Las enfermedades, la Espada de Damocles en la producción animal
El viernes de la semana pasada tuve la oportunidad de dictar una charla en un evento, dedicado al sector pecuario de la avicultura de puesta, organizado por las empresas Valli y ONCE – iluminación, en colaboración con el Grupo Barco.
El mismo reunió, en la sala, metafóricamente hablando, del orden de unos 25 millones de aves, que es más de la mitad de todo el censo oficial español actual de gallinas ponedoras.
En el transcurso del mismo, no pude dejar de pensar en el riesgo que corre este importante sector de la actividad pecuaria en España ante el potencial peligro que supone la gripe aviar, como muy bien lo conocen, por ejemplo, en los Estados Unidos de Norteamérica que lleva otros 21 millones de ponedoras sacrificadas en lo que va del presente año 2025.
A ello hay que añadir la gran preocupación internacional que supone el salto del virus H5N1 al vacuno de leche y también al ser humano (66 contagios y una muerte).
Un ejemplo complementario a lo que se expone en la presente nota lo constituye lo referenciado por la Organización Panamericana de la Salud (OPS). La misma ha contabilizado que, desde el año 2021, hay 19 países en la región que han reportado 2.950 brotes de H5N1 en aves domésticas y salvajes, además de 640 brotes en especies de mamíferos, desde alpacas hasta leones marinos, amén de dos contagios humanos en Chile y en Ecuador.
En definitiva y no creo haya objeción alguna: el tema de las enfermedades constituye, sin duda, una “Espada de Damocles” que tiene encima de su cabeza y cada vez más, en parte en razón de la creciente presencia de aves migratorias, la producción pecuaria de todo el Mundo.
Y viene a colación de todo lo expuesto la última alerta emitida por la FAO (la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) con motivo de los brotes de fiebre aftosa que alarman, y con razón, a la ganadería europea (Alemania, por ejemplo, detectó un brote en enero del presente año 2025).
Esta enfermedad viral, que es altamente contagiosa, se caracteriza normalmente por fiebre y ampollas en la boca y las patas, acompañadas de cojera y afecta a una serie de animales de pezuña hendida, como son, por ejemplo, bovinos, cerdos, ovejas, cabras y diversas especies silvestres.
Desgraciadamente, la enfermedad se está complicando por la presencia, en el Cercano Oriente, de una cepa exótica del virus (serotipo SAT1 de la fiebre aftosa en Irak y Bahréin).
En este contexto se pone de manifiesto, una vez más, la imperiosa necesidad, al margen de una correcta detección temprana de los procesos patológicos, de optimizar, en las granjas, en la medida de lo posible, las medidas de bioseguridad, tanto externas como internas con el objetivo de buscar mitigar sus correspondientes efectos negativos.
Y en este momento tampoco puede minusvalorarse el peligro que supone para la actividad pecuaria de la Unión la Peste Porcina Africana (PPA) que, a principios del presente año 2025, estaba presente en 11 Estados de la Unión Europea (U.E. – 27).
Como consecuencia de esta realidad, las nuevas restricciones impuestas, en aquel momento, desde Bruselas, afectaron a regiones de Alemania, Estonia, Hungría, Letonia, Polonia, Eslovaquia, Italia, República Checa, Grecia, Croacia y Lituania.
En definitiva, en el marco de la actividad pecuaria de la Unión (y, realmente, de otras muchas partes del Mundo), la posible quiebra del nivel sanitario en las granjas constituye una verdadera “Espada de Damocles” que, en cualquier momento, puede lesionar a la actividad pecuaria originando, en la mayoría de los casos, no solo problemas sanitarios…también económicos e incrementando sus riesgos empresariales, ya de por si notables.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito



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