La necesidad de una pesca sostenible y responsable

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

 

Fue la FAO quien, en el año 1995, adoptó el conocido como “Código de Conducta para la Pesca Responsable”. 

En este código quedaron perfectamente reflejados los estándares internacionales para realizar una pesca responsable, respetando en primer lugar y de forma preferente, el ecosistema y la biodiversidad. No obstante, este código es voluntario y a pesar de que del orden de 170 países suscribieron el mismo, hoy en día la captura ilegal de algunas especies de alto valor comercial supera con creces los niveles permitidos.

Así, la pesca ilegal no declarada y no reglamentada, también conocida como “pesca INDNR,” se estima que viene a suponer actualmente entre los 15 y los 30 millones de toneladas de pescado. Esta pesca afecta de forma directa y, fundamentalmente, a las comunidades pesqueras de países en desarrollo que dependen de la pesca para su subsistencia.

 Por esta razón, la Agenda de Desarrollo Sostenible en su Objetivo 14 habla de regular la explotación pesquera y poner fin a la pesca excesiva, ilegal, no declarada y a las prácticas pesqueras destructivas que supongan poner en peligro la perpetuidad de las especies marinas.

En este contexto, el pasado día 5 de junio, se celebró el “Día Internacional de la lucha contra la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada”. El día fue propuesto en el año 2015 por la a Comisión General de Pesca del Mediterráneo de la FAO y fue aprobado. Las Naciones Unidas decretaron esta fecha en el año 2017 con el objetivo de intentar terminar con la mencionada pesca ilegal y también con las prácticas abusivas que ponen en peligro muchos de nuestros recursos pesqueros.

Apuesta por la pesca sostenible

Aunque actualmente menos del 50 por 100 del pescado que se consume en el Mundo procede de la pesca, es incuestionable que la práctica global de una pesca sostenible y responsable no solamente asegura un futuro para la presente generación y para las siguientes, sino también el mantenimiento del medio de vida de los que se dedican a esta actividad y de sus familias. 

Por su parte, los consumidores también demandan cada vez más consumir un pescado procedente de una pesca sostenible y responsable.

Atendiendo a estas realidades. la Marine Stewardship Council (MSC) diseñó un estándar que enmarca a la pesca sostenible. Con este estándar, auditores independientes evalúan el estado de la población de peces, el impacto en el hábitat del arte de pesca y la gestión coherente de la pesquería, analizando 28 indicadores. 

Este estándar que viene identificado con un sello azul MSC certifica, en aquellos productos que lo llevan, el cumplimiento en origen de las capturas (reducción del impacto en fondos marinos, garantizando la sostenibilidad de los caladeros), su procesamiento correcto y su venta al canal comercial adecuado (producto comprado en lonja a pesqueras certificadas), con lo que se garantiza al consumidor la trazabilidad del producto a consumir a lo largo de toda la cadena.

Es decir, que la presencia del mencionado sello azul de MSC en un producto del mar indica que el mismo procede de una pesquería que cumple con el estándar de pesca sostenible. 

Lograr este codiciado sello no es nada sencillo. Se suele tardar una media de año y medio en evaluar todos los procesos mediante consultas e inspecciones y una vez obtenido, se someten a auditorías anuales las empresas que lo han logrado obtener y a una reevaluación completa cada cinco años.

Según indica la propia MSC, actualmente hay en el mundo unas 320 empresas pesqueras certificadas (y más de 90 en proceso de evaluación). Las mismas extraen y procesan un volumen anual de unos 10 – 11 millones de toneladas (lo que supone del orden del 10 por 100 de las capturas mundiales anuales). Paralelamente, unas 3.700 empresas y organizaciones adquieren y venden más de 28.577 referencias que llevan el sello azul en casi un centenar de países.

Aunque aún queda mucho trecho por recorrer, éste es un camino correcto para conseguir el objetivo señalado en el título de esta nota: cumplir con la necesidad de llegar a realizar responsablemente en el Mundo una pesca sostenible. 

 

 

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