La carne de Navidad

Bandeja de carnes.
Llegados a estas fechas, en vísperas de Nochebuena, un año más nos detenemos, como consumidores, pero también como implicados en el sector agroalimentario, en los precios de la carne para estas fiestas.
Con datos de la semana 49, del 1 al 7 de diciembre, los precios han sufrido una espectacular subida. Valgan algunos ejemplos: la canal de ternera de entre 180 y 300 kilos se situó en 707,77 euros/100 kg de canal, con un incremento del 2,70% en tan sólo una semana. Igual ocurre con el cordero, que en la categoría ligero (peso en canal entre 10 y 13 kg) se sitúa ya en 1.215,7 euros, 1,15% más que la semana anterior.
Se trata de subidas habituales en estas fechas, lo que confirma la relevancia estacional de la Navidad, en los precios, sobre todo para el cordero.
En el extremo opuesto, el porcino, lastrado por la caída del consumo en el mercado interno, y el cierre de algunos mercados exteriores, a consecuencia de la Peste Porcina Africana, anota caídas muy importantes, de hasta el 15,67% en lechones, sólo en la primera semana de diciembre, respecto a la última de noviembre, pasando de 50,81 a 42,85 euros/lechón de 20 kg.
Más allá de la situación puntual de la carne de cerdo, se pone de manifiesto la necesidad de seguir trabajando por aumentar el consumo durante todo el año, para el cordero, el cabrito y, también, aunque en menor medida, la ternera, cuyo consumo es muy elevado en estas fechas, pero más bajo durante el resto del año.
Los precios de la ternera se encuentran en valores altísimos, y esto es una cuestión más estructural, impulsados por la disminución de la cabaña. Los precios son altos para los ganaderos, pero también para los consumidores, que se están empezando a acostumbrar a un consumo reducido, y casi de lujo, para la carne de ternera. Esta situación, en caso de seguir así, acabará lastrando a nuestro sector de vacuno de carne que, coyunturalmente, goza de una situación excelente. Esperemos que los consumidores no se acostumbren a una bajada del consumo y lo que hoy es pan, no sea hambre, mañana.
Por otra parte, desde hace un par de años, los consumidores perciben -percibimos- grandes incrementos de precios en la cesta de la compra en, prácticamente, todos los productos. Las cotizaciones de la carne de la que estamos hablando, el pescado o los huevos, por citar ejemplos muy significativos, hacen que llegar a fin de mes, sea difícil.
No hay soluciones mágicas, y la capacidad de intervención de la administración es, a veces, limitada en una economía de mercado como la nuestra, pero hay que mover alguna ficha.
Una posible opción para actuar puede ser recuperar la vieja idea del doble etiquetado, para que los consumidores conozcan, además del precio que pagan por los alimentos, los precios que, a su vez, han recibido los agricultores y ganaderos por los mismos, al inicio de la cadena agroalimentaria.
La puesta en marcha de una iniciativa como esta -demandada hace tiempo por algunas organizaciones profesionales agrarias- aportaría transparencia a la generación de precios y protegería a los productores que, en la mayor parte de los casos, son nada, o muy poco, responsables de los precios que pagamos por los alimentos.
Sería un buen objetivo para 2026, en el que les deseo lo mejor.

Francisco Martínez Arroyo
Ingeniero Agrónomo del Estado
Vocal Asesor del MAPA



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