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Mercosur y lobo. Han sido las dos palabras claves de esta semana. Comenzando por este último animal, los miembros del Convenio de Berna por el que se establece la protección a los grandes carnívoros adoptaron por mayoría, a petición de la Unión Europea, un acuerdo por el que se reduce la protección al lobo. Ahora se ha abierto el proceso de ratificación y luego llegará el momento de que esta medida se aplique en la UE, aunque los Estados miembros tienen libertad para mantener su normativa actual.
En España, desde el Ministerio para la Transición Ecológica ya han dejado claro que no van a cambiar las reglas actuales, lo que supone, como era previsible, que la nueva ministra, Sara Aagesen, mantendrá lo que implantó Teresa Ribera hace unos años. Dicho de otra manera, salvo sorpresa de última hora, en España continuará la protección reforzada al lobo, mientras en la UE, con carácter general, se va en sentido contrario, es decir, camino de reducirla.
El otro asunto de actualidad es el de Mercosur. Ursula von der Leyen anunció que había cerrado un acuerdo con los cuatro países que componen este bloque, por el que se liberalizará el comercio entre ambas partes. Ante el aluvión de noticias relacionadas con este asunto, conviene tener claras una serie de ideas.
La primera es que, ahora, en la Unión Europea comienza un largo proceso de ratificación por parte de los Estados miembros y del Parlamento Europeo y que el resultado no está nada claro. Y lo explico con un ejemplo: en 2019 se alcanzó un acuerdo similar con Mercosur, que no ha llegado a entrar en vigor, porque luego se introdujeron cambios por parte de la UE y todavía no se ha ratificado.
En segundo lugar, ese acuerdo supone que se liberalizará el comercio entre Mercosur y la UE, incluido el de productos agroalimentarios; globalmente, el sector agrario de la UE, incluido el español, rechaza ese pacto, por considerarlo lesivo para sus intereses.
Y, en tercer lugar, a pesar de lo anterior, hay algunos productos agrarios, como el vino, el aceite de oliva o los lácteos que podrían resultar beneficiados. Pero lo importante es el trasfondo que subyace tras ese acuerdo comercial: en los cuatro países de Mercosur, las reglas para producir son más laxas que en la UE, lo que coloca a los agricultores y ganaderos comunitarios en una posición de desventaja.
En resumidas cuentas, que toca esperar para ver si lo pactado por Ursula llega a ratificarse en la UE, o todo seguirá igual, como en el caso de las normas sobre el lobo en España.




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