Francisco Fernández Torres: la bioseguridad no se improvisa

La bioseguridad no se improvisa; empieza en el proyecto de la granja.

Desde el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Centro y Canarias hemos seguido con atención el contexto sanitario actual, marcado por la detección de peste porcina africana en fauna salvaje, el avance de la gripe aviar o la reaparición de la lengua azul.

Este escenario refuerza nuestra convicción de que la sanidad animal no puede abordarse únicamente desde las campañas de protección o de la gestión de emergencias, sino que debe asentarse en la prevención, construida con criterio técnico, planificación y rigor desde la propia fase de proyecto de la granja.

La bioseguridad no es un añadido posterior ni una exigencia administrativa: es una decisión profesional que condiciona la viabilidad de una explotación a largo plazo.

Cuando una granja está bien diseñada, con flujos productivos claros, accesos controlados y soluciones constructivas adecuadas, se reducen riesgos, se mejora la eficiencia y se protege la inversión del ganadero. Apostar por ingeniería de calidad es apostar por un sector agropecuario competitivo, seguro y preparado para responder a los retos sanitarios presentes y futuros.

Por este motivo, decisiones como seleccionar emplazamientos distanciados, ordenar de forma precisa los accesos, proyectar sistemas de doble vallado o incorporar equipos y medios de higiene suficientes, incluyendo duchas obligatorias para el personal, forman parte de una estrategia técnica coherente, no de un planteamiento excesivo.

El cerramiento adquiere así un valor sanitario esencial: actúa como línea de separación entre la explotación y un entorno en el que la fauna silvestre puede suponer un riesgo sanitario relevante. Especial atención merecen los vehículos, uno de los factores más sensibles. Camiones, equipos y materiales pueden introducir patógenos.

En conjunto, los hechos demuestran que el sector ha realizado un trabajo serio y responsable. Los focos registrados, aun habiendo tenido consecuencias puntuales, se han gestionado con eficacia y no han derivado en situaciones de descontrol.

Este resultado es fruto de la coordinación entre administraciones, veterinarios, técnicos y ganaderos, pero también de años de planificación, inversión y aplicación rigurosa de criterios de bioseguridad.

Mantener esta línea de trabajo, basada en el conocimiento técnico y en la mejora continua, es la mejor garantía para afrontar con solvencia los retos sanitarios que puedan surgir en el futuro. Parte de este buen funcionamiento del sector se apoya en los mecanismos de control técnico que ofrece el Colegio.

A través del visado de los proyectos, se revisa su contenido para asegurar que, en su redacción, a parte del cumplimiento de la normativa, se han tenido en cuenta los criterios constructivos, de diseño y bioseguridad, y que se aplican correctamente.

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