La PAC de la renta

Mañana es muy posible que conozcamos, no sólo la primera propuesta formal de la Comisión Europea para el Marco Financiero Plurianual (MFP), si no también, las líneas básicas de la Política Agraria Común (PAC), ambos para el periodo 2028-2034.

Es la primera vez que se solapan ambas cuestiones. La Comisión pretende mantener el impulso político de estos primeros meses de mandato, trasladando un mensaje claro de decisión y, sobre todo, de iniciativa.

Las primeras ideas que la Comisión está enviando, en forma de documentos de reflexión, refuerzan el carácter estratégico de la PAC -lo que, paradójicamente, no tiene por qué significar más recursos o más prioridad en el MFP- y apuntan a una política, por fin, de apoyo a las rentas. De verdad.

Se trataría de una muy buena noticia desde mi punto de vista. Así tuve la oportunidad de exponerlo en el debate del Agrícola Café de la Editorial Agrícola, celebrado el pasado 1 de julio, y en la presentación del anuario de UPA, el 2 de julio.

Ir a un modelo de compensación de rentas, para equipararlas, con las ayudas de la PAC, a las rentas de otros sectores de la actividad económica, y apoyar a los agricultores y ganaderos pequeños y medianos, sería un verdadero cambio disruptivo. Entre otras cosas, echaría por tierra la actual PAC en España, basada en regiones agronómicas y derechos históricos, que ha creado muchas desigualdades, y que tan poco efecto positivo, desde la perspectiva del incremento de rentas, ha tenido para la agricultura y ganadería en nuestro país.

No hay tiempo que perder para analizar las diferentes opciones de aplicación de la PAC en España, de cara a definir una posición en la negociación, y, principalmente, para tener claro el modelo de agricultura que debemos apoyar.

Si la PAC se dirige a la compensación de rentas, es muy interesante definir dicho modelo de agricultura, que se consideraría prioritario, y que, por lo tanto, debería recibir las ayudas de la PAC para aumentar su renta y dar un paso en la profesionalización. Con este enfoque, la definición de agricultura familiar -teniendo en cuenta, o no, el término “familiar”-, en la que el objetivo de renta se une al de rentabilidad -al contrario del de las grandes empresas o fondos de inversión en el sector agrario, que sólo buscan la rentabilidad-, es muy urgente.

Las explotaciones a las que deberíamos orientar nuestros esfuerzos son aquellas dirigidas por agricultores y ganaderos, empresarios agrarios, profesionales, a las que debemos discriminar positivamente y/o priorizar en la nueva PAC. Se trataría de un cambio de paradigma en la aplicación de la política agraria en España.

La futura Ley de Agricultura Familiar, anunciada por el ministro de Agricultura, y para la que en septiembre comenzarán los contactos con las Organizaciones Profesionales Agrarias (OPAS), es una oportunidad excelente para definir nuestro modelo prioritario y afrontar, con las ideas claras, la negociación de la PAC que, de alguna manera, podemos decir que comienza mañana.

Será un proceso largo, en el que, esta vez sí, no tendremos otra que ser valientes. Nuestro sector, tal y como lo conocemos, con empresarios autónomos, agrícolas y ganaderos, está en riesgo. Y la PAC tiene que ser útil para preservarlo.

Nuestro medio rural, la vida de nuestros pueblos, su economía rural y el empleo, o la protección del medio ambiente antropizado sobre el que se asientan nuestras explotaciones, están en juego.

 

 

 

 

Francisco Martínez Arroyo
Ingeniero Agrónomo del Estado
Vocal Asesor del MAPA

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