Las protestas del sector agrario en Francia

Creo puede ser adecuado empezar la nota de esta semana citando a un viejo adagio que dice: “cuando veas las barbas de tu vecino afeitar, pon las tuyas a remojar”.

Su aplicación, entiendo, es más que procedente en estos momentos, observando lo que ha estado sucediendo en Francia, en las últimas fechas,  al igual como ya ha había sucedido también anteriormente, por ejemplo, en los Países Bajos o en Alemania.

En esta oportunidad, los agricultores y los ganaderos franceses han vuelto a poner de manifiesto, como ya hicieron hace un par de años, que están absolutamente hartos de todos los palos que les pone reiteradamente a las ruedas de su actividad profesional, ya de por sí muy compleja, la burocracia, manejada en cierta forma por todos los lobbies que medran en Bruselas,

Las protestas se han prolongado durante varios días y así, por ejemplo, el viernes de la semana pasada se manifestaron unos 17.500 agricultores y ganaderos del país vecino originando 112 bloqueos en carreteras al levantar barricadas y colocar camiones y tractores, interrumpiendo el tráfico.

El detonante de estas protestas fue la exención del gasóleo agrícola, pero hay también otras razones; entre ellas, por ejemplo, está la queja que implica a la entrada de productos agrícolas procedentes de España. Nuestros vecinos del sector agrario consideran que representan una competencia desleal por su bajo precio dado que, según ellos, los estándares medioambientales españoles son menos exigentes que los franceses.

También  protestan contra las grandes superficies, a las que acusan de comprar a precios muy bajos para llevarse elevados márgenes de beneficio (sobre estas cuestión en concreto, el sector agrario español podría escribir un libro).

El Gobierno francés quiere evitar que en esta ocasión se reproduzca una nueva rebelión de la dimensión de la del año 2018 donde las clases media y baja de las zonas semi – rurales pusieron en jaque al Gobierno del señor Macron (no se olvide que estamos a unos 5 meses de las elecciones europeas donde en Francia el partido de la señora Marine le Pen es, actualmente, el favorito).

Por esta razón, el Gobierno Francés, por una parte, ha dado orden a sus fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado a limitar al máximo sus intervenciones (a pesar de que los manifestantes han incendiado, en los últimos días, tres edificios públicos) y, por otra, ha empezado a aceptar algunas de las reivindicaciones del sector.

En este sentido, el recién nombrado Primer Ministro, el señor Gabriel Attal, se ha comprometido a negociar en Bruselas una nueva derogación de la obligación de dejar un 4 por 100 de la tierra de labor en barbecho e intentar conseguir una menor demora en los pagos de la Política Agraria Común (PAC), de la que Francia es el primer beneficiario con 9.000 millones de euros al año dado que es el líder productor en la Unión Europea (las actividades agrícolas y agroalimentarias de Francia, representan el 3,5  por 100 de su PIB del país y  dan empleo, aproximadamente, al 5 por 100 de su masa laboral).

Paralelamente, el señor Attal confirmó que Francia no ratificará el problemático acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur y anunció una serie de medidas para rebajar las normativas medioambientales, nacidas del “famoso” Green Deal.

Sin duda, sería positivo y muy oportuno, que nuestro Gobierno que, en lo que se refiere al sector agrario, tiene organizado un notable “carajal político”, que cursa con unas ineficiencia e ineficacia notables (véase, por ejemplo, la malísima aplicación práctica de la Ley de la Cadena o la historia de la protección del lobo),  tomara buena nota de lo que está aconteciendo al norte de los Pirineos, aplicara el refranero y empezara a “espabilar” (tema, por otra parte, nada sencillo si se analizan los mimbres con que están confeccionados  estos cestos en España).

Como filosofaba Don Quijote: “confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”.

Ojalá sea así.

 

 

 

 

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito

 

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