A propósito del antitaurinismo recalcitrante: Apuntes históricos (I)

Las ideas antitaurinas comenzaron a surgir en los primeros años de la era cristiana como repulsa de los espectáculos circenses romanos donde morían personas víctimas de las fieras. En la historia española han coexistido siempre el taurinismo y el antitaurinismo y en ambos movimientos han militado gente de toda condición cultural y política.

El antitaurinismo histórico se ha basado en aspectos religiosos, económicos y humanitarios. La iglesia católica, en aras de la defensa de la vida humana, prohibió repetidas veces las corridas de toros.

La bula del papa San Pío V De salute gregis de 1567 prohibía, bajo pena de excomunión, a reyes, organizadores, participantes y asistentes a las fiestas taurinas, bajo el principio de “el riesgo de muerte es una ofensa a Dios”, a pesar de que, unas décadas antes, los papas organizaban corridas de toros en la plaza de San Pedro con motivo de celebraciones varias.

Alfonso X el Sabio y la piadosa reina Isabel la Católica fueron declarados antitaurinos y el agrónomo renacentista Gabriel Alonso de Herrera, del siglo XVI, critica con tenacidad el maltrato de los bovinos, elogiando su relevante papel en el trabajo y en la alimentación humana.

Los reyes de la dinastía de los Austrias, sobre todo Felipe II, son conscientes de la popularidad e importancia social de la Tauromaquia de modo que hacen caso omiso a las proscripciones religiosas, aunque en su tiempo emerjan personalidades de gran peso intelectual que son marcadamente antitaurinos como el ilustre historiador y jesuita padre Mariana y el escritor Francisco de Quevedo frente a la loa de la Fiesta del eximio poeta Luis de Góngora.

Las cosas cambian radicalmente con el cambio de dinastía, inherente al espíritu ilustrado de los Borbones y de sus ministros. Así, durante el siglo XVIII y comienzos del XIX, acontece un rosario de prohibiciones sucesivas, con distinta virulencia y eficacia, en los reinados de Felipe V, Fernando VI, Carlos III y Carlos IV, que sólo en ocasiones permitían espectáculos de beneficencia, hasta que la llegada de José Bonaparte, en 1808, recuperó y potenció la Fiesta de toros en aras a congraciarse con el estamento popular depositario de la afición.

En el siglo de la Ilustración los clérigos científicos padres Sarmiento y Feijoo junto con Jovellanos y Vargas Ponce, fueron los antitaurinos más clamorosos en una época donde paralelamente se iniciaba el toreo reglado.

Según Jovellanos, “la prohibición de la Fiesta puede producir grandes bienes políticos y no genera ningún riesgo nacional de pérdida real en los órdenes moral y civil, y el que piense lo contrario incurre en una ilusión o en una preocupación delirante”.

La obsesión ilustrada era que una Fiesta violenta y sangrienta, tiene efectos negativos sobre la educación y desarrollo del país, suponiendo una mala propaganda nacional en Europa, idea que todavía consignan los antitaurinos en la actualidad.

Vincular toros con la educación, el desarrollo, la modernización y el europeísmo, actualmente resulta risible en un escenario humano con diversidad cultural, fundamentalmente urbana y escasamente agraria, lo que invita a reflexionar si tal extremo pudiera estar relacionado con la ignorancia.

Durante el siglo XIX las críticas a la Fiesta son tibias solidificándose las corridas. En el siglo XX de las tres generaciones de intelectuales, la del 98 (Unamuno, Baroja, Machado, Maeztu, Valle Inclán) es antitaurina con la excepción de Valle Inclán muy unido a Juan Belmonte; la del 14 (Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Marañón, etc.) es favorable o indiferente a la Fiesta, pero la del 27 (Lorca, Gerardo Diego, Aleixandre, etc.) defiende apasionadamente la Tauromaquia.

Sin embargo, las figuras de Eugenio Noel y de Leopoldo Alas Arguelles son acérrimos antitaurinos. Desde mediados del siglo XX el antitaurinismo se centra fundamentalmente en la corriente animalista, aspecto que trataremos en la próxima entrega.

 

 

 

 

Argimiro Daza Andrada
Catedrático Emérito de Producción Animal
Universidad Politécnica de Madrid (UPM)

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