El avestruz vs el presente y el futuro de nuestro crecimiento económico

El avestruz (que tiene un cerebro más pequeño que sus ojos), cuando percibe un peligro y no puede huir, se echa al suelo, aplica la táctica de permanecer inmóvil y en silencio, con la cabeza y el cuello lo más planos y estirados posible frente a él y los ojos cerrados.

Pues bien, creo sinceramente que, en los últimos meses, se ha aplicado con frecuencia la táctica del avestruz a la hora de considerar nuestra realidad económica y sus perspectivas. Por ello llevo semanas insistiendo, en mis charlas y en mis clases, acerca de que las previsiones de crecimiento formuladas por nuestro Gobierno en funciones (2,1 por 100 para este año 2019 y 1,8 por 100 para el año 2020) no eran, ni son, realistas y que las mismas son consecuencia de la aplicación a las mismas de la táctica del avestruz.

Por esta razón no me ha sorprendido lo más mínimo cuando ahora la OCDE acaba de fijar las previsiones de nuestro crecimiento en un 2 por 100 para este año y en un 1,6 por 100 para el próximo 2020; pero ya hay varios analistas privados que hablan de un crecimiento para el año 2020 del orden del 1,4 al 1,5 por 100 y no se deben minusvalorar estos datos porque las previsiones marcan las políticas de ingresos y gastos mientras que su realidad las condicionan, lo cual es muy importante dada nuestra abultadísima deuda pública y, por lo tanto, la vulnerabilidad de nuestras cuentas públicas.

La realidad es que actualmente hay una desaceleración cierta que se refleja en la pérdida de confianza, en la negativa evolución del consumo en los hogares unidas a un incremento del ahorro precautorio de las familias y, por ende, en una reducción de la demanda privada global (que es el principal motor que genera crecimiento en nuestra economía).

A todo ello hay que añadir, en mi opinión, tres hechos que son aquí realmente relevantes y condicionantes. Por una parte está la desaceleración cierta que está sufriendo la creación de puestos de trabajo (datos de la EPA del tercer trimestre del año); la misma está ahora mismo alrededor del 1,8 por 100 (a principios de año estaba en el 3 por 100); ello significa que el desempleo vuelve a subir (lo que coincide con una tasa de crecimiento inferior al 2 por 100, que es el umbral dónde en España suele cambiar la tendencia del empleo). Por su parte, la Comisión Europea pronostica que la creación de empleo en España caerá en el próximo año 2020 hasta el 1 por 100 lo que significa, ni más ni menos, la práctica congelación del mercado laboral (recuérdese que el Ejecutiva cifraba en un 2,3 por 100 el índice del crecimiento ocupacional para el próximo 2020; más aplicación de la táctica del avestruz).

Por otra parte está la precariedad retributiva de una parte muy importante de nuestro mercado laboral. Así, por ejemplo, la remuneración real de aproximadamente un 70 por 100 de los jóvenes empleados no alcanza el salario mínimo anual (en España el salario mínimo interprofesional para el año 2019 quedó fijado en 900 euros al mes; es decir 12.600 euros al año en 14 pagas).

Por último está la compleja situación internacional a la que habrá de enfrentarse nuestra economía en los próximos meses; la desaceleración en la Unión Europea (véanse, como referencia, los datos macroeconómicos alemanes); la guerra comercial entre los EE.UU. y China; los efectos del Brexit, etc.

Todo ello da lugar, en estos momentos, a que las previsiones de desviación de nuestro crecimiento real, a corto-medio plazo, sean claramente bajistas.

Por estas razones una política económica para el año 2020 basada en el aumento de los impuestos y no en la contención significativa del gasto público (unida a un adelgazamiento y a un aumento de la productividad de los entes públicos), tendría un efecto muy negativo a todos los niveles cómo ya se ha comentado indirectamente desde varias instancias internacionales, públicas y privadas.

Por ello me parece evidente que si seguimos, en el ámbito económico, aplicando la “táctica del avestruz”, el consumo en España (y aquí quería llegar) y también naturalmente el consumo de proteína de origen animal, seguirá bajando en razón de la negativa evolución que sufrirá la capacidad adquisitiva media neta de nosotros, los consumidores (con lo cual ¡mira por dónde! puede acontecer que una política economía errónea durante el año 2020 le haga “el caldo gordo” a los animalistas, a los veganos a los vegetarianos e, incluso, a ciertos flexitarianos).

¡Vivir para ver, amigos míos!

Carlos Buxadé Carbó.
Catedrático de Producción Animal.
Profesor Emérito.
Universidad Politécnica de Madrid
Universidad Alfonso X el Sabio

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