La carne de pavo, cada vez más presente en nuestras mesas

El pavo común, originario de México (guajalote, preciosa palabra) es un animal que se dio a conocer en Europa en el siglo XVI; y al parecer fueron los jesuitas los que se encargaron de introducirlo en el viejo continente. Su primera denominación era “Gallina de Indias”, pero poco a poco adquirió la denominación de su pariente el pavo real, conocido por su hermoso plumaje, pero con un valor culinario inferior al del oriundo de México.

Durante muchos años, fue una carne reservada a eventos familiares y festivos, ya que su tamaño propiciaba que pudiese ser degustada por gran número de comensales. A medida que su precio se fue haciendo más asequible, al ser una carne con un alto índice de rendimiento, se ha ido implantando en nuestra dieta, con niveles de consumo creciente año tras año, aunque todavía muy por debajo de la carne de pollo, la más utilizada en nuestra dieta. 

Nuestra cesta de la compra sigue dando una gran importancia a los cárnicos, pero empezamos a cambiar nuestros hábitos alimenticios: consumimos menos carnes rojas y nos decantamos por carnes más saludables. Y ahí, es donde la carne de pavo muestra sus fortalezas.

Se trata de una carne magra, baja en grasas, y además mayoritariamente insaturadas. Los ácidos grasos que contiene protegen nuestro corazón. Presenta bajos niveles de colesterol y presencia de minerales como el Zinc que cuida nuestra vista. Sus proteínas son de alta calidad y con un alto valor biológico, vitales para el buen desarrollo del organismo, defendiéndonos de infecciones, ayudando a la reparación de células dañadas y a la producción de nuevas. También posee triptófano, un aminoácido esencial regulador de la cantidad de serotonina que produce el cuerpo. Ayuda a mantener correctamente el ciclo diario del sueño. Su consumo aporta energía para todo el día: su contenido en vitaminas del grupo B, como la B3, hace que se transformen los carbohidratos en energía. Aproximadamente, la carne de pavo tiene un 75 por 100 de agua, con lo que contribuye a la hidratación. Contiene Selenio, un elemento químico que puede disminuir en hasta un cincuenta por ciento el índice de mortalidad de cuatro de los cánceres más comunes. 

Estas propiedades, por sí mismas, hacen que sea un tipo de carne recomendada para toda la población. Una población cada vez más preocupada por la salud y consciente de la importancia de la alimentación como un eje básico para evitar las enfermedades. 

Paralelamente no hay que olvidar que en el terreno de los elaborados cárnicos (fundamentalmente cocidos) la carne de pavo ha ido tomando cada vez más relevancia, teniendo un protagonismo en los lineales y mostradores de charcutería, y desplazando a más de una familia tradicional de este tipo de productos, elaborados a partir del cerdo.

Esta buena imagen que tiene el consumidor, hace que la producción de carne de pavo tenga muy buenas perspectivas de crecimiento sostenido en el tiempo. 

Por otra parte, la diferencia de consumo aparente por habitante y año en España respecto a otros grandes consumidores (EE.UU. de Norteamérica), hace que todavía tengamos un gran recorrido; tal y como lo demuestra el dato del número de explotaciones dedicadas a la producción de pavo, que en Enero de 2020 eran casi 1850, lo que supone un 100 por 100 de crecimiento en los diez últimos años (Datos del Mº de Agricultura, Pesca y Alimentación).

En razón de todo lo expuesto cabe suponer, como ya se ha comentado, que el futuro de la carne de pavo en España es, sin duda, altamente positivo.

Mayte González Ruiz

Estadística e Investigadora Operativa.

Experta en Charcutería, Carnes y Pescados. 

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