Ataques de buitres al ganado; entre la histeria y la historia

Según la historia natural, los buitres son animales necrófagos. Su morfología y conducta está adaptada a buscar y alimentarse de animales muertos y otros residuos (placentas, por ejemplo). Juegan un papel muy importante limpiando el medio ambiente y limitando la propagación de algunas enfermedades infecciosas.

Según la histeria, los buitres son incapaces de atacar a ningún bicho viviente y las numerosas denuncias (incluso soportadas por vídeos) que se suceden en toda España y otros países son falsas interpretaciones o producto de la negligencia de los ganaderos (o ganaduros, o ganaburros).

Incluso, alguna consejera de Medio Ambiente puede sostener y sostiene que son “hechos aislados” y que “no tienen ninguna relación” con la supresión de un muladar en las cercanías de donde se han denunciado varios ataques.

Yo sí creo a los ganaderos que relatan (y algunos me han contado su propia experiencia al respecto) ataques de buitres a ganado vivo, y no sólo a animales muy debilitados o enfermos.

Se han documentado ataques a animales (vacas, ovejas, cabras…) durante el parto, especialmente cuando éste se complica, pero también acoso y muerte de crías sanas.

La historia natural demuestra que los buitres son inteligentes y capaces de adaptar su conducta a las variaciones del medio. Que tienen una “cultura gastronómica”; poblaciones que en un hábitat siguen un patrón de alimentación determinado tienden a reproducirlo cuando emigran a otros territorios. Y que aprenden.

Desde la crisis de las “vacas locas” el abandono de cadáveres al medio ambiente ha sido prohibido. Se ha sustraído a los buitres y otros animales una fuente importante de alimento, paliado, en parte, por los muladares, donde se entregan subproductos animales no destinados al consumo humano (SANDACH).

En la gestión de estos muladares puede residir parte del problema. Si la floreciente colonia de buitres que, afortunadamente, habita España no encuentra el sustento al que está adaptada busca otras fuentes de alimentación. Y aprende a usarla.

Los ganaderos necesitan soluciones, y los buitres necesitan comer.

Ayudas a la pérdida de animales (rápidas, sencillas y justas) son un apaño para paliar unos daños que no deberían producirse.

Un cambio en la legislación sería una gran ayuda para la ganadería y la población de buitres (el último caso de EEB clásica detectado en España fue en el año 2014).

Mientras tanto, los ganaderos harían bien en tomar medidas de protección, especialmente en los animales más vulnerables.

La mayoría de los partos distócicos se producen en terneras y ovejas de primer año: retener las borregas y novillas en el aprisco o en un corral adecuado para los partos podría ser una medida eficaz. Otra opción, más aplicable en el ganado vacuno (por su valor y las condiciones de explotación totalmente extensiva de muchas ganaderías) podría ser monitorizar el parto a través de collares con GPS y alertas al móvil cuando se está produciendo éste.

La situación de la ganadería, especialmente la extensiva, debe forzarnos a proteger su viabilidad económica. Por el bien de las personas que se ocupan de ella, por el medio rural y por la ecología.

Una protección que debe ser compatible con seguir contemplando en los cielos de España el vuelo de los buitres y de los demás rapaces.

Sin historias y sin histerias.

 

 

 

 

Francisco González
Biólogo y Veterinario

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