Pacto Verde Europeo: estrategia del Campo a la Mesa

 

La Comisión Europea presentó la semana pasada, tal como ya estaba contemplado desde hacía meses, la estrategia denominada “De la granja a la mesa”; pero, en contra de lo inicialmente previsto, no ha logrado convencer de forma absoluta al sector, entre otras cuestiones, por las consecuencias que indiscutiblemente traerán consigo las elevadas exigencias medioambientales.

En efecto, las estrategias en que se fundamentan “de la granja a la mesa” y la “biodiversidad horizonte 2030” plantean objetivos concretos de una significativa reducción del uso de fitosanitarios químicos, abonos y antibióticos para el ganado así como de aumento de la superficie dedicada a la agricultura ecológica y de las áreas protegidas en el seno de la Unión Europea (U.E. – 27).

Así, por ejemplo, de acuerdo con Cooperativas Agro-alimentarias, la Comisión Europea ha abierto el debate “con unos objetivos medioambientales muy ambiciosos, sin tener en cuenta la falta de rentabilidad de un sector que ha demostrado ser básico en el abastecimiento de alimentos”, mientras la sociedad ha estado confinada por la pandemia. Por esta razón, se han reclamado “medidas de impulso estructural que sirvan para encarrilar el desequilibrio en la cadena alimentaria donde el productor es el eslabón más débil y el primero en sufrir”.

Asimismo, se solicita que se analice a fondo la pérdida de competitividad de un modelo europeo exigente frente a los productos importados obtenidos con condiciones menos restrictivas, y se reclaman objetivos basados en “evidencias científicas” y no en argumentos ideológicos.

Incremento de costes

COAG tampoco se ha mostrado conforme y ha criticado el hecho de que esta estrategia va a exigir, sin duda, significativamente más compromisos a los agricultores, con el correspondiente incremento de los costes de producción, pero “sin reforzar el presupuesto de la Política Agrícola Común (PAC), ni cuestionar los tratados comerciales vigentes”.

Por su parte UPA reconoce que la estrategia propuesta tiene “luces y sombras”. Entre sus aspectos positivos manifiesta que “pone en el centro a los agricultores y ganaderos como protagonistas de la cadena y plantea la promoción de canales cortos de comercialización, el comercio justo y el etiquetado transparente”. Pero la cruz es que considera negativo que la Comisión Europea promueva la reducción del uso de productos fitosanitarios y antibióticos en unos porcentajes muy elevados “sin dar alternativas (ni compensaciones) a los afectados”, sobre todo, “cuando luego se da entrada a productos de fuera con requisitos mucho menos restrictivos”.

ASAJA argumenta que la estrategia señalada por la Comisión Europea impone unas muy severas limitaciones al uso de fitosanitarios, fertilizantes y antibióticos, lo que priva a los agricultores de unas herramientas que son, sin duda alguna, “esenciales” para garantizar la salud de los animales y de los cultivos. Según ASAJA se trata de unas estrategias pro – ecologistas que asestan un duro golpe” a la agricultura, porque “ponen en cuestión la seguridad alimentaria”.

En definitiva: esta estrategia de la Comisión Europea no logra convencer a los afectados como estaba inicialmente previsto.

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