Evolución histórica del tercio de picar de las corridas de toros (I)

 

La suerte de varas en el siglo XV MUSEO DEL PRADO- Colección la suerte de varas. Autor: Eugenio Lucas Vázquez (hacia 1855) Nº de catálogo P004421

 

La suerte de varas o de picar deriva del toreo caballeresco de la Edad Media y de la época de los Austrias, practicado por los nobles en celebraciones diversas con motivo de eventos reales, nacimientos o bodas de príncipes, religiosos (fiestas patronales) e incluso para enaltecer doctorados universitarios.

Ya en el toreo popular del siglo XVII los varilarqueros eran protagonistas fundamentales que disponían de caballos de su propiedad, criados y domados por ellos.  Con varas de una longitud de unos 3,5 m y al encuentro picaban a los toros repetidas veces auxiliados por peones de a pie que ponían repetidamente a los animales en suerte.

Cuando se consideraba que el toro estaba suficientemente picado se procedía a su muerte por los “chulos” de a pie utilizando una espada u otros instrumentos de muerte y una tela pequeña para auxiliarse en la suerte. En el matadero de Sevilla se celebraron muchas corridas de este tipo, donde la suerte de varas era esencial, e, incluso, se disponía de asientos especiales para las autoridades.

Con la llegada de Felipe V en 1.700 al que, debido a su formación ilustrada, no le agradaban los espectáculos taurinos (en Biarritz, al nieto de Luis XIV, le horrorizó una corrida de toros), el toreo a caballo, ejercitado por la nobleza, experimentó una ostensible regresión rápidamente aprovechada por los peones auxiliares del rejoneo para extender el toreo a pie, ejercicio practicado, aunque sin reglas o normas, desde finales del siglo XVII, por las clases populares. La práctica del toreo a pie exigía, para restar fuerza y poder y ahormar a los toros, que fueran picados, consolidándose así la suerte de varas.

Durante todo el siglo XVIII, los picadores, dos o tres por cuadrilla, permanecían en el ruedo desde que el toro salía a la plaza hasta su muerte siendo picados, para responder a sus ataques, en cualquier momento de la lidia. Las suertes de picar utilizadas, con vara larga, fueron:

  • suerte “a toro levantado”: la suerte de varas se realizaba, sin peto protector, sin que el toro hubiera sido tocado, toreado y frenado con la capa por los toreros de a pie, lo que sin duda constituía un elevado riesgo para el picador por la fuerza que a la salida de los chiqueros imprimían los animales.
  • suerte “de frente” caballo-toro, en la que en el encuentro de ambos el picador giraba el caballo ligeramente hacia la izquierda, clavaba la puya en el morrillo, y el toro salía de la suerte por la derecha.
  • suerte de recurso a “caballo levantado” también de frente, que procuraba evitar las cornadas en los caballos: En esta suerte, según la Tauromaquia de Paquiro, en el encuentro, el picador con el caballo terciado hacia la izquierda levantaba de manos al caballo para que la cabeza del toro se apoyara en la región del brazuelo del equino, saliendo el toro de la suerte por la derecha.

En esta época los caballos todavía eran propiedad de los picadores profesionales personas muy avezadas en las labores ganaderas. En este tiempo de la Ilustración los nombres de los picadores aparecían en los carteles de toros con letras grandes como figuras fundamentales.

En el siglo XVI destacaron como picadores relevantes D. José Daza, autor de una Tauromaquia, José Fernández y, curiosamente, una mujer, Nicolasa Escamilla “La Pajuelera”.

 

 

 

 

 

Argimiro Daza Andrada
Dr. Ingeniero Agrónomo
Catedrático Emérito
Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

 

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