La vuelta al proteccionismo

Hace ya mucho tiempo, en julio de 1944, cerca ya del final de la segunda guerra mundial, los 44 países más industrializados del mundo en aquel momento, liderados por Estados Unidos, se reunieron en Bretton Woods, en el estado de New Hampshire, para impulsar la paz a través de políticas de apertura comercial, que dejaran atrás el proteccionismo de las primeras décadas del siglo XX.
Hicieron algo fundamental para el comercio -y para las relaciones internacionales en cualquier ámbito-: establecer reglas de juego, y crearon el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Desde ese momento hasta hoy, pasando por los acuerdos del GATT (Acuerdo general sobre aranceles aduaneros y comercio, en sus siglas en inglés), hasta la creación de la OMC (Organización Mundial del Comercio) en 1995, se ha ido ampliando el concepto -y la realidad- del libre comercio a nivel mundial, impulsando acuerdos multilaterales, sujetos a reglas de juego que, en caso de incumplimiento -o sospecha de incumplimiento- requerían de la “intermediación” del órgano de solución de diferencias de la propia OMC.
De esta forma, desde 1995 se han resuelto más de 600 diferencias comerciales entre los miembros de la organización, en la que están representados 166 países y más del 98% del comercio internacional.
Pues bien, todo este engranaje internacional, que tanto cuesta construir desde la confianza entre países y la creencia de que vivimos en un mundo global en el que son necesarias reglas de juego claras y respetadas, ha saltado por los aires con la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos.
Parece mentira que haya sido Estados Unidos, el otrora adalid del libre comercio, el que cambie el paradigma comercial, con su apuesta por el proteccionismo, elevando los aranceles a las mercancías que entran en su territorio desde cualquier lugar del mundo, en un intento, inútil completamente, de que muchos medios de producción y bienes de consumo que se utilizan o venden en el mercado norteamericano, se produzcan allí.
Y los vaivenes sobre las decisiones y anuncios -más anuncios que decisiones- sobre los aranceles; hoy del 20%, mañana del 10%, a China del 125%, hoy a Canadá, al día siguiente a Méjico; no parece que ayuden a estabilizar la economía y a que las empresas tomen decisiones de inversión.
En este contexto, el sector agroalimentario español está también afectado. Nuestras relaciones comerciales con Estados Unidos son modestas. En 2024 exportamos a ese mercado por valor de 3.609 millones de euros, lo que supone un 4,8% del total del valor de nuestras exportaciones -Estados Unidos es nuestro sexto mercado, y el segundo fuera de la UE, tras el Reino Unido.
Destacan las exportaciones de aceite de oliva, cuyo valor en 2024 fue de 1.013,4 millones de euros, el 28% de todas nuestras exportaciones agroalimentarias a Estados Unidos. Respecto a 2023, el valor del aceite exportado a ese mercado ha aumentado en un 58%, un incremento muy significativo, después de una campaña anterior muy corta, pero con un valor unitario en euros/litro, en cifras récord.
Destacan también el vino, cuyo valor en la exportación a Estados Unidos es de 334,8 millones de euros, lo que nos convierte en el tercer exportador europeo y cuarto mundial, con cifras muy estables en los últimos años; las legumbres y hortalizas en conserva, con 247,1 millones de euros en valor -primer exportador de la UE a Estados Unidos y segundo mundial- y quesos, con un valor de 121,3 millones de euros, un 16% más que en 2023 y un 35% más que en 2020, lo que muestra el valor creciente de este mercado para estos productos lácteos.
En lo que respecta a los productos importados, destacan las habas de soja, fuente de proteína para la alimentación animal, que supusieron en 2024 unos 648,7 millones de euros -con una caída del 23% respecto a 2023- y los frutos secos, con un valor de 488,7 millones de euros comprados a Estados Unidos, cifra que se mantiene estable los últimos años. En ambos productos, la dependencia española de las importaciones es grande.
Estos son los datos, y los sectores que pueden tener una mayor afectación. En todo caso, lo que parece seguro es que tendremos -todos, sector y administraciones- que acostumbrarnos a un nuevo escenario, en el que el proteccionismo avanza, las reglas de juego se cuestionan y en el que Estados Unidos y sus decisiones son conceptos volátiles.
Y en este difícil contexto, la UE, con sus valores democráticos y su apuesta por las reglas y las relaciones internacionales, se convierte en un actor imprescindible, esencial para construir un mundo más prospero y abierto.

Francisco Martínez Arroyo
Ingeniero Agrónomo del Estado
Vocal Asesor del MAPA



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