No es oro todo lo que reluce en la U.E.

Creo sinceramente que lo acontecido la semana pasada en Bruselas establece un antes y un después en la singladura financiera de la Unión Europea y, tal vez, ello puede marcar un camino que puede llegar a ser útil para otros países del Mundo que también están sufriendo las graves y negativas consecuencias de la presencia del SARS – CoV -2 en sus territorios. 

En efecto, como ya lo anticipaba en mi nota de nuestro anterior boletín, el pasado martes, a las cinco y media de la mañana, la Unión Europea (U.E. – 27) alcanzó, por una parte, un acuerdo acerca del llamado popularmente “Fondo de Reconstrucción”. Se trata, sin duda, de un acuerdo de vital importancia, histórica, dada la magnitud de los daños generados, tanto a nivel humano como a nivel económico, por la COVID -19. Este acuerdo va a dar ligar a que la Comisión Europea, lleve a cabo la emisión de una deuda conjunta por un valor de 750.000 millones de euros.

La idea de partida era la de financiar, con estos dineros y, en primer lugar, al denominado “Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MMR)”, pero también estaba programado inyectar, paralela y adecuadamente, dinero a otras importantes partidas del presupuesto europeo.

Pero finalmente ha resultado, que, lamentablemente, “no es oro todo lo que reluce” por mucho que nuestro Presidente, el señor Sánchez e incluso nuestro Ministro, el señor Planas, se hayan felicitado efusivamente por el éxito de las negociaciones (y los Diputados Socialistas haya dedicado en el Congreso un gran aplauso al señor Presidente).

Como lo ha expuesto con toda la crudeza y realismo, la propia Presidenta de la Comisión Europa, la señora Úrsula von der Leyen,  ha habido que asumir, para poder llegar a un acuerdo final,  “recortes lamentables”.  Por esta razón el mencionado fondo llega con unos muy significativos recortes en partidas que son consideradas, insisto, como realmente importantes para la Unión Europea (en este sentido habrá que esperar a ver cómo reacciona el Parlamento Europeo, que tiene mucho que opinar acerca del acuerdo alcanzado).

Y pongo cuatro ejemplos corroborando lo referido; el programa de inversiones, InvestEU, ha pasado de tener una asignación inicial de 30.300 millones de euros a quedarse en sólo 5.600 millones; el Fondo de Transición Justa (herramienta fundamental en el ámbito de la transformación ecológica) ha pasado  de los 30.000 millones de euros iniciales a 10.000 millones; el Programa Horizonte, programa central de la Unión para financiar la innovación, ha pasado de los 13.500 millones iniciales previstos a 5.000 millones y las ayudas para las empresas en apuros que tenían una dotación inicial de 26.000 millones de euros…han desaparecido (a nuestra agricultura a la que deberían llegar inicialmente 15.000 millones llegarán finalmente 7.500 millones).

Por otra parte, se ha aprobado el Marco Financiero Plurianual, inmerso en un presupuesto anual, que ha cubierto el agujero generado por la salida del Reino Unido, también con recortes  situándose en los 1,074 billones de euros para los próximos 7 años.

En este marco, lamentablemente, se ha aprobado, en la Rubrica 3, que es dónde se explicitan los presupuestos y las normas a cumplir por parte de los ganaderos y de los agricultores que aspiren a percibir la PAC en los próximos 7 años, un recorte inicial del 10 por 100; recorte que nuestro Gobierno debería negociar urgentemente con los otros Estados para evitarlo o, al menos, para intentar paliarlo (y no se olvide aquí que, paralelamente, el segundo pilar debe asumir otro recorte inicial cercano al 12 por 100).  Aun así, el señor Planas, si no estoy equivocado, no ha dudado en afirmar que “el objetivo se ha cumplido” (lo siento, pero no lo entiendo).

La realidad, tal y como está la situación hoy, es que pueden llegar a ser muchos los miles de millones que puede dejar de percibir finalmente nuestro sector agrario (como comentó una eurodiputada este pasado fin de semana: “deberíamos empezar a debatir ya el próximo Marco Financiero plurianual, 2028 – 2035, para corregir los errores cometidos con el actual”).

Y todo esto acontece cuando una gran mayoría de nuestros agricultores y de nuestros ganaderos ya lleva meses inmersos, en razón de los precios reales que perciben por sus productos y de los crecientes costes que han y habrán, de asumir (pensemos aquí en el Pacto Verde, y en las estrategias de la Biodiversidad y de la Granja a la Mesa), en una situación económica realmente muy, muy difícil, por no decir, en no pocos casos, crítica  (los abandonos de la actividad , en el ámbito agrario, son una muestra de lo expuesto).

Ante este cuadro ¿son oportunos los mencionados aplausos y las auto – felicitaciones? Señor ¡qué País!

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

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