Y ahora… ¿Qué?

En mi opinión el Gobierno se ha visto finalmente desbordado por la dimensión, la contundencia y la duración de las movilizaciones de los agricultores y de los ganaderos a lo largo y ancho de España; manifestaciones que entiendo no se han acabado, ni mucho menos.

El Gobierno ha respondido, tarde pero ha respondido, algo es algo, a las mencionadas movilizaciones del Mundo Rural con la publicación de un Real Decreto-Ley de medidas urgentes para la agricultura y la alimentación en nuestro país. En efecto, la presión de los ganaderos y de los agricultores se ha plasmado en la publicación de un nuevo documento que fundamentalmente viene a reforzar (y muy poco a mejorar) la ya muy amplia reglamentación existente en esta materia.

Me parece evidente que el nuevo Decreto- Ley viene en realidad a corregir y, en su caso, a certificar lo acertado de la normativa ya existente; esto sí, se compromete a hacer cumplir todo lo que ya existía. Como tantas veces he manifestado, a lo largo de estos últimos años, la eficiencia y la eficacia de las nuevas medidas a adoptar se podrán en evidencia en función de los resultados que se consigan a corto – medio plazo. En España, tradicionalmente, se legisla mucho y se cumple relativamente poco o muy poco.

Por otra parte tengo claro que la batería de medidas propuestas (las más importantes de las mismas se exponen en la ÁGORA TRIBUNA de este mismo boletín), serán de muy difícil cumplimiento si no se ven adecuadamente complementadas por una definición mucho más precisa de las prácticas desleales, de los controles y de las multas disuasorias, que puedan ser una garantía real para que al final no se abuse del eslabón más débil (el productor evidentemente) y, paralelamente, se evite la posición de dominio de la distribución y, en su caso, de la industria transformadora. 

Paralelamente de muy poco servirán para nuestro sector todas estas nuevas disposiciones si los acuerdos de importación de productos procedentes de Países Terceros (que habitualmente suelen provocar una gravísima y muy negativa competencia desleal con nuestras producciones) no se revisan a fondo para exigir, en la medida de lo posible, las mismas “reglas del juego” en cuanto a estándares de calidad y seguridad alimentaria se refiere y, esto sí, que, como mínimo, se garantice el cumplimiento de los contingentes de importación establecidos en cada caso. 

Si me parece realmente muy positivo el cambio en la ley del IRPF para mejorar la tributación de los jóvenes agricultores, ya que este cambio permitirá imputar en cuatro años los importes de las ayudas de primera instalación en los programas de desarrollo rural de forma que no se concentren, como era hasta ahora, en el año en que se reciben. 

Por el contrario me parece inadecuada la reducción de 35 a 20 del número de jornadas cotizadas para acceder al subsidio por desempleo. Esta medida dará lugar a una mayor dificultad real para contratar a lo que debe unirse el negativo efecto de la subida en este aspecto del salario mínimo interprofesional (SMI). Y no hablemos ya de la conversión de los contratos temporales de los trabajadores eventuales agrarios en indefinidos o contratos fijos discontinuos, No se olvide que, por definición, en la agricultura aunque también circunstancialmente en la ganadera (por ejemplo, en la esquila) se trabaja por campañas y el empleo es de temporada (lo que me lleva a pensar que los legisladores no saben mucho acerca de la realidad laboral del campo). 

Por último, para no extenderme en demasía, es evidente que no se han afrontado cuestiones tan importantes como, por ejemplo, los cambios en el IVA a los agricultores y a los ganaderos; la obligatoriedad de marcar, en el etiquetado, el origen geográfico del producto; la reducción de las tarifas eléctricas; la inversión en la tan necesaria modernización o la mayor dotación de los seguros agrarios, que tan imprescindibles son.

Bien, ya tenemos, con sus soles y sus sombras, más legislación publicada. Estupendo y ahora… ¿qué?

 

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

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