Enfermedad podotroclear equina (II)

La enfermedad podotroclear, también conocida como síndrome del navicular, constituye una de las causas más frecuentes de cojera crónica en los caballos, especialmente en los miembros anteriores. Esta patología, de naturaleza multifactorial, afecta no solo al hueso navicular, sino también a las estructuras que lo rodean, como el tendón flexor digital profundo, la bursa navicular, y el ligamento sesamoideo distal impar. Su diagnóstico y tratamiento requieren un enfoque multidisciplinar que combine la clínica, la radiología, la biomecánica y la terapéutica equina.

La enfermedad podotroclear se presenta con mayor frecuencia en caballos de entre 4 y 15 años, siendo responsable de aproximadamente un tercio de las cojeras en los miembros anteriores. Aunque puede afectar a los posteriores, esto ocurre con mucha menor frecuencia. Las disciplinas ecuestres más afectadas son aquellas que implican esfuerzos repetitivos y de alto impacto, como el salto y el raid.

Clínicamente, los caballos afectados suelen mostrar una cojera intermitente, que puede ser unilateral o bilateral. En muchos casos, el inicio es insidioso, con un acortamiento progresivo del tranco y una tendencia a “andar de puntillas”, especialmente en superficies duras. La cojera puede cambiar de extremidad tras la realización del bloqueo perineural, lo que confirmaría la bilateralidad de la patología.

Diversos factores contribuyen al desarrollo de esta enfermedad. Entre los más relevantes se encuentran los defectos de conformación, como el eje podofalángico desviado hacia atrás, desequilibrios lateromediales y encastilladura. Además, el uso de herrajes inapropiados o irregulares, así como el trabajo sobre superficies duras, pueden predisponer o agravar la lesión.

La etiología del síndrome del navicular ha sido objeto de debate durante décadas. Existen dos teorías principales: la teoría vascular, que propone que la enfermedad se origina por una trombosis de las arterias del hueso navicular, lo que conduce a una isquemia progresiva y degeneración ósea; y la teoría biomecánica, actualmente más aceptada, que sugiere que la repetición de fuerzas de presión y tracción sobre el aparato podotroclear genera microtraumatismos que derivan en degeneración de los tejidos.

El diagnóstico del síndrome del navicular se basa en una combinación de exploración física, estáticaa y dinámica, bloqueos anestésicos perineurales y técnicas de imagen. Durante la exploración, se utilizan pinzas para detectar dolor en la región del casco, que tendrán un resultado positivo a nivel de los talones, así como el test de hiperextensión o test de la plancha. El bloqueo perineural digital distal es el que resultará positivo, ya que bloquea bulbos y talones, que es la region de dolor.

La radiología es fundamental en el diagnóstico. Se requieren al menos tres proyecciones: dorsopalmar oblicua, lateromedial y palmaroproximal-palmarodistal oblicua (skyline). Los hallazgos radiográficos incluyen aumento del número y tamaño de las fosas sinoviales (conos), presencia de quistes subcondrales (lollipops), cambios osteolíticos en la superficie flexora del hueso navicular y formación de entesiofitos en las caras laterales. Estos hallazgos deben interpretarse con cautela, ya que no siempre se correlacionan con la gravedad clínica.

La resonancia magnética es el método de diagnóstico de imagen más eficaz para identificar las etapas iniciales de la enfermedad podotroclear, ya que proporciona imágenes más detalladas de los tejidos blandos y del hueso.

El abordaje terapéutico es multimodal y debe adaptarse a cada caso según la edad, conformación, uso deportivo y grado de afectación. El tratamiento médico incluye antiinflamatorios no esteroideos como la fenilbutazona, vasodilatadores como la isoxuprina y pentoxifilina, y bifosfonatos como el tiludronato. En casos con sospecha de componente vascular, se puede añadir aspirina por su efecto antiagregante, aunque algunos estudios indican de su poca efectividad.

Cuando el tratamiento sistémico no es suficiente, se recurre a la inyección de corticoides (triamcinolona, metilprednisolona, betametasona) en la articulación interfalangiana distal o directamente en la bursa navicular. Estas infiltraciones pueden complementarse con ácido hialurónico, preferiblemente administrado tres semanas después del corticoide para mejorar su eficacia. También se han utilizado glucosaminoglicanos polisulfatados, por su efecto condroprotector.

El herraje juega un papel crucial en la recuperación. Sus objetivos son corregir defectos de conformación, mejorar la fisiología del pie y reducir el esfuerzo durante el movimiento. Se emplean diferentes tipos de herraduras: cerradas, con talonetas o retrasadas, según la conformación del casco. El ejercicio moderado en suelo blando mejora la perfusión digital y potencia el efecto terapéutico del herraje.

En casos refractarios, cuando ya el tratamiento médico no funciona, se puede realizar una neurectomía del nervio digital distal, tras confirmar la eficacia del bloqueo anestésico. Esta intervención elimina el dolor, pero impide la participación en competiciones y requiere seguimiento por posibles complicaciones, puesto que el caballo perderá la sensibilidad en esa zona. Hay que tener en cuenta que el resultado de la neurectomía solo será efectivo durante una media de 2-3 años.

También se han explorado otras opciones como la fisioterapia, campos magnéticos y ondas de choque extracorpóreas, con resultados variables.

El pronóstico es reservado, ya que la enfermedad es crónica y tiende a empeorar con la edad y el trabajo. Las radiografías por sí solas no permiten establecer un pronóstico fiable, debido a la variabilidad en la afectación de tejidos blandos. La prevención se basa en el herrado adecuado, evitar superficies duras y controlar la carga de trabajo. Aunque no existe una estrategia preventiva 100% eficaz, estas medidas pueden reducir significativamente el riesgo de aparición.

 

 

 

 

 

 

Dra. Rosana Domingo Ortiz, PhD,
Certificado Español en Clínica Equina
Dpto. Medicina y Cirugía Animal
Facultad de Veterinaria CEU Cardenal Herrera

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