado Español en Clínica Equina
Dpto. Medicina y Cirugía Animal
Facultad de Veterinaria CEU Cardenal Herrera

 

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