La Avicultura de puesta en Suiza, un muy mal ejemplo
Este tema lo he venido explicando, reiterativamente y durante muchos años, tanto en mis clases regladas como en los cursos y seminarios que he llevado a término en medio mundo, sobre el tema de la avicultura de puesta; y, no pocas veces, mis exposiciones y mis argumentaciones, han sido ampliamente criticadas.
Aprovecho ahora la oportunidad que me brinda el excelente trabajo publicado por NEXUSAVICULTURA (don Federico Castelló), que refuerza hoy todos mis argumentos y me insta a volver, con espíritu crítico, sobre este tema, que zahiere a los principios técnicos de la producción pecuaria.
Lo hago especialmente para alertar muy especialmente a LATAM, pero también a la propia Unión Europea (U.E. – 27), ante la deriva de sus políticas pecuarias. Políticas inmersas, en la U.E.- 27, de una manera alarmantemente creciente en la “estética social”, no en el bienestar animal real de la base animal; sí en la hiperregulación y en el desconocimiento de lo que realmente es la realidad anatómico – fisiológica de la gallina, Gallus gallus domesticus.
Suiza (que ya prohibió, como primer país del mundo, las jaulas para ponedoras en el año 1992) lleva años presumiendo de haber sido capaz de desarrollar el modelo avícola de puesta más perfecto del Mundo. Un modelo basado en la ética y en una regulación extrema, perfeccionándolo tanto, que ha dejado de ser funcional; es decir, se ha vuelto casi inasumible por el avicultor.
Esta es una dura, muy dura lección que hemos de aprender bien todos y no dejarnos subyugar (como le sucedió a Ulises con el canto de las sirenas) por los bienintencionados mensajes y discursos, de algunos medioambientalistas, proteccionistas, ecologistas y/o welfaristas.
A estas complejas realidades hay que sumar la grave incidencia en Europa de la Influenza Aviar de Alta Patogenicidad (HPAI), virus endémico de la fauna silvestre europea.
Esta situación ha llevado a las autoridades sanitarias suizas a determinar, nada más y nada menos, que el confinamiento obligatorio de todas las ponedoras en “jardines techados”, no pudiendo acceder las aves a los pastos abiertos si éstos no están protegidos por redes. Con lo cual los originarios “huevos de campo” han dejado de ser, muy mayoritariamente camperos, aunque el consumidor los sigue pagando como tales, al precio de unos 9 – 10 euros la docena (sic).
Por otra parte, el consumidor suizo viene a consumir actualmente casi 200 huevos/año y la producción nacional, altamente castrada, como se ha referenciado, no puede cubrir, ni de lejos, esta importante demanda (a pesar de que los avicultores suizos, ante esta situación, alargan todo lo que pueden la vida productiva de sus gallinas, generando otros problemas, entre ellos, problemas de estrés en las aves (picaje), patológicos y más “huevos de segunda”).
Hay que tener en cuenta aquí que, en Suiza, actualmente, es legislativamente casi, casi imposible o al menos muy, muy complejo, construir una nueva instalación o ampliar una existente.
La situación descrita ha obligado a Suiza, ante un autoabastecimiento real del orden del 60 por 100 (¡atención al dato!), a importar, a lo largo del año pasado, más de 40 millones de docenas.
Estas docenas proceden de Estados de la Unión Europea (EE.MM. de la U.E. – 27), que naturalmente, cumplen los duros estándares de la Unión, pero que hoy son, afortunadamente, significativamente inferiores a los suizos (aunque veremos dónde acabamos en la U.E. – 27, si siguen proliferando los “lunáticos” en Bruselas).
Estos huevos importados están, para el consumidor, en razón de los sistemas productivos de la U.E., a un P.V.P. alrededor de una cuarta parte del P.V.P. del “huevo nacional”, producido, según ellos y no se olvide, en el “modelo productivo más perfecto del Mundo” (sic).
Espero y confío (aunque tengo dudas cara al futuro), que sepamos aprender de las locuras y de los errores de los demás.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito ETSIAAB – UPM
Académico Numerario de la Real
Academia de Doctores de España



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