Las claves en la doma del caballo

Hace poco adquirí una yegua holandesa de tres años.
Si tuviera que definir a los caballos jóvenes diría que son niños inocentes a los que les encanta jugar y que absorben todo como esponjas. Es por ello que la doma de un potro debe tratarse con sumo cuidado y respeto. Calmado, recto y hacia adelante serían las tres claves a la hora de hablar del adiestramiento de un caballo.
Todo debe empezar pie a tierra. El potro debe considerarnos como su líder, al cual respeta, pero en ningún caso teme. No tiene por qué desconfiar de nosotros, por esto debemos procurar que cada contacto suponga siempre una experiencia positiva.
La doma de cuadra, demanda que el potro se deje coger en el prado, que podamos cepillarlo, limpiar sus casos levantando manos y pies, y que sepa permanecer atado a los vientos o a un punto fijo del ramal, sin tirar hacia atrás; lo expuesto es lo mínimo que debemos conseguir antes de iniciar el proceso de trabajo.
Premiar mucho y esperar poco, enseñar los objetos de limpieza y pasarlos por su cuerpo, paso a paso y con mucha paciencia, y saber regañar con autoridad y suavidad, son actos que nos ayudarán a formar a un caballo equilibrado con un manejo fácil y seguro en la cuadra.
Una vez conseguido lo referenciado, pasamos al siguiente nivel de entrenamiento y trabajo muscular, empezando pie a tierra. La edad de inicio de monta es sujeto de debate. Personalmente creo que cuanto más tarde se monte mejor. A los 4 años el desarrollo óseo de las extremidades se ha completado, pero el dorso no se termina de formar hasta los 5 o 6 años.
Esto se puede compensar trabajando y musculando el mismo, evitando así problemas en el futuro por cargar peso sin que se haya terminado de desarrollar la zona dorsal y lumbar.
El trabajo a la cuerda, que el caballo vaya aprendiendo a la voz las ayudas de paso trote y galope en círculo a ambas manos, que sepa venir hacia nosotros con calma, que no tema el sonido de la tralla para animarle a avanzar, son claves para ganarnos su confianza pie a tierra.
Poco a poco iremos colocando el sudadero con un cinchuelo y acostumbrando al caballo a la presión de la cincha. Una vez hecho esto pondremos la montura, y si la acepta iremos soltando los estribos.
Si el trabajo se ha hecho en los tiempos y de forma adecuados, el caballo aceptará las novedades que vayamos introduciendo en el trabajo. El día de colocar los protectores suele ser muy divertido, pero no debe resultar peligroso porque ya hay un trabajo de base en el que el caballo entiende que no debe defenderse con coces, siendo este gesto motivo de regaño inmediato.
Que el caballo vaya recto es fundamental para ir subiendo peldaños en la escala de entrenamiento. Tenemos que conseguir que las huellas de atrás pisen las de delante. En el inicio de doma se suelen ver jinetes que exigen a los caballos un nivel de incurvación y remetimiento de los extremos posteriores para el cual el caballo todavía no está preparado ni física ni mentalmente. No hace falta.
Una vez hemos introducido el equipo por completo, la cabezada de montar con el filete, (haciendo por supuesto previamente la boca al potro para evitar tensiones y dolores innecesarios), iremos cargando peso poco a poco.
Con ayuda de alguien que sujete al caballo adelante, iremos cargando nuestro peso, procurando que el caballo lo acepte sin asustarse. Y podremos dar algunos pasos con el abdomen sobre la montura. Muchas veces el papel del que está abajo sujetando es más importante que el del que se sube, debe estar alerta en todo momento de las señales del caballo y saber cuánto pedir, cómo y cuándo parar.
La última y no por ello menos importante clave fundamental es que el caballo vaya hacia adelante. Un caballo que no avanza, que no va recto y hacia adelante no logrará progresar ni disfrutar del trabajo. Y antes o después empezará a manifestar comportamientos no deseables para su jinete. Si se diera el caso habría que retroceder los pasos necesarios en su adiestramiento para corregir esa actitud.
Todos los caballos nacen con el deseo y la ilusión de trabajar y colaborar con su jinete.
Son las malas experiencias y el mal manejo y adiestramiento el que determina el caballo que tendremos en el futuro. Es por ello que la doma de un potro requiere la asunción de una gran responsabilidad.
Un potro equilibrado feliz y sano física y mentalmente, será un gran caballo en el futuro que nos dará muchas alegrías.

Ángeles Melgar
Ingeniero agrónomo y
Técnico deportivo de equitación



Dejar un comentario
¿Quieres unirte a la conversación?Siéntete libre de contribuir!