Importantes transformaciones estructurales del empleo agrario

Los datos del segundo trimestre de 2025 no solo confirman una tendencia descendente en el número de personas empleadas en la agricultura, sino que también revelan una transformación progresiva del modelo laboral en el campo español:

  • Menor peso de la agricultura en el conjunto de la población activa nacional.
  • Aumento del paro femenino en un entorno de escasas oportunidades y altos niveles de informalidad en algunas campañas.
  • Reducción de la temporalidad, aunque los niveles siguen siendo elevados en comparación con otros sectores.
  • Feminización en retroceso, lo que afecta también a la sostenibilidad del relevo generacional y la diversidad en las explotaciones.

La continua caída de la población activa en el sector agrario no es solo una estadística laboral, sino un síntoma de un problema estructural que afecta a la sostenibilidad económica, social y demográfica del medio rural español. Menos personas trabajando en el campo significa menos población en los pueblos, menos servicios públicos, más despoblación, y mayores dificultades para mantener el tejido productivo.

Además, la pérdida de mujeres en el sector tiene implicaciones adicionales en términos de cohesión social, dinamización de la vida rural y sostenibilidad de las explotaciones familiares, que en muchas zonas dependen de una división de tareas equitativa y del trabajo invisible de las mujeres.

Ante este escenario, las organizaciones sindicales y profesionales agrarias demandan:

  • Políticas activas de empleo específicas para el medio rural, con enfoque de género.
  • Incentivos fiscales y ayudas directas para fomentar el mantenimiento del empleo en explotaciones familiares y cooperativas.
  • Planes de formación rural para mujeres jóvenes, que ayuden a revertir la masculinización del campo.
  • Reducción de la temporalidad mediante incentivos a la contratación indefinida, especialmente en zonas con mayor estacionalidad.
  • Medidas contra el abandono del campo, incluyendo acceso a vivienda, conectividad, transporte y conciliación.

En definitiva, el sector agrario español se enfrenta a una encrucijada.

Por un lado, la modernización y digitalización del campo exige trabajadores cualificados y una nueva estructura laboral; por otro, la pérdida progresiva de mano de obra amenaza su viabilidad en zonas donde ya hay escasez de relevo generacional. La EPA del segundo trimestre de 2025 vuelve a alertar de una tendencia que, si no se corrige, puede comprometer el futuro del sistema agroalimentario español.

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