¿Es la explotación familiar nuestro modelo?

 

 

 

En las últimas décadas, desde la segunda mitad del siglo XX, el sector agrario viene experimentando una transformación paulatina, reduciendo las necesidades de mano de obra en un inicio, debido a la disruptiva transformación tecnológica, y, más tarde, aumentando el tamaño de las explotaciones y la profesionalización del sector.

Estos cambios han transformado completamente el panorama agro de nuestro país, que se enfrenta, en este momento al reto de apostar por un modelo de explotación que sea capaz de competir en los mercados, mantener la renta de los agricultores y ganaderos y la actividad económica sostenible en el medio rural de nuestro país. Desde mi punto de vista ese modelo es el de las explotaciones familiares.

En el libro “El resurgir del agro. 10 retos”, publicado por la Editorial Agrícola* analizo en profundidad este modelo de explotación, que es, todavía hoy, la base de nuestro sistema agrario.

Las explotaciones familiares se enfrentan, pues, al desafío de la profesionalidad, la competitividad y la rentabilidad. Y hay tres cuestiones fundamentales para lograrlo, en las que conviene detenerse: el tamaño de las explotaciones y el modelo de gestión, la presencia de las mujeres al frente de las mismas, y el relevo generacional.

En España, según el censo agrario de 2020, existían 914.871 explotaciones. De ellas, un 6,48%, unas 60.000, tienen ya personalidad jurídica. Desde 2009, las explotaciones agrarias han disminuido un 7,6%. Al mismo tiempo que se reducía el número de las explotaciones, aumentaban las que tienen personalidad jurídica en un 6,8%. Otro dato de interés es que, en las explotaciones de más de 100 hectáreas, 55.703 en el censo de 2020, el 23,8% tienen ya personalidad jurídica.

En cuanto al tamaño medio de las explotaciones, es de 26,37 hectáreas según el censo de 2020, un 7,4% mayor que en el de 2009. Las diferencias regionales son muy grandes, en función, principalmente, de los diferentes modelos productivos y tipologías agrícolas y ganaderas, desde las 4,81 hectáreas de media en Canarias, a las 63 hectáreas de las explotaciones medias en Castilla y León.

En la mayor parte de las explotaciones, 738.206 (más del 80%), coinciden el titular de explotación (persona física o jurídica, que asume la responsabilidad legal y económica de la explotación) y el jefe de explotación (persona física responsable de las actividades cotidianas de la explotación), lo que puede ser un indicativo, a la vez, de la alta profesionalidad de las explotaciones y del modelo de gestión familiar, todavía preponderante.

Por otra parte, las mujeres son el 30% de los titulares y el 28% de los jefes de explotación, un 16% y un 22% más, respectivamente, que en 2009. Esta tendencia es muy positiva, pero se trata de incrementos todavía insuficientes para adecuar la presencia de las mujeres en los papeles, a lo que sucede en la realidad. Es preciso incidir aún más, en las políticas encaminadas a lograr la igualdad de género efectiva en el sector agrario, promocionando, entre otras medidas, las explotaciones de titularidad compartida, que son, todavía, solo 1.257 en toda España (para un mayor detalle, puede consultarse el siguiente artículo en esta misma publicación**.

En cuanto al relevo generacional, las cifras son preocupantes.  El número de explotaciones cuyo jefe de explotación tiene menos de 45 años es de 127.363, un 23% menos que en 2009, y un 14% -frente al 18% de entonces- del total de explotaciones. El dato esperanzador es que los menores de 25 años aumentan ligeramente, hasta 4.460 titulares, un 0,5% del total. Por el contrario, el número de los mayores de 65 años se incrementa en un 16% respecto a 2009, y son ya más del 41% del total de jefes de explotación -35% entonces-, 378.055 personas.

Conviene incluir, dos factores limitantes para estas explotaciones de modelo familiar, que les afectan de manera directa, el acceso a la tierra y el acceso al agua.

Urge, una política integral de apoyo a la agricultura y ganadería familiares que, además de en ayudas para las inversiones en este modelo de explotaciones -donde todavía queda mucho por hacer para discriminarlas positivamente frente a otros modelos-,  debe incidir, pues, en el aumento del tamaño medio de las explotaciones, la presencia de mujeres, y la incorporación de jóvenes al sector agrario, para lo que es urgente trabajar en la creación de bancos públicos de tierra e, incluso, agua, allí donde sea posible.

Al otro lado de este modelo de explotación, se encuentran las grandes empresas y fondos de inversión, que se instalan en las zonas más productivas, con facilidad y recursos -y que se deslocalizan cuando encuentran mayor rentabilidad en otras zonas o incluso en otros sectores económicos-, presionando a las pequeñas y medianas explotaciones familiares, a las que, si actuamos rápido, todavía estamos a tiempo de rescatar, para que sigan siendo la base empresarial – y pilar social imprescindible- de nuestro sector agrario y de nuestro medio rural.

 

 

 

 

Francisco Martínez Arroyo
Ingeniero Agrónomo del Estado
Vocal Asesor del MAPA

*https://libreria.editorialagricola.com/editorial-agricola-libreria/materias/destacados_54_1_ap.html)

**https://agoratopgan.com/2024/10/mujeres-rurales-mas-por-hacer/?utm_campaign=atg-223&utm_medium=email&utm_source=acumbamail)

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