La realidad estructural de la población española
La verdad, me han sorprendido bastante las críticas que he recibido, también por parte de algunos de mis alumnos, a raíz de un breve comentario que hice acerca de España al analizar, de forma realmente muy somera, en el boletín nº 263 de ÁGORA TOP GAN, “EL COMPLEJO FUTURO POBLACIONAL EN LA UNIÓN EUROPEA”.
Pero, como mi amigo y colega, el profesor Antonio Purroy, tituló un artículo referido a los Sanfermines de este año 2025 y publicado en el Diario de Navarra; LA REALIDAD ES TOZUDA.
Y teniendo bien presente esta frase, voy a dar unas breves pinceladas acerca de la realidad estructural, en base económica, de la población española.
Una realidad que es una de las principales razones en las que se sustenta la evolución real de los consumos de los productos generados por la ganadería en nuestro país y que, desde luego, si no cambian las políticas económicas del Gobierno, (desempolvando, por ejemplo, el “Pacto de Estado contra la Pobreza”, que sigue “durmiendo el sueño de los justos” en el Parlamento) va a marcar un incierto futuro global de esta evolución.
Entrando en materia: de acuerdo con los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la población en España, a 1 de enero de este año 2025, se situaba en 49.077.984 personas; ello significa 1.591.257 personas más que a 1 de enero del año 2022. Del aumento total registrado, el 84,4 por 100 (1.343.302 personas) eran de nacionalidad extranjera o con doble nacionalidad (¡atención a este dato!).
Un primer dato relevante aquí es que España tiene la tasa de pobreza infantil más alta de la Unión Europea; tenemos actual y oficialmente 2,3 millones de niñas, niños y adolescentes (menores de 16 años) pobres.
En España hay de acuerdo con los datos oficiales, 12,5 millones de personas en riesgo de pobreza o exclusión social (el 25 por 100 del total poblacional). Es la cifra más baja desde el año 2014, aunque la aparente mejora generalizada no alcanza a los 4,1 millones en situación de pobreza severa, los que viven en hogares con menos de 644 euros al mes.
Es verdad que después de la pandemia ha habido una mejoría de la situación global, pero, por una parte, la misma ha sido desigual, aumentando la brecha de género entre las personas en pobreza y empeorando la situación de la población migrante (más de la mitad se encuentra en riesgo de pobreza o de exclusión social). Y debe tenerse muy en cuenta que tres de cada diez personas en hogares con menores se encuentran en riesgo de pobreza o exclusión social.
La situación es especialmente delicada en los hogares monoparentales (más de la mitad está en riesgo de pobreza, el 50,3 por 100), y en el de las familias numerosas (el 49,1 por 100).
Pero, estas cifras no muestran realmente, en mi opinión, la verdadera situación de nuestra población, porque estamos inmersos en una economía marcada claramente por la inflación.
Para que nos podamos hacer una idea de la realidad (y utilizo datos oficiales), el poder adquisitivo de 100 euros en el año 2000 se redujo a unos 56 euros en este año 2025 (reducción del 44, 12 por 100).
Paralelamente, el incremento medio de los precios, en el periodo considerado, ha sido, prácticamente, del 79 por 100; pero el incremento de los alimentos (que es de lo que aquí se trata), en estos 25 años, ha sido del orden del 112 por 100.
Creo que no hace falta añadir mucho más para entender, al margen de otras consideraciones también importantes (salud, temas emocionales y/o políticos, etc.), la razón de, por ejemplo, el descenso del consumo global de carne en España; este consumo ha pasado (hablando de carne total), de los más de 90 Kg/cápita el año 1995 a los menos de 46 Kg/cápita de la actualidad, es la realidad económica (microeconómica, fundamentalmente)
Y es que, al margen de lo que nos quieren “vender” y “hacer creer”, desde “las alturas políticas y profesionales”, efectivamente, la realidad es tozuda.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito ETSIAAB – UPM
Académico Numerario de la Real
Academia de Doctores de España


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