Cuando a un señor ministro se le olvida comportarse como tal

Un señor ministro en España (me voy a referir, en esta oportunidad, a un ministro masculino) se entiende, en principio, que es una persona cualificada, que forma parte del Gobierno de la Nación, como responsable de uno de los departamentos en que se divide la Administración Superior del Estado.

El señor Ernest Urtasun, economista por la Universidad Autónoma de Barcelona y con un postgrado en relaciones internacionales, también por la Universidad de Barcelona, es el actual ministro de Cultura del Gobierno de España.

El señor Urtasun milita en el partido Sumar. La señora Yolanda Díaz ha definido como “la mejor persona posible para ponerle voz a un proyecto transformador, verde y europeísta”. Por su parte, el señor ministro se define como una persona ecologista y anti – taurina.

A señalar, por una parte, que, desde el año 2011, en razón de la naturaleza cultural que se atribuye a la Tauromaquia, las competencias de la Administración General del Estado, en lo que competen al fomento y a la protección de la Tauromaquia, están otorgadas precisamente al Ministerio de Cultura (y se ubica en la Dirección General de Bellas Artes).

Por otra, el señor Urtasun declaró, una vez nombrado, en la red social X “: asumo el reto con ilusión y con responsabilidad, para trabajar por la Cultura como un derecho de la ciudadanía de nuestro país».

Hasta aquí, todo perfecto.

Pero llega el momento cuando el torero, al Maestro, don Julián López, el Juli, recibe, en el Museo Reina Sofia, de manos de SS.MM. los Reyes de España, en el marco de los Premios Nacionales de Cultura (que implicó a 65 galardonados), el Premio Nacional de Tauromaquia 2023 (premio que no se podrá otorgar en este año 2024, dado que el señor ministro lo suspendió el pasado mes de septiembre, si la memoria no me falla, en aras “a la necesidad de adaptar los Premios Nacionales a la evolución del sector creativo y cultural, en razón de las demandas sociales».

Bien entendido que estos premios se otorgan, a una serie de personalidades, como un reconocimiento de la sociedad por la contribución de las mismas al enriquecimiento del Patrimonio Cultural de España.

Pues bien, en este acto solemne, presidido, insisto, por SS.MM. los Reyes de España, el señor Urtasun, a quien correspondió, en razón de su cargo, pronunciar la laudatio de los premiados y a quien acompañaba el secretario de Estado, el señor Jordi Martí, se “le olvidó”, incomprensiblemente, tratándose de un acto oficial, comportarse como ministro de Cultura y no aplaudió al señor Julián López cuando se acercó para recibir de su majestad la reina de España, doña Leticia,  el correspondiente diploma.

Con este comportamiento inadmisible, sectario, intolerante y discriminatorio, el señor ministro demostró no estar a la altura de las circunstancias y no es de extrañar que el propio torero, con una gran educación y con suma elegancia, lo pusiera a él y a su comportamiento, como decimos los zootecnistas “a caer de un burro”.

Lo grave de comportamientos de esta naturaleza no es que ofenden a la persona implicada, sino que ofenden, paralelamente, a la Tauromaquia y a la propia sociedad demostrando públicamente el señor Urtasun que, en mi opinión, nos es digno de ser el ministro de Cultura del Reino de España.

Para el bien de nuestra Tauromaquia confío en que, a corto plazo, el señor Urtasun siga el mismo camino que, en su día, siguió el entonces ministro de Consumo, don Alberto Garzón (el ministro que criticó la calidad de ciertos productos pecuarios generados por la ganadería española) y se sumerja también en el “pantano de los ex”.

Y no quisiera terminar esta breve nota sin mostrar, en esta oportunidad, mi apoyo al señor presidente de la Fundación Toro de Lidia, don Victorino Martín, por la carta abierta que ha dirigido a don Ernest Urtasun, poniendo de manifiesto el descontento del sector taurino en razón de sus comportamientos y reiteradas declaraciones acerca de la Tauromaquia.

Es obvio que, con estos mimbres, no es fácil hacer buenos cestos, pero, hoy por hoy, es lo que tenemos y, nos guste o no, no hay más cera que la que arde.

 

 

 

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito

 

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