Los topillos en Castilla y León exigen un control férreo (I)
Hace unos días un informe de sanidad daba a conocer que ha habido 112 casos de tularemia en Castilla y León y que el 80 por 100 de los mismos se han producido en Palencia.
Esta enfermedad está directamente asociada a la presencia de topillos en el campo.
Durante este año 2024, la presencia de topillos se lleva denunciando por parte de las Organizaciones Agrarias y, consecuentemente, se vienen exigiendo las correspondientes medidas de actuación, desde hace meses.
Es cierto que los topillos son una especie que existe de manera ordinaria en el campo castellano y leonés, pero también es verdad que, por esta razón, es necesario mantener su población en unos niveles que no dañen significativamente a los cultivos existentes en la Comunidad. Es decir, las densidades de topillos realmente presentes por hectárea deben poder garantizar un adecuado novel de presencia en el medio, para no resultar ser perjudiciales para los cultivos.
Una situación de “no equilibrio adecuado” sucedió en el año 2007, cuando la presencia de topillos multiplicó por tres las densidades ordinarias y los daños que se ocasionaron en los cultivos de todo tipo fueron brutales.
Esta plaga de topillos se inició realmente en el año 2006 y durante más de un año no se adoptó ninguna medida de control y de erradicación de la misma. Ello determinó que. en julio del aquel año 2007, las densidades de topillos por hectárea superaron de media, en toda la Comunidad de Castilla y León, la cifra de 1000 topillos por hectárea.
En el verano del mencionado año 2007 los topillos estaban por todos los sitios; campaban a sus anchas por las calles de los pueblos, por los jardines y por las piscinas de los chalets. Había más topillos que personas en la Comunidad.
Esto determinó que tuviéramos que poner en marcha un Plan de Acción muy importante y contundente, para poder combatir la plaga.
Hubo que crear un Comité científico y traer a varios expertos de diferentes países, para decidir las medidas a aplicar y establecer la correspondiente “hoja de ruta”. Esta medidas comprendieron desde la quema controlada de rastrojos, a la limpieza de cunetas y riberas de los ríos, así como el levantamiento de los principales reservorios que estaban también en los cultivos de vezas, la realización de un arado en profundidad, antes de volver a sembrar y la aplicación de un producto químico.
La realización del mencionado programa contó con la actuación de más de 700 profesionales, que fueron contratados y formados ad hoc, Esta importante aportación humana hizo posible poder llevarlo a cabo en todo el territorio de la Comunidad de Castilla y León.
A todas estas acciones se sumó el reparto del mencionado producto químico por parte de las Juntas Provinciales Agropecuarias, desde diferentes puntos de almacenaje, para que los agricultores lo recogieran y pudieran aplicarlo en sus fincas.

Silvia Clemente Municio
Senior advisor |agroalimentación innovadora |public affairs|
sostenibilidad |Comunicación| turismo| internacionalización



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