El consumidor y su confusión acerca de la leche de vaca

Cada vez que surge, en algún foro compuesto por personas ajenas al sector ganadero, una conversación acerca de la leche de vaca (puntualizo lo de “vaca” porque me refiero aquí a aquellos consumidores que no están versados en esta temática) se me suelen llevar los demonios.

Y esto acontece (al margen de mí conocido internacionalmente “mal pronto”) al constatar lo muy mal informados que están mayoritariamente estos consumidores y lo mucho que desconocen realmente lo es la leche; sus distintos tipos, sus características, la conveniencia o no de su consumo, etc.

Lo cierto es que desgraciadamente, en la inmensa mayoría de los casos, al menos de acuerdo con mi experiencia, la información que poseen es pobre y sesgada, soliendo provenir del “dios Internet”, dónde todo el mundo puede verter, sin ningún control, sus opiniones aunque no tengan ni idea acerca del tema que tratan (no se olvide aquel viejo adagio que habla del atrevimiento de la ignorancia).

El sábado pasado me sucedió un episodio de esta naturaleza cuando, dentro de la ruta ciclista de este día, nos sentamos con algunos amigos de nuestra Agrupación Ciclista Roceña (ACR) a desayunar en Alpedrete. Uno de nosotros pidió un vaso de la mal denominada “leche de soja” y ahí surgió el debate.

En mis clases defino a la leche (en este caso de vaca), recurriendo al Código Alimentario Español (CAE) y así explico que por leche natural entendemos el producto íntegro, no alterado ni adulterado y sin calostros, procedente del ordeño higiénico, regular, completo e ininterrumpido de las hembras domésticas sanas, bien alimentadas y bien manejadas.

Obviamente, además, la leche debe cumplir con las características físicas y microbiológicas establecidas (me refiero, claro está, a su densidad, índices crioscópicos y de refracción, acidez, grasa y sólidos no grasos, cantidad de leucocitos, gérmenes patógenos y presencia de antisépticos, antibióticos y sustancias alcalinas).

Y no se pierda de vista que la leche es uno de los alimentos más completo que se encuentra en la naturaleza, por ser rica en proteínas, grasas, vitaminas y minerales, que muy importantes en la nutrición humana (el consumo regular de leche por parte del hombre se remonta al Neolítico, aproximadamente unos 6.000 años a. de C.).

Pero que yo sepa, al menos hasta el presente, no es posible ordeñar a una planta de soja, ni, por supuesto a un almendro, ni a una planta de arroz, ni de avena, ni de alpiste, ni de coco, ni de cáñamo, ni a un avellano. Se habla erróneamente, en todos estos casos, de “leches vegetales” cuando en realidad son jugos vegetales cuyas bondades, desde una perspectiva nutricional, están muy lejos de las de la verdadera leche.

Y ya que me he metido en esta temática también me parece oportuno aclarar que no es lo mismo una leche de vaca pasteurizada que una esterilizada o que una uperizada. Y que no tiene el mismo valor nutricional una leche entera que una semidesnatada o que una desnatada (según el CAE la leche desnatada que se comercialice tiene que tener como máximo un 1 por 100 de materia grasa, lo que va a determinar el menor valor energético de este alimento, respecto a la leche entera (3,5 por 100 de materia grasa) o a la semidesnatada (1,5 por 100 de materia grasa). Y no se olvide tampoco aquí que, en la leche, las vitaminas A y D están ligadas a la grasa.

Lamentablemente, desde hace un tiempo, la leche está sometida a una “publicidad negativa” y a unas fuertes críticas, muy interesadas ambas, que, en absoluto, se corresponden con la realidad. Cierto es que hay personas (especialmente niños en sus primeras edades) que son alérgicas a la misma. Afortunadamente, en la mayoría de estos niños la alergia desaparece cuando crecen. La alergia a la leche es una respuesta anormal del sistema inmunitario del cuerpo a la leche y a los productos que contienen leche (no confundir alergia con intolerancia a las proteínas de la leche o a la lactosa).

En definitiva y a esto iba, si no somos alérgicos a la leche ni intolerantes a alguno de sus componentes, no hay nada mejor que tomar leche entera y productos lácteos en la medida adecuada a nuestra edad y condición y dejar a las “leches vegetales” en los anaqueles de las tiendas.

Y un último apunte para cerrar esta breve nota: 100 gramos de “leche de soja” tienen un valor nutricional de 45 calorías (Kcal) y la siguiente información nutricional: 2,9 g de proteínas, 3,5 g de carbohidratos, 2,0 g de grasa y 47 mg de fósforo; por su parte, 100 gramos de leche entera de vaca aporta 65 calorías, 3,2 g de proteínas, 4,7 g de carbohidratos, 3,5 g de grasa y 92 mg de fósforo además de 23 veces más vitamina A que la “leche de soja” y 5 veces más de ácido fólico.

Espero que estas líneas sean útiles para aclarar conceptos a las personas no versadas en la materia.

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

 

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